‘Doctor Who’ y su temporada 11: La (necesaria) ruptura con el pasado

Por primera vez el Doctor se ha regenerado en una mujer. Después de que se produjera el anuncio, la polémica estaba servida. Sin embargo, las altas audiencias han demostrado que el cambio ha sido bien recibido por el público. Con la última entrega de la longeva ficción británica recién acabada, analizamos qué nos ha ofrecido y si ha estado al mismo nivel que sus predecesoras.

Este artículo contiene ligeros SPOILERS.

Las Navidades pasadas los whovians teníamos que decir adiós a Peter Capaldi y a una época marcada por Steven Moffat, pues en Twice Upon a Time el Doctor daba paso a la primera encarnación femenina oficial del mítico personaje, a la vez que Chris Chibnall tomaba el testigo como showrunner. Ahora, con la undécima temporada de Doctor Who (2005-) finalizada, podemos confirmar el extraordinario trabajo de Jodie Whittaker, que ha sabido hacer rápidamente suyo al personaje. Pero ¿han estado el resto de elementos a la altura?



Una nueva época que deja atrás su legado

Nos habían avisado: para que los espectadores pudieran incorporarse a la serie directamente en esta última etapa, la temporada se desmarcaría de las anteriores. Y vaya si lo ha hecho. De manera similar a lo que sucedió con la llegada de Matt Smith en 2010, se nos introduce partiendo de cero en el mundo who, pero con algunas diferencias interesantes. Mientras que aquel debut de Smith, En el último momento, ya se integraba parte de la mitología de la serie en la trama, en The Woman Who Fell to Earth ni siquiera veíamos a la TARDIS. Y, a lo largo de sus diez capítulos, tampoco han rescatado viejos enemigos ni se han molestado en explicarnos cuál es la procedencia del Doctor u otros detalles pertenecientes a la tradición de este amplio y rico universo. En su lugar, se ha optado por retomar el tono familiar y alejarse de la compleja -y excesivamente confusa- narrativa que caracterizó las últimas entregas, pero tratando temas diversos de manera adulta. Por eso, nos encontramos con capítulos sencillos pero emotivos, cargados de personajes, situaciones y hasta lugares nuevos que más que nunca se alejan del terreno anglosajón.

En cierta manera -y si bien algunos han encontrado claras similitudes entre Trece y Diez (David Tennant)-, parece más una vuelta a la época de Christopher Eccleston, en la que nos topamos con una misteriosa figura y viajamos junto a ella, viviendo aventuras inesperadas. Así, se emula el ambiente familiar entre los viajeros de la nave espacial que veíamos con Nueve, Rose (Billie Piper) y Jack (John Barrowman). El problema es que en esta ocasión los companions están menos dibujados y no acaba de profundizarse en ellos lo suficiente, a pesar de que presentan carisma y características concretas. Yasmin Khan (Mandip Gill) es una joven de ascendencia india que está frustrada por el trato que recibe de sus superiores masculinos en su trabajo como policía, Ryan Sinclair (Tosin Cole) es un estudiante de mecánica inseguro y con dispraxia que no acaba de aceptar al marido de su abuela Grace O’Brien (Sharon D Clarke), mientras que éste, Graham O’Brien (Bradley Walsh) -el más definido y carismático del grupo-, es un conductor de autobuses jubilado que se esfuerza por conectar con el joven.

Es enriquecedor que se incluyan tres acompañantes, es algo que casi no habíamos visto desde el regreso de la serie en 2005. El problema es que la dinámica entre los cuatro no acaba de fluir y entorpece su evolución como personajes, ya que a veces parecen meros espectadores de lo que sucede a su alrededor. Además, una no puede evitar preguntarse si esta decisión se ha tomado para solucionar lo que podría ser un problema: de viajar la Doctora solo con una persona como es habitual, ¿cuál sería su género? ¿Habrían invertido los roles clásicos al completo? ¿Es que acaso no se han atrevido a tener a dos mujeres como protagonistas centrales?

No obstante, se aprecia el esfuerzo por alcanzar una mayor diversidad racial y un equilibrio de género. Esta ruptura con la hegemonía blanca la encontramos también en las tramas, que nos han hablado de desigualdad social, segregación, machismo, explotación laboral e imperialismo, todo bajo el sutil prisma de los enfrentamientos contra alienígenas de todos los tipos y tamaños, pero también incidiendo en que, en demasiadas ocasiones, el verdadero monstruo es el ser humano. Además, Trece es la encarnación más abiertamente amigable con la que nos hemos topado hasta la fecha, con un contundente discurso anti armamentístico y una defensa del diálogo que, unido a ciertas excentricidades, la hacen realmente entrañable. Y es que Jodie Whittaker es el punto más fuerte de esta tanda de capítulos y nos entrega una versión del Doctor mucho más empática que sus predecesores, siguiendo con coherencia la evolución sufrida por el personaje en su etapa moderna.

Si Nueve era un hombre marcado por la guerra que buscaba hacer las paces con su pasado, Diez estaba consumido por sus errores y cegado por sus emociones, mientras que Once aparentaba ser más infantil a la vez que escondía gran oscuridad. Por su parte, Doce nacía albergando dudas sobre su bondad, hasta que finalmente comprendía el poder de la amabilidad. Ahora, Trece tiene claro que hay benevolencia en ella y que debe aprovechar esta segunda oportunidad para continuar ayudando a lo largo y ancho del vasto espacio tiempo.

Regeneración en todos los sentidos

Otro cambio importante ha sido estético y sonoro. Nueva cabecera, nueva TARDIS, nuevo destornillador sónico de creación propia (maravilloso detalle), una fotografía muy cuidada, extraterrestres que resultan creíbles y no CGI de bajo presupuesto… Un sinfín de modificaciones que han renovado casi por completo una serie que, como el Doctor, ha cambiado su apariencia, dejando intacto el núcleo. Así, alcanza dimensiones nuevas, resultando a la vez conocida y ajena para los viejos fans, y cautivadora y entretenida para los recién llegados.

El equipo también se ha diversificado, pues la temporada ha contado con guionistas que hasta ahora no habían trabajado en Doctor Who. Tienen distintos estilos y procedencias (el mundo de la literatura, el teatro, la televisión…) y, atención, dos de ellas son mujeres, las primeras desde que Helen Raynor firmara en 2008 The Poison Sky. Por eso, la presencia de Malorie Blackman y Joy Wilkinson junto a sus compañeros masculinos Ed Hime, Vinay Patel y Pete McTighe muestra de nuevo que la serie ha comprendido algunas de las carencias que llevaba arrastrando años, dando al fin voz a las autoras para crear sus propias historias. Algo similar sucede en el caso de la dirección, donde encontramos a dos mujeres (Sallie Aprahamian y Jennifer Perrott) y a dos hombres (Jamie Childs y Mark Tonderai) compartiendo espacio detrás de la cámara. Sin duda, queda claro que se han preocupado por la inclusión, ya que además de equidad de género encontramos diversidad étnica, lo cual es un gran punto a favor de esta etapa.

Tras la despedida del brillante Murray Gold -compositor hasta la fecha de toda la era moderna de la serie-, Segun Akinola se ha convertido en su sustituto, creando unos temas muy diferentes a los que nos tenían acostumbrados, como esa actualización de la icónica cabecera que se sitúa en un fino equilibrio entre lo actual y el homenaje a la clásica creada por Ron Grainer y con arreglos de Delia Derbyshire, de la que incluso emplea samples. El músico ha reconocido sentirse emocionado ante el reto y ha sabido desenvolverse con soltura, creando canciones con influencias modernas más experimentales y electrónicas en contraposición a las composiciones enérgicas y orquestales de Gold.

Grandes momentos y un potencial por explotar

Ya nos avisaba la Doctora en su debut que lo nuevo, al principio, puede asustar, pero que si nos quedábamos a su lado obtendríamos respuestas. ¿Han sido satisfactorias? Las altas audiencias y las buenas críticas cosechadas (obviando a los trolls que puntúan negativo antes incluso de la emisión para intentar bajar la nota media) parecen indicar que la balanza se inclina hacia el lado positivo. Y es cierto, pues esta nueva tanda de episodios, aunque se hace demasiado corta, está bastante bien y cuenta con momentos memorables. Por desgracia, a la vez no deja de dar la impresión de que tiene componentes interesantes de sobra como para poder llegar más lejos.

Pese a esta sensación y a capítulos tan irregulares como Arachnids in the UK (bonita moraleja, pero confuso desenlace), The Tsuranga Conundrum (trama demasiado simple pese al interesantísimo embarazo masculino) o Kerblam! (una floja historia de conspiración en el Amazon espacial), también encontramos otros espléndidos. Todos nos emocionamos con la escena final de Rosa y el mensaje tan potente que lanza. Demons of the Punjab nos traslada a la Partición de la India para narrar una desgarradora historia de amor y tragedia familiar que es un impactante alegato contra la guerra. Y en It Takes You Away llegamos a Noruega con el objetivo de ayudar a una joven ciega a encontrar a su padre, para por el camino descubrir una dimensión desconocida y hablar con una rana, en una de las mejores escenas de esta undécima entrega.

Por su parte, The Battle of Ranskoor Av Kolos cumple como capítulo final: reencuentro con el villano del primer episodio, escenas épicas, ampliación de la mitología de la serie y la esperanzadora resolución de que un mundo mejor es posible si colaboramos y dejamos de lado la violencia, que, al final, es de lo que siempre nos ha hablado Doctor Who.

Comenzando 2019 en la TARDIS: el especial de año nuevo

El 1 de enero de 2019 aterrizaba en la BBC un especial que ha sustituido al clásico capítulo navideño. Titulado Resolution, escrito por Chibnall y dirigido por Wayne Yip, nos ha permitido disfrutar una última vez de la Doctora hasta el estreno de la siguiente temporada, a la vez que ha mostrado un esperado regreso. Sí, los rumores eran ciertos y los cyborgs con forma de salero más perversos de la galaxia han regresado para deleite de los espectadores.

Derrotado y enterrado durante siglos, un Dalek explorador vuelve a la vida tras ser hallado por una pareja de arqueólogos en año nuevo. Como no podía ser de otra manera, el alienígena comienza su intento de invasión de la Tierra. Y su renovación, dado que el episodio muestra interesantes habilidades de esta raza mutante no vistas hasta el momento y un novedoso diseño de la armadura externa. Aunque ha habido razonables quejas del abuso de estos villanos a lo largo de las temporadas, lo cierto es que ha sido estimulante reencontrarse con uno, ver cómo reaccionaba esta regeneración ante su némesis y escuchar una vez más ese “EXTERMINATE” que ya es todo un clásico.

Más allá de esta trama como eje central del episodio, también ha habido tiempo para profundizar en las relaciones personales gracias al regreso del padre de Ryan, pues Aaron (Daniel Adegboyega) se presentaba ante él como un hombre dispuesto a redimirse. Pero su hijo no puede perdonar tan fácil el dolor causado por su ausencia y ambos entienden que no resulta sencillo arreglar los errores del pasado, mientras que Graham verbaliza uno de los principales mensajes de la temporada: que la familia tiene menos que ver con el ADN y más con las personas que de verdad están ahí cuando lo necesitas.

Y no nos podemos olvidar de otro detalle fundamental: el cierre de UNIT, la organización militar de las Naciones Unidas encargada de luchar contra amenazas extraterrestres. Parece que Kate Stewart (Jemma Redgrave) y su ayudante Osgood (Ingrid Oliver) se han quedado sin trabajo debido a recortes presupuestarios -y, ejem, al Brexit- que han obligado a cerrar la agencia. ¿Por qué la Doctora se acuerda de pedir ayuda justo en este momento? ¿Significa que veremos pronto a estos personajes, que siguen operando en secreto? Quizás, o puede que el cierre sea definitivo y se trate solo de un guiño. De una manera u otra, este capítulo ha servido para demostrar dos cosas. La primera: que la serie no se ha olvidado de su pasado, por lo que es posible que poco a poco se vayan sumando viejos elementos a esta nueva etapa. La segunda: que, si un grupo de humanos en el s. IX fueron capaces de vencer a un Dalek sin tecnología, la Doctora y sus companions también pueden hacerlo, aunque todo se resuelva de manera apresurada y poco sutil con un microondas. Pero bueno, ya habíamos visto derrotar a Daleks de formas más absurdas antes.

¿Podemos perdonar estos pequeños agujeros -y ese terrible gag sobre tener que mantener conversaciones tras la caída de Internet- para disfrutar del capítulo? Por supuesto, al igual que hemos hecho con todas las temporadas. Dejarse llevar y aceptar que los Daleks siempre se las apañan para volver, la obsesión del Doctor con Reino Unido, lo variables que resultan las paradojas temporales y un infinito etcétera es fundamental para caer rendido por completo ante el resto de posibilidades que ofrece la serie. Es cierto que una parte del fandom ha sido muy dura con esta undécima entrega. Y, mientras que hay críticas con fundamento (la falta de homogeneidad, los companions desaprovechados o la escasez de capítulos brillantes), hay un sector que se queja de lo que denominan una excesiva corrección política que perjudica a la trama, como si ambos factores estuvieran correlacionados o la serie no hubiera hablado siempre de integración y respeto. Existe una oleada de odio de supuestos fans que emplean mecánicas similares a las vistas entre los furiosos seguidores de Star Wars tras el polémico Episodio VIII y que, oh casualidad, llegan ahora que al fin tenemos a una mujer como protagonista.

A pesar del cambio que ha experimentado Doctor Who -que, en realidad, forma parte intrínseca de su esencia– este primer acercamiento a Trece aprueba con notable y cumple las expectativas, aunque seguro que todavía puede ofrecer muchísimo más. Lo malo es que tendremos que esperar hasta comienzos de 2020 para comprobar cómo se siguen desarrollando las aventuras de esta “familia” a bordo de la TARDIS, en las que parece que se toparán con viejos conocidos. De momento solo nos queda continuar con nuestras vidas mientras soñamos con los viajes que están por llegar.

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