‘E.T. the extraterrestrial’ para Atari se cotiza a 100.000 dólares

ET the extraterrestrial en New Mexico

El mito fue desenterrado recientemente para un documental: los cartuchos de Atari de ‘E.T. the Extraterrestrial’ que casi acaban con la industria del videojuego en 1982 (bueno, más o menos: en realidad fue más complicado) comienzan a arrojar beneficios más de treinta años después, revalorizándose por el factor nostalgia y, para qué negarlo, lo que nos gusta a todos mirar choques de trenes.

Todos conocemos la leyenda urbana-que-al-final-no-era-tan-leyenda-urbana de los juegos enterrados de Atari: en 1982, la compañía norteamericana hizo temblar, y no en el buen sentido de la metáfora, a la industria del videojuego y a sí misma después de unos cuantos años de prácticas comerciales peligrosas. Sus consolas, principalmente la Atari 2600, eran superventas, pero la compañía no hacía un control de calidad exhaustivo de los juegos que salían para ella (cualquiera podía publicar un cartucho, con o sin el conocimiento de Atari, lo que dio pie a casos tan estrafalarios como los aberrantes juegos de elevado contenido sexual de Mystique).

La cuestión es que el mercado se saturó de porquería y la propia Atari dio el campanazo con el lanzamiento de E.T. the Extraterrestrial, un juego que ha pasado a la historia como uno de los peores de todos los tiempos y que, de acuerdo, no es para tanto, pero. Lo que es cierto es que se produjo en solo seis meses, rebosaba bugs y, en cualquier caso, no estaba ni remotamente a la altura del éxito y la calidad de la película a la que supuestamente acompañaba. Pero el principal problema es que Atari produjo muchas más copias de las que era humanamente posible vender… y tras la campaña navideña empezaron las devoluciones. Atari se encontró con un excedente que no podía almacenar. Y decidió enterrar miles de cartuchos sobrantes en el desierto de Alamogordo, Nuevo Mexico.

O eso decía la leyenda, nunca comprobada, nunca del todo refutada, y que con las décadas había pasado a formar parte del imaginario pop nostálgico. Hasta que Microsoft decidió acabar con tanta habladuría y produjo, para promocionar la vertiente de producciones audiovisuales de su Xbox One, el documental Atari: Game Over: buscó el lugar donde supuestamente se habían enterrado los cartuchos (que los pajeros habían triangulado en Google Maps hacía años) y se desenterraron, filmando todo el proceso. Un indiscutible tesoro para coleccionistas -aunque no es que se trate de items en mint condition, precisamente- que fue parcialmente confiscado por el gobierno local de Alamogordo: concretamente, 800 cartuchos que fueron puestos a la venta en eBay y que han reportado al consistorio la sustanciosa cantidad de 107.930’15 dólares según informa, ehm, Alamogordo News. El periódico cuenta que el dinero ha sido dividido entre la propia institución de gobierno local, una asociación de investigación histórica de Alamogordo y gastos varios para pagar los envíos de los carísimos cartuchos hechos mistos.

¿Y el resto? Están en manos de Joe Lewandowski, director del documental, que tiene pensado -visto lo visto- hacer lo mismo que los gerifaltes de Alamogordo para financiarse una secuela de Atari: Game Over. Gente, toda ella, más lista que la Atari de los ochenta. Más listilla.

 

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