De ‘La cura del bienestar’ a ‘Your Name’ – 2017 en 14 películas

[Cada fin de año, en CANINO escogemos lo que más nos ha gustado de los doce meses que se van. Sabemos que es un recurso un poco perezoso, pero lo cierto es que supone una oportunidad ideal para reencontrarse con discos, películas, series, libros, videojuegos o comics que pueden haber pasado desapercibidos o que merecen un recuerdo. Nuestro sistema no es completista ni remotamente definitivo: pedimos a nuestros colaboradores y a unos cuantos amigos que escojan entre sus favoritos, y ya está. Ni listas exhaustivas, ni tops. Simplemente, recordamos algunos de nuestros artefactos pop favoritos de 2017. Hoy es el turno de las películas]

Nuestros mejores del año (hasta hoy)



La Cura del Bienestar (Gore Verbinski)

La última película de Gore Verbinski es de esas ovejas negras a las que, incomprensiblemente, nadie hace caso en el momento de su estreno. Como si tuviera una barrera de ladrillos en cada tráiler o cada póster promocional, nadie se sintió atraído por ella e incluso la crítica la trató como el típico ejemplo de cine de “forma con poco fondo” o ejercicio estilístico vacío. Si a ello sumamos que Dane DeHaan no es el autor que genere más simpatías, tenemos un fracaso asegurado, una de esas películas que la historia del cine va a olvidar hasta que dentro de unos buenos años, algún lumbreras descubra que en realidad es una “joyita oculta a redescubrir”. El mismo caso que, por ejemplo, Viaje alucinante al fondo de la mente (1980), que necesitará que el escenario de las tendencias tome un poco el aire y su propuesta de suntuoso terror ultra clásico, perverso y de texturas lovecraftianas y neogóticas encaje mejor con las corrientes de otro momento. Hasta entonces, unos pocos, disfrutaremos de esta obra maestra acompañados de un vino amargo, en nuestro cubil de género, colocándola en nuestra colección entre El quimérico inquilino (1976) y el ciclo de Poe de Roger Corman. Jorge Loser

A Ghost Story (David Lowery)

La sensación del año es un algo minúsculo, una película muy pequeña que mira a los ojos de la existencia con honestidad y un par de conceptos abrumadores. Es ciencia-ficción, es terror, es drama y es ver para creer.

Todos los elementos del cine de terror clásico están aquí: un fantasma cubierto con una sábana, música de cuerda que hiela la sangre, algún poltergeist… por no faltar no falta ni la cubertería volando por los aires, solo que lo verás como no lo habías hecho antes. Los ciclos presentes en la historia y en la Historia están perfectamente capturados por la cámara gracias a la brillante decisión estética de su formato: en estos 4:3, el fantasma siempre ocupará un lugar destacado, central, clave en cada uno de los planos. Y es que, no lo olvides, esto es una historia de fantasmas. Kiko Vega

El sacrificio de un ciervo sagrado (Yorgos Lanthimos)

El año 2009 vio la llegada de una nueva película, tan heterodoxa como terrorífica, y que trataba una historia familiar extraña. Se llamaba Canino, la dirigía Yorgos Lanthimos, y era su primer filme de éxito internacional. Fue premiada en el festival de Cannes y ganó también varios galardones gracias al público en nuestro festival de Sitges. De esa película viene el nombre de la web que ahora visitan, vaya, y también una genealogía de filmes hieráticos que intentan con diversa fortuna imitar a Lanthimos (de Cabás -2012- a Fuerza mayor -2014-). Luego de la continuista y excelente Alps llegó para el año 2015 su salto al mercado anglosajón con Langosta. Esta, una comedia bruta sobre la pareja, tenía puntos en común con sus anteriores trabajos como la violencia limpia o cierto humor siniestro.

Su última película, El sacrificio de un ciervo sagrado, ha dejado paso a un estilo mucho más depurado y gélido donde cualquier rasgo cómico vira en el absoluto y enloquecedor desasosiego. En cierto sentido, su trama bíblica hace imposible cualquier chiste, con negligencias médicas, extrañas maldiciones y asesinatos rituales, protagonizados por Colin Farrell y un tétrico Barry Keoghan. Una narración, en efecto, propia de otros tiempos, pero que Lanthimos hace presente a través de su realismo higiénico en el escenario pánico de una ciudad anónima. Todo germina como fábula moral macabra, lo cual permite juzgar este filme como el más parecido a ese gran cineasta de la psicopatía moderna que es Michael Haneke.

Con mucha diferencia la obra más ortodoxa del director, más sencilla de ver para el gran público, parece resultar un estudio todavía más fino de las relaciones familiares que su anterior trabajo. Una producción hipnotizante, aún dura de ver, pero que encerrada en sus herméticos muros encuentra respuestas potentes a problemas contemporáneos. Julio Tovar

La llamada (Javier Ambrossi y Javier Calvo)

El problema que tienen las películas extranjeras es que los referentes sociales de los que parten nos resultan ajenos, así que nos toca amoldarnos a ellos. Acabamos aceptando que alguien lleve la compra de la semana en una bolsa de papel o que los estudiantes de instituto vayan a un baile de fin de curso. Cuando vi en La llamada a dos niñas (interpretadas por Macarena García y Anna Castillo) que eran fans del reaggeton y estaban en un campamento de monjas me chocó: todo era demasiado cercano, era muy asumible. El punto de partida era bueno, pero lo que hizo que saliese encantado de este musical pop fue la mezcla de respeto, irreverencia y sentido del humor para entrar al trapo en reflexiones existenciales. Que aprendan otros que no es imprescindible ponerse intensito para tratar este tipo de temas. Pablo Vicente

Amor carnal (Ana Lily Amirpour)

El título que le han puesto en castellano es un horror, y eso que ni creo que se llegue a estrenar en cines y probablemente se quedará en Netflix. The Bad Batch, el título original, es mucho mejor que ese invento de Amor carnal que se han sacado de la manga, supongo que para que algún espectador despistado crea que es una historia romántica, o erótica, cuando en realidad aquí el único amor que hay a la carne es el del canibalismo. Toda la primera parte es fantástica, yo este año no he visto nada que me haya interesado más. Luego los personajes empiezan a hablar demasiado y pierde fuelle, pero Ana Lily Amirpour crea unas atmósferas y personajes tan atractivos como inquietantes, desde los caníbales del desierto hasta el gurú psicotrópico con harén. Y todo muy de cómic, muy apocalíptico y muy pastiche de cosas que le deben gustar a Amirpour, y a mí también. No es la mejor película del año, pero es la única que me ha dejado con verdaderas ganas de escribir sobre ella. Blanca Rego

Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (James Gunn)

En 2014 dejé Guardianes de la Galaxia fuera de una lista (de listas) en favor de un cómic, también de ciencia-ficción, argumentando entre otras cosas que el villano del tebeo era mejor. Sin embargo la razón principal para que me decidiese por él fue que todo el mundo apreciaba lo que había hecho James Gunn, no iba a descubrírselo a nadie, y quizá el cómic sí. Ahora tampoco descubro nada, pero cuando la novedad se fue por la puerta el consenso salió por la ventana… y precisamente por haber mantenido el nivel (¡como mínimo!) sin contar ya con el factor sorpresa, considero que esta secuela se merece todo el reconocimiento. El colorido que la original le devolvió al cine de naves sigue chorreando ahí -y salpicando allá, como demuestra su compañera de orla Thor: Ragnarok-, y continúa sin haber ni un minuto libre de guantazos, La Emoción, o payasadas premium (creo que no me he reído tanto con ninguna otra escena este año como con la de la cinta americana). La asignatura pendiente del villano ha sido superada con nota y los guiños pop al pasado funcionan mejor que nunca, pero lo más meritorio es que la película funcionaría igual de bien sin ellos, gracias a una historia enorme, del tamaño de un planeta, y a unos personajes que ya son de la familia. Matrícula (“OUTATIME”) de honor. Andrés Abel

Your name (Makoto Shinkai)

Estuve tentado de seguir dando la matraca por aquí con Spider-man: Homecoming, pero al final me he decantado por esta película que llegó un año tarde a nuestro país, pero que al menos llegó. Y menos mal porque desde que la vi no he podido quitármela de la cabeza.

Previo al clímax, se ve en Your name el motivo por el que los protagonistas intercambian sus cuerpos y esa sensación de desespero, de tristeza inabarcable, no hubiera sido posible de no haber un trabajo previo con los personajes tan bonito y emotivo. Y al final no necesita grandilocuencias sino un gesto cotidiano, pero cargado de significado, para llevarte a un tremendo alegrón justo antes de los créditos.

Claro que es posible llorar en la misma película de tristeza y alegría, pero se necesita un narrador extraordinario. Makoto Shinkai lo logra, como si pudiera lanzar un cometa por el cielo en el mismo momento en que levantas la vista. Adrián Álvarez

Manchester frente al mar (Kenneth Lonergan)

Hacía tiempo que el cine de género no tenía un año tan tan bueno. Y hacía tiempo que un melodrama no se colaba entre lo mejor del año. Porque Manchester frente al mar es eso: un verdadero dramón, y una película que cree en la música, en el melos. Hay quien dice que el trauma nunca puede ser representado, sólo sus efectos, pero con Manchester frente al mar uno vuelve a creer en el poder del cine, de la ficción y, sí, de la música para representarlo todo. Sólo hay que encontrar la distancia justa. Y Kenneth Lonergan es un maestro en ello, capaz de jugar con la música dramática (nada menos que el Adagio de Albioni), el mute en la escena y el ralentí sin caer jamás en el sentimentalismo barato.

De eso va Manchester frente al mar: de un trauma, que viviremos en toda su angustia a mitad de la película, y de sus efectos. Porque como vemos en Lee, el protagonista, el problema no es sólo la pérdida, sino todo lo que viene después y la deuda que uno mantiene con los fantasmas del pasado; o, dicho en cristiano, lo jodido es el duelo y la culpa. La película trata sobre la posibilidad o no de Lee de regresar al hogar, ese Manchester escenario de su desgracia, y rehacer su vida al cargo de su sobrino Patrick. Porque la vida sigue y el duelo convive, a veces cómicamente, con la logística y los trámites cotidianos. Sin renunciar a nada de ello, Lonergan este año nos ha sabido contar el proceso de Lee con el corazón en la banda sonora y en la mano. Alberto Hernando

La La Land (Damien Chazelle)

Portento musical, cinematográfico y actoral. La película que ha enamorado a Hideo Kojima. El error, técnico y algunos dirían que también humano, más flagrante de los últimos Oscar. El musical que ha dinamitado los muros que parecían mantener al género alejado del público masivo. La película que según unos es un homenaje a los clásicos, según otros es una ruptura radical con respecto de aquellos y que de hecho es ambas cosas a la vez. La demostración de que Damien Chazelle tiene un potencial casi infinito como director. El guión que ha conseguido llevar aún más allá el debate que comenzó Whiplash sobre si Chazelle es un psicópata anarcoliberal o un ironista de izquierdas. La banda sonora que ha sonado en tu móvil, en tu radio y hasta en la sala de espera de tu médico a todas horas. Es decir, ¿qué más hay que decir a estas alturas sobre La La Land? Álvaro Arbonés

Alien Covenant (Ridley Scott)

“Llegaré hasta donde la abominación me lleve.
Mis penas no se alivian con lamentos,
ni lágrimas, ni oraciones,
sino intentando haceros daño con daño,
y puesto que voy de soledad en soledad
no encuentro sobre quien descargar mi ira
más que a vosotros.
No os libraré de mi maldita presencia.
No soporto veros en paz.
Los miembros de mi cuerpo están enlazados
con serpientes.
Salgo a buscar mi propio peligro
bendecida por la libertad que me otorga la selva.
Voy armada contra mí misma
y me alumbran antorchas de rosas.
Cuanto más se inflame mi cólera
antes se apagará mi vida.
Sé que las flechas que disparé con mi arco
regresarán del cielo para clavarse en mis propias vísceras.
Daré cien mil vueltas sobre mí misma
ebria de ferocidad suntuosa,
porque esta espada,
esta espada que hace correr la sangre sin límites,
esta espada da la vida”.

Angélica Liddell – ¿Qué haré yo con esta espada?

Elisa McCausland

Demasiado cerca (Kantemir Balagov, 2017)

Unas vidas durísimas, cruzadas por el genocidio judío (que está arrebatando a un miembro de la familia) mientras suenan de fondo los ecos de la guerra ruso-chechena. Una protagonista salvaje, con una enorme libertad expresiva, dedicada en cuerpo y alma justo a la contención de su rabia. Un director novel que busca precisamente hacer su propia sinfonía de la opresión, como el propio formato (1:33) y sus cerrados planos nos obligan a sumergirnos en la piel, en el detalle. A saber: que la violencia íntima es tan grave, o más, como la que se vive unos kilómetros más allá, como nos hacen ver los mismos protagonistas para los que un vídeo de ejecuciones es sólo un lugar por el que pasear la mirada mientras la música o los abrazos pueden cambiarlo todo. Y que siempre hay cabida para salir de las constricciones, para escapar y respirar, aunque la recompensa sea momentánea y triste. ¿Lo mejor? Que la tienes ahora mismo en cartelera. ¿Con cuántas de las mejores pelis del año puedes decir lo mismo? Esther Miguel Trula

Déjame salir (Get Out)

No se puede dejar pasar la posibilidad de recomendar esta película porque te guste el género que te guste posiblemente haya algo que puedas sacarle. Da igual que hayas llegado hasta ella porque sea el éxito crítico global del cine de terror en un año de éxitos para el género, porque quisieras ver cómo uno de esos sketches incómodos de Key & Peele lograba evolucionar hasta largometraje, como una relación que en otros casos hubiera dado lugar a una comedia romántica más o menos facilona o, incluso peor, a una obra más facilona aún sobre la familia de ella -quizá incluso a un drama familiar o a otro de raza- pero todo ello no dejan de ser las muchas partes de una obra de la que puede parecer que no he dicho mucho… porque cuanto menos sepas al verla, mejor. Lo importante es que la veas. Jónatan Rubio

John Wick 2 – Pacto de Sangre (Chad Stahelski)

Déjame serte sincero, lector canino: vi John Wick – Pacto de Sangre (a partir de ahora, 2 John 2 Wick) al poco de su estreno en España, pero hoy, apenas siete meses más tarde, aunque me apuntaras en la cara con una Glock del 26 no sería capaz de hacerte una sinopsis del argumento. Las críticas alabaron su capacidad para expandir de manera interesante la mitología de ese mundo de asesinos a sueldo que se adivinaba entre las imágenes de la primera entrega y recuerdo decirme a mí mismo mientras la veía: “¡Guau, realmente expande de manera interesante la mitología de ese mundo de asesinos a sueldo que se adivinaba entre las imágenes de la primera entrega!”, pero ahora todo eso es una bruma en mi cabeza. Recuerdo perfectamente, eso sí, lo que me hizo sentir, porque 2 John 2 Wick es sobre todo una experiencia sensorial de primerísimo orden. Por su desarrollo fractal, por su gusto por lo exacto y por poseer un sentido de la composición, del movimiento, del sonido y del ritmo tan abrumador, creo que esta secuela se alza por sorpresa como el mejor exponente del math actioneer (NOTA: es posible que me acabe de inventar esta etiqueta) y, sin duda, una de las cintas más notables del año. Pablo Algaba

Ya no me siento a gusto en este mundo (Macon Blair, 2017)

Quizás carezca de la fría perfección cristalina de Personal Shopper o de la ágil combinación de resortes y códigos de Déjame salir, pero siento que a la hora de resumir el año debo romper una lanza en favor de esta modestísima producción Netflix que me ha emocionado y hecho reir como pocas este 2017. Macon Blair debuta como director en esta comedia que bebe de múltiples referentes, sobre todo las películas de delincuentes descerebrados de los hermanos Coen, pero a una escala mucho, mucho más modesta. De hecho, la anécdota argumental que vertebra la película es tan minúscula que casi se resume en una frase: dos perdedores lamentables, una insufrible misántropa (Melanie Lynskey, uno de mis crush más claros de este año) y un pothead flipadísimo con el metal y las artes marciales (Elijah Wood, que ya más de los nuestros no puede ser) intentan encontrar a los responsables de un asalto doméstico, tan o más perdedores que ellos. El resultado mezcla guiños a La caza de Walter Hill con momentos de atmósfera fantástica, comedia borde con splapstick de gore y vómitos en el mejor mexican stand-off que he visto en mucho tiempo… y todo tiene perfecta coherencia. Y la pareja protagonista más adorable del año, con un espíritu gruñón que se resume en uno de los muy citables diálogos de esta joyita: “¿Pero qué es lo que quieres?” – “Que la gente deje de ser gilipollas“. John Tones

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