Deja la luz encendida: 10 películas con pánico a la oscuridad

La ausencia de luz genera los mismos terrores que la posibilidad de la propia muerte, pues en ambos casos la inquietud proviene de lo que no alcanzamos a conocer con nuestros sentidos. En este caso, la vista nos indica que, de noche, la profundidad del color negro es la misma tanto si delante de nuestra nariz existe algo o no. Esa ansiedad de códigos binarios ha sido explotada en la historia del cine de terror en escenas concretas, o como leit motiv de películas enteras, como en el caso de Nunca apagues la luz, que llega a nuestras pantallas este fin de semana. Por supuesto, no es la primera ni será la última, y hoy tenemos un pequeño muestreo de lo que las penumbras han dado de sí hasta ahora en el género.

 En esta lista repasamos diez ejemplos en los que la oscuridad es el monstruo, ya sea por sí misma, como fuerza absoluta que devora cualquier cosa que encuentra a su paso, o como contenedor del mal: entidades desconocidas, demonios, espectros y deidades primigenias que utilizan su frío manto para esconderse, aterrarnos y atacarnos. En casi todos los casos que hemos reseñado la luz pura y física es su repelente natural y lo único que puede salvar la vida de los protagonistas, en otros casos sólo sirve para comprobar cara a cara los horrores que se esconden en el abismo de las tinieblas. Algunas son clásicos ocultos, muy reseñables, y otras no tanto, pero todas son capaces de contagiar un escalofrío. Lean, preferiblemente cerca de la claridad.

10. Frío en la noche (1973)

El cine para televisión del siglo XX, todavía sin soñar con competir con las pantallas de cine, como hace hoy, no era un caldo de cultivo muy adecuado para películas con grandes medios, y si nos redirigimos al cine de terror, la mayoría de películas eran minuciosamente vigiladas para no pasarse con la violencia o espanto en sus momentos más intensos. Pero hay muchas joyas escondidas, y maestros como Dan Curtis convirtieron el medio en un espacio para un cine de género con su propio lenguaje, totalmente reivindicable. No tengas miedo a la oscuridad, su título original, es un caso especial. Desde luego, las limitaciones presupuestarias son evidentes, pero trabaja con el material del que se hacen las pesadillas. Nada más empezar, la música crea una atmósfera de cuento de terror, y el plano de una mansión gótica con voces susurrantes hablando entre ellas crea un clima adecuado para que las sencillas coordenadas del miedo se acomoden en los lugares precisos. Una historia de hombrecillos que solo atacan en la oscuridad, que vienen a tu cuarto de noche y quieren llevarte. Suficiente. Con razón fue un pequeño fenómeno en su momento, e incluso Guillermo del Toro llegó a producir un remake para cine en 2010, No tengas miedo a la oscuridad, que sin estar tan mal como se comentó en su día, retiene poco de la capacidad traumatizante del original.

9. Pitch Black (2000)

Más alejado de los miedos ancestrales a la oscuridad y más cerca de la ciencia ficción de Serie B, la primera entrega de las aventuras de Riddick era una película de terror en la tradición de Alien (1979) hecha con poco presupuesto y mucho ingenio. La idea de partida es juntar en el mismo argumento un planeta infestado de criaturas que sólo salen en la oscuridad y a un peligrosísimo asesino con visión de infrarrojos, encargado de rescatar a la tripulación que le lleva prisionero. Una premisa que habría firmado gustosos John Carpenter, generadora de una franquicia de soap opera galáctica violenta y oscura, cuyo nexo de unión es el personaje que interpreta Vin Diesel: Riddick se encarga de hacer y decir todas las macarradas y one liners que lo convierten en un memorable personaje de cómic en movimiento. Probablemente, no desentonaría en alguna de las historias de un tomo de Cimoc (1979-1995) o Zona 84 (1978-1992). Los monstruos, una especie de pterodáctilos con cuerpo de serpiente y cabeza de tiburón martillo, son bastante originales, dentro de su variación gigeriana, y su cualidad nocturna logra bastantes momentos de terror no aptos para pacientes de nictofobia, que al fin y al cabo es de lo que hablamos aquí hoy.

8. Darkness (2002)

La segunda película de nuestro Jaume Balagueró seguía la senda de sectas y cultos de su primera obra, pero dando un rodeo por el cine de casas encantadas, y parándose, quizá demasiado tiempo, en las coartadas psicológicas de Terror en Amityville (1979) y El resplandor (1980), espaciando, demasiado hacia su clímax, las connotaciones más lovecraftianas de la historia. Balagueró se hacía fuerte evitando el terror adolescente y regresando a obras serias y setenteras de raíces más literarias, pero el resultado tenía un problema de fondo al intentar echar de todo a la cazuela, querer ser ambiguo y al mismo tiempo no resistirse a utilizar apariciones de niños, seres cenobitianos y no centrarse en lo que da nombre al título, la oscuridad, personalización de las tinieblas como entidad del mal puro, dormida hasta el momento preciso. Cine satánico con inmensas posibilidades que yerra al intentar utilizar un guión con una falsa corona de prestigio que huye de lo que sus imágenes piden a gritos. Un terror sobrenatural a medio gas, cuya resolución, con la oscuridad como monstruo especular y creador de doppelgangers apuntan a una película de terror que debería haber apuntado más bajo.

7. They (2002)

El director de Carretera al infierno (1986) dirige esta epopeya teen producida por Wes Craven siguiendo la fórmula de la era post Scream (1996) aplicada a una premisa de miedos infantiles persistentes que persiguen a los protagonistas también al crecer. Esta se adapta al nombre de su productor, sobre todo, por recordar a Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño (1984), aunque acaba resultando más similar a producciones posteriores como  Boogeyman, la puerta del miedo (2005) y En la oscuridad (2003). Los terrores nocturnos son clave para presentar a criaturas que habitan en la oscuridad y comienzan a perseguir a los adolescentes, que se defienden de ellos gracias a la luz. La atmósfera oscura es adecuada pero no logra levantar una trama y situaciones genéricas por la que se pasean personajes cerodimensionales pero, hey, hay líquidos negros que atacan a los muchachos y es una de las películas en las que ver poco de sus gollumescas criaturas o “seres sombra” crea inquietud y parece no estar motivado tan sólo por falta de presupuesto.

6. Fear of the dark (2003)

Esta pequeña producción para vídeo es una especie de episodio largo de la serie Pesadillas (1995-1998) o una de las películas que el mismo R.L. Stine produce para ser emitidas en canales para niños. Quizá por ello, resulta más entretenida que muchas para adultos que se estrenan en salas, aunque en ningún momento se salga del tiesto y practique todo su juego de tensión y sustos con la red de seguridad colocada. El punto de vista infantil conduce a una empatía más o menos inédita con los terrores nocturnos, la fobia a la oscuridad y lo que esconde del protagonista, e incluso puede que produzca algo más de mal rollo de la cuenta cuando aparecen los demonios de la oscuridad, una variación del hombre del saco con su típico sombrero negro. Los doce minutos del corto Vicious (2015) -primo hermano del que inspira Nunca apagues la luz– resumen mejor el horror irracional a las imágenes que se crean en nuestra cabeza cuando se apaga la lámpara, pero momentos como el de las trampas de luz y la relación entre hermanos contra el mal son puro e irresistible Joe Dante.

5. En la oscuridad (2003)

Uno de los ejemplos de terror comercial de los dosmiles que quedaba muy por debajo de sus posibilidades por su concesión al susto fácil y la necesidad, mal entendida, de llegar a un público amplio. A pesar de todo, el tiempo no la ha tratado tan mal y, sin ser una gran película, funciona como un agradable episodio televisivo de alguna serie como Masters of horror (2005-2007). Su principal fortaleza es la leyenda que desarrolla, un cuento arquetípico de una mujer que cambiaba los dientes de los niños por premios, al estilo del ratoncito Pérez, acusada de la desaparición de dos niños y ajusticiada. Obviamente, la trama se centra en la venganza a lo Freddy Krueger, con la diferencia de que esta Matilda Dixon se mueve en la oscuridad en vez de entre pesadillas. La fábula atemoriza a los niños de Darkness Falls y les crea terrores nocturnos. El protagonista, que ha sobrevivido a un ataque del demonio, tiene un miedo a la oscuridad que sólo supera acompañado de linternas. Toda la premisa es prometedora, y lo cierto es que nunca llega a tocar la suela de sus posibilidades, pero su ritmo es una bala y el diseño del hada tampoco está nada mal.

4. Peur(s) du noir (2007)

Una poco conocida antología francesa con varios cortos de animación en diversos tonos de blanco y negro. La fuerza impulsora del proyecto no es tanto el miedo a la oscuridad de su título, sino el uso de esta como elemento estilístico, llevado al extremo en los claroscuros que conforman los trazos de los cinco artistas gráficos del proyecto. Los amantes de la ilustración y del cómic encontrarán en ella una mina, y aunque no todos los fragmentos tengan que ver con el tema que tratamos, merece la pena reseñar cortos como el de Marie Caillou y su verdadera pesadilla nipona, dibujada con un estilo casi infantil que enfatiza el poder surrealista de sus imágenes. Tampoco podemos obviar al maestro Charles Burns, dando vida con su inimitable estilo a una historia que podría estar en sus Misterios de la carne (1980-1984). Pero la historia final de Richard McGuire es la que nos interesa: un hombre solo, dentro de una casa embrujada, sin luz y llena de espíritus, trata de escapar con sólo una linterna. La oscuridad es opresiva y el estilo que encierra al personaje, iluminado de forma fragmentaria con su pequeña luz en movimientos que tan sólo se intuyen, es una maravilla de dibujos animados claustrofóbicos.

3. Vanishing on 7th Street (2010)

Una de las mejores películas fantásticas de los dosmil, absurdamente masacrada e incomprendida, y un más que sólido trabajo de Brad Anderson, uno de los directores de género más sugerentes de su década: mientras la mayoría de sus colegas se dedicaban al torture porn imperante, él contaba historias pequeñas e independientes, influenciadas por La dimensión desconocida (1959-1964). Esta fue su visión del apocalipsis: la pura oscuridad que absorbe literalmente a cualquiera que la toque, creando un manto en toda la tierra en el que los poquísimos humanos que han sobrevivido permanecen aferrados a fluorescentes y generadores. Un concepto mucho más metafórico que práctico, que genera más preguntas que respuestas y que enlaza con el incidente de la desaparición de colonia de Roanoke con el extraño mensaje “Croatoan” como única pista de explicación para ese mundo de sombras. Un relato minimalista y fascinante con escenas claustrofóbicas, como la oscuridad avanzando por un largo pasillo hasta alcanzar a uno de los personajes. Un “autoremake” de un inquietante momento aislado de su obra maestra, Session 9 (2001).

2. From the dark (2014)

Uno de los monstruos clásicos por antonomasia, el vampiro, es un ejemplo perfecto de habitante de las sombras para el tema de hoy. Películas como 30 días de oscuridad (2007) o Frostbiten (2006) se aprovechan de esta cualidad para proponer un escenario sin luz en la que las criaturas se alimenten a sus anchas. Pero afinando un poco el tiro, esta visión heterodoxa del mito propone una criatura completamente alérgica a cualquier tipo de luz (también la de linternas) y, aunque sabemos poco de ella, es casi una extensión de la propia oscuridad, puesto que, mientras no haya nada encendido, las probabilidades de ser atacado son plenas. La idea de partida es muy interesante y el resultado es un modesto pero efectivo filme de terror ambientado en el medio rural irlandés. Conor McMahon hace un cuasi remake de la parte más angustiosa de su Carne Muerta (2004), en la que durante buena parte del metraje, los personajes escapan de una plaga zombie en medio de la más absoluta oscuridad. En esta ocasión, el terror toma las formas de un survival en tiempo real que en ocasiones recuerda al cine de Neil Marshall y, aunque no esté del todo a la altura de su propuesta, es una película de terror simple, seca y no demasiado habitual.

1. The Hallow (2015)

Si a Guillermo del Toro le hubieran dado la oportunidad de hacer un cuento de hadas oscuro con mitos de los bosques de Irlanda habría parido algo como esto. La oscuridad alberga unas criaturas como bebés de mandrágora y una coartada de infección con fondo científico-ecológico que no es ajena a la obra del mexicano, ni tampoco al tema que tratamos: la luz es el único arma que puede contra estos monstruos arbóreos con diseños dignos de la escuela de Stan Wiston. La fotografía es otro elemento de suma a la atmósfera decadente, y el lavado de los colores va incrementándose conforme se drena la cordura de los protagonistas. El tema de entidades protectoras del bosque que matan humanos y roban niños pertenece al folklore celta, pero se adecua a tendencias de terror casi Cronembergianas en un crescendo de acoso y decadencia de tono bajonero. Pese a sus irregularidades de guión, resulta una visita satisfactoria al universo de la fauna de las cosas extrañas que pueden encontrarse en la oscuridad profunda.

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