Disneyland en el cine: 6 pesadillas del lugar más feliz del mundo

En The Florida Project, uno de los films de la temporada, su protagonista vive en un motel de poca monta de las afueras de Disneyland. El hambre y la pobreza son su día a día: espejo deformado de una realidad de antítesis. No es la primera vez que el cine y la televisión se asoman al célebre parque de atracciones como terreno fértil para la pesadilla.

Foto de portada: (izq.-dcha.). Honey Bear, (c)Razy Rat y Mad Duck Donnie.  Personajes creados por Y. Nakajima. ©BADLAND MODELS All Rights Reserved.

Cuentan que cuando Michael Eisner se convirtió en presidente de The Walt Disney Company en 1984, no había visto una sola película del estudio. ¿Para qué? Él estaba allí porque había sido jefe de operaciones de Paramount Pictures y había llevado a aquella empresa a lo más alto. Tenía que entender de números, de especulación y de inversión. A pesar de todo, para convertirse en el jefazo debía cumplir con una tradición que se venía repitiendo desde que el bueno de Walt Disney falleciese: tenía que pasar un día entero disfrazado del personaje de Mickey en el parque de atracciones de Disneyland. Y así lo hizo.




La experiencia no debió ser demasiado agradable puesto que, cuando se le preguntaba, declinaba hablar del tema. Eisner debió saborear el calor, el sudor y el cansancio que se vive debajo de los trajes de felpa de quienes reparten dicha en el autodenominado ‘Lugar más feliz del mundo’. Vivió el brutal contraste que Disneyland representa: un lugar de alegría erigido sobre miseria. Una utopía de cartón piedra.

Sin embargo, Eisner “transformó un estudio independiente y especializado, símbolo del capitalismo protestante familiar estadounidense, en un verdadero conglomerado multinacional en la era de la financiarización de la economía”, decía Frédéric Martel en Cultura mainstream (2011).

El 17 de julio de 1955 se inauguró el primer parque de atracciones de Disney, en Anaheim, en el californiano Condado de Orange. Primera piedra de toque de lo que Eisner convertiría en el imperio que conocemos. Aquel día caían del cielo 38º, las fuentes de agua y las atracciones acuáticas no funcionaban, el asfalto de derretía bajo los pies de los visitantes turistas y se palpaba el desastre, tal y como recogían los periódicos de la época.

Sin embargo, en el discurso de inauguración el mismísimo Walt Disney dijo: “A cuantos entren en este maravilloso lugar: ¡bienvenidos! Disneyland es vuestro mundo. Aquí, la edad revive gratos recuerdos del pasado […] y la promesa del futuro. Disneyland está dedicada a los ideales, a los sueños […], con la esperanza de que sea una fuente de alegría e inspiración para todo el mundo”. Contrastes y juegos de apariencia. Un día horrible maquillado por las grandilocuentes palabras de un  prestidigitador profesional.

Ni al cine, ni a la televisión, ni al arte le han pasado desapercibidas las artimañas de esta quimera de cemento y cartón que se extiende por todo el mundo con catorce tentáculos en forma de distintos parques. La última en fijarse, y en narrar las penurias que se viven en su periferia, ha sido The Florida Project (2017).

La nueva película de Sean Baker es la historia de una niña llamada Moonee que pasa el verano con su madre en un motel a escasos metros de Disneyland. Vive pidiendo limosna, robando, jugando a quemar cosas y molestar a turistas pasmados. Magistral retrato moderno de la miseria que se cuece a la sombra de los palacios de las princesas. Símbolo del imperio Disney por excelencia, pero también de su lado oscuro. Hoy te presentamos otras ocasiones en las que Disneyland fue la tierra de las pesadillas.

Disneyland Dream (1956)

Exactamente un año después de su apertura, los cinco miembros de la familia Barstow viajaron hasta el parque de Anaheim. Habían ganado un concurso nacional que les pagaba la estancia a todos, y aquello era el sueño de una familia de clase media de Connecticut. Su entusiasmo se traduce en la narración de este documento audiovisual, tan desesperadamente efusiva que nos recuerda a nuestro conocido No·Do.

Ya entonces el parque nos es vendido como el cielo en la tierra, un lugar en el que no existe atisbo de falsedad, en el que la bondad y el algodón de azúcar son los únicos valores posibles. Una aventura en familia delirante en la que todo parece dispuesto para transmitir los valores de la familia nuclear norteamericana a cada segundo. Cestas de fruta californiana, teteras que dan vueltas, padres que desatienden a sus hijos, madres que se ocupan de todo, niños consentidos… todo parece tan perfecto que transmite lo contrario. Como una fábrica de chocolate imaginada por Roald Dahl.

Disneyland dream no deja de ser un vídeo amateur rodado por el pater familias de los Barstow. Pero el testimonio de la familia tan-feliz-que-da-miedo se ha hecho célebre con los años. De hecho, en el minuto veinte se puede ver un cameo de un jovencísimo Steve Martin, que trabajaba en el parque por aquel entonces. En 2008, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos inscribió el documento audiovisual en el National Film Registry. Se rodó una secuela llamada Disneyland Dream Revisited (2011) protagonizada por David, el pequeño de los Barstow, que volvía allí décadas después. Incluso existe una tercera parte, Disneyland Dream Revisited Again (2015), en el que los tres hermanos regresaban tras el fallecimiento del padre.

Rascapiquilandia (1994)

Como no podía ser de otra manera, la biblia audiovisual de la cultura pop de Matt Groening también ofreció su propia mirada al fenómeno del parque temático disneyiano. Fue en el episodio 4 de la Temporada 6, y ha pasado a la historia como uno de los más celebrados de toda la serie.

En este capítulo, Bart y Lisa convencen Homer y Marge para hacer un viaje en familia que les cambiará la vida: el parque de atracciones de Rasca y Pica. Como si de una sátira de los Barstow se tratase, la familia viaja a un lugar en el que los hermanos se lo pasan de miedo en atracciones tan violentas como su serie favorita, mientras sus padres pasan el tiempo alejados de la realidad. Como son Los Simpson (1989-) y no los Barstow, todos los miembros masculinos de la familia terminarán en la cárcel, para suerte de todos: los robots del ratón y el gato que alegraban el parque se rebelan contra los humanos y se pasean dispuestos a cargarse a todo el personal.

En esta ocasión, Disneyland se transmuta en Rascapiquilandia, la sátira sobre un sueño hecho realidad que no es más que un desfile de apariencias en el que ninguno de los Simpson encaja. En el que abundan más las tiendas de regalos personalizados que las atracciones –mítico gag de la matrícula ‘Bort’-, en el que los adultos rememoran épocas pasadas pero no mejores –recordemos las palabras inaugurales de Walt-, y abandonan a sus hijos en piscinas de bolas. Una pesadilla en la que la iconografía hasta el momento idolatrada se vuelve contra sus creadores: como si todos los trabajadores vestidos de Donald y Goofy empezasen a cortar cabezas de turistas.

Un episodio que trajo tantos quebraderos de cabeza a la Fox, debido a su violencia, que estuvo a punto de no emitirse. Pero también uno lleno de referencias al imaginario de la Casa del Ratón: desde una parodia del clásico Fantasía (1940), pasando por otra de Pinocho (1940) hasta llegar al parecido físico de Walt Disney con el creador de los personajes ficticios, Roger Meyers. Incluso su gag final hace referencia a un Rascapiquilandia europeo, en clara referencia a Disneyland París.

MouseTrapped (2010)

En 2010, el sindicato de los trabajadores de parques temáticos estadounidenses, Service Trades Council, rodó un documental en el que se descubrían las precarias condiciones de trabajo de los profesionales de Disneyland. Un testimonio audiovisual realizado por una entidad que representaba a 25.000 afiliados y que afirmaba que en Disney se cometían irregularidades de todo tipo.

El sueño americano que ofrece Disneyland se nos revela infinitamente más triste en la realidad. Moustrapped (2010) recoge testimonios de actores que empezaron a trabajar con la promesa de una subida salarial pero que años después seguían cobrando menos de siete dólares la hora. De limpiadores que tenían que llevar a su familia al comedor de la iglesia debido a que el salario pagado solo les daba para el alquiler. También de profesionales disfrazados que soportaban horarios maratonianos sin back to back – la práctica según la cual cada personaje se interpreta por dos personas que se van turnando-, abrazando a niños y posando en fotos con trajes insoportables a más de treinta y cinco grados…

El documental, que se realizó en plena crisis económica, nos mostraba lo que costaban las sonrisas que veían los turistas. Una suerte de puñetazo de realidad en torno a una clase trabajadora que, además, no podía dejar su trabajo viendo un panorama en el que de destruía empleo día tras día. Disneyland era, como temíamos, un pozo de miseria de color pastel.

Sin hogar: El motel infantil del condado de Orange (2010)

Documental producido por HBO que narra la historia de un grupo de niños que viven en moteles cercanos a Disneyland, y que hoy se puede leer como una suerte de precuela de The Florida Project que sigue el mismo estilo naturalista, pero con el aplomo de una narrativa no ficcionada. Cada año, uno de cada 30 niños se queda sin hogar en Estados Unidos. Según el American Institutes for Research, en 2014 había 2’5 millones de niños sin techo en la tierra de las oportunidades. De los 50 Estados, California ocupaba el 48 puesto en el ránking, solo superada por Mississipi y Alabama. Es decir, es el tercer estado con más niños sin hogar, con un 24% de pobreza infantil y un 7’9% de niños sin ningún tipo de red asistencial ni seguro médico.

Allí se desarrolla Sin hogar: el motel infantil del condado de Orange (2010), que retrata una Norteamerica de profundos contrastes y contradicciones en la que los menores más pobres de Estados Unidos viven en uno de los condados más ricos de la nación. En las periferias del deslumbrante Disneyland primigenio, estos niños viven con padres que, a pesar de trabajar, no pueden pagar un alquiler en Orange. Pasan las noches de motel en motel y dejan al cargo de las escuelas y guarderías públicas a los menores, diez horas al día. Disneyland, como pasa en The Florida Project, es una sombra amenazante en plena crisis post Lehman Brothers. Una prueba enorme, llena de luces de colores y fuegos artificiales, de caras sonrientes y peluches adorables de que el capitalismo funciona solo para algunos.

Exit through the Gift Shop (2010)

¿Estará Mickey Mouse?“, es lo primero que pregunta Thierry Guetta en la taquilla de Disneyland. El futuro artista urbano también conocido como Mr. Brainwash lo hace, obviamente, con toda la mala intención: en 2006, un día antes de inaugurar una exposición en un barrio obrero de Los Ángeles, Thierry acompañó al célebre artista conocido como Banksy al Disneyland de Anaheim. Se acercaba el aniversario del 11-S pero aún así pudieron entrar con un muñeco bien disimulado en la mochila: una figura hinchable que, si tomaba forma a base de soplidos, simulaba el cuerpo de un preso de Guantánamo con capucha negra y mono naranja.

Tras elegir un lugar en el que dejar la intervención artística -junto a un ‘Hazte una foto’ dispuesto a los pies de una montaña rusa- el artista británico desapareció y Thierry se quedó grabando con una cámara y poco disimulo, la reacción de los turistas al ver a un preso de Guantánamo allí. Tardaron poco en rodearle cinco tíos que no iban vestidos de personal de seguridad, y que se lo llevaron a una oscura oficina bajo tierra.

Burning Archers Books. Dismaland Bemusement Park. Banksy (Septiembre, 2015)

En este genial documental dirigido por Bansky, Disneyland se nos presenta como una distopía orwelliana moderna. Un Gran Hermano en el que personas sin acreditación tienen potestad de atraparte y llevarte a un sitio oscuro sin pedir explicaciones. Hacerte interrogatorios, amenazarte, retenerte. Un mundo en el que existe un orden inmutable que, de ser perturbado, tiene sus propios mecanismos opresores y correctores.

A Thierry le interrogaron sin pruebas –pues había borrado todas las fotos de Bansky disponiendo el muñeco- . Y lo más extraño: lo hizo una persona que decía ser del FBI. Qué pintaba el FBI en un parque de atracciones solo Mickey Mouse lo sabe. En 2015, Bansky sublimaría su odio a lo que Disneyland representa montando su propio parque de atracciones en Somerset, Inglaterra. Se llamaría Dismaland.

Escape from Tomorrow (2013)

Estrenada en Sundance con polémica bajo el brazo por haberse rodado clandestinamente en Disney World, Escape from Tomorrow (2013) era el debut de Randy Moore en la dirección. Narraba la historia de un hombre de mediana edad que empieza sus vacaciones junto con su familia justo después perder su trabajo. Su mujer no lo sabe y él, deprimido, se dejará llevar por las cosas extrañas del parque.

Disneyland tiene, aquí más que nunca, un aspecto pesadillesco. Un halo fantasmagórico que propicia que cuando todo parezca un terreno propicio para el mal. Es el lugar en el que su protagonista, un horrible padre de familia, acosará a niñas, se emborrachará delante de sus hijos, y se dejará llevar por alucinaciones que convertirán los cuentos de hadas en tenebrosas realidades.

Disneyland es el lugar del pecado y Walt Disney –que en determinado momento se nos presenta con la palabra Jesus sobre su cabeza-, es el pastor. Cada turista es un feligrés borrego y el parque de atracciones, un gran complejo dedicado al fanatismo religioso del consumismo. Todo lo que pretende ser un parque de atracciones, vaya.

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