El placer de cocinar entre viñetas: el mundo del manga culinario

Hay mangas para todos los gustos, lo cual incluye la existencia de mangas de cocina. De eso te vamos a hablar hoy, del variado y muy rico mundo de los cómics japoneses que ocurren entre platos, copas y cazuelas.

En Japón están obsesionados con la cocina, algo que no cogerá por sorpresa a nadie que tenga un mínimo interés por el país. Ya sea como pioneros del primer y mejor programa de televisión competitiva, Iron Chef, o porque tienen uno de los catálogos de restauración más amplios del mundo, siendo la meca de cualquier gourmet o chef que se precie, Japón siempre ha estado muy interesada en la comida, la cocina y cómo ésta sirve para relacionarnos entre nosotros en cualquier ámbito de la vida.

También es cierto que no es algo exclusivo de Japón. Si abundan los programas, los libros, los vídeos y los artículos sobre cocina es porque es un tema que nos interesa como especie. A fin de cuentas, todos tenemos que enfrentarnos de diario, si no con la cocina, sí con el acto de comer. Pero en Japón esa obsesión la han llevado un paso más allá. Y para demostrarlo, nada mejor que el manga.

Competición, cocina y manga

Mister Ajikko, de Daisuke Terasawa

Si algo llama la atención del mundo del manga culinario es cómo ha asumido como propia una forma de cocina tan poco común como es la cocina competitiva. Enfrentar a dos chefs entre sí para que después un jurado especializado decida quien ha hecho la mejor receta basándose en unos criterios necesariamente subjetivos. Algo que, fuera del ya mentado Iron Chef, donde cocineros amateurs o profesionales retaban a los cocineros del programa por el título de Iron Chef de su especialicidad, no es algo común ni dentro ni fuera de cualquier otra forma de ficción.

En cualquier caso, en el manga no es difícil encontrar duelos mano a mano entre cocineros dispuestos a comprobar quién es el mejor entre fogones. Seguramente el primero de estos mangas, además de ser el que serviría de inspiración para Iron Chef, es Mister Ajikko. Escrito y dibujado por Daisuke Terasawa, quien es especialmente conocido por sus mangas de cocina, tiene el honor de haber sido el primer manga culinario en haber tenido su propia serie de anime. Trata sobre un joven prodigio culinario, Ajiyoshi Youichi, que al conocer al misterioso Murata Genjirou, el hombre que ha controlado el mundo culinario japonés durante los últimos treinta años, se ve arrojado a un sinfin de batallas culinarias en las cuales se enfrentará a otros chefs en busca de los platos más exquisitos del mundo. Todo ello con un dibujo muy dramático, con mucha abundancia de primeros planos y efectos de movimiento, y, por supuesto, montones de ilustraciones de la comida, tanto de los platos completos como de planos detalle de los mismos.

Amasando Ja!pan, de Takashi Hashiguchi

En cierta medida, Mister Ajikko marcaría la tendencia, tanto narrativa como visual, para todos los mangas competitivos por venir. Es decir, sustituir las peleas de los otros mangas shonen, es decir, mangas enfocados para un público juvenil, por batallas culinarias donde es tan importante la preparación del plato como el momento de ser juzgado, centrándose en las emociones de cocineros y jueces por igual, haciendo crecer la tensión constantemente en el mejor espíritu de los thrillers.

De hecho, no son pocos los mangas que seguirían esa misma estela. Chūka Ichiban! de Etsushi Ogawa, Amasando Ja!pan, de Takashi Hashiguchi, Iron Wok Jan, de Shinji Saijyo y Hell’s Kitchen, de Gumi Amazi y Mitsuru Nishimura serían algunos de los más representativos. Pero si tuviéramos que elegir uno que pudiera definirse como la quintaesencia del género, ese sería Shokugeki no Souma.

Shokugeki no Souma, de Shun Saeki y Yuuto Tsakuda

Shokugeki no Souma es un manga dibujado por Shun Saeki y Yuuto Tsakuda en el cual el joven Souma Yukihira entra en la prestigiosa academia culinaria Tootsuki con un único fin: conseguir llegar a lo más alto, derrotando a los diez chefs más importantes de la misma, para hacerse con un puesto en su concilio, una institución por la cual han pasado algunos de los mejores chefs de la historia. De ese modo, entre duelos de cocina, aquí llamados shokugekis, y ligeros vistazos de la vida de instituto, siempre relacionado en alguna medida con la comida, todo son adrenalíticos combates de cocina donde sirven una comida siempre fulgurante y absolutamente exquisita, que tiene un efecto secundario más que peculiar: en el mundo de Souma la buena comida produce efectos orgásmicos. Algo que llevará a una constante escenificación de imágenes que, generalmente con un toque de humor, no desentonarían en una obra erótica que no se tomara muy en serio a sí misma.

Puesto que lo erótico y lo culinario tienen una gran relación en tanto no dejan de ser parte de un estímulo puramente sensual, el manga no descuida ninguno de los dos aspectos. Asesorados por Yuki Morisaki, chef y ex-modelo de lencería, todas sus recetas están basadas en recetas reales, incluso si en la mayoría de casos sólo serían realizables por chefs de mano maestra. Algo que, asociado al hecho de que Shun Saeki fue antes un prolífico dibujante de hentai bajo el pseudónimo de tosh, nos demuestra hasta qué punto tienen bien atados todos los elementos que querían destacar en este manga.

De la cocina como un modo de conectar con los otros

Wakako Zake, de Chie Shinkyu

En cualquier caso, el manga como medio no se limita a la competición, el erotismo y las ilustraciones obscenamente detalladas. De hecho, es una parte relativamente minoritaria. El grueso del manga, lo más común, es lo que conocemos como slice of life. Es decir, historias sobre la vida cotidiana de personas (más o menos) normales.

Desde historias de cómo combatir la soledad a través de la cocina (Hana no Zubora Meshi), cómo la cocina nos acerca a los otros y nuestra propia sexualidad (Kinou Nani Tabeta?) o cómo comer y beber después del trabajo es un placer sin necesidad de que ocurra nunca nada aparte del placer de hacerlo (Wakako-zake), las historias cotidianas sobre la comida y la cocina en el manga son prácticamente infinitas. ¿Quieres leer un manga sobre un oficinista que adora cocinar, limpiar y pasar tiempo con su familia pero que prefiere mantener una imagen masculina profesional clásica de puertas para afuera? Cooking Papa es lo tuyo. ¿Te interesa la historia de una niña adorable y su padre más bien torpón que aúnan lazos tras la muerte de la madre a través de la cocina? Amaama to Inazuma te derretirá el corazón. ¿Y si lo tuyo son las chicas de instituto cocinando y siendo chicas de instituto? Pues con Gourmet Girl Graffiti vas servido.

Podríamos seguir así toda la vida. Incluso la franquicia más popular hoy en Japón, la saga Fate, tiene su propio spin-off en forma de slice of life donde sus personajes se dedican a disfrutar de las compras en el mercado y a estar entre fogones, Today’s Menu for Emiya Family. Y claro está, ¿cómo íbamos a olvidar esa obra maestra de Jirō Taniguchi y Masayuki Kusumi que es El gourmet solitario? Pero mejor que seguir ahondando sobre lo ya visto, exploremos otra tendencia similar, pero sutilmente diferente. El interés de los japoneses por la fusión entre la vida de instituto y la cocina.

Yumeiro Patissiere, de Natsumi Matsumoto

Cuando se trata de vida escolar el romance es común. Y dentro de éste, la comida que parece más adecuada es algo que comparta su dulzura. Es decir, lo lógico es hablar de pastelería. De ese modo tenemos el excelente Yumeiro Patissiere, de Natsumi Matsumoto, donde el deseo de llegar a ser una gran pastelera de la protagonista se junta con los espíritus de los dulces y romances en apariencias imposibles, o Kitchen no Ohimesama de Miyuki Kobayashi, donde una chica se enamora de un chico cuyo nombre desconoce y lo sigue hasta su exclusivísimo instituto, donde se juntaran el desamor, la anorexia y unos flanes exquisitos. Pero si bien la repostería en todas sus formas tiene mucho de romántico, no son la única comida que puede acabar en una serie de enredos escolares. Por ejemplo, Moyashimon nos demuestra que incluso la fermentación de vegetales puede acabar propiciando insospechados encuentros cuando te dedicas a hacerlo en un entorno universitario.

Por supuesto lo que sale de esa noción no es sólo que haya comida de por medio y de ahí surja algo, sino que el romance se da en el hecho de cocinar y compartir comida con el otro. A ese respecto, Gal Gohan lo lleva todo al romance (inadecuado) entre una provocativa estudiante y un profesor taimado que le enseña a cocinar, Himitsu no Recipe nos cuenta la historia de dos chicas estrechando lazos cocinando juntas en el colegio a través de la cocina y Hatsukoi Lunch Box directamente nos pone en la situación de una pareja de chicos compartiendo bentos, es decir, fiambreras, como una forma de confianza y entendimiento mutuo. Porque si de algo trata la comida, como de algo trata vivir, es de compartir nuestros momentos con los otros.

Del alcohol como parte intrínseca del buen comer

Drops of God, de Tadashi Agi y Shu Okimoto

Saliéndonos del mundo adolescente de los institutos y los malentendidos amorosos, ¿qué ocurre en el mundo de los adultos? Porque seguro que ha de haber mangas que lleven todo lo anterior a un campo donde los menores estarían fuera de lugar. Y no nos referimos aquí a lo erótico tanto como a otro mundo igualmente cercano a la comida, pero considerado como separado del mismo: el de la bebida, preferentemente alcohólica. De hecho, cuando se trata de espirituosos, el manga ha demostrado ser capaz de algo tan difícil como cambiar la sociedad.

Véase el caso de Drops of God, de Tadashi Agi y Shu Okimoto, un manga que consiguió por sí solo convertir a Japón en un país importador de vino en cantidades industriales gracias a una historia dramática y unas didácticas apreciaciones sobre vino a través de la historia del hijo de un famoso crítico vinícola que tendrá que enfrentarse contra el pomposo discípulo de su padre para hacerse con su herencia. Una serie que si bien es cierto que fracasó estrepitosamente en EEUU, país sin papilas para la uva, triunfó de forma notoria en Francia e Italia, lo que ya nos debería dar una pista sobre sus cualidades en lo que al tratamiento del vino se trata.

Bartender, de Araki Jō y Kenji Nagatomo

En cualquier caso, el manga y al alcohol han demostrado maridar bien a lo largo del tiempo. Dentro del slice of life tenemos Osake wa Fuufu ni Natte Kara, de Crystal na Yōsuke, donde una tímida oficinista se vuelve parlanchina y melosa con los cócteles que le prepara su marido, y volviendo al vino tendríamos Sommeliére, un drama de Araki Joh y Katsunori Matsui sobre una pobre chica huérfana que se verá poco menos que extorsionada a trabajar de somelier.

Ahora bien, si tuviéramos que elegir una única serie relacionada con el alcohol, y específicamente con los cócteles, esa habría de ser Bartender. Dibujada por Araki Jō y guionizada por Kenji Nagatomo, Bartender trata sobre Ryū Sasakura, un joven prodigio que trabaja en el Eden Hall, un pequeño bar al cual sólo son invitadas aquellas personas que tienen una gran carga de la cual no saben como deshacerse. De ese modo, quienes consiguen llegar hasta allí cuentan sus cuitas a Araki, quien les servirá un coctel que se ajuste a su historia y sus sentimientos, ayudándoles a llegar a una conclusión positiva a los problemas que atenazaban su corazón.

Con esta premisa tan cargada de humanidad, Bartender tendría varios spin-offs y versiones en televisión, tanto animadas como en imagen real. Pero más importante aún, crearía todo un patrón que hemos visto, con incluso mayor éxito, en otras series: la idea del restaurante donde vas para que te sirvan exactamente aquello que necesitabas.

Restaurantes donde se sirven sentimientos

La cantina de medianoche, de Yarō Abe

El más popular de todos los mangas de esta clase es La cantina de medianoche de Yarō Abe, una auténtica oda al naturalismo, el entendimiento entre las personas y la narrativa que transcurre alrededor de un restaurante que sólo abre a medianoche y hace los platos a petición de sus clientes, siempre que entren dentro de las posibilidades de su dueño. Todo ello como excusa para que cuenten sus historias, se relacionen entre ellos y enciendan esa cálida llamada que buscamos en todo buen drama. Algo que hace tan bien que le ha llevado a tener adaptaciones a imagen real tanto en Corea como en Japón, esta última disponible en nuestro país a través de Netflix.

Y supongamos… ¿y si quiero leer sobre restaurantes especializados? Si eres amante de la comida italiana harías bien en acudir a Bambino!, de Tetsuji Sekiya, igual que los que prefieran un buen plato de curry habrían de acercarse a Addicted to curry, de Kazuki Funatsu, ambos muy obsesionados con los específicos de sus respectivas especialidades. ¿Y si lo que quiero es más bien un poco de romance? Entonces recurre a Not Love But Delicious Food de Fumi Yoshinaga, aunque si se me permite una sugerencia personal, deberían hacerse ya mismo con Ristorante Paradiso, de la siempre espectacular Natsume Ono, para tener una maravillosa historia de amor, resentimiento, celos y hombres mayores de esos que llaman señores.

Competiciones entre chefs, bares que son como el diván del psicólogo, recetas de alta cocina como metáforas de la angustia adolescente… el cómic japonés está lleno de delicatessens culinarias, y te traemos las mejores intersecciones entre MANGA Y COCINA.

Tuitea esto

Pero relajémonos un momento. Supongamos que lo mío son los gimmicks, la comedia y las premisas que van más allá de toda lógica. ¿Que puedo catar entonces? Por un lado tenemos la hoy ya mítica Neko Ramen, de Kenji Sonishi, sobre el único restaurante de Tokyo que está regentado por un gato llamado Taishō; por otro está Tonkatsu Dj Agetarou, de Yuujirou Koyama y Epyao, una historia sobre un joven que quiere ser DJ y descubre que en el restaurante de sus padres, donde se hace tonkatsu (una especie de chuleta de cerdo frita y empanada), puede descubrir la esencia misma de lo que es una buena remezcla. Ambas obras tan graciosas como surrealistas.

Por ir acabando ya con la restauración, porque podría alargarse hasta el infinito, nombraremos uno de los restaurantes más fascinantes del manga, que es el de Isekai Shokudou, de Junpei Inuzuka. ¿Y qué tiene de especial este restaurante? Que si bien entre semana abre sus puertas como cualquier otro restaurante de nuestro mundo, los sábados abre sus puertas a otra dimensión donde existen toda clase de seres de fantasía que quieren comida de nuestro mundo, algo extremadamente exótico para ellos.

Sobre otros mundos que están en este

Log Horizon: Nyanta Hanchou Shiawase no Recipe, de Mamare Touno

Mezclar mundos de fantasía y el nuestro propio a través de la necesidad fisiológica de comer no es algo precisamente nuevo. De hecho, en Japón le pusieron un nombre propio a cuando una persona de nuestro mundo se ve transportada, vía reencarnación o portal, hasta un mundo de fantasía donde puede ejercer un papel más relevante: isekai.

De ese modo, juntando el isekai junto con la pasión por la comida de los japoneses tenemos no pocos ejemplos de reencarnaciones en otros mundos que acaban entre fogones. Ya sea gente que abre su propia cafetería (Isekai de Café wo Kaiten shimashita) como gente que se dedica a ejercer de gourmet de fantasía (Gensou Gourmet, Isekai Ryouridou, Isekai Omotenashi Gohan) y también casos donde la cocina es prácticamente una excusa para hacer un spin-off de una serie de isekai particularmente popular (Log Horizon: Nyanta Hanchou Shiawase no Recipe), el isekai es tan diverso como cualquiera de los otros géneros que hemos visto hasta el momento.

Project X Challengers: Cup Noodle, de Tadashi Katoh

Algo que se extiende más allá de lo imaginable. Porque sí creíamos que no podría haber más géneros, más hibridaciones, más desconcertantes formas de retorcer la premisa de ponerse a comer o cocinar dentro del manga, por supuesto que estaríamos equivocados. Tomemos como ejemplo Gokudou Meshi, de Shigeru Tsuchiyama, una historia sobre un grupo de criminales en prisión que recuerdan algunas de las mejores comidas que tuvieron cuando aún eran libres. O Ekiben Hitoritabi, de Kan Sakurai y Jun Hayase, una historia tan extremadamente especializada que trata sobre un amante de los ekiben (bentos especiales que se venden en determinadas estaciones de tren), por lo cual cada capítulo es un nuevo viaje donde el protagonista nos narrará las bondades del tren en el que viaje y el bento especial que va a comer. Nivel de obsesión que comparte con Project X Challengers: Cup Noodle, un manga histórico de Tadashi Katoh sobre cómo se crearon los hoy mundialmente famosos vasos de ramen que se pueden encontrar en prácticamente cualquier supermercado.

Hasta aquí nos ha quedado claro que en un contexto asociado a nuestro mundo, sea directa o indirectamente, hay comidas para todos los gustos. ¿Y fuera de éste? Pues no hay tantas historias, pero también las hay. Algunas de ellas realmente interesantes. Dungeon Meshi de Ryōko Kui, exquisitamente traducido al español como Tragones y Mazmorras, trata sobre un grupo de aventureros de un mundo de fantasía que ante la urgencia y la pobreza deciden dejarse llevar por sus más bajos instintos: se comerán a los monstruos que, de todos modos, tienen que matar para poder seguir avanzando. Algo que será parte intrínseca de la evolución de unos personajes tan encantadores que es imposible no cogerles cariño.

En otro registro, pero aún dentro de la fantasía, encontraríamos también otro par de series a destacar. Estas son Kumika no Mikaku de Ononaka Akihiro, sobre una alien que sólo necesita respirar para nutrirse hasta que descubre el placer de comer, y Giant Spider & Me: A Post-Apocalyptic Tale de Kikori Morino, una historia de dibujo entrañable sobre una niña y la criatura con aspecto de araña gigante que no es una araña (aunque el título diga lo contrario, para parco alivio de aracnófobos) y sus días cocinando juntas. Porque cuando se trata de comer, incluso las criaturas de fuera de este mundo entienden lo mucho que puede aunar lazos.

Comer es vivir

Dungeon Meshi, de Ryōko Kui

Realistas o fantasiosos, adultos o infantiles, cotidianos y sencillos o espectaculares y complejos, hay sitio para toda clase de mangas de cocina. Porque todos comemos. Porque casi todos cocinamos. Y en Japón, al menos, todo el mundo lee. Y casi toda la gente lee manga. Con lo que es lógico que, por específico que sea el nicho, siempre haya público suficiente para una historia bien contada sobre prácticamente cualquier cosa.

A fin de cuentas, en una cocina puede pasar de todo. Triunfos, fracasos, amores y rupturas. Todo lo que ocurre en la vida puede ocurrir también con una sartén o un tenedor entre las manos. Es decir, los raros no son los japoneses, aprovechando todo el potencial de lo que ocurre entre fogones y especias, sino los demás, que seguimos anclados en formatos clónicos que no hacen sino imitarse los unos a los otros, desaprovechando todo el espacio que dejan tras de sí. Como si no supieran que una de las pocas cosas que hacemos todas las personas, junto con cagar, dormir, enfermar y morirnos, es comer. Y disfrutar comiendo.

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