Cuando nos transformamos: la experiencia del ‘road show’ de ‘Los odiosos ocho’

El viernes pasado asistimos en Londres a la proyección en 70 mm en Ultra Panavision de Los odiosos ocho, la última película de Quentin Tarantino. Estas son las reflexiones acerca no de la película (ya habrá tiempo para eso), sino acerca del evento y todo lo que pasó dentro y fuera de la sala.

En uno de los efectos más reconocidos del escapista Harry Houdini, La Metamorfosis, una persona entraba maniatada en una caja para aparecer fuera de ella al cabo de unos minutos, para asombro del público. El nombre del truco no estaba escogido al azar, por supuesto: el hombre que entraba en la caja no era el mismo que aparecía fuera de ella. Si entendemos el arte como un truco de magia, el cine es esa puñetera caja que los espectadores cruzamos (por nuestra propia voluntad) para volver al mundo siendo otros, diferentes, más sabios, inquietos y curiosos.

Por desgracia, cada vez nos transformamos menos.

La llegada

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Llovía a cántaros el viernes pasado en la capital inglesa cuando nos dirigimos a Leicester Square para el estreno de Los odiosos ocho, la única proyección en toda Inglaterra donde se verá la película en 70mm con la obertura e introducción pertinentes. En España podrá verse en la Sala Phenomena de Barcelona a partir del 15 de enero.

Lo primero que notamos nada más entrar en el cine fue la enorme pila de libritos al lado de la taquilla. Mientras tratábamos de secarnos un asistente del cine nos entregó uno por persona.

Nos situamos frente a la gente que hacía cola mientras pasábamos las páginas, apoyados en las paredes adornadas con carteles de las anteriores películas de Tarantino. Fotografías, perfiles de los Ocho Odiosos, la historia de cómo el guión filtrado por Tarantino pasó por una audición teatral por los actores para luego dar paso a la película…El libro no revelaba nada que no supiéramos, nada que no pudiéramos encontrar en la Red.

Sin embargo, cuando levanté la vista, vi que casi todo el mundo estaba leyendo, esperando en la sala a que abrieran las puertas.

La introducción

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Mientras los asistentes nos indicaban el asiento  una selección de temas de Ennio Morricone flotaba en el aire. Al terminar los trailers, unos focos iluminaron  la esquina inferior de la pantalla de dónde salió una joven asistenta del cine, armada con un micrófono. 

-¡Buenas noches, Londres! ¡Bienvenidos a la proyección especial en 70 mm en formato Ultra PanaVision de…. The Hateful Eight!

-Yiiiiiiiiiiiiiiiiiiihaaaaaaa-, gritó una voz entre el público.

-Nos ha costado muchísimo poner la película a punto-, continuó la chica. -Los rollos de esta película pesan una tonelada. La extensión de la película es de siete kilómetros.

-Yiiiiihaaaaaaaah- volvió a gritar otra voz, esta vez situada en algún lugar a la derecha. Al instante, la gente empezó a aullar en las gradas del patio principal.

-Antes de empezar la película habrá una obertura y a mitad de la película un interludio de doce minutos. Antes de que se inicie la película de nuevo sonará una canción, que no está en la banda sonora de la película: Ready for The Times For Get Better, de Crystal Gayle.

-Sí, jodeeeeeeeeeer.

-…Y entonces empezará el siguiente capítulo de The Hateful Eight. Por cierto, es IMPORTANTE: no podemos parar la proyección así que daros prisa en cuanto suene la canción. ¡Disfrutad!

Todos aplaudimos.

La Obertura

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Nunca había visto a gente haciendo fotos dentro de un cine. La sala se tiñó de rojo, reflejando el firmamento de sangre de la pantalla. Mantuvieron las luces encendidas hasta que la montañas de Telluride cubrieron la sala.

Y entonces, el mundo calló.

Intermedio

Tras una hora y media de película poniendo a prueba la paciencia del espectador, un monólogo de Samuel L. Jackson y un disparo dejan la pantalla en negro. La gente, que ha aceptado totalmente la condición de estar viendo un musical o una obra teatral del West End, se pone a aplaudir.

Las luces se encienden y, detalle curioso número 1: nunca había hablado tanto de una película sin haberla visto antes. La excitación por la escena que acabábamos dejó tan ocado a más de uno que inmediatamente le perdonamos la hora y media de tensión creada a fuego lento.  

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Distinguí dos tipos de espectadores; los que se quedaban hablando entre gente que acababan de conocer y los que se dirigían a toda prisa al baño, antes de que….

“it´s been a long time, with no peace of mind, and I´m ready for the times..”

La voz de Quentin Tarantino (literalmente) nos resume lo que ha pasado en el anterior capítulo y lo que ha pasado literalmente durante esos minutos de espera del intermedio.

Detalle curioso número 2: Quienes vean la versión normal en cines… ¿cómo reaccionarán?

Conclusiones

A  la salida las voces anónimas se mezclan unas con las otras. “Esto es una tomadura de pelo”. “Es la mejor película de Tarantino”. “No entiendo para qué tanto lío con el Panavision si luego se pasan todo el rato encerrados en una casa”. “No, tiene sentido porque el formato hace que parezcan islas”, explica otro. “Los personajes son islas en un océano plagado de minas”.

“La segunda parte tiene ecos de Sam Raimi”. “El digital y el analógico apenas se distinguen”. “Esto es un ejercicio de nostalgia sin sentido”. “El futuro es Netflix”.

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De camino al metro distinguimos una pareja que también ha visto la película. Sabemos que vienen del mismo lugar porque en sus manos aún llevan el libro de la película que nos dieron en la entrada.

En la inmensa multitud los dos nos reconocemos como iguales. Sonreímos, cómplices, cada uno a un lado del vagón, hasta que en la siguiente parada se baja la mitad de los pasajeros.  Es entonces cuando eliminamos la distancia que nos separaba.

Y hablamos.

 

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