«Ese conejo es dinamita»: ¿De dónde sale la filia medieval por los conejos asesinos?

Si has visto (y si no lo has hecho, créenos: leer CANINO es solo la segunda mejor cosa que puedes estar haciendo ahora mismo) Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (1975) de los Monty Python recordarás sin duda la tensa secuencia del voraz conejo que ataca con saña a cualquier caballero que se cruce en su camino.

Al menos recordamos otro conejo enfurecido que nos ha legado la cultura pop: en la segunda entrega de los librojuegos La búsqueda del Grial, el titulado La caverna del dragón, el héroe medieval Pip (es decir, el lector) se enfrentaba a un voraz conejo asesino cuyas características recordaban tanto al engendro montypythoniano de Caerbannog como al Conejo Blanco de Alicia, otro que tal baila. ¿No veis la conexión? Bueno, los fans de los Python conocen al conejo como el Vorpal Rabbit, guiño a la espada con la que Alicia se funde al Galimatazo en Alicia a través del espejo.

Sin embargo, el del conejo homicida no es una cosa de los humoristas británicos, ni siquiera de la cultura victoriana donde nació Alicia. La voracidad de estos roedores se remonta a los códices medievales, sobre cuyo rastro nos ponen Boing Boingel blog de Jon Kaneko-James. Allí, el autor explica que los conejos tienen una importante presencia en las primeras obras escritas conocidas por el hombre, tanto simbolizando la pureza cristiana como, por el contrario, metáfora de la fertilidad. Está claro que la acepción vulgar española de la palabra «conejo» no sale de la nada. El caso de los conejos asesinos es más particular: forma parte de una variante de las ilustraciones de estos códices, a menudo presentes en los márgenes de las obras, llamados drolleries en inglés -algo traducible como «payasada»-, y que muestran a criaturas repulsivas y caricaturescas: animales domésticos y de granja con cabeza de persona, cambios de tamaños monstruosos… ahí entran los conejos maniacos.

Concretamente, entran en un tipo de drolleries que se conocen como «El mundo al revés» y en las que se subvierte el orden tradicional de las cosas. Un poco la tradición del carnaval (el bueno, el de antes) pero con animalicos. Y si los conejos son habitualmente símbolo de indefensión y pureza, aquí nos encontramos a seres perversos, crueles y sanguinarios. Unos engendros que, a diferencia de los conejos normales, no huyen nunca. En algunas de las ilustraciones detalladas por el blog, esta imaginería se returce, y vemos a los conejos enfrentarse a perros antropomorfos mientras que cabalgan caracoles con cabeza de persona (otro tópico de los drolleries).

Vigilad los caminos y las madrigueras: estas cosas son chifladuras medievales, ya, pero desde CANINO os animamos a sospechar de cualquier criatura que menea el morrete de esa manera.

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