Cuando J.K. Rowling mató la magia de ‘Harry Potter’

La saga del Niño Mago se ha convertido en un importante referente de la cultura pop actual y en un elemento generacional que une a los millennials con los grupos de edad posteriores. Los personajes de Harry Potter conquistaron a los jóvenes lectores a medida que estos crecían adorando a su creadora. Pero, en la era de las redes sociales, la escritora británica JK Rowling se ha convertido en una figura polémica que ha acabado decepcionando a muchos de quienes fueron sus admiradores. ¿Por qué?

El 26 de junio 1997, J.K. Rowling debutaba como escritora con la publicación de Harry Potter y la piedra filosofal, el exitoso comienzo de una saga que acabaría convirtiéndose en un fenómeno mundial. Así, su creadora se transformaba en un modelo a seguir, un ejemplo de superación y perseverancia. Sin embargo, 21 años después, esta admiración se ha transformado en un desencanto que parece extenderse entre muchos de sus seguidores.




La edad actual de estos potterheads iniciales, la necesidad de una representación mayor, el auge de las redes sociales o la gigantesca franquicia en la que se ha convertido este universo mágico seguro que tienen mucho que ver. Pero, para saberlo, antes es necesario hablar brevemente de la persona detrás de todo, una mujer que va más allá de Hogwarts, aunque tampoco mucho, algo a lo que no ayuda que siga trabajando fundamentalmente en sus distintas expansiones. Para descubrir qué sucede, primero retrocedamos en el tiempo…

La importancia de apodarse J.K.

Mucho antes de convertirse en una de las autoras más ricas del mundo, Joanne Rowling era una titulada en filología francesa y clásica que trabajaba en Londres para Amnistía Internacional. Un día de junio en 1990, mientras su tren sufría un retraso, acudía a su mente la idea de una escuela de magos, historia que comenzaría a escribir nada más llegar a casa. Así surgía Harry Potter, que continuaría desarrollando en mitad de una vida convulsa que la llevó a Oporto a dar clases de inglés mientras superaba la muerte de su madre. Pero allí acabó sufriendo los malos tratos de su primer marido, por lo que finalmente se terminó mudando con su hija pequeña a Edimburgo, a la casa de su hermana, donde tuvo que hacer frente a a una depresión y a los trámites para conseguir una orden de alejamiento.

Después de esta odisea, en 1995 acababa su primer manuscrito, que fue rechazado por doce editoriales antes de ser aceptado por Bloomsbury, que publicó a Rowling ocultando su verdadero nombre bajo las siglas de J.K. para evitar que su obra fuera discriminada por motivos de género. El resto es bien conocido, pues La piedra filosofal se convirtió en un best-seller y el éxito del Niño Mago no ha dejado de crecer desde entonces. De esta forma, Rowling se transformaba en un icono para sus jóvenes lectores, que le agradecían con fervor que hubiese creado el universo con el que crecieron.

Precisamente ahora que han crecido, algunos reflexionan acerca de los elementos de su saga de cabecera y sobre la figura de su mente madre. Mucho se ha escrito acerca de los mensajes que lanza la historia, de la calidad de su prosa o de la influencia que tiene en el desarrollo personal de sus consumidores, motivo por el que encontramos estudios sobre cómo nuestra casa de Hogwarts nos define o cómo los fans del joven mago tienden a tener una ideología más cercana a la izquierda. Hasta se ha afirmado que sus lectores son mejores personas, pues suelen ser más tolerantes con las minorías en riesgo de exclusión e incluso a oponerse en mayor medida a las políticas de Donald Trump. Es decir, existe un complejo análisis sobre un fenómeno que se ha instaurado en nuestras vidas a través de la conocida como generación Harry Potter, analizada en el documental español Proyecto Patronus, que parece no perder a medida que crece ese intenso cariño por la saga. Como vemos, da la sensación de no haber mácula en esta creación, pues la mayoría de conclusiones sobre su impacto parecen positivas. O, al menos, estas obtienen mayor difusión, pues se divulgan menos los estudios poco halagüeños que, por ejemplo, afirman que el mundo mágico es una oligarquía sumamente clasista en la que existe un monopolio informativo y bancario, lo que lleva a afianzar la visión de economía popular.

En cuanto a su creadora, hasta ahora había aparecido como una mujer virtuosa debido a su habilidad para escribir con atino acerca de este enriquecedor universo lleno de mensajes poderosos. Por si fuera poco, también ha desarrollado la ONG Lumos -para ayudar a los niños huérfanos de todo el mundo que atraviesen dificultades-, ha colaborado en distintos proyectos solidarios –entre otros, ha sido embajadora de Gingerbread y de la Sociedad de Esclerosis Múltiple de Escocia-, no le gusta alardear de su riqueza a pesar de los lujos que puede permitirse y, además, emplea buena parte de su fortuna en estas actividades benéficas, hasta el punto de que eso hizo que perdiera su estatus de billonaria. Vamos, que demuestra ser una persona digna de elogios, sensible y consciente de su realidad. ¿O no?

Disputas por la custodia de Harry

Es algo habitual entre los fans sentir la necesidad de involucrarse en un universo que adoran. Por eso, los potterheads comenzaron a escribir sus propios relatos fanfiction con los personajes de Harry Potter. Quizá fuese este momento uno de los puntos de inflexión clave en su relación con J.K. Rowling, ya que la autora parecía no acabar de ver con buenos ojos que se apropiaran de sus personajes. Así, comenzaron algunas disputas por la custodia de los mismos. Aunque, finalmente, la escritora explicó que sus problemas derivaban del contenido erótico de muchas de estas historias, que le incomodaba por tratarse de una obra pensada para niños y jóvenes. De esta manera, dio el visto bueno a los fanfics siempre que el fandom no sacase ningún beneficio económico de los relatos ni incluyese en ellos sexo o mensajes de odio.

Desde Warner Bros. también han tenido que aprender a colaborar con los fans, pues parece imposible poner un límite a sus creaciones. Eso ha llevado a que el estudio acabara permitiendo el lanzamiento online del fanfilm Voldemort: Origins of the Heir (2018), que vio la luz sin fines comerciales.

Esta pasión de tantos seguidores de la saga es lo que ha convertido a Harry Potter en una franquicia altamente rentable que ha sabido explotar con maestría los distintos recursos, desde parques temáticos hasta videojuegos, siendo Harry Potter: Hogwarts Mystery el último producto en sumarse a esta larga lista. En este juego de rol para móviles, los fans pueden convivir en el Colegio de Magia y Hechicería con otros alumnos para sentirse verdaderos miembros del mundo mágico, un sueño hecho realidad para muchos. Pero, ¿qué pasa cuando el amor por la saga se ve afectado por las opiniones personales de su autora?

Del amor al odio hay un solo tuit

Considerada por la revista Time como una de las 15 personalidades más influyentes en internet, Rowling tiene la afición de publicar en Twitter detalles sobre la saga que en parte buscan seguir “actualizando el mundo que ella creó para asegurarse de que encaja con cómo la generación de Harry Potter ve su propia lucha política”, desde un psicoanálisis sobre Snape a las casas de los hijos de Harry y Ginny, fragmentos de información que complementan (¿o arruinan?) este universo, como los datos que pueden encontrarse en el portal Pottermore. Si de verdad aportan algo o no a la historia ya contada dependerá de la visión de cada uno, pero es evidente que hay un sector que empieza a tomarse con sorna estos nuevos apuntes, pues sienten que la autora está improvisando sobre la marcha, ya sea para justificar una representación ausente o deficiente o para recordarnos su existencia, como si al permanecer en silencio alguien pudiese olvidarse de Harry Potter. O de ella. Por eso, encontramos también en esta red social multitud de divertidos mensajes que parodian las sucesivas revelaciones de la escritora.

Este afán de seguir complementando su obra ha generado contradicciones, algunas mejor sorteadas que otras, que ponen de manifiesto la falta de diversidad que afectaba a Harry Potter y que sigue presente en sus pseudo-precuelas cinematográficas, al menos en Animales fantásticos y dónde encontrarlos (2016), la única estrenada por el momento.

El debate en torno a esta problemática resurgió hace unos años, después de que Rowling defendiese con elegancia que Hermione fuese negra en la obra secuela El legado maldito (2016), argumentando que ella nunca había especificado que tuviese la piel blanca. Esto último puede ser puesto en entredicho, pero ¿qué importa? Lo fundamental es que la autora defendía una lectura racial de uno de los personajes más relevantes y queridos de su historia. Y eso, en un panorama cultural mayoritariamente blanco, no es solo aplaudible, si no necesario. Pero, apenas unos meses después, se abría de nuevo el melón cuando se apropiaba del folclore nativo norteamericano en su relato History of magic in North América, en el que narraba los orígenes de la magia en dicho continente de cara al estreno de Animales fantásticos.

Noma Dumezweni interpreta a Hermione en El legado maldito

Noma Dumezweni interpreta a Hermione en El legado maldito

Algo a la vez similar y radicalmente opuesto es lo que sucede con Dumbledore, el único personaje LGBT de la historia original, pero cuya homosexualidad no fue revelada hasta después de la publicación de Las reliquias de la muerte (2007) y sin que quedase ninguna constancia de ella en los libros o en las películas (salvo que queramos entender su peculiar forma de vestir o un chascarrillo sobre su pasión por los patrones para tejer en El misterio del príncipe -2005- como guiños terriblemente estereotipados, en cuyo caso seguirían siendo muy cuestionables). Este es el motivo de que aquellos fans que confiaban en que esto cambiaría en el futuro se sintiesen traicionados después de que el director David Yates confirmase que esta faceta no será explorada en Los crímenes de Grindelwald (2018), la secuela de la precuela.

Porque claro, ¿qué sentido para la trama va a tener mencionar que Albus es gay en una película que simplemente trata de cómo intentar capturar al Mago Tenebroso del que estuvo enamorado? Ante esta situación, Rowling se limitó a publicar un tuit contra los “abusones” que criticaban una entrevista en la que ella no participaba en la que se hablaba de “un guion que ninguno de los enfadados ha leído y que forma parte de una saga de cinco películas” y otro acusando de “ingenuos” a sus fans por caer en el clibkbait. Es decir, que en realidad no aclaró nada sobre cómo tratará la película la sexualidad del profesor de Hogwarts interpretado por Jude Law, o si este tema será mencionado en absoluto.

Un joven Dumbledore (Jude Law) observa la oportunidad perdida

Un joven Dumbledore (Jude Law) observa la oportunidad perdida

Parece que esta ha sido la gota que ha colmado el vaso para muchos, aunque la indignación ya venía de antes, pues unos meses atrás Rowling defendía en un comunicado oficial la permanencia de Johnny Depp en la nueva entrega de películas a pesar de que entendía las “legítimas preocupaciones” de quienes lo consideraban inadecuado debido a que Amber Heard, la ex-mujer del actor, lo denunció por maltrato. En la industria del cine en la era post-Weinstein este detalle ha sido recibido con multitud de críticas por parte de aquellos que no ven con buenos ojos que muestre “alegría” por haber contratado al polémico intérprete. Entre ellos se encuentra el que fuera el Niño Mago, Daniel Radcliffe, que no entiende cómo Jamie Waylett fue expulsado de las dos partes de Las reliquias de la muerte (2010 y 2011) debido a que cultivaba marihuana, pero, sin embargo, no hacen nada ante “acusaciones más graves”.

El último peldaño en esta escalada de decepción ha tenido lugar recientemente, cuando algunos usuarios de Twitter se han percatado de que Rowling había dado “me gusta” a un mensaje que consideraban transmisógino, pues en él se definía a los transexuales como “hombres con vestidos”. Dicho tuit se enmarca en el contexto de las discusiones internas del Partido Laborista británico –el cual Rowling apoya desde hace tiempo- sobre la inclusión de mujeres transexuales. Por el momento la propia autora no se ha pronunciado al respecto, aunque uno de sus portavoces ha asegurado que fue un accidente debido a su “torpeza” y que “no es la primera vez que marca como favorito algo por error”. Para defender que este supuesto incidente se debe a que la escritora realmente comparte esa opinión, sus críticos han rescatado otros deslices similares y la escena de su novela El gusano de seda​ (2014), en la que uno de los personajes centrales amenaza a una joven trans con enviarla a una prisión masculina, en la que asegura que no será bien recibida por no estar operada.

Entonces… ¿se acabó la magia?

Después de todo lo visto, parece que algo se ha roto entre muchos seguidores de Harry Potter y su autora, especialmente entre los que ya no se sienten representados con la actitud de Rowling. Al final, aunque los creadores no deben nada a sus fans, ellos son libres de decidir cuándo dejan de considerar algo aceptable. Así, surge de nuevo esa eterna dicotomía entre obra y autor, algo que numerosos potterheads han comenzado a separar, motivo por el cual entre ellos la palabra que más parece repetirse es decepción.

La historia del Niño Mago se ha convertido en un fenómeno demasiado grande como para poder frenarlo. Y seguramente también como para intentar que Rowling se interese en escuchar las voces disidentes dentro del fandom. Diversos libros y películas, artículos de merchandising que nos invaden, un estudio que recibe cientos de visitantes… Son inmensos los tentáculos capitalistas de la que es ya una de las franquicias más lucrativas a nivel internacional, por mucho que los fans hayan perdido parte de su conexión con ella.  Además, estos mismos seguidores tampoco parecen dispuestos a renunciar a los productos mencionados, pues en su mayoría se inclinan por separar las opiniones que consideran problemáticas de la autora de su creación, una obra de la que ya se han adueñado, para reinterpretarla y sentirla como propia.

El conflicto resumido en un meme

Tampoco debemos perder de vista que Twitter, y las redes sociales en general, no son la realidad, aunque sí reflejan el pensamiento de parte de estos desencantados seguidores, que a pesar de que puedan representar una minoría, son fruto de la revolución social que estamos viviendo y muestran que algo parece estar cambiando y que ya no van a conformarse con medias tintas. Estas minorías diversas, cansadas de no verse representadas, están empezando a alzar la voz y oponerse al discurso mayoritario que perpetúa en tantos casos la cultura de masas.

Por supuesto, eso ha acabado afectando a la propia Rowling, que aunque con algunos mensajes parece que intenta normalizar la situación de colectivos oprimidos, en muchas ocasiones indica lo contrario con sus obras y determinadas respuestas en redes. Y es que la autora, como los personajes que escribe, está llena de matices y de contradicciones. Y Twitter se ha convertido en una herramienta perfecta para señalarlo y acabar con la mitificación del artista, que se revela al difundir online sus sinceras opiniones sobre distintos temas. Porque, al final, el talento literario no basta para contentar a todos los fans, que no olvidan que “son nuestras elecciones las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades”.

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