Ecos del pasado: The Caretaker y la exploración de la demencia en ‘Everywhere at the end of time’

Everywhere at the end of time supone el punto y final de la carrera de The Caretaker, el alias con el que Leyland Kirby explora los límites de la memoria y su conexión con la música. Este disco de seis partes publicadas a lo largo de tres años interpreta musicalmente los procesos y el deterioro que experimenta una persona con Alzheimer.

Todas las cosas acaban. El fin es el rasgo definitivo que determina la existencia. Llega un momento en que cada acción está en mayor o menor medida influenciada por el presagio de un desenlace que es a su vez inexorable y anticipado. No suele ser ese el caso de los inicios, que en ocasiones no son más que la acumulación de acontecimientos aparentemente inconexos que permiten que algo nuevo exista donde antes no había nada. Pero una vez que algo es, por muy lejana que pueda parecer, el ansia creada por su inevitable conclusión acecha desde las sombras como un fantasma, y es cuando más cercano esté ese momento, que se concreta el modo de darle la cara. Michael Jordan se retiró tres veces de la NBA, pasando entre medias por la liga profesional de béisbol americana. Zinedine Zidane se despidió del fútbol llevando a la selección francesa a la final de un Mundial. Queen salió de gira con Paul Rodgers y Adam Lambert como cantantes años después de la muerte de Freddie Mercury, mientras que Joy Division se separó tras el suicidio de Ian Curtis.




Cómo afrontar el fin en cierta manera te define. Si bien es cierto que en algunos de los ejemplos mencionados la situación estaba fuera de su control, saber cuándo y cómo decir adiós es una virtud. Célebre es cómo David Bowie con Blackstar (2016) hizo de su muerte su última obra maestra, pero esa noción popular de que acabar por todo lo alto es lo ideal no siempre es factible. Intentarlo, eso sí, o al menos querer contar algo significativo siempre es un hecho destacable y sin duda ese es el caso de Leyland Kirby y el final de su alias The Caretaker.

Everywhere – Fase 1

Leyland Kirby es un productor de música ambiental con una dilatada trayectoria en la que siempre ha buscado experimentar y examinar los límites del género a través de sus diversos proyectos. De entre todos ellos, The Caretaker, su seudónimo más celebrado, explora el ambient a partir de una particular implementación de samples de jazz previo a los años cincuenta. Y tras más de 15 años de carrera, en 2016 decidió darla por concluida con Everywhere at the the end of time (2016-2019), un mastodóntico proyecto dividido en seis partes en la que cada una indaga los diferentes estadíos que vive una persona con Alzheimer, centrándose especialmente en el deterioro que se produce con el paso del tiempo.

El interés de Kirby en la intersección entre memoria y música ha estado presente en su discografía desde sus inicios en 1999. Ya a mediados de la década pasada en trabajos como Theoretically pure anterograde amnesia (2006) o Persistent repetition of phrases (2007), este se hizo más evidente. Pero no es hasta la publicación de An empty bliss beyond this World (2011), que se centra en los efectos del Alzheimer en la música tras leer en 2010 un estudio sobre el tema. El énfasis a la hora de utilizar jazz de hace cien años cobra una importancia renovada ya que gracias a la omnipresencia de esa música en infinidad de obras de ficción, ya sean películas como El resplandor (1980) o videojuegos como Fallout 3 (2008), hace que se pueda proclamar como la banda sonora del siglo XX en occidente. Sin embargo, la particularidad de la propuesta de The Caretaker reside en la forma en la que se presenta la música sampleada, ya que no se muestra tal y como era, sino manipulada de tal manera que pese a mantener los mismos planteamientos melódicos casi intactos, con el uso del sonido del crujir del vinilo, reverberaciones espectrales y ecos que se expanden intentando llenar el espacio de recuerdos pretéritos, convierte lo que antes era música fácilmente reconocible en un ente amorfo y extraño.

Un paso más en el deterioro: Everywhere at the end of time

La idea tras Everywhere at the end of time es llevar al siguiente nivel el concepto de An empty bliss beyond this world, plasmando a través de procesos musicales el desarrollo del Alzheimer y cómo el desgaste cognitivo se ve representado en la forma en que la música termina colapsando en un devenir casi apocalíptico. El deterioro no es un concepto nuevo en la historia de la música, William Basinski publicó su pionera serie The Disintegration Loops (2002-2003) en las que reproducía una colección de cintas que había grabado en los ochenta. Un día al querer copiar las cintas para poder almacenarlas en formato digital con la intención de trabajar con ellas en algún proyecto futuro, descubrió que al reproducirlas estas se iban deteriorando gracias a la desmagnetización, tras lo que decidió grabar cómo el prolongado uso de esas grabaciones que contenían breves loops de pocos segundos de duración iban corrompiéndose con el tiempo en un proceso de desintegración que pese a ser diferente para cada cinta (algunos duraban 10 minutos, otros más de una hora) siempre acababa igual: en un agotador silencio sepulcral. Pese a que ambos trabajos han sido comparados por compartir ciertos parecidos superficiales, en el caso de Basinski el curso de los acontecimientos fue orgánico, es decir que él se limitó a grabar las cintas y el único tipo de edición que tuvo fue al aplicar un efecto de reverberación en determinados momentos para enfatizar el proceso de deterioro. En cambio Kirby hace uso de toda una panoplia de efectos de adulteración sonora para escenificar con todo lujo de detalles cómo afecta la enfermedad a lo largo de cada una una de las seis partes del álbum, simbolizadas a su vez con las portadas de Ivan Seal que manifiestan con su pérdida de representación figurativa el transcurso del desgaste.

La primera fase de Everywhere at the end of time, publicada el 22 de septiembre de 2016, nos muestra el sonido de The Caretaker de manera más limpia que en An empty bliss beyond this World. Funcionando así de línea base, los temas incluidos en esta primera entrega sirven como los recuerdos sobre los que el resto de fases posteriormente iteran con versiones cada vez más retorcidas de los mismos, en especial It’s just a burning memory, el tema encargado de abrir el disco, el cual será sampleado en numerosas ocasiones perdiendo por el camino su tono optimista. Por lo general el resto del disco mantiene ese carácter intacto, pero de manera intermitente: temas como Late afternoon drifting muestran una vertiente onírica conseguida con una mezcla del sonido del piano ahogado en un mar de ecos de otro mundo.

Con respecto a su segunda fase, la degeneración del sonido del álbum se desarrolla gradualmente, elevando el ritmo visto en la primera, por lo que las variaciones que se producen son cada vez mayores y el deterioro se manifiesta con el ocasional uso de ecos palpables en temas como A losing battle is raging, que crean una atmósfera de extrañeza extracorpórea. En Surrendering to despair el ruido blanco y los artefactos sonoros ayudan a difuminar los límites de las melodías creando una sensación de dichosa confusión. Mientras que en I steel feel as though I am me, el ritmo se enlentece, con notas que se van alargando hasta entrar en un estado casi lánguido, que sirve de adelanto para los futuros estados.

De hecho el ritmo es uno de los cambios más apreciables de la tercera fase, junto a la progresiva evolución en la presencia de ruidos y demás aberraciones sonoras. Back there Benjamin recupera la melodía principal de It’s just a burning memory veladamente acelerada, planteando de esta manera una versión virtualmente idéntica al primer tema que escuchamos cronológicamente, mostrando así cómo los recuerdos aparecen desdibujados. El uso de glitchs también aumenta considerablemente en forma de pequeños cortes presentes en temas como Sublime beyond loss y Burning despair does ache que seccionan fugazmente unas melodías que a estas alturas son de las pocas cosas que mantienen una conexión con la realidad dentro de los ilusorias atmósferas musicales de este nivel, ahondando en la sensación de confusión.

La segunda mitad de Everywhere at the end of Time supone un giro de ciento ochenta grados con respecto a lo escuchado hasta ese momento. Estructuralmente, las tres fases restantes pasan a estar compuestas por cuatro temas de más de 20 minutos de duración que representan como el deterioro ha avanzado de manera exponencial. Post Awareness Confusions, el tema que abre la cuarta fase, publicada el 5 de abril de 2018, hace honor a su nombre mostrando cómo cada elemento musical ha perdido cualquier atisbo de lógica y forma una densa amalgama sonora totalmente desfigurada en la que apenas se pueden diferenciar los instrumentos que emiten cada sonido. Ya no solo por el amontonamiento de los mismos sino también por el grado de filtros de procesamientos detrás de cada uno. Temporary Bliss State, sin abandonar el grado de abstracción etérea propio de esta fase, recupera las atmósferas oníricas de Late night afternoon drifting, exhibiendo cómo el hecho de perderse en las ensoñaciones, dejando atrás la confusión creada por esa distorsión de lo familiar, es la forma más sencilla, por muy efímera que sea, de alcanzar un estado cercano a la dicha.

Igualmente la quinta parte reitera en el uso de piezas de mayor duración, pero mientras que en la fase previa predominaban las atmósferas gaseosas, aquí lo hace abrazando la aspereza intrínseca del noise. Advanced plaque entanglements arranca con cerca de cuatro minutos en los que una avalancha de elementos prácticamente irreconocibles atacan al oyente con sus afiladas aristas, tras lo cual se van alternando parajes atmosféricos más cercanos a estados anteriores. Sudden time regression into isolation incide en el uso de profundos drones salpicados por ráfagas de sonidos afines a fantasmas de un pasado ya lejano.

Por último, la sexta fase, publicada el 14 de marzo de este año, revela el fin de The Caretaker. Ahogada en un continuo torrente de drones prácticamente impenetrables, donde tal y como indica el título de A confusion so thick you forget forgetting, la música ya no parece proceder de ningún elemento que haya podido ser olvidado. El ruido es a estas alturas totalmente irreconocible y durante 80 minutos, esa insufrible otredad tiraniza nuestros sentidos. Hasta Place in the world fades away, que en sus últimos seis minutos rompe la insondable oscuridad con un sample prácticamente intacto de Friends past reunited, un tema incluido en Selected Memories From the Haunted Ballroom (1999) el álbum debut de The Caretaker de 1999, y que termina en un agotador silencio sepulcral que cierra un ciclo iniciado hace dos décadas.

Cómo afrontar el fin en cierta manera te define, y en el caso de The Caretaker, Leyland Kirby lo ha hecho siendo formidablemente fiel a sí mismo. En la historia de la música han existido numerosos discos conceptuales que exploran a lo largo de su duración una narrativa o una temática en concreto. No obstante, existen pocos proyectos que se centren con todo lujo de detalles en una misma idea que examinan desde todos los ángulos imaginables durante veinte años. En su página de Bandcamp, junto a su discografía, el único texto que aparece es una cita de Friedrich Nietzsche: “La ventaja de tener mala memoria es que se disfruta de las cosas buenas como si fuera la primera vez«. Everywhere at the end of time es una obra que por momentos compara el olvido con la muerte, pero si algo ha acabado demostrando es que el legado de The Caretaker es inolvidable.

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