‘El Puño de la Estrella del Norte’ – Una historia eterna de masculinidad no-tóxica

El evento editorial del año que acaba de empezar seguramente sea que Planeta va a re-editar el manga de El Puño de la Estrella del Norte. Y antes de que eso ocurra, en CANINO te vamos a explicar por qué es un evento de magnitud descomunal como la cabeza de un punk estallando desde dentro. Todo ello sin contener nuestras lágrimas como puños (de la estrella del norte).

Hay algo poético en las artes marciales. En ver cómo dos personas se ponen de acuerdo para intercambiar golpes sin llegar a matarse. Sus movimientos fluidos, su capacidad para sobrepasar los límites de lo humano y lo innegable de quién ha ganado y quién ha perdido contribuyen a la sensación de estar ante un espectáculo visceral, pero de algún modo con un componente artístico. La ritualización última de los instintos más bajos de la Humanidad.




A fin de cuentas, las artes marciales es lo que queda de la guerra cuando le quitas la guerra. No hay muertos ni terror ni desgracias. Pero queda el honor, lo heroico y llegar hasta el límite de nuestra biología. Todo lo que tradicionalmente se defiende como propio de lo masculino, obviando su lado negativo.

Y la ficción ha tomado buena nota de ello. En Asia hay géneros dedicados enteramente a las artes marciales, como el wuxia y el chambara, pero es algo que permea en todas sus narraciones épicas, incluso si no tratan sobre reinos combatientes. El Puño de la Estrella del Norte es el manga que mejor que mejor ha sabido transmitir esa nobleza y esa fascinación, cómo se puede ser el epítome de lo masculino sin dejar de ser una persona compasiva y sensible que no duda en llorar y proteger a quienes les rodean.

El Puño de la Estrella del Norte, Hokuto no Ken en su japonés original, es un manga publicado en la Weekly Shōnen Jump cuya serialización se dio entre el 13 de septiembre de 1983 y el 8 de agosto de 1988, ocupando la friolera de 27 volúmenes. Dibujado por Tetsuo Hara y escrito por Buronson, la serie quizás nunca hubiera existido tal y como la conocemos si no fuera por las muy marcadas obsesiones de ambos autores, que pudimos ver en sus obras previas a su opera magna.

Tetsuo Hara, nacido en 1961, es un mangaka que casi podría definirse como un ejemplo de lo que es una carrera promedio. Empezó como asistente de Yoshihiro Takahashi, el autor de Ginga: Nagareboshi Gin, tras eso ganó un premio por uno de sus one-shots, el Fresh Jump por Super Challenger en 1981, lo cual le abriría las puertas a publicar en 1982 en la Shonen Jump su primera serie regular: The Iron Don Quijote, un manga sobre motocross. Para su desgracia, su manga no gustó demasiado al público y finalmente sólo duró 10 semanas en la revista, acumulando nada más que dos tomos. Y eso le dejó en la posición más común del mangaka promedio: a pesar de tener las habilidades como dibujante para ser profesional, no parecía ser capaz de conectar con el público.

Pero ese no era el caso de Buronson. Nacido en 1947 con el nombre de Yoshiyuki Okamura y utilizando los pseudónimos de Sho Fumimura y Buronson, nunca ha ocultado que su sobrenombre procede de una japonesización del apellido de su actor favorito: Charles Bronson. Una preferencia que se hace notar bien en su narrativa. Si bien empezó en 1974 con la serie Pink Punch Miyabi, su primer gran éxito fue el guión de Doberman Detective, dibujada por Shinji Hiramatsu, manga serializado entre 1975 y 1979, que acumuló 29 tomos y que más tarde sería adaptado al cine y la televisión. Cosa importante porque sería el mítico Sonny Chiba el que haría de Joji Kano, el detective protagonista que va haciendo destrozos por las calles de Tokio con una monstruosa Ruger Blackhawk. Y es que, siguiendo la línea del hardboiled americano y el dispara primero y pregunta después del cual Chiba tenía también experiencia, Doberman Detective empieza duro para ir suavizándose con el tiempo, demostrando algo que, en principio, no se espera de la evidente obsesión de Buronson por el cuerazo y los pistolones: una muy marcada sensibilidad.

Volviendo a Hara, tras el fracaso de su anterior serie, en algún momento entre el 82 y el 83 llegó a Shonen Jump con una nueva idea para un manga que, esta vez sí, triunfaría entre el público: la historia de un artista marcial que destruía a sus rivales golpeándoles en sus puntos de acupresión. Nobuhiko Horie, mítico editor también de City Hunter, le dio el visto bueno y publicaron un one-shot en abril de 1983 en la revista hermana Fresh Jump, seguido de un segundo en junio de ese mismo año. Ambos fueron bien recibidos, lo que le dio luz verde para iniciar su serialización. Pero estando aún reciente el fracaso de The Iron Don Quijote, decidieron no arriesgarse. Si Hara quería seguir adelante, tendría que hacerlo con un guionista. Y el que mejor resonaba con la historia que pretendía contar era ese hombre llamado Buronson.

Buronson fue como un huracán para la idea original de El Puño de la Estrella del Norte. Básicamente, porque no dejo piedra sobre piedra. Cambiando el setting del presente a un futuro post-apocalíptico con inspiración evidente en Mad Max, y al protagonista adolescente de sangre caliente por un hombre estoico y de pasado trágico, la presencia de Buronson fue lo que confirió a la serie su identidad. Una identidad lejos de los clichés de la época y, sólo en apariencia, muy poco Shonen Jump.

Ta-ta-ta-ta-ta-ta

Entrando en materia, ¿cuál es la historia de El Puño de la Estrella del Norte? Pues, si atendemos a su conjunto, una singular mezcla de sensibilidad masculina y testosterona desatada en forma de hostias descomunales. Mezcla que se irá desarrollando a lo largo del tiempo, porque, en sus comienzos, la serie parecía enfocada nada más que a lo segundo: la ultraviolencia desatada entre un mastuerzo que parece inflado de anabolizantes y una infinita jauría de punks invadiendo un planeta tierra sin solución.

Pero si pensamos en cuál es la ambientación del manga, resulta lógico que al principio parezca más árido y brutal de lo que acabará siendo. A fin de cuentas, su premisa no podía ser más dramática: en los noventa, una guerra nuclear convirtió la tierra en un páramo nuclear donde los humanos supervivientes han de luchar por los suministros que no estén contaminados. Todo eso en un mundo donde, ya de por sí, existen artistas marciales capaces de matar a sus enemigos golpeándoles en sus puntos de acupresión. Porque el actual maestro de esa arte marcial asesina, el Hokuto Shinken, es el protagonista de esta historia, un hombre cuyo diseño está inspirado a partes iguales en Bruce Lee y Max Rockatansky. El inigualable Kenshiro.

En cualquier caso, El puño de la estrella del norte se divide en tres partes. La primera parte gira alrededor de la búsqueda de la prometida de Hokuto, Yuria, que fue secuestrada por Shin, un rival maestro del arte marcial Nanto Koshuken, capaz de atravesar la carne destruyendo todo a su paso. La segunda se enfoca en los orígenes del estilo Hokuto Shinken y la existencia de ramas del arte marcial desconocidos para Kenshiro. Y la tercera desarrolla la posibilidad de que Kenshiro tenga un sucesor para el Hokuto Shinken y, quizás, encuentre la felicidad en un lugar que no sea la lucha.

La primera parte del manga es la que podríamos considerar más clásica. Kenshiro conoce aquí a sus sidekicks, un niño llamado Bat y una niña llamada Lin, y los arcos que van encadenándose son los sucesivos enemigos que se va encontrando por su camino. Primero es Shin, haciendo uso del Nanto Koshuken, pero cuando cae derrotado le siguen los arcos de Golan, Jackal y Ryūga, siendo respectivamente un grupo paramilitar que dicen ser elegidos de Dios, un bandido especializado en explosivos y un usuario del Taizan Tenrōken, un estilo de artes marciales nacido para ayudar al usuario del Hokuto Shinken. Todo ello mientras Kenshiro va en búsqueda sus tres hermanos, igualmente entrenados en el Hokuto Shinken, aunque no elegidos para continuar su legado. Todo se resolverá cuando encuentre al mayor de ellos, Raoh, utilizando el Hokuto Shinken para crear su propio imperio, algo que Hokuto no podrá permitir. De ese modo, tras matarlo y acabar con su tiranía, se reencontrará con su prometida, Yuria, pudiendo ser, de una vez por todas, felices para siempre jamás. ¿O acaso esta no es esa clase de historias?

Con la muerte de Raoh hubiera sido lógico que la serie acabara en ese punto. Pero Buronson había pensado ya en ello. Y es que, si bien Kenshiro pudo retirarse unos años con Yuria, su felicidad no podía durar: ella estaba enferma a causa de la radiación y, a su muerte, él no tenía motivos para seguir desentendiéndose de todo. No cuando el Hokuto Shinken es un arte marcial creado para proteger a las personas.

Eso es lo que tuvieron a bien recordarle sus sidekicks, Bat y Lin. Ya adultos, a la vuelta de Kenshiro tras la muerte de la única mujer a la que había amado, le piden que les ayude en lo que mejor se le da: derrocar a gentuza que pretende convertir la catástrofe post-apocalíptica en una oportunidad para ascender en el poder. Y a eso se dedica Kenshiro: a enfrentarse a emperadores, generales e imperios enteros, todo para acabar descubriendo la verdad sobre su pasado, el Hokuto Shinken y, lo más terrible de todo, que el hermano mayor de Raoh, Kaioh, un hombre que se obliga a no sentir emociones tras la traumática muerte de su madre, está viajando por el mundo asesinando a todos los conocedores del Hokuto Shinken para que no haya nadie capaz de enfrentarse a su monstruoso Hokuto Ryuken, una versión maligna del Hokuto Shinken. Gracias al descubrimiento de su pasado y de todo lo que no conocía sobre el Hokuto Shinken, Kenshiro podrá derrotarlo, para así cerrar la segunda parte del manga.

De ese modo llega la tercera y última parte de la historia. Con todos los conocedores del Hokuto Shinken muertos a excepción de Kenshiro, nuestro protagonista decide asumir la custodia de Ryu, el hijo de Raoh, y llevárselo de aventuras para hacerlo su aprendiz y sucesor en el Hokuto Shinken. Todo para, al final, dejarlo en manos de Balga, uno de los generales de Raoh, y prometerle volver a por él cuando llegue el día en que se retire y tenga que elegir un sucesor.

Pero el manga no acaba ahí, sino con una nota sentimental: Bat está enamorado de Lin, pero Lin está enamorada de Ken. Eso provocará que tengan que enfrentarse a lo tumultuoso de su relación, con un final trágico en el que Kenshiro decide volver al desierto él solo, para seguir el destino del heredero del Hokuto Shinken. Vagar por el mundo, haciendo justicia, protegiendo a los débiles y castigando a los malvados.

Como cabría esperar, el éxito de El puño de la estrella del norte fue monumental. En la época no había ningún otro manga igual. E incluso mangas muy populares posteriores, como Dragon Ball, Los Caballeros del Zodiaco, JoJo’s Bizarre Adventure o Berserk -cuyo autor, Kentaro Miura, trabajaría en varios mangas con guiones de Buronson- se han declarado deudores de éste. Algo que se materializó también en la cantidad de obras derivadas que incluye un anime de 152 episodios, tres películas, varias OVAs, una cantidad aún creciente de videojuegos y un importante franquiciado de pachinkos, el equivalente japonés a nuestras ruidosas tragaperras. Algo que se tradujo también en varias continuaciones del manga. Y si bien tenían en Ryu y Kenshiro la continuación perfecta, toda la obra derivada han sido precuelas y spin-offs.

Si tuviéramos que señalar una única obra a leer de las que continuaron la original, sin duda alguna esa tendría que ser El puño del cielo azul (nunca editada en España, también conocida como Fist of the Blue Sky / Sōten no Ken). Dibujada por Hara y escrita por Buronson, Hara y un Horie no acreditado en la edición japonesa, aunque sí en la americana, esta precuela de El Puño de la Estrella del Norte sigue las andanzas de Kenshiro Kasumi, el predecesor de Kenshiro, durante la guerra sino-japonesa de 1935. Básicamente, una historia donde Kasumi tendrá que derrotar a las tres familias del Hokuto afincadas en China, convertidas en tres familias mafiosas, para poner fin a una guerra territorial inspirada en el Romance de los Tres Reinos. Algo que daría lugar a una obra mucho más estilizada y realista en los combates, pero igualmente prolífica en detalles, haciendo de El puño del cielo azul una más que digna precuela, concluida con la nada despreciable cifra de 22 tomos.

Es por todo eso que el manga sigue muy vivo. Siguen saliendo videojuegos, nuevos animes, nuevas ediciones del manga. Incluso nuevos spin-offs, como la estimable colección de colecciones breves Hokuto Gaiden. Por eso El Puño de la Estrella del Norte es, a día de hoy, la décimoctava franquicia más rentable de la historia, justo por delante de Toy Story y justo por detrás de Dragon Ball, habiendo acumulado una cantidad estimada de veinte mil millones de dolares a lo largo de sus treinta y seis años de vida. Porque han sabido como capitalizar la marca, llevándola a todos los medios que era posible imaginar.

Pero al final, ¿por qué sigue funcionando tan bien El puño de la estrella del norte? En su día fue revolucionario por el detalle de su dibujo, lo bien que comprendía el zeitgeist de su época y lo extraño que resultaba ver a hombres capaces de llorar, hacer estallar a sus enemigos y ser derrotados por su incapacidad para aceptar sus sentimientos, todo en la misma página. ¿Pero hoy? ¿Qué es lo que sigue haciendo tan atractiva a la serie?

El atractivo de la serie sigue siendo el mismo. Aún hoy sigue siendo revolucionario lo que ya lo era en su época. El detalle de su dibujo, el horror nuclear, los hombres masculinos pero sensibles. Porque detrás de la violencia loquísima y la estética de los ochenta, desarrolla un tema universal: cómo la humanidad sólo podrá sobrevivir si nos apoyamos los unos a los otros, si aceptamos que la fuerza y la debilidad se dirimen por la capacidad de gestionar nuestros sentimientos, no por cuantas cabezas somos capaces de hacer estallar.

Y no es que Kenshiro no pueda hacer estallar más cabezas que nadie, sino que también nos sigue enseñando, aún hoy, que una masculinidad mejor es posible.

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