Desde el fondo del mar a las arenas de Marte: Buscando a Andrew Stanton

Director de Buscando a Nemo y WALL·E y guionista de la trilogía Toy Story, Bichos y Monstruos, S.A., Andrew Stanton ha hecho a Pixar prestigiosa y multimillonaria. En vísperas del estreno del spin-off de Buscando a Nemo (2003), Buscando a Dory (2016), repasamos su trabajo y su figura, la carrera y las influencias del oscarizado director y guionista principal de la productora de animación.

No hay mejor ejemplo de la condescendencia con la que la industria cinematográfica trata al cine de animación que el que representa la figura de Andrew Stanton. Pocos directores pueden presumir de haber ganado dos Oscars con sólo cuatro películas en su filmografía y aún más escasos son los guionistas que cuentan con nominaciones a grandes galardones para todos sus libretos. Y no sólo de premios consta la carrera de Stanton. El hombre que hizo a Pixar un estudio multimillonario —y que ha trabajado de una forma u otra en las mejores cintas de la compañía— reconcilia con cada película de la compañía a crítica y público y ha marcado un antes y un después en la creación de cine familiar. Pese a todos sus logros, Stanton no está considerado como un referente en el cine actual sino como una figura destacada en lo que sería un tipo de cine menor dentro del propio arte.

Es difícil saber por qué. Stanton deja claro siempre que tiene ocasión que no hace películas para niños (ni para nadie más que él mismo, en realidad). También suele afirmar que el proceso de escritura de sus guiones es tan personal e introspectivo como el de cualquier gran creador, siendo la única diferencia la manera de trabajar con ellos a posteriori que le permite Pixar. La filmografía de Stanton tiene la misma personalidad y cohesión temática que exigimos y buscamos en los que sí consideramos modelos. Cine de autor, a mucha mayor escala.

Érase un animador que sabía contar historias

Durante toda su infancia y adolescencia Andrew Stanton quiso trabajar dibujando. Haciendo cómics primero y animando, cuando descubrió lo que era eso, varios años después. Si esto fuera una historia de las de Disney, el cuento habría acabado en 1990 cuando, tras ser rechazado tres veces por la compañía del ratón Mickey, se incorporaba con 24 años como segundo animador en Pixar, convirtiéndose así en su noveno empleado.

Sin embargo, las historias de Pixar son diferentes y a Stanton le quedaba aún por enfrentarse a un par de giros argumentales. Tras dos años en Pixar -cuando empezaban a desarrollar Toy Story (1995)- Stanton comprendió que sus capacidades como dibujante le alejaban de lo que de verdad sabía hacer. Y es que, aunque Andrew Stanton amara dibujar, lo que se le daba bien, lo que podía hacer casi por instinto, era escribir guiones.

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A pesar de haber sido contratado para animar, Stanton no fue más allá de trabajar en el movimiento de pequeños objetos secundarios en la que fue la primera cinta de la compañía. Sin embargo, el guión de Toy Story le debe a Stanton, además de escenas donde los personajes demuestran su tridimensionalidad, la creación de Sid: el niño destructor de juguetes en el que Stanton se siente, en parte, reflejado.

Toy Story fue el experimento en el que Pixar probó su capacidad para hacer cine. Un experimento exitoso que estableció la forma de trabajar que tendría a partir de ese momento la compañía. Desde ese instante, cada uno de los cuatro directores principales (John Lasseter, Peter Docter, Brad Bird y el propio Stanton) dispondría de tiempo y de un pequeño equipo para poder trabajar y desarrollar las historias que personalmente les interesaran (aparte de colaborar con los otros si esto fuera necesario).

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De izquierda a derecha: Docter, Stanton, Lasseter y Joe Ranft

Tras aprender y probarse junto a Lasseter en Bichos, una aventura en miniatura (1998), Stanton comenzó el que sería su primer proyecto personal y la película más exitosa de la compañía hasta la llegada de Toy Story 3 (2010). Hablo de Buscando a Nemo (2003). La cinta, que nació del empeño de Stanton por ambientar una película en el océano y que contiene muchas de las experiencias del director sobre la paternidad, ya deja ver una de las características que diferencian las historias de Stanton de las del resto de directores de la compañía. Mientras que Lasseter, Bird y en menor medida, Docter, centran el viaje de sus cintas en “la vuelta a casa” o en “alcanzar un sueño o destino”, los viajes de Stanton son hacia la aventura y siempre en busca del amor, representado en este caso en la devoción a un hijo.

En Buscando a Nemo, Stanton había trabajado de forma impulsiva, prestando especial atención a lo que le decía su instinto. Fue por eso que cuando todos esperaban que se tomara unas vacaciones tras años trabajando y se fuera —Oscar en mano— a disfrutar de su familia, Stanton decidió seguir trabajando discretamente en la historia que no podía sacarse de la cabeza.

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La idea se la había dado Peter Docter en el archiconocido almuerzo de trabajadores donde se gestaron la mayoría de las películas de la compañía. Era sólo un personaje. Un triste y anticuado robot, el último de la Tierra, que continuaba haciendo su trabajo sin descanso a pesar de que hacía mucho que su labor ya no era necesaria. Ese fue el germen de WALL·E. Batallón de limpieza (2008), la que es para muchos la primera película verdaderamente dirigida a adultos de la compañía.

De nuevo en WALL·E vemos ese viaje hacia la aventura que supone el espacio, en este caso para encontrar a una compañera. Volvemos a ver la especial atención de Stanton por el detalle y si en Buscando a Nemo eso se traducía en una concienzuda investigación para representar las especies marinas y su comportamiento de forma correcta, en WALL·E se presenta como pequeñas referencias hacia todas las cintas que han formado al propio director, desde las más evidentes como E.T. El extraterrestre (1982) hasta musicales como El mago de Oz (1939).

Sketchs de Stanton para WALL.E

Sketchs de Stanton para WALL.E

Stanton era plenamente consciente de que en ningún otro estudio le habrían permitido sacar adelante una cinta como WALL·E. Una película en la que la sensibilidad primaba por encima del entretenimiento y en la cual el desarrollo de personajes se anteponía, si así lo prefería el guionista, a la acción pura. Sin embargo, como cinéfilo, Stanton estaba empeñado en probar la imagen real y en experimentar con géneros más diversos en sus guiones.

Este interés por alejarse de la animación hacia la imagen real está muy presente en WALL·E, donde Stanton, tal y como explica en los comentarios de la edición BluRay, intentó recrear desenfoques y texturas “de lente” que se percibieran como “realistas” por el público, pero eso no fue suficiente.

Con dos Oscars en casa, Stanton negoció con Disney la financiación de la que sería su salto al “cine de verdad”. Disney puso 250 millones de dólares sobre la mesa. Fue un fracaso absoluto.

El hombre que perdió 200 millones de dólares

El proyecto lo tenía todo para arrasar: adaptaba la novela Una princesa de Marte (1917), el primer número de la «serie marciana» de Edgar Rice Burroughs, por lo que contaba con una fanbase previa dispuesta a invertir en la historia. Para el papel principal, el del veterano John Carter, se contó con Taylor Kitsch, que ya era conocido por la serie de culto Friday Night Lights (2006-2011) y para cerrar el casting se sumaron Willen Dafoe, Brian Cranston y Dominic West, el protagonista de The Wire (2002-2008), la serie favorita de Stanton.

Sin embargo, los comentarios negativos empezaron pronto. Concretamente, tras la salida de un primer teaser en el que las escenas de acción fueron ridiculizadas en internet. Disney reaccionó a estos comentarios cambiando el título de la cinta (de John Carter from Mars a, simplemente, John Carter) y lanzando una serie de pósters que no cuadraban con la estética ni el tono de la película. Los rumores de fracaso se incrementaron cuando todo el equipo tuvo que volver, semanas después de dar por concluido el rodaje, para volver a filmar algunas escenas.

Stanton se defendía argumentando que en Pixar el volver a filmar y reescribir secuencias es una práctica de lo más corriente pero Disney, que en un principio había dejado al director absoluto control sobre la película en una muestra de confianza, pareció darla por perdida y concentró sus esfuerzos de promoción en la que sería la primera cinta de Los vengadores (2012).

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El batacazo fue inmenso. Las pérdidas cuantificadas por la compañía fueron de alrededor de 200 millones de dólares y la película no sólo fue el mayor fracaso del año sino que se convirtió en el octavo mayor descalabro de la historia del cine. Disney fue incapaz de culpar a la inexperiencia del director —la estrategia más común en estos casos— por lo que escondió a Stanton y culpó al marketing cortando de raíz la carrera del jefe de promoción y de uno de sus principales directivos. Stanton cerró diciendo que nunca se había sentido cómodo en el proyecto ni comprometido creativa ni artísticamente. Tras comprobar que su carrera no se hundía —aunque volvía a estar centrada en la animación— Stanton se revolvió y admitió estar orgulloso de John Carter, película que espera, será reivindicada por la crítica dentro de unos cuantos años.

No cabe duda alguna de que John Carter es el culpable de que Stanton esté implicado en una de las secuelas que tan públicamente le disgustan. Buscando a Dory (2016) es el salvavidas de Pixar para la carrera de Stanton y este ha aprovechado su oportunidad. Las críticas son inmejorables y nadie pone en duda que será una de las cintas más vistas de este verano. ¿Y después? Stanton lo tiene muy claro. Quiere volver a la rapidez y espontaneidad del cine de imagen real. ¿Conseguirá superar el bache de John Carter?

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