‘Doctor Who’ Especial Navidad 2017 – Encuentros, despedidas y el comienzo de una época

El 25 de diciembre en el vocabulario whovian es sinónimo de especial navideño. Mientras el resto del mundo sufría las consecuencias de las copiosas comidas festivas, los seguidores de la ficción de la BBC vivían un momento único con Twice Upon a Time, un capítulo multi-Doctor que ha supuesto la despedida de Peter Capaldi y Steven Moffat de la serie y la llegada de Jodie Whittaker, la primera mujer que encarna al mítico personaje.

Este artículo contiene SPOILERS.

El Doctor se ha regenerado. Una vez más. Pero no una vez como las demás. Jodie Whittaker ha (intentado) tomar los mandos de la TARDIS en Twice Upon a Time, el especial navideño de Doctor Who que nos deja lágrimas en los ojos, una ligera sensación de desencanto y la ilusión por descubrir las aventuras que vivirá la Señora del Tiempo ahora que el actor Peter Capaldi le ha cedido el testigo y el guionista Steven Moffat ha abandonado su papel como showrunner en la longeva ficción británica, cuyas riendas toma Chris Chibnall.




En el episodio, además, hemos podido ver a David Bradley encarnando al Primer Doctor, tras haber dado vida a su intérprete original, William Hartnell, en el emocionante docudrama sobre la creación de la serie Una aventura en el espacio y el tiempo (2013). No ha sido el único encuentro, pues Mark Gatiss da vida al padre del Brigadier, nos reencontrábamos con “el Dalek bueno” Rusty, la companion Bill Potts (Pearl Mackie) regresa en forma de recuerdo sólido y, con ella, aparece brevemente Clara Oswald (Jenna Coleman) para devolverle las memorias de sus aventuras al Duodécimo.

Pero, a pesar de las emociones que despiertan estos guiños y situaciones entrañables que ha dirigido con acierto Rachel Talalay, Twice Upon a Time peca en ocasiones de ñoñez navideña, de obviedad en sus diálogos y de unas tramas algo vagas. Apostando por el sentimentalismo ha dejado claro con los contrastes ideológicos entre Doctores que los tiempos, afortunadamente, han cambiado, y que lo seguirán haciendo. Así, en un especial plagado de miradas hacia el pasado y hermosos juegos con transiciones al Doctor Who clásico (1963-1989), el Doctor de Capaldi finalmente opta por seguir luchando y se despide con un discurso que mira hacia el futuro. Y es que, en este capítulo sin villano, el único enemigo era él mismo y su miedo a cambiar. Por eso acaba con toda una declaración de intenciones: debemos dejar ir el pasado ir y abrazar lo que está por llegar.

El hombre que nació para ser el Doctor

En 2013 los imponentes ojos de Peter Capaldi servían de presentación para el Duodécimo Doctor en The Day of the Doctor. Semanas después, Matt Smith se regeneraba en The Time of the Doctor y podíamos escuchar su fuerte acento escocés mientras exclamaba “riñones”. Aunque no fue hasta 2014 cuando se confirmaron todas las sospechas: esta nueva versión del Señor del Tiempo dejaba de lado la actitud aparentemente aniñada en favor de una personalidad más hosca, que se acercaba a la de las primeras versiones del personaje.

Sin embargo, a lo largo de sus tres temporadas ha evolucionado, en gran parte gracias a la orientación moral de Clara Oswald -su companion principal y uno de los personajes que más ha polarizado la opinión de los espectadores en la etapa reciente de la serie-, con quien mantuvo una interesante relación en la que ambos se influyeron mutuamente hasta el punto de que la profesora de primaria comprendió que era peligroso que siguiesen viajando por el tiempo y el espacio debido a lo parecidos que eran a pesar de sus diferencias. Así, en la décima temporada, Doce se mostraba mucho más cercano con Bill Potts, su nueva y enérgica acompañante, pues a pesar de haber olvidado la existencia de la Chica Imposible, el cambio experimentado se mantenía y de esa forma acababa actuando, de modo literal, como un mentor. Finalmente, el Doctor que surgía preguntándose qué era ser un buen hombre ha acabado aceptando su destino mientras defendía la necesidad de amar y la importancia de ser amable.

Este nuevo carácter también ha llevado implícitas nuevas dudas para el Doctor, que no se esperaba recibir un nuevo ciclo de regeneraciones ni poder regresar a su planeta natal, Gallifrey, en una de las tramas más desaprovechadas de toda su etapa. Y es que aunque Capaldi nos deja interpretaciones espectaculares como la de Heaven Sent –posiblemente el mejor episodio de su Doctor- y grandes momentos, las tres temporadas en las que ha sido protagonista han estado llenas de altibajos y episodios tan flojos como Kill The Moon, Sleep No More, In The Forest Of The Night o prácticamente la mayoría de la décima temporada.

Con sus botas punk, abrigo negro largo y pelazo -un ‘look’ sencillo pero con carácter que el propio Capaldi ayudó a diseñar con la idea de que los niños pudiesen imitarlo con facilidad en casa– se evidenciaba desde el principio que el veterano actor quería aportar todo lo posible a esta encarnación, pues se sentía muy afortunado por poder participar en su serie favorita. Y es que, para quién todavía no lo sepa, Capaldi era un gran seguidor de la ficción de la BBC desde muy pequeño. Por eso, intentó ser el Octavo en la desastrosa Doctor Who: la película (1996), aunque el papel finalmente fue a parar a Paul McGann.

Años después, ya entrado en los cincuenta, su sueño se cumplía. Él mismo reconocía en su presentación como Doctor que llevaba interpretando el personaje desde que tenía 9 años y que estaba emocionado por dar vida a su Duodécima regeneración, pues se ha pasado la vida deseando ser el Señor del Tiempo. Buena prueba de su afición es que creó fan-art de la serie y que estaba tan emocionado con la idea de ser presidente del club de fans oficial que llegó a ser realmente insistente enviando cartas a la BBC, algo que ahora a Capaldi le de mucha vergüenza recordar. Por eso, parece evidente que había nacido para subirse a una TARDIS. Y también por eso sentía una gran tristeza ante su inminente marcha, aunque reconocía que era el momento adecuado. Por todos estos motivos echaremos de menos a su Doctor.

Moffat: misoginia, talento y agujeros de guion espaciales

Twice Upon a Time también ha sido el último episodio de Doctor Who con Steven Moffat como showrunner. El polémico guionista llevaba participando en capítulos sueltos desde la reaparición de la serie en 2005, con Christopher Eccleston como Noveno y Russell T. Davies a los mandos. Es más, suyos son algunos de los episodios más aclamados, como The Girl in the Fireplace, el mítico Blink o Silence in the library. Pero cuando tomó el control creativo las cosas cambiaron, pasando de ser un respetado escritor a un constante objeto de polémica.

Esto se debe a varios factores, uno de ellos su tendencia a la grandilocuencia, lo que como consecuencia ha dejado por el camino grandes agujeros de guion y un cambio muy marcado entre el final de David Tennant como Doctor y la llegada de Matt Smith. Esta inconsistencia como guionista -que también afecta a Sherlock, aunque eso es otra historia- se debe a que se centra en la espectacularidad en lugar de en afrontar las consecuencias que los episodios pasados tienen en sus personajes, más allá de ambiguas declaraciones que encontramos en diálogos sobre-explicativos. Es decir, la abundancia de grandes premisas mal aprovechadas que generan inconsistencias en la trama. O lo que comúnmente se llama “moffatada”.

Así, el destornillador sónico se convierte en un Deus Ex Machina que arregla todo tipo de situaciones y la muerte es un recurso que ha explotado hasta agotarlo, pues que la mayoría de las tramas giren en torno al fallecimiento de un personaje principal hace que esta pérdida deje de surtir efecto, como sucedió con Rory Pond (Arthur Darvill), convertido en una broma recurrente del fandom, pero también con el propio Doctor o con todos los companions de Moffat, que de una manera u otra han muerto para después regresar.

Pero, si un problema ha lastrado a Moffat de manera recurrente, es la misoginia que desprenden tanto sus textos como sus controvertidas declaraciones. Sí, es cierto que él es el creador de personajes como Jack Harkness (John Barrowman) y que el 75% de sus episodios entre las temporadas 5 y 8 pasan el test de Bechdel (frente al 85% que alcanza Davies), pero es difícil dejar de lado los constantes chistes que sus Doctores hacen sobre el aspecto de sus compañeras, dinámica que llegó a ser especialmente irritante ente Doce y Clara. Además, ¿por qué iba un alienígena milenario a aceptar el machismo que tenemos en la Tierra? Porque su guionista así lo ha querido, pues también son de Moffat los chascarrillos recurrentes y falocéntricos sobre los destornilladores sónicos, como ejemplifica el encuentro entre Tennant y Smith en The Time of the Doctor.

Y, si nos fijamos de nuevo en sus companions, descubrimos que en la etapa del Undécimo las vidas de ellas giran en torno a su completa obsesión con el Doctor. Amy Pond, interpretada por Karen Gillan –a quién Moffat contrató por lo “alta, delgada y maravillosa” que era según aclara él mismo en Doctor Who Confidential-, no ha tenido una vida normal debido a esta enfermiza relación, que convierte su personaje en meras intuiciones sobre ella, pues pocas cosas quedan claras sobre su vida. ¿Cómo fue su infancia? ¿Qué recuerda tras las múltiples paradojas vividas? Agujeros y vaguedades. En cuanto a River Song (Alex Kingston), toda su existencia se ha basado en complacer el Doctor, pues hasta elige convertirse en arqueóloga por él. Sin embargo, también es cierto que River es una mujer madura que se convertía en la pareja de un jovencito –cuando estamos acostumbrados a lo contrario- y que Rory rompía con muchos clichés típicamente masculinos, empezando por su profesión de enfermero.

Tampoco debemos olvidar que con Clara y Bill esta tendencia ha cambiado –aunque no se le puede quitar mérito al resto de guionistas que han participado en sus capítulos, entre ellos a las escasas mujeres- y que es en la etapa de Moffat cuando el Master al fin se regenera en una mujer: Missy (Michelle Gomez). Así, está claro que él también ha hecho posible que ahora tengamos una Doctora, como evidencian sus chistes sobre machismo en el especial navideño. Aunque con declaraciones como que Doctor Who no es una serie “exclusivamente para liberales progresistas y por ello “deben mantener todos a bordo”, algo que podría ser inviable con Whittaker como protagonista, queda una duda constante sobre si frases como “no esperamos aplausos por tener el nivel de representación mínimo que debe haber en la televisión” son sinceras o simplemente buscan ganarse al público. De una forma u otra, Steven Moffat se ha despedido de la serie, de momento parece que para siempre.

El futuro será femenino

Aunque ya se había barajado esta posibilidad en el pasado y los rumores eran fuertes, muchos se sorprendieron con el anuncio de la llegada de la primera Doctora. Después de conocer a Missy, ya era hora de que el personaje central al fin fuese una mujer. Pero la alegría también va acompañada de incertidumbre ante lo que puedan hacer con esta nueva generación.

De entrada, el vestuario de Trece –llamativo, extraño y ancho- deja una sensación de alivio por haber evitado la sexualización de Whittaker. Además, se ha confirmado que tres personas acompañarán a la Doctora en la TARDIS, otro cambio con respecto a lo que veníamos viendo en los últimos años, donde solo existía un companion principal y, a veces, una segunda persona en un plano más secundario, como Rory Pond o Nardole (Matt Lucas). Y no son tres personas cualesquiera, pues Graham (Bradley Walsh), Ryan (Tosin Cole) y Yasmin (Mandip Gill) son respectivamente un hombre de 57 años, un joven negro y una mujer con ascendencia India. Es decir, que aunque la Señora del Tiempo siga siendo blanca, encontramos equilibrio de géneros y variedad racial, lo que parece un claro indicio de que se acercan nuevos tiempos.

Sin embargo, queda la duda sobre si se mantendrá la atracción de la protagonista por las mujeres u optarán por evitar el tema. Por su parte, Michelle Gomez ha asegurado que habrá “acción entre chichas“, por lo que estas declaraciones con doble sentido quizá hagan referencia a la posible sexualidad de la Doctora. Otro punto de conflicto es que en su momento se plantearon seriamente que Missy se quedase embarazada aprovechando que era una mujer. ¿Optarán por este giro innecesario y de culebrón, o el personaje está en buenas manos?

Para saberlo, es necesario presentar brevemente a Chris Chibnall, que tiene experiencia en el mundo who, pues ha guionizado episodios como 42, Dinosaurs on a Spaceship o The Power of Three y también ha trabajado en Torchwood (2006-2011), el spin-off protagonizado por Jack Harkness y su equipo. Además, es el creador de Broadchurch (2013-2017), donde ya trabajó con Whittaker, pues en la ficción policiaca coinciden tres Doctores, un companion y Olivia Colman, cuya presencia siempre es bienvenida. Pero, aunque las impresiones son buenas, hasta el otoño de 2018 no podremos descubrir qué sucederá y cómo se librará Trece de una caída al vacío desde la TARDIS, pues hasta entonces no se estrenará la undécima temporada de la serie, que, oh, promete ser brillante.

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