‘El Mundo de Wayne’ – 25 años de la comedia más influyente de los 90

Hace 25 años, justo en el día de San Valentín, se estrenó en Estados Unidos El Mundo de Wayne, una comedia iconoclasta e irreverente basada en unos personajes creados por Mike Myers en el mítico Saturday Night Live. Hoy sigue tan fresca y sinvergonzona como el primer día. Festejamos la mejor interpretación de Bohemian Rhapsody jamás vista en la pantalla con este análisis a fondo de su génesis y éxito. 

“Estáis viendo Cable 10, Aurora, Illinois, canal de proximidad”

Mike Myers, Wayne’s World en Saturday Night Live, Temporada 14, episodio 13, 18 de febrero de 1989

A inicios del año 89 un cómico canadiense de acento británico y prácticamente desconocido se mudó a Nueva York. Era un talento emergente dentro de las compañías teatrales en Ontario, el conocido teatro satírico Second City, y llegó incluso a girar junto a una compañía de actores en la célebre The Comedy Store londinense (allí tuvieron sus primeros éxitos figuras como Rik Mayall o Ben Elton).

Rik Mayall y Ade Edmondson (todavía con pelo) en The Comedy Store, año 1979

Rik Mayall y Ade Edmondson (todavía con pelo) en The Comedy Store, año 1979

Luego de deambular en la televisión británica, en programas para niños, volvió a Canadá para el año 86. En su país natal su carrera no parecía despegar y todavía era un nombre menor. Un golpe de suerte a finales del año 88 cambió su vida por completo: sería llamado para debutar en la temporada del año siguiente en Saturday Night Live de la NBC

Ese actor se llamaba Mike Myers y ha sido una figura central en la comedia norteamericana en los últimos veinte años gracias a producciones como El Mundo de Wayne (1992), Austin Powers: Misterioso Agente Internacional (1997) o Shrek (2001).

En el seminal libro de Tom Shales y James Andrew Miller sobre el programa neoyorkino, Myers afirmaba que “quería estar en el programa desde que tenía once años”. Pam Thomas, mujer de un productor suyo en la televisión canadiense, le recomendó a Lorne Michaels -alma del programa- y se le contactó vía telefónica, según contó a Hollywood Reporter. El actor canadiense pensó que la llamada de Michaels era una broma de su hermano Paul.

Arie Kaplan, en su obra sobre SNL, especula sobre si el cómico Martin Short podría haber aupado también a Myers, al que conoció gracias al citado Second City y a sus frecuentes apariciones en programas de televisión allí. Myers, según declaró a Shales y Andrew Miller, no “tuvo claras” las intenciones de SNL sobre si iba a ser contratado o no.

Mike Myers a mediados de los años ochenta, en su etapa en 'Second City'.

Mike Myers a mediados de los años ochenta, en su etapa en ‘Second City’.

Lorne Michaels al final creyó a los defensores de Myers y lo incorporó como debutante en enero del 89. El monologuista Conan O’Brien -guionista efímero en el programa de la NBC- recordaba a este canadiense de acento británico por sus excelentes modales y también debido a su chaqueta de cuero que mostraba en su revés una florida bandera de los Estados Unidos de América. Solía pedir consejo, hasta que, continúa O’Brien… “vino a nosotros con una idea. Esta describía a ese personaje que había llamado Wayne y que tenía un show por cable en su sótano”.

O’Brien rechazó esta de manera educada, lo que le hizo sentirse mal al echar un jarro de agua fría sobre un principiante. Al acabar esa sesión de escritura, que reunía en esos finales de los ochenta a las mejores mentes cómicas del país (Al Franken, Conan O’Brien, Robert Smigel, Bob Odenkirk, etc.), recuerda el guion sin utilizar en una carpeta.

Esta carpeta tenía un nombre en su portada: El mundo de Wayne.

Entre la MTV y las cadenas de acceso público

¿De dónde venía Wayne y la idea del sótano? Mike Myers recordó recientemente en una reunión a propósito del filme en la Academia de Cine, como él era otro jebi adolescente en los suburbios de Scarborough, Ontario. El universo del rock duro, así, no era desconocido para Myers, que además ya había utilizado a Wayne en varios sketches del programa musical canadiense It’s Only Rock and Roll del año 1986 con el llamado Wayne’s Power MinuteEn él salía como un metalero entre despistado y chispeante que criticaba los nombres que utilizaban los grupos de Heavy Metal del tiempo.

No se debe olvidar que desde el año 84, con la aparición de sus premios de vídeo, hasta el final de la década, MTV va a crear decenas de programas televisivos. Todos ellos proyectaban y hacían caja (tal como estudió Serge Denisoff) en las 625 líneas con la efervescente escena pop-rock de América. En ese sentido, la película This is Spinal Tap de 1984, dirigida por Rob Reiner, había también supuesto un hit de culto en el mercado de VHS y fue la primera en parodiar, quizá junto a The Rutles (1978) de Eric Idle, todo ese mundo tan vanidoso como excesivo.

Los propios Spinal Tap aparecieron en SNL con ocasión del estreno de la película y Myers reconoció su deuda al utilizar al actor Harry Shearer en uno de sus filmes sobre Wayne. Si bien la dominante escena musical es fundamental en Wayne’s World, nos falta todavía un ingrediente en la fórmula de éxito de Myers: la televisión local.

Wayne en 'It’s Only Rock and Roll' de la CBC.

Wayne en ‘It’s Only Rock and Roll’ de la CBC.

El caricato canadiense declaró en el evento organizado por la Academia que nada más llegar a la ciudad de los rascacielos se “obsesionó” con el mundo de la televisión por cable de proximidad. Cita como referente el muy bizarro Robin Byrd Show (1977), donde una ex actriz porno presentaba alrededor de un decorado de neón a diversas estrellas de su gremio casi desnudos.

Esta televisión de proximidad se creó a los inicios de los setenta y obligaba a las compañías de cable a dar facilidades a diversos colectivos para que crearan programas de televisión con objeto no comercial. Entre grupos evangélicos, apologistas afroamericanos y demás se colaban hitos como el programa citado de Robin Byrd o el muy divertido realizado por Joe Winston This Week in Joe’s Basement (1989-1993); casi un sucedáneo de El Mundo de Wayne.

Este último, en un excelente reportaje de The AV Club, definió brillantemente como esa televisión local “era totalmente radical: permitía a gente muy normal, con poca formación, utilizar la televisión… cuando ésta era muy poderosa como medio. ‘El mundo de Wayne’ retrató bien esa época, en la cual la gente estaba fascinada por esa televisión de proximidad”

El propio Myers, que concedió una entrevista grabada a Joe Winston, consideró que parte de la comedia de Wayne y su programa de televisión en su sótano se construía sobre el contraste, habitual en la televisión de proximidad, de querer hacer “parecer un show de 10 dólares como uno de 10 millones de dólares”. Ese “show de 10 dólares”, en fin, pronto tuvo la luz verde de Lorne Michaels y el resto de colaboradores del Saturday Night Live para ser emitido como sketch en febrero de 1989.

Fiesta, fiesta

https://www.youtube.com/watch?v=PvEpO3pRd54&feature=youtu.be

El primer sketch de El Mundo de Wayne se emitió el 18 de febrero de 1989, en el episodio 13 de la temporada 14. La escena mostraba a Wayne y su amigo Garth (el gran imitador Dana Carvey) recibiendo a toda una estrella pop: Beev, dependiente del drugstore local. Lo interpretaba Phil Hartman, actor cómico con voz profunda al que debemos la creación del figurante fracasado Troy McLure de Los Simpson (la transcripción se puede consultar aquíSegún suelen citar las historias del programa, el personaje del amigo de Wayne, Garth, fue una sugerencia de Lorne Michaels. Carvey lo construyó tomando como modelo a su hermano mayor, según declaró a People en 1994. Este, por aquel tiempo, era un pionero de la edición de vídeo en VHS y mostraba ese aspecto a caballo entre Def Leppard y Bill Gates.

Toda la gracia del sketch es el contraste entre la actitud flipada de Wayne con alguien tan aburrido y lamentable como el personaje que interpreta Hartman, caracterizado como un tipo de aspecto desaliñado y rasgos no poco nerdos. En medio de las pullas, descubrimos que Beev es el padre de Garth -de tal palo tal astilla-. También aparece por primera vez un elemento consustancial a El mundo de Wayne: los Top 10. Es muy posible que Mike Myers fuera el gran popularizador de esos Top 10 satíricos, evidentemente robados y reinterpretados de los programas musicales en boga en MTV, que ahora ahogan toda web de tendencias en Internet.

El ranking de chicas de Wayne. Véase en el número tres a la madre de Garth.

El ranking de chicas de Wayne. Véase en el número tres a la madre de Garth.

El profesor de la Universidad de Duke Jebediah S. Purdy consideró esa creación de Wayne y Garth, incluso, como clave en la comedia referencial de esta década en su obra For Common Things (1999). Ese carácter de autoparodia del programa de Wayne, del cual ya era muy consciente Myers en su entrevista con Joe Winston, hacen que Purdy llegue a enlazar sus continuos y muy brillantes juegos con la cuarta pared (Wayne hablando a cámara, Garth riéndose de sí mismo fuera de foco, etc.), con la tesis doctoral de Soren Kierkegaard sobre la ironía en el texto.

Estas bromas a cámara, esa complicidad con el espectador, queda clara cuando en medio de la secuencia viene al plató Nancy, una chica de aspecto moderno interpretada por la comediante Jan Hooks. A esta le acaban enfadando por una o dos bromas pasadas de tono, siempre relacionadas con la timidez de Garth con el otro género, y que buscan de manera continua un gesto de aprobación de Wayne con la cámara.  La aparición del siempre excesivo Jon Lovitz como un colega llamado Caller pone el final a un excelente sketch. Este tuvo suficiente repercusión para iniciar una pequeña serie de episodios auto conclusivos en el mismo sótano entre 89 y nada menos que el año 93. Myers afirmó en la historia oral de SNL de Miller y Shales cómo descubrió poco después a alguien en el edificio de la NBC “canturreando” el inicio de la improvisada sintonía de inicio. Ahí fue, entonces, cuando descubrió que una creación suya tenía éxito real: ya no lo echarían del programa, lo que era su temor.

Una muestra del talento en la escritura, de capacidad de sátira y de lo afinado de las interpretaciones es este episodio, donde dan diez razones por cuales les “fastidia” la caída del comunismo.

James Downey, guionista con pedigrí del programa y viejo editor de la revista satírica Harvard Lampoon, llegó a declarar que el boom de audiencia del programa a inicios de los noventa tuvo mucho que ver con el éxito de Wayne’s World. Es, además, el sketch más influyente en la creación de latiguillos de la historia del programa: «That’s what she said”,“We’re not worthy!”, “Party time!”, etc. Por ese sótano pasaron Aerosmith, Madonna o John Goodman celebrando el cutrerío y flipe de Wayne y Garth en un garaje de Illinois. Sin duda, fue el apogeo social de Mike Myers como cómico, que finalizó como sketch recurrente en televisión con esta apoteosis noventera (la transcripción se puede consultar aquí):

Emitido el 14 de mayo de 1994 y con Heather Locklear como invitada especial, muestra un viaje astral de Wayne al plató de Melrose Place. Un delirante sketch, con interpretaciones muy atinadas de los actores de Aaron Spelling por parte de Adam Sandler, Chris Farley o David Spade (falta Dana Carvey, que dejó el programa en 1993). Esto supuso el punto final de esta serie con Mike Myers en el casting del programa, pero, ¿y las películas?

Galileo, Galileo

Entre finales de los años ochenta e inicios de los noventa se produjeron una serie de películas que mostraban parejas de amigos estrafalarias, muchas de ellas contrapuestas, que daban un giro de tuerca más al estilo entre absurdo y blanco pergeñado por el director de cine y ex National Lampoon John Hughes. La lista de este tipo de filmes es interminable: Papá Cadillac (1988), la serie de televisión Llegaron del espacio (1990) o ya dentro del revival camp de la siguiente década, Freaked (1993).

El inconfundible y generacional cartel de Papá Cadillac.

El inconfundible y generacional cartel de Papá Cadillac.

Eso sí, el mayor éxito en taquilla será Las alucinantes aventuras de Bill y Ted, de 1989; todo un engendro pop de corto presupuesto que hizo una respetable taquilla de 40 millones de dólares. Con una pareja protagonista entre imbécil y enrollada, Bill y Ted (Alex Winter y Keanu Reeves) se filmó una comedia de viajes en el tiempo que subvertía unas cuantas reglas del género y recogía todas las modas más desmadradas de esos Los Ángeles dominados por bermudas lisérgicas y camisas coloridas.

El modelo de Bill y Ted revoloteó en la producción de la primera película de El Mundo de Wayne. Esta se rodó en el verano del año 91, bajo producción de Lorne Michaels, entre Illinois y California. Según Dana Carvey en la historia oral de SNL: “Siempre pensaba: ¿no estamos haciendo Bill y Ted? Creía que estábamos clavando un plagio de Bill y Ted. Pero también creo que Mike es un escritor más inteligente y puso su propio sello con las expresiones como ‘excelente’ o ‘eso dijo ella’.»

Lorne Michael recordó en el making of del film que «por las exigencias del show, por sus grabaciones, solo tuvimos agosto para rodar. Solo tuvimos las vacaciones». Un rodaje apretado, para el cual se eligió como directora a Penelope Spheeris, que conocía bien la escena del metal angelina (ahí está su trilogía The Decline of Western Civilization que cubre todos los años ochenta). Ella ya había colaborado antes con Lorne Michaels en los cortos amateur que rodaba Albert Brooks en los años setenta para el Saturday Night Live.

La película fue un trabajo de la casa, co-escrita entre Mike Myers y los guionistas del programa Bonnie y Terry Turner (posteriores creadores del exitoso Aquellos maravillosos 70 de 1998). Se buscó, a pesar del filo, un humor más agradable que el de los sketches y con ello llegar a un público más familiar. Según Terry Turner, Lorne Michaels le dijo que “no había que enfadar a nadie” con la película.

Foto del rodaje con Spheeris, Rob Lowe y Mike Myers de izquierda a derecha.

Foto del rodaje con Spheeris, Rob Lowe y Mike Myers de izquierda a derecha.

El frenético rodaje, la rapidez con la que se modificaban las escenas y la amenaza de vuelta de SNL para septiembre provocaron no pocas tensiones en el set. Primero, y esto es recogido por todas las fuentes, Mike Myers y Dana Carvey llevaron al límite su relación. Esto se debe, según la historia oral del SNL, a que el primero temía que Carvey le quitara protagonismo en éste, su debut cinematográfico. Por otra parte, Penelope y Myers chocaron en el montaje final, lo que impidió a esta última dirigir la secuela por veto del actor canadiense.

La célebre escena en la que Wayne y Garth cantan Bohemian Rhapsody de Queen en el coche, que fue prácticamente improvisada (Dana Carvey no conoce la letra al final y hace mímica), estuvo a punto de no salir, ya que los productores preferían un sencillo más conocido de Guns’n Roses. Esta canción sinfónica avant la lettre, que fue un sencillo de éxito en el Reino Unido de los setenta y seguía la estela de clásicos pseudo-progresivos como A quick one, while he’s away de los Who o You never give me your money de los Beatles, entró en el número dos de las listas norteamericanas gracias al film.

Más aún, el monólogo inicial de Myers, que antecede a la escena de Bohemian Rhapsody, es un gran resumen generacional de un tiempo y un país como el final de los EE.UU. de la era Reagan: “Te lo contaré deprisa. Mi nombre es Wayne Campbell. Vivo en Aurora, Illinois, que es un suburbio de Chicago. ¡Mola! Tengo un montón de curros así y asá; nada que pueda llamar una carrera profesional. Lo diré de otro modo: tengo un montón de placas de empleado y redecillas para el pelo. Claro: vivo con mis padres, lo que admito que a la vez es una putada y no poco triste. A pesar de todo, tengo un programa de cable local y… ¡todavía sé salir de fiesta!”

Las implicaciones sociales de este descacharrante monólogo, donde acababa declamando su intención de vivir de su muy cutre Wayne’s World, es una muestra del nivel de escritura de la película y también una cápsula generacional con la que muchos espectadores podían sentirse identificados. Este soliloquio se realiza, y este es uno de los elementos brillantes del filme, rompiendo la cuarta pared, apelando directamente al espectador. Es esa ironía tan propia de este inicio de los noventa, que tan bien detectó el pomposo profesor Purdy, y que deja entrever un notable desencanto. Un ejemplo son los juegos con el espectador en la escena del restaurante, incluyendo el monólogo abortado del actor de Matrimonio con hijos (1987) Ed O’Neill, sitcom también situada en Illinois, como Wayne’s World.

Los juegos de cuarta pared, no poco brechtianos, son continuos en el filme.

Los juegos de cuarta pared, no poco brechtianos, son continuos en el filme.

En ese sentido, la escena de la publicidad encubierta, donde Wayne y Garth se niegan a meter anuncios de su nuevo productor mostrando los casos más bochornosos de product placement que se puedan imaginar es quizá el síntoma más preclaro del éxito de este estilo. No debemos olvidar, tampoco, otras escenas memorables del filme como aquella donde se prohíbe tocar a Wayne Stairway to Heaven. En la versión para vídeo doméstico de la película, hubo de eliminarse el arpegio inicial de esa canción por problemas de derechos con Led Zeppelin.

Un descubrimiento de esta producción es el Jorge Sanz norteamericano, Rob Lowe, que entró como malvado y acartonado productor bajo instigación de Lorne Michaels por su “bajo precio”. El creador de SNL no mentía: su caché se había derrumbado después de su vídeo sexual robado del año 1989. En el filme hace las veces de factótum serio, divertidamente serio, de unos cómicos y chavales en ocasiones excesivamente pasados de vueltas.

Aunque la trama principal está un tanto desdibujada, quizá consecuencia de los gag continuos, en ésta se concreta una muy tonta historia de amor entre Wayne y Cassandra (uno de los primeros papeles de Tia Carrere) y especialmente una conseguida subtrama a favor de la autenticidad en la creación. En ese sentido, la lucha de Wayne contra Rob Lowe, entre la emergente creación indie y la corrupta industria de los media, tiene bastante más miga de lo que parece y sin duda apelaba a todos los jóvenes que eran bombardeados a todas las horas del día en América con publicidad de la MTV.

Sus tres finales, muy inspirados en Bill y Ted, demuestran el signo juguetón que una directora como Spheeris supo dotar al filme. Ahora, quizá el mejor testamento a la película es la escena del coche entre Wayne y Garth, prácticamente improvisada, donde Dana Carvey inventó esa línea memorable que resume el zeitgeist de la película y del tiempo.

Los hijos de Wayne

Convertido en un filme de culto, es la película de mayor éxito derivada de Saturday Night Live y llegó a superar los 100 millones de dólares de recaudación. El resto de films producidos posteriormente por Lorne Michaels nunca llegaron a estos números, lo que demuestra que esta producción tocó una fibra sensible en el adolescente con monopatín que dominaba esas urbanizaciones americanas.

De hecho, la prensa la recibió bien, algo que suele ser extraño en una comedia derivada de ese programa. Leonard Maltin, en su crítica, la consideró “lenta”, pero Roger Ebert vio bien el carácter de “ruptura” de muchas de sus secuencias. El respetado crítico Jonathan Rosenbaum, en su reseña de febrero de 1992, reconoció la influencia de Bill y Ted en el desarrollo del filme, pero también la consideró “disfrutable”.

Rodando El Mundo de Wayne.

Rodando El Mundo de Wayne.

En España la recepción fue más tibia por la dificultad en entender las referencias y un esforzado aunque insuficiente doblaje. El reseñista de El País Guillermo Altares reconoció mérito al filme, y sus gags tan “disparatados como graciosos” en su estreno en Canal +. Este ofreció varios episodios de Myers y Carvey en el SNL, pero las referencias eran tan difusas que hasta su llegada al vídeo, y a sus continuas reposiciones, no ganó un público en nuestro país El periodista Bruno Sol recuerda que asistió a los primeros pases en Madrid, con no más de “seis o siete personas”, bajo recomendación radiofónica de Joaquín Luqui en Los 40 Principales. De hecho, considera que por aquella época “ni Dios sabía lo que era el Saturday Night Live”. Como consecuencia, la película hubo de conocer a su público avanzada la década, vinculada casi siempre al entorno metalero de revistas como la barcelonesa Popular 1 dirigida por César Martin.

En otras partes de Europa, en Francia, la película conoció mejor suerte gracias a una trabajada adaptación de los cómicos galos Alain Chabat y Dominique Farrugia. Estas traducciones, algunas muy curiosas, fueron descritas en detalle por el periodista Rone Tempest en Los Angeles TimesEl éxito del film provocó una efímera franquicia multimedia en EE.UU. que incluyó juegos para NES, SNES, Megadrive y Game Boy desarrollados por Gray Matter y Radical Entertainment y de calidad un tanto baja.

El videojuego de 'Wayne's World' en su versión para Super Nintendo, realizada por Gray Matter.

El videojuego de ‘Wayne’s World’ en su versión para Super Nintendo, realizada por Gray Matter.

También se realizó un juego de tablero con VHS en el año 1992 para Mattel al estilo de Atmosfear, donde los actores reinterpretaban sus roles para amenizar la fiesta en el salón de tu casa.

La secuela, del año 93, no fue tan redonda, ya que la trama destruía cualquier coherencia del filme. Ésta desarrollaba un sueño de Wayne donde Jim Morrison y un indio desnudo y raro le proponen hacer un megaconcierto para llenar su vacío personal. Demasiado elaborada, en definitiva, en comparación a la encantadora improvisación del filme original. De hecho, solo pudo recuperar 8 millones en taquilla, muy poco para sus 40 millones de presupuesto. A pesar de esto, el filme cuenta con dos o tres escenas memorables, como la improvisada escena de seducción entre Kim Basinger y Garth.

Ahora, si este filme debe ser salvado para el aficionado a Myers y sus creaciones cómicas es por el inenarrable personaje del británico Ralph Brown, Del Preston, que hace una tremebunda recreación del roadie británico con acento norteño. La escena donde cuenta cómo fue a comprar M&Ms en Sri Lanka para Ozzy Osbourne y acaba enfrentándose a un tigre bengalí es uno de los mejores y más inadvertidos monólogos cómicos de todos los tiempos.

El éxito de la primera película de Myers sin la tutela de Lorne Michaels, Austin Powers, Misterioso Agente Internacional, enterró a Wayne y Garth como reliquia de los años noventa. El sketch, eso sí, fue recuperado para 2011 con la visita al Saturday Night Live de Carvey. Un tanto alargado, con nivel inferior a las anteriores producciones, presenta seis minutos de nuestros metaleros favoritos realizando chistes sobre el subtexto sexual de un título como Lazos de sangre (2010).

Su última y más trabajada aparición, en febrero de 2015 celebrando los 40 años del SNL, sí que tenía el nivel del sketch original y presentaba un divertido top sobre las diez cosas que más molan del programa. En ese top celebraban las pelucas, los invitados, se reían de la megalomanía de Kanye West y ponían como justo número al equipo que ha hecho al programa de la NBC el de mayor éxito en Estados Unidos.

En ese sentido, El mundo de Wayne, la visión de Myers, fue clave en adelantar dos o tres pautas del público millennial como los top, el éxito de la televisión amateur (trasplantada a Youtube) o el carácter desenfadado de la emisión. Según David Anthony en el citado texto de A.V. Club, este sketch supuso una ventana al futuro de la “democratización” de los media que ha traído consigo las redes sociales y la transmisión de vídeo.

Su reestreno este 14 de febrero, aprovechando su 25 aniversario, es una muestra de la vigencia y discurso universal que pueden tener dos idiotas con mucha ilusión en un sótano de un piso cochambroso. Sin novia. O eso dijo ella.

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