El manga y la transexualidad: un vistazo al reino de la diversidad

Si hay un colectivo que tiene poca representación, ese es el transexual. Pero en el manga, de uno u otro modo, se han beneficiado de un pequeño espacio en el que abrirse paso. Y de eso vamos a hablar aquí: de representación trans en el manga.

Japón es un mercado ávido. No importa lo pequeño que sea un nicho, lo particulares que sean los intereses de un lector o un autor, que siempre hay un editor dispuesto a publicar lo que, en cualquier otra parte, parecería un suicidio comercial. En Japón se entiende bien un concepto básico: el mundo está hecho de minorías. De nichos. Y lo que los diferencia es lo grandes que son.

Sombras sobre Shimanami, de Yuhki Kamatani

Por eso resultan un tanto preocupantes los lugares comunes que suelen usarse sobre la diversidad en Japón. Se les acusa de ser socialmente menos progresistas que el grueso de occidente, que se pinta a sí mismo como un faro de integración. Pero, irónicamente, es más fácil encontrar diversidad en la ficción en el país nipón.

De eso vamos a hablar hoy. De visibilidad trans. De cómo el manga y el anime han tratado la figura de las personas transexuales, tanto contando sus propias historias como parte de historias donde son la excepción entre personajes cis. Y cómo, en última instancia, si hay un reino de la diversidad en la ficción, aunque sea por puro fruto del interés, esa es la industria editorial japonesa.

Lo trans como protagonista en la ficción

Claudine, de Ryoko Ikeda

Si bien se puede antojar extraño, para hablar de ficción trans en el manga no hace falta hablar de revistas especializadas poco conocidas. La industria editorial mainstream japonesa no ha tenido problemas en tratar dentro de revistas de cierto calado algunas historias donde sus protagonistas son, unequívocamente, transexuales.

El manga más conocido con protagonistas transexuales seguramente sea The Wandering Son, de Takako Shimura. Allí se nos narra la historia de una niña que nació con un cuerpo identificado como masculino, Shuuichi Nitori, y un niño que nació con un cuerpo identificado como femenino, Yoshino Takatsuki. A partir de esa premisa todo gira alrededor del descubrimiento y la visibilización de sus sentimientos con respecto de su identidad y su cuerpo, incluyendo lo que quieren vestir o como quieren ser llamados, para lo cual el apoyo mutuo y conocer otras personas transexuales será imprescindible para que sean capaces de abrirse al resto del mundo como quienes son realmente. Aunque los prejuicios sociales pretendan clasificarlos de un modo en el que no se sienten representados.

Con una excelente adaptación al anime realizada por Ei Aoki, director de Fate/Zero y Aldnoah.Zero, y Mari Okada, guionista de Anohana y Mobile Suit Gundam: Iron-Blooded Orphans, como decíamos, The Wandering Son seguramente sea la historia más conocida sobre lo que supone crecer en un cuerpo que no se corresponde con tu identidad real. Pero eso no significa que sea la única.

A bote pronto, se nos ocurren otro par de historias con personas transexuales como protagonistas. Por el lado del drama más duro tenemos G.I.D. – Gender Identity Disorder de Yoko Shoji. Aquí, Akiko, un chico que nació con un cuerpo identificado como femenino se considera a sí mismo un monstruo por el hecho de tener un cuerpo femenino y sentirse hombre. Pero cuando descubre Internet y a otras personas como él, eso le ayuda a gestionar su ansiedad y lidiar con su identidad. Y en el lado más próximo a la comedia tenemos No Bra de Kenjiro Kawatsu. Un manga donde su protagonista, Masato, es un chico muy femenino que, a pesar de su interés por el travestismo siente una necesidad imperiosa de que le reconozcan como hombre. Algo que irá cambiando con el tiempo cuando acepte que, si bien nació hombre, quizás su identidad no se corresponda con su sexo biológico.

The Wandering Son, de Takako Shimura

Como es lógico, la cosa no acaba con historias donde los personajes transexuales se llevan todo el foco. A veces también están involucrados en la vida de otras personas LGBT. Ese es el caso de Bokura no Hentai de Fumiko Fumi, una historia sobre un grupo de niños que caen en algún punto del espectro LGBT y que tienen en común su placer por vestirse con ropas de mujer. Excepto una de ellas. Esa es Marika Aoki, una muchacha transgénero que intenta poner sus sentimientos consigo misma en orden mientras intenta navegar las turbulentas aguas de hla madurez y el empezar a sentir deseo sexual entre un grupo de personas que se parecen a ella, pero de un modo que aún no es capaz de entender. Pero quien quiera una historia sobre adultos tendrá que acudir a Double House de Nanae Haruno. Un manga breve sobre una pareja de chicas, Maho y Fujiko, en la que Maho, además, es trans. Todo ello le sirve a Haruno para reflexionar sobre las relaciones de pareja, las dificultades del colectivo y, por el lado más particular, explorar las dificultades propias de criar un niño siendo mujer trans. Algo que no suele verse en la ficción occidental, si es que se ve en absoluto.

En cualquier caso, dentro de ese mismo espectro, si hay una obra que destaca sobre las demás es Sombras sobre Shimanami de Yuhki Kamatani. Centrada en todos los aspectos del espectro LGBT, su protagonista principal es Tasuku, un chico gay que se plantea suicidarse cuando sus compañeros de clase descubren su orientación sexual. Hasta que conoce a Anonymous, una persona que le invita a su casa, donde quedan para tomar café y donde conoce a gente de muy diversa índole. Entre ellos está Utsumi, un encantador hombre trans, y Shuuji, nacido hombre, pero a quien le gusta vestirse de mujer y no sabe aún si quiere transicionar o no. Y si bien el manga no profundiza en ningún tema en particular, su mensaje —cómo lo importante es escuchar a cada individuo en cómo quiere ser definido en vez de dar por hecho cómo desea ser tratado—, es hoy tan vigente aquí como en Japón en el momento de su publicación.

Bokura no Hentai, de Fumiko Fumi

Pero no nos engañemos. Los personajes transexuales en el manga no son algo de anteayer. Llevan mucho tiempo existiendo. Y para demostrarlo, acudiremos a la autora detrás de la famosísima La rosa de Versalles, Ryoko Ikeda. En Claudine, manga publicado en 1978, cuenta la historia de una persona que al nacer se le asignó el género femenino, Claudine, pero que a los ocho años empezó a identificarse como chico, exigiendo ser llamado Claude. Sus padres lo llevaron al psiquiatra pero éste, lejos de patologizarlo, al ver que tenía buena salud y era un chico avispado, decidió hacerse su amigo para apoyarlo en su tránsito. Por esa razón toda la historia está narrada por su psiquiatra. A través de él conocemos sus apasionados romances, sus decepciones y, también, los oscuros embrollos en los que acaba metido. No por su identidad de género, sino por su belleza sin igual. Algo que acabara con un final trágico para él, incapaz de lidiar con su cuerpo femenino en una época, las primeras décadas del siglo XX, donde la posibilidad de transicionar era vista prácticamente como una posibilidad utópica. Y la transexualidad como poco menos que una enfermedad.

Hasta aquí hemos hablado de personajes trans protagonistas o en el contexto de una comunidad LGBT. Lo transexual como el tema, principal o secundario, alrededor del que gira la historia. Pero la cosa no acaba aquí. Porque, a diferencia de lo que ocurre en occidente, en Japón sí podemos encontrar numerosos, y muy memorables, personajes trans en toda clases de historias.

Personajes trans en la ficción generalista

You’re Under Arrest!, de Taiho Shichauzo

Uno de los primeros casos de un personaje transexual en la ficción no específicamente queer lo encontramos en 1986 con You’re Under Arrest, de Kōsuke Fujishima. En esta historia sobre una alocada comisaria de policía tenemos al personaje de Aoi Futaba, un policía infiltrado que trabaja travestido en la sección femenina de la policía. Por eso, por la necesidad de empatizar con las mujeres para poder hacer mejor su trabajo, al final acaba descubriendo que, en realidad, se siente mujer. Eso le hace transicionar, cosa que en la comisaría, lejos de causar revuelo, se toman con total naturalidad. De ese modo, las dudas, dificultades y también los momentos felices y románticos de Aoi se convierten en una más de las subtramas de las series, integrándose sin problema en el contexto. Dándonos una de las primeras descripciones realistas de las dudas de una persona trans en un mundo concebido bajo una óptica enteramente binaria.

Otro ejemplo notable donde los personajes trans tienen un papel activo es la obra de Yoshihiro Togashi. En YuYu Hakusho introdujo a Miyuki, una demonio transexual contra la que luchan los protagonistas —y de la que, casualmente, en la versión americana se cortó toda referencia a su transexualidad—, y en HunterxHunter a Alluka Zoldyck, una adorable niña que, aunque su propia familia suele tratar en masculino, tiene el apoyo y comprensión de su hermano mayor y co-protagonista de la historia, Killua Zoldyck. Algo que no debería extrañarnos, pues Togashi es marido de Naoko Takeuchi, mangaka creadora de Sailor Moon, una serie profundamente LGBT friendly.

Tokyo Godfathers, de Satoshi Kon

En cualquier caso, la inclusión de personajes transexuales, o que puedan serlo potencialmente, no es una anomalía ni mucho menos. Tokyo Ghoul de Sui Ishida tiene a Mutsuki Tooru, Black Butler de Yana Toboso a Grell Sutcliffe, Golden Kamui de Satoru Noda a Ienaga Kano y Liar Game de Shinobu Kaitani a Yuuji Fukunaga. Todos personajes con cierto peso dentro de la historia y que en ningún caso son tratados como personajes humorísticos o menores con respecto a sus compañeros cis. También en el anime es relativamente fácil encontrar personajes transexuales en historias que no giren entorno a ellos. Satoshi Kon nos dio en Tokyo Godfathers a Hana, una descripción realista y bastante descarnada de lo que supone ser una mujer trans en la sociedad actual, aunque, lejos de ser una tragedia, lo adorna todo con un tono amable y un final feliz que rara vez se encuentran en las historias LGBT. Mucho menos aún en la T de las mismas.

No se puede decir lo mismo de lo que ocurre con uno de los personajes secundarios de Steins;Gate, de Tatsuya Matsubara. En la visual novel después adaptada a un popular anime, tenemos al personaje de Ruka Urushibara, una chica trans hija de un monje. Aunque el protagonista de la serie insiste en recordarnos que Ruka nació con un cuerpo identificado como masculino, el propio guión subraya el hecho de cómo es un imbécil, siente una obvia atracción hacia ella y todos los demás la tratan siempre en femenino. Pero lo importante es su subtrama. En esta historia de viajes en el tiempo, Ruka se ve en una de las peores situaciones inimaginables: al cambiar el pasado, nace como una chica cis, pero en esa línea temporal su mejor amiga morirá inexorablemente. Esto le obliga a decidir qué vale más, si su deseo de haber nacido mujer cis o la vida de su mejor amiga. Algo que acaba, lógicamente, como un trago amargo para Ruka y quienes se identifiquen con ella.

Zombieland Saga, de Megumu Soramichi

En un tono más feliz, y más polémico, está Zombieland Saga. Dirigida por Munehisa Sakai y escrita por Shigeru Murakoshi, trata sobre un grupo de chicas que, a su muerte, forman un grupo idol de zombis. Con un tono ligero y divertido, todo se complica en el capítulo 8, cuando descubrimos que una de ellas, Lily, es una chica trans. Salvo porque no hubo ninguna complicación. Todas sus compañeras la siguieron tratando igual, conscientes de que eso no la hacía menos que ninguna de ellas.

Entonces, ¿dónde está lo polémico? Que Lily se convirtió en un popular meme para mandar a callar a las TERF, las auto-definidas como feministas radicales que creen que las mujeres trans no son mujeres. Incluso llegó al parlamento británico, donde discutieron si su imagen era, de hecho, una amenaza peligrosa o un mero meme, cuando éste fue remitido a algunas controvertidas miembros del parlamento.

Documentales trans

The Bride Was a Boy, de Chii

Pero la experiencia trans no acaba en la ficción. A fin de cuentas, las personas transexuales con experiencias reales y con necesidad de contarlas están ahí. Y a diferencia de Occidente, donde el cómic documental todavía está en pañales y es visto como una anomalía, en Japón ya es moneda de cambio corriente. Y por extensión, hay un buen puñado de obras documentando la experiencia de transicionar o ser una persona transexual en la sociedad actual.

En lo que respecta a lo puramente documental, uno de los mangas más interesantes es Arigatou Chinatsu de Sakati Tooko. En el se nos cuenta la historia de Hiromasa Ando, un hombre transexual que, después de dominar las carreras en lancha motora como mujer, transicionó en 2002 con 39 años, pudiendo cumplir su sueño de competir como hombre en la categoría de hombres. Algo por lo cual tuvo que combatir durante años con la Japan Motorboat Racing Federation para que cambiaran las normativas y reconocieran los mismos derechos a las personas transexuales que a las cisgénero.

Otoko ni naritai! Watashi no kareshi wa moto onna,
de Sachiko Takeuchi

Luego ya aún en el lado documental, pero más por lo auto-biográfico, hay tres obras que resultan muy interesantes de leer. Por un lado tenemos Boku, chotto mae de onna no ko de Saino Tooru, un manga documental sobre un hombre trans que no se dio cuenta de que en realidad se identificaba como hombre hasta después de casarse. Por otro tenemos Otoko ni naritai! Watashi no kareshi wa moto onna de Sachiko Takeuchi, sobre una pareja de autoras que, al descubrir una de ellas que en realidad era hombre, decidieron hacer este manga documental en el cual cuentan su experiencia con la reasignación de sexo en Tailandia y el hecho de pasar a ser una pareja lesbiana a ser una pareja heterosexual. Para acabar, The Bride Was a Boy de Chii narra la vida de la autora desde su nacimiento en un cuerpo identificado como masculino hasta el momento en el que, tras transicionar, se casó con el que hoy es actualmente su marido. Historias todas ellas bastante positivas, que dan una perspectiva menos cruda de lo que es habitual en estos casos.

El manga y las personas transgénero

Kino’s Journey, de Keiichi Sigsawa

En cualquier caso, la cosa no acaba aquí. Si incluyéramos personajes transgénero o cuya posición es más compleja que simplemente la de ser de uno u otro género, descubriríamos que en la industria editorial japonesa siempre ha existido inquietud por el tema. Y que necesitaríamos todo otro artículo, mucho más extenso, para hablar de ello. Véase como ejemplo el caso de Kino’s Journey de Kohaku Kuroboshi, una serie de novelas sobre Kino, persona no-binaria nacida mujer, y una motocicleta parlante que viajan por el mundo viviendo aventuras; Stop!! Hibari-kun! de Hisashi Eguchi, donde Hibari, el o la protagonista, nació hombre, pero la identidad bajo la que vive es de mujer; y el clásico La Princesa Caballero de Osamu Tezuka, sobre un protagonista que es una princesa y un príncipe, ya que posee un corazón de hombre y de mujer al mismo tiempo y los considera a ambos igualmente parte de sí.

Hilando más fino, podríamos llegar incluso al mainstream más rampante con IS Otoko Demo Onna Demo Nai Sei de Chiyo Rokuhana. Un drama romántico sobre una chica que se siente chico, un chico que se siente chica y una persona que ha nacido con testículos y ovarios, pero que no ha tenido cirugía de afirmación ni quiere tenerla. Un manga que se convertiría después en un popularísimo dorama y que llevaría la realidad de los problemas de género a un público que, posiblemente, hasta entonces ni siquiera supiera que existía tal cosa.

Identidad trans, mercado de nicho

Stop!! Hibari-kun!, de Hisashi Eguchi

Japón tiene problemas. Es un país conservador y complejo que aún tiene muchos pasos que dar en términos de representación e inclusión de las personas LGBT. Como cualquier otro país del mundo. Pero en lo que respecta a su ficción, tienen una base interesante a partir de la cual seguir avanzando.

A fin de cuentas, Japón es un mercado ávido. Y si bien podemos discutir que esto no es nobleza ideológica ni lucha social, sino el intento de explotar un nicho necesitado de representación, eso no quita para que ofrezcan exactamente eso. Representación. Que no podemos llorar porque, en una sociedad eminentemente capitalista, toda lucha social se supedite a su rédito económico. Si esperamos nobleza artística antes de ofrecer representación, quizás para entonces nuestros hermanos y hermanas trans ya hace años que estén muertos.

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