De ‘La Belle et la Bête’ a ‘Beast’: el arquetipo de la Bella y la Bestia en el cine

El arquetipo de la Bella y la Bestia lleva siglos presente en el arte y la literatura. Ha conocido numerosas adaptaciones y análisis sobre su mensaje. Repasamos el relato tradicional y tres de sus adaptaciones cinematográficas. 

La primera adaptación de éxito que encontramos de esta historia es La Belle et la Bête (1946) de Jean Cocteau. Sin embargo la versión que popularizó este relato en toda una generación es La Bella y la Bestia (1991), de la factoría Disney, y la película que le ha dado una vuelta de tuerca al arquetipo es Beast (2017). Lo analizamos a través de estas tres películas.

Cómo transformar a la Bestia

La versión tradicional del cuento La Belle et la Bête fue escrita por Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve en 1740 y más tarde Jeanne-Marie Leprince de Beaumont abrevió la versión larga y publicó la versión más conocida de la historia. Por tanto, es un relato escrito y transmitido por dos mujeres en la Francia del SXVIII.

Comienza con un comerciante arruinado que vive con sus hijas. La menor, Bella, es maltratada y envidiada por sus hermanas mayores. Un día el padre viaja al puerto por un negocio. Sus hijas mayores le piden que les traiga vestidos, mientras que Bella sólo quiere una rosa. Volviendo a casa se pierde en el bosque y termina entrando en un palacio abandonado, donde se refugia. Al irse del palacio ve una rosa en el jardín y la corta para dársela a Bella. En ese momento aparece la Bestia, que le acusa de ingrato por corresponder a su hospitalidad con un robo y le amenaza con matarlo. Cuando el mercader trata de explicarle que la rosa es para su hija, Bella, la Bestia le ofrece la oportunidad de salvarse si una de sus hijas muere en su lugar.

El mercader vuelve a casa a despedirse de sus hijas, pero Bella se ofrece a morir por él, ya que la rosa era para ella. Viajan al palacio y Bella se queda con la Bestia. La Bestia la trata cortésmente y le propone matrimonio cada noche. Bella siempre se niega, pero cada vez está más cómoda. La Bestia le ofrece ver a su familia a través de un espejo mágico y Bella ve a su padre enfermo. Le pide a la Bestia que la deje visitarlo y la Bestia accede, a condición de que regrese al cabo de una semana. Las hermanas la engañan para que se quede más tiempo en la casa familiar, traicionando la promesa que le había hecho a la Bestia.

Cuando Bella vuelve finalmente al palacio, encuentra a la Bestia muriendo de melancolía. Le suplica que no muera, ya que quiere casarse con él. La Bestia se convierte entonces en un príncipe y le explica que había sido hechizado por una bruja. Su única forma de romper el hechizo era si una virgen (siempre más cotizadas) lo quería por marido. Un hada le explica a Bella que ha sido premiada por haber preferido la bondad a la belleza. El padre se reúne con los enamorados y las hermanas son convertidas en estatuas.

En la Francia de 1740 los cuentos de hadas no estaban estrictamente dirigidos a un público infantil. Más tarde terminaron por convertirse en historias para niños (Perrault y los hermanos Grimm tienen un importante papel en ese proceso), pero en sus orígenes estaban orientados principalmente a adultos y eran una forma de comentario social. Este tipo de cuentos eran un entretenimiento en las reuniones sociales, en las que se probaban las habilidades como narradores de los invitados en función de cómo estos manejaban los elementos de la historia o les daban una segunda lectura.

Estas historias pueden interpretarse a veces como un tutorial para las mujeres sobre cómo podían mejorar su vida. En muchos de estos relatos la vida de las protagonistas mejora notablemente al casarse con alguien que está por encima de ella en la escala social como recompensa por su “buen comportamiento” (ser prudente, bondadosa y virgen), mientras que las acciones menos recomendables conducen a un severo castigo. La Bestia es un monstruo, pero posee un lujoso palacio encantado, él mismo aparece engalanado con deslumbrantes ropas y piedras preciosas y comienza desde la primera noche a ofrecer todas sus atenciones a la Bella. El énfasis en el aspecto material refuerza la lectura de la fábula como lección moralizante muy relacionada con la sociedad del momento. 

La elección de un buen marido era un momento clave en la vida de las mujeres y el relato nos advierte de que la atracción física no es el parámetro más importante. La elección debe basarse en el carácter bondadoso del candidato y, por supuesto, la riqueza que posea. En el caso de no poder decidir sobre su propio matrimonio, la fábula entraña un mensaje de conformismo, renuncia y esperanza de que se podrá cambiar a cualquier individuo a través del amor. Se advierte a las mujeres que deben superar su rechazo a la bestia y “sacrificarse” de algún modo a ella porque ésta será transformada.

No es de extrañar que estas fábulas se centren, cuando las protagonistas son femeninas, en todo aquello que tiene que ver con el cortejo amoroso y la elección de pareja. La importancia nuclear del matrimonio se explica porque mediatiza todas las interacciones de las mujeres en sociedad. A partir del momento en el que una mujer se desposaba perdía todo el poder de negociación del que todavía podía disponer cuando estaba soltera (y era joven y bella) y, especialmente, aquella de la que gozaba en las fases de cortejo y pasaba a quedar completamente a merced del destino de su marido.

Bruno Betthelheim en Psicoanálisis de los cuentos de hadas se aproxima al estudio de los cuentos de hadas desde el análisis freudiano y enmarca el relato de la Bella y la Bestia en la tradición de cuentos alusivos a la superación de la repulsión sexual por parte de una joven que termina casándose con un monstruo. La mera existencia de esta corriente resulta, cuanto menos, llamativa. Conviene recordar ahora que es un relato escrito por mujeres, un consejo sobre cómo lidiar con su realidad social. 

La versión cinematográfica que respeta de forma más clara esta fábula es La Bella y la Bestia, de Jean Cocteau (1946). En ella encontramos leves variaciones, pero el argumento se corresponde casi por completo con la historia del cuento. La película refleja el carácter fantástico de la historia con una puesta en escena que forma parte ya de la historia del cine.

Una llamativa variación que presenta el guion respecto al relato original es que cuando la Bestia se transforma en un príncipe lo hace tomando la apariencia del antiguo enamorado de Bella (que muere intentando despojar a la Bestia de toda su magia y riqueza). Así, el príncipe con el que Bella se casa resulta ser una suerte de síntesis entre el físico de su antiguo amado, que era, sin embargo, vil, y la bondadosa Bestia. Esto refuerza la idea fabulosa de que, a través de la superación del rechazo a la bestia y de la resignación y el sacrificio, Bella consigue, al final, todo aquello que podría soñar. 

El énfasis en el sacrificio, la sumisión y la superación del rechazo sexual por parte de las mujeres (que, ni que decir tiene, han de ser bellas para que nos quede clara su bondad) son los aspectos más tóxicos y obsoletos de este relato. La idea positiva que encierra este cuento desde sus orígenes es la búsqueda de la belleza interior.

«La belleza está en el interior

La historia de la Bella y la Bestia no pasó desapercibida para Disney, que en los años de su “renacimiento” produjo una adaptación de esta historia que aún se cuenta como uno de los mayores éxitos de la factoría: La Bella y la Bestia, de Gary Trousdale y Kirk Wise. La adaptación de la historia corrió a cargo de Linda Woolventon y fue la primera película animada nominada a los Oscars en la categoría de Mejor Película (aún no existía la categoría de Mejor Película Animada).

En esta adaptación observamos una orientación mucho más clara hacia un público infantil y desaparecen numerosos elementos que dejan paso a otros nuevos. El príncipe ha sido encantado por una bruja con la que se mostró cruel y que lanzó un hechizo sobre él y todo su castillo que solo podrá ser roto si la bestia encuentra el amor verdadero. La versión de Disney hace una relectura sorprendentemente moderna del personaje de Bella, que es una especie de intelectual en su pueblo, interesada solo en sus libros y con sueños de vivir aventuras. Rechaza el cortejo de Gastón, el epítome del macho alfa que vuelve locas al resto de jóvenes del pueblo y vive relativamente aislada con su padre e inmersa en los libros. El hecho de que el padre de Bella sea un inventor en lugar de un mercader arruinado refuerza la idea del talento y la inteligencia como características importantes de los protagonistas, que, por otro lado, los abocan a un cierto rechazo social.

El padre de Bella viaja a una feria con su último invento, se pierde y termina en el palacio encantado de la Bestia. Sin embargo, en esta ocasión, es Bella quien va a buscarlo cuando el caballo vuelve solo a casa. Bella es ahora mucho más independiente y resolutiva, es ella la que llega por sus propios medios al rescate de su padre y es ella quien ofrece cambiarse por él. La Bestia acepta el intercambio y echa a su padre sin darles ocasión de despedirse.

La primera noche Bella se aventura en una zona del castillo que le había sido expresamente prohibida (incorporando el tema de la curiosidad de la mujer como algo peligroso que podemos encontrar en una de las historias más antiguas que se relaciona con el arquetipo, la de Psique y Cupido) y descubre la rosa que simboliza la cuenta atrás para romper el hechizo. La Bestia la sorprende y monta un tremendo numerito. Bella huye en su caballo a los bosques y termina siendo acorralada por los lobos. La Bestia le salva la vida y Bella vuelve con él al palacio para ayudarle a curar sus heridas.

La relación entre ellos comienza a mejorar. La vida en el palacio y los comienzos de la relación están mediados en este caso por todos los secundarios, el personal de servicio del palacio, también víctima del hechizo. Todos intentarán suavizar asperezas entre la Bella y la Bestia y ayudar a que surja el amor entre ellos. Está presente la necesidad de “educar” a la Bestia en el aspecto emocional, ya que ésta no es amable al haber vivido durante años encerrado, presa de rencor por su destino. 

De la misma forma que en el relato original, cuando se encuentran en el momento “álgido” de su relación, Bella ve a través del espejo mágico a su padre enfermo y desamparado y pide permiso a la Bestia para ir a su encuentro. La Bestia le concede permiso para abandonar el palacio y le dice que se lleve el espejo. Cuando Bella llega a socorrer a su padre se encuentra con un malvado plan urdido por Gastón para chantajearla y que acceda a casarse con él.

Gastón, como ya hemos visto, epítome de las peores características asociadas a la masculinidad, no puede aceptar la negativa de Bella y quiere que se case con él a cualquier precio. Para él, ella es como otro de los trofeos que contribuyen a alimentar su ego. Para evitar que se lleven a su padre a un manicomio, Bella trata de probar que no está loco enseñando a la Bestia a través del espejo mágico. Esto desata una reacción entre la multitud que, capitaneada por Gastón, se dirige a atacar a la Bestia. Aparece aquí el tema de la masa, falta de criterio y atemorizada, atacando aquello que les resulta amenazante o desconocido. En la película de Cocteau el “enamorado” de Bella y su hermano intentan destruir el corazón de la magia que da todo su poder a la Bestia, pero en esta versión encontramos una dimensión más política en el ataque al ser la población enfurecida la que ataca al diferente por el mero hecho de serlo. Gastón y la Bestia se enfrentan. La aparición de Bella anima a la Bestia, que vence a Gastón pero quedando malherido. Bella le declara su amor entre sollozos y el último pétalo de la rosa cae. La Bestia se transforma entonces en un bello príncipe y se rompe el hechizo que caía sobre todo el palacio en virtud del amor. 

LA BELLA Y LA BESTIA, desde su origen como cuento de hadas, se ha convertido en un arquetipo del que «la belleza está en el interior» es solo la guinda del pastel. Analizamos esta historia centenaria.

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Como explicita claramente una de las canciones centrales de la película su moraleja central es el famoso “no hay mayor verdad, la belleza está en el interior”, idea presente ya en la versión original pero que en esta película está mucho más subrayada, sin duda por su orientación más clara a un público infantil. Esta versión supone todo un salto, presentando a una protagonista independiente y con capacidad de influir en su propio destino, una Bestia cuyo atractivo va más allá de las riquezas que posee y una relación entre ellos que surge a través del intercambio de conocimiento y que evoluciona hasta que se ven mutuamente como iguales.

¿Quién es la Bestia ahora?

Existen otras versiones cinematográficas de este arquetipo en los últimos años: La Bella y la Bestia de Christophe Gans (2014) o el remake del clásico Disney de Bill Condon, (2017). Pero nos parece más interesante en su convulsa relación con el arquetipo Beast de Michael Pearce (2017). Beast es un drama/thriller cuyo argumento poco tiene que ver con el relato tradicional de la Bella y la Bestia y que, sin embargo, no es indiferente al mismo. 

Moll vive con su familia en una pequeña isla que vive atemorizada por una oleada de asesinatos y violaciones sin resolver. La historia comienza el día de su cumpleaños, en una barbacoa familiar de la que Moll se escabulle para ir a emborracharse. Conoce a un joven en un bar y él intenta pasarse al final de la noche cuando están en la playa. Antes de que la situación vaya a más aparece Pascal con un rifle de caza, asusta al joven y se ofrece a llevarla a casa.  

Desde la primera aparición de Pascal, la película juega con la sensación de que Moll está en cierto peligro al acercarse a él. El aura enigmática y oscura de Pascal atrae a Moll, que lo ve como una especie de príncipe salvador, como una posibilidad de escapar de su propio entorno. Comienzan una relación y Moll le confiesa a Pascal un episodio de su pasado: cuando tenía 13 años apuñaló a otra chica, según ella, en defensa propia. Esto provocó su expulsión de la escuela y es la razón de que haya sido escolarizada en casa por su madre a partir de entonces. 

Clifford (un policía que se siente atraído por Moll) la interroga sobre la noche en la que conoció a Pascal porque lo están investigando como sospechoso de los asesinatos. Moll miente para protegerle, pero comienza a desconfiar de él. Ya viviendo juntos él es detenido como sospechoso y ella vuelve a ser interrogada. En esta ocasión, la detective sugiere que Moll está protegiendo a Pascal para vengarse, porque a pesar de su fachada, ella también es una persona con impulsos oscuros. Moll entra en una espiral de desesperación y culpa que explota en una discusión en la que Pascal la asfixia y la lanza contra la pared. Ella escapa y va a casa de Clifford y le confiesa que mintió para proteger a Pascal. Clifford la desprecia y la echa de su casa. 

La escena con Clifford es interesante porque recoge la idea de que la mujer es atraída por la Bestia en lugar de por el que ya se comporta como un “buen hombre”. Jordan Peterson, pensador que sigue la estela de Carl Gustav Jung, afirma que esta atracción se explica porque la Bestia tiene la capacidad de matar si es necesario, de dominar la agresión (necesaria para la supervivencia) y el papel de la mujer es domar a esa bestia para orientar su potencial. Según Peterson, este es esencialmente el arquetipo heroico femenino, la capacidad de ayudar a orientar la fuerza bruta e incluso la maldad de la Bestia en algo positivo.

<desde aquí, spoilers del final de Beast> 

Volviendo a Moll, regresa a casa al día siguiente y se reconcilia con Pascal. Salen a cenar y ella trata de conseguir que Pascal le confiese su implicación en los asesinatos confesándole que cuando ella apuñaló a la chica no fue en defensa propia, sino por venganza. Le dice a Pascal que “son lo mismo” y que está dispuesta a iniciar una vida con él y amarlo plenamente siempre que él sea honesto con ella y le prometa que no volverá a pasar. Él reconoce ser el asesino y le dice que sus víctimas no significaban nada. Este desarrollo parece encajar a simple vista con la propuesta de Peterson. Ella está dispuesta a aceptar el mal que hay en él (superar su repulsión) porque le comprende y porque le ha redimido a través de su amor. Cuando van en el coche hacia casa, Moll le da un beso a Pascal y aprovecha para desabrochar su cinturón de seguridad y provocar un accidente. Cuando recupera el conocimiento lo ahoga con sus propias manos a pesar de las súplicas de Pascal. 

Este final rompe por completo cualquier posibilidad de interpretar la película de acuerdo a la lectura tradicional del arquetipo en el que Bella y Bestia son dos personas y nos lleva a otra interpretación del mismo, la interpretación de Jung, en la que Bella y Bestia son partes del individuo. El pensamiento de Jung enfatiza la conexión de la psique y las manifestaciones culturales. Considera que los cuentos de hadas son terapéuticos y nos informan de aspectos de la mente, son una vía para integrar las dos polaridades del Ser; su Conciencia y su Inconsciente. Según la lectura de Jung, la Bella simboliza el Alma, deseosa de conocer el amor y la luz, pero para esto debe reconciliarse y aprender a amar a la parte más oscura de su Ser, la Sombra, la Bestia.

Beast se adscribe a esta interpretación junguiana “individual” a la vez que juega con las expectativas del espectador de hacer una lectura interpersonal del arquetipo. Moll es la protagonista de la película y su viaje es el de su descubrimiento personal y reconciliación con su bestia interior. A lo largo de la película Moll consigue salir de su opresivo entorno familiar y se conoce y acepta a sí misma a través de su relación con Pascal. Las pesadillas que sufre Moll en las que ella es su propia atacante nos remiten al interés de Jung por la interpretación de los sueños y nos explicitan que ella es el verdadero peligro. La escena en la que Pascal le enseña a cazar y ella se da cuenta de que se encuentra bien tras hacerlo (domina la agresión) nos remite a la violencia de la que ella es capaz, la misma que él puede infligir y los sitúa como iguales. 

El final de Beast encierra la culminación definitiva de la enseñanza del cuento para Jung. Ella se acepta a sí misma, acepta su lado oscuro y la violencia que es capaz de ejercer sobre los demás y se reconcilia con su propia naturaleza. Al final ella ha completado su viaje y se erige como un personaje completo que se acepta a sí mismo, oscuro pero moral.

Bellas y Bestias

En este repaso hemos relacionado sucesivas versiones del arquetipo con sus enseñanzas y orígenes. En la versión original del cuento repasamos su intención ejemplificadora dirigida a un público adulto en la que se refleja el funcionamiento de la sociedad de la que surge. Si extraemos este relato de su marco social y lo intentamos extrapolar como enseñanza contiene aspectos de muy dudosa aplicación hoy en día, como su mensaje de sumisión y resignación y la promesa de que el amor va a taimar a la bestia. Esa narrativa romántica de que se debe aguantar todo por amor porque éste posee un efecto redentor conduce a la validación de relaciones abusivas o tormentosas que, de no ser por esta idea romántica, se revelarían mucho antes como el sinsentido que son. Si bien nadie puede tener nada en contra del mensaje que parece acompañar esta fábula desde su génesis, “la belleza está en el interior”, esta concesión está claramente inclinada hacia los hombres/bestia sin quedar claro si una bestia femenina recibiría tales comprensiones (vamos a pensar que sí).

En la posterior adaptación de Disney observamos una considerable evolución en el planteamiento del personaje de Bella, con mucha más entidad y capacidad de actuación que en el original (cosa absolutamente lógica dados los siglos de diferencia que separan una y otra versión), pero la historia sigue conservando un esquema en el cual se hace una interpretación de la fábula en la que Bella y Bestia son personajes diferentes, siendo ella la que completa su “arco heroico” al superar su rechazo y amar a la Bestia por su bondad y a pesar de sus apariencias. Lo irritante de la interpretación interpersonal de la idea de Jung de la necesidad de “taimar a la bestia” es que el “arco heroico” femenino pasa por ser secuestrada, superar el rechazo sexual a una bestia y “educarlo” emocionalmente para “hacer de él un hombre de bien”, en definitiva. Este planteamiento se sitúa en una serie de asunciones que infantilizan al hombre (no es él el que hace su propio viaje de maduración, sino que este viene dado a través de Bella) y enmarca la “heroicidad” de Bella en su relación con la Bestia única y exclusivamente, educándolo para poder amarle.

En Beast, sin embargo, encontramos la más fresca aproximación al arquetipo, acorde con los planteamientos de Jung pero haciendo una interpretación individual del mismo, en la cual Bella y Bestia son partes de la psique. La película establece sus reminiscencias a la narración original para luego llevarnos en un viaje que se centra en el autoconocimiento de la protagonista y en la que, por fin, la culminación no tiene que ver con su capacidad de vivir con un hombre sino con su capacidad de aceptarse a sí misma. Beast ofrece por fin una versión moderna de este arquetipo presente en nuestra cultura desde hace siglos en la que encontramos un viaje heroico de autoconocimiento plasmado en un personaje femenino. Nos habla de aceptarnos y conocernos y refleja el tiempo del que es fruto en la idea de que hoy ya no tenemos que girar alrededor de la Bestia.      

Ninguna narrativa es ajena al momento y entorno en el que tiene su origen. Algunos arquetipos perviven en nuestra cultura a través de los siglos pero eso no los hace aplicables al presente ya que las historias, como sus interpretaciones, cambian con los tiempos. Hemos querido repasar las raíces e interpretaciones de La Bella y la Bestia en un intento de entender qué parte de su mensaje creemos que ha quedado obsoleto: el amor romántico, sumiso y resignado, y qué parte resuena como el primer día: que la belleza (y la bestialidad) están en nuestro interior.

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