¿De verdad queremos una ‘Star Wars’ interminable?

Disney está dispuesta a seguir produciendo filmes de la saga galáctica y de Marvel hasta la muerte termodinámica del universo (o hasta que dejen de dar beneficios). ¿Es una buena noticia para los fans, o una catástrofe en ciernes?

No era difícil de imaginar: cuando la maquinaria capitalista agarra una fuente de beneficios, lo raro es que la suelte. Aun así, la contundencia de Bob Iger, presidente de Disney, al afirmar la continuidad de sus dos franquicias estrella suena muy contundente. Incluso ominosa, la verdad. Consultado por la BBC (vía The Mary Sueacerca de por cuánto tiempo seguiremos recibiendo estrenos de Marvel y de Star Wars, Iger ha declarado que a dichas continuidades les queda cuerda para rato. Es más: mientras que, en lo tocante al serial galáctico, el mandamás se limita a decir que habrá «muchas» películas y series, sin querer precisar «cuántas o durante cuánto tiempo», tiene menos dudas acerca de la continuidad del Universo Cinematográfico Marvel. «Podríamos seguir así para siempre», son sus palabras.

Por supuesto, estas declaraciones son una hipérbole: el ejemplo de la saga James Bond nos confirma que una franquicia de cine puede tirar para adelante durante más de medio siglo. Pero, aun así, la esperanza de eternidad planteada por Iger tiene por delante ciertos escollos. Sin ir más lejos, las derivas del mercado podrían ponerle coto a sus aspiraciones, negándose Disney a seguir produciendo nuevas aventuras de Rey y Finn, por un lado, y de los Vengadores, por otro, en cuanto estas flojeen un poco en taquilla. Y, en último extremo, siempre podemos contar con que rodar películas después de la muerte termodinámica del universo puede hacerse un poco cuesta arriba. Pero centrémonos en todo lo que implican estas palabras, y veremos como, poco a poco, se nos van quitando las ganas de hacer chistes.

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Para empezar, los planes de Disney y Bob Iger recuerdan bastante al estado de cosas en la industria del cómic de superhéroes. Si bien es poco probable que Stan Lee Jack Kirby se plantearan algo así cuando el primer número de Los Cuatro Fantásticos llegó al quiosco en 1961, lo cierto es que los productos Marvel siguen editándose desde entonces, con sus inevitables excepciones: sin ir más lejos, la familia de Sue Storm y Reed Richards se quedó sin colección hace pocos meses, y ha sido oficialmente disuelta en un cataclismo motivado por la nueva edición de las Secret Wars (en la ficción) y por los tiras y aflojas entre la Casa de las Ideas y Fox (en la realidad). Pero, en general, el Capitán América, Spider-Man y compañía han seguido ramoneando por las viñetas desde hace casi 60 años, casi sin interrupciones. Un fenómeno que nos ha dado muchos momentos de lectura gozosa, pero que no tenemos claro si calificar de positivo.

¿A qué vienen estas dudas? Muy sencillo: cada vez que recordemos el disfrute que nos han dado las ideas de Mark Millar, de Walter Simonson, de John Buscema, o de Jim Starlin (por citar sólo a unos pocos nombres gloriosos que han estado en nómina de Marvel), deberíamos someternos al castigo de recordar a Scott Lobdell, a Al Milgrom, Rob Liefeld, Tom DeFalco y a tantos otros currantes que hacían lo que podían para llevarse el sueldo a casa… a costa de fustigar a los lectores con sus chapuzas y su falta de talento. La trayectoria de la editorial ha estado jalonada por grandes logros, sí, pero también por sequías creativas y épocas de mediocridad, así como por burbujas infladas a posta para drenar bolsillos y seguir estirando una cuerda que empezó a tensarse hace muchos años. ¿Demasiados?

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Venga, confesémoslo, que no pasa nada: ante cada nuevo megaevento, ante cada retcon y ante cada nueva estratagema de Marvel para mantener su universo de cómic, ha habido al menos un fan en este planeta que les ha deseado a sus personajes un piadoso retiro. Y eso sólo en lo que se refiere a la Casa de las Ideas, ojo: si no hablamos de DC, es porque hacerlo nos obligaría a escribir un artículo entero. Ahora, llevémonos este escenario al cine, y veremos cómo la cosa se pone aún peor: si el posible abandono de Robert Downey Jr., tantas veces especulado, pone de los nervios a los seguidores del MCU, ¿qué ocurrirá cuando el paso de los años -y las exigencias de subida salarial- lleven al estudio a prescindir de Chris Evans, Scarlett Johansson y otros de sus rostros emblemáticos en la pantalla? ¿Buscarán nuevos intérpretes, justificando las sustituciones de una forma más o menos jamesbondiana, o prescindirán directamente de los personajes? Y, de hacerse realidad esto último, ¿se tomará alguien en serio un Universo Marvel sin el Capitán América o sin Ojo de Halcón?

Irónicamente, Star Wars podría salir más airosa de esta papeleta: al fin y al cabo, la propia naturaleza del universo creado por George Lucas se presta más a los spin off y a los juegos con la continuidad. En una galaxia, ya se sabe, caben muchas más cosas que en un solo planeta . Si queremos comprobarlo, sólo tenemos que acudir a ese Universo Expandido que Disney liquidó de un plumazo en cuanto se hubo hecho con la propiedad de la marca. De hecho, una de las maniobras del estudio que menos nos huelen a muerto es la de crear A Star Wars Story, esa suma de películas que se pondrá en marcha con Rogue One este mismo año y que dejará sus spin off en manos de directores y guionistas jóvenes.

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Nuestras ganas de ver cómo Gareth Edwards (Monsters, Godzilla) filma las cosas de la Galaxia Muy, Muy Lejana ayudan a mirar las cosas con un poquito más de optimismo. Y también recuerdan un hecho cierto: a lo largo de la última década, algunos de los mejores momentos de Marvel han venido dados por artistas con tendencia a la heterodoxia y dispuestos a emplear el canon de la casa más como una plastilina que moldear que como un corsé de hormigón. La Ms. Marvel de G. Willow Wilson y el Ojo de Halcón de David Aja Matt Fraction son los primeros ejemplos que nos vienen a la mente. A lo mejor, y sólo a lo mejor, la proyección hacia el futuro de sus películas podría llevarse a cabo alcanzando ese equilibrio entre lo ‘comercial’ y lo ‘de autor’, menos pendiente del canon que de la imaginación. Pero nos parece poco probable que eso llegue a realizarse. No sólo por razones de presupuestos o de calendarios, sino, sobre todo, porque implica riesgo. Y el riesgo es lo último que una máquina de hacer dinero puede o quiere asumir. Por ahora, nosotros nos quedamos recordando las palabras de Jorge Martínez para Ilegales: «Para siempre» es siempre demasiado tiempo.

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