El dulce secreto de la belleza de Willem Dafoe

Durante la semana de la Super Bowl, avalancha de spots, tráileres, teasers y demás mandanga promocional que aprovechan las altas audiencias televisivas para intentar convencerte de que todos los productos de consumo del momento molan. Para esta ocasión, Willem Dafoe se metamorfosea en una de las criaturas más hermosas de todos los tiempos. O al revés.

Aún recuerdo los tiempos aquellos en lo que Mars, Twix y demás chocolatinas aterrizaron en nuestra tierra. Llegaron tarde, como los m&m’s, pero llegaron. Y lo hicieron a lo basto, como los comandos de Invasión USA, desembarcando para la conquista total. Ya podíamos engordar emulando a nuestros héroes de la tele comiendo dulceras yanquis y subir nuestros colesteroles hasta los límites. Uno de aquellos dulces fue el Snickers, una barra de chocolate que, atención, está considerada como la más vendida de todos los tiempos, con ingresos de dos mil millones de dólares anuales. Poca broma para una barrita de chocolate que vio la luz en 1970.

Hoy, en una divertida y algo grimosa iniciativa, Snickers se pone en la piel -y en las piernas- de uno de nuestros locos favoritos. El Bobby Perú de Corazón Salvaje (1990), Willem Dafoe, se marca una mini comedia de medio minuto -con la ayuda de un divertido cameo de Eugene Levy-  situada en el rodaje de la escena más recordada de Marilyn Monroe, la de la famosa falda de La tentación vive arriba (1955). Objetivo: vender otros dos mil millones de chocolatinas.

Qué bien hacen estas cosas de mezclar sin ningún tipo de complejos ciertos cánones de belleza los americanos, ¿verdad?

https://www.youtube.com/watch?v=WhfntLl6xx0

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