El Síndrome de Asperger en pantalla: clichés, genialidad y risas enlatadas

El día 18 de febrero es el día internacional del Síndrome de Asperger y en CANINO hemos decidido celebrarlo haciendo un repaso a cómo se representa el trastorno en cine y en la televisión. Estos son algunos de los casos más populares y mediáticos... ¿hasta qué punto son realistas?

Tal día como hoy en el año 2013 el periodista y divulgador científico Antonio Martínez Ron compartía en su cuenta de Twitter una entrevista a Leonardo Farfán autor del libro Confesiones de un caracol, vivencias en tono Asperger (2013). Cuando digo que ese tweet cambió mi vida no estoy exagerando.

Mi marido, que en ese momento era mi novio y estaba pasando por una importante depresión, encontró la entrevista y el libro por casualidad pero acabó leyéndolo todo. Cuando terminó vino a buscarme: «creo que ya sé qué me pasa y por qué tengo tanta ansiedad». A pesar de que dos psicólogos independientes le confirmaron su autodiagnóstico y de que ha estado muchos meses asistiendo a terapia individual, algunos de sus amigos aún dudan de que mi marido sea Asperger: Miguel no encaja con lo que han visto en pantalla. No es lo que la televisión dice que es el Asperger. Miguel no es Sheldon Cooper, de The Big Bang Theory.

Es fácil pensar que la representación de una minoría en los medios audiovisuales es siempre positiva. Conveniente, porque hace que el gran público conozca una problemática que en otro caso le sería ajena pero lo cierto es que cuando la información que llega a la audiencia no es correcta puede llegar a dañar al colectivo.

Aspies en televisión: el alivio cómico

En los últimos años el Asperger es el síndrome de moda en la tele. Una minoría sobrerrepresentada en pantalla. No hay crimen que se resuelva sin la ayuda de un joven y atractivo Asperger cuya obsesión por su trabajo le hace dar con la clave del caso, al igual que no hay comedia sin su Asperger impertinente y maniático al que al final tienes que querer. Los personajes aspies se han convertido en una especie de cliché que los guionistas copian una y otra vez sin vergüenza ninguna.

El problema de la representación en televisión es que los guionistas optan demasiado a menudo por hacer que “Asperger” sea la única característica de un personaje, olvidándose de ponerles cualquier otro rasgo (tímido, extrovertido, valiente, serio…) que haga que la persona no se convierta en caricatura. Parecen ignorar que el Asperger es un trastorno amplio con diversos grados y características y, en consecuencia, eligen presentar una y otra vez los mismos rasgos y de la misma manera. También es común que se obvien las consecuencias y los obstáculos derivados de algunos comportamientos típicos, por lo que el retrato de los mismos siempre quedará, no sólo simplificado, sino incompleto.

Una de las características que de manera normal suelen compartir los personajes Asperger en la televisión es la inteligencia. Es habitual que se muestre a los Aspergers como personas brillantes, posiblemente superdotadas, que destacan en campos ligados a la ciencia y a la lógica. Esta representación, sin embargo, no se ajusta a la realidad. La mayoría de aspergers presenta una inteligencia normal, siendo tan sólo el 10% de ellos los que presentan una inteligencia superior (frente al 2-5% de la población neurotípica).

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Aunque sí es cierto que una de las particularidades del trastorno pasa por la falta de empatía, la forma en la que se expresa en los guiones suele ser errónea. Si bien puede ser normal que, tal y como se muestra en la ficciones, los Aspergers puedan hacer comentarios que podrían calificarse de inapropiados o insensibles, lo cierto es que ese comportamiento conlleva un sufrimiento posterior por parte del aspie que nunca se representa en pantalla. El no saber qué decir o si lo que se ha dicho es correcto dadas las circunstancias es una fuente de ansiedad diaria para los Aspergers reales que no comparten personajes como Sheldon Cooper, Temperance Brennan (Bones) o Sherlock Holmes, a los que parece darles igual ser hirientes o comportarse de forma egoísta con los que le rodean.

Las pocas habilidades sociales también suelen malinterpretarse y simplificarse hasta quedar en una dificultad para hacer amigos no muy diferente de la que tendría una persona introvertida. Sin embargo, lo que en realidad engloba “pocas habilidades sociales” va mucho más allá, desde elegir la ropa correcta para cada ocasión a moverse de forma eficiente por un entorno laboral o estudiantil.

Es por eso que aunque veamos a Abed Nadir (Community) comportándose como un “friki” obsesionado con sus numerosos hobbies, que habla con un tono monocorde (dos características muy significativas), no deja de ser, en el fondo, un excéntrico que no comparte demasiadas vivencias con los aspies de verdad.

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Max Braverman, de ‘Parenthood’

No obstante, hay algunas buenas representaciones del síndrome de Asperger en televisión. Aunque menos conocido, Max Braverman de Parenthood (2010 – 2015) es uno de los ejemplos más honestos y realistas que podemos encontrar. No por casualidad se basa en las propias experiencias del showrunner Jason Katims con su hijo. Max tiene rabietas cuando está frustrado y es acosado por sus compañeros de clase sin que él comprenda por qué. A la vez, es honesto y leal aunque demuestre la preocupación de una forma diferente a como lo hace la mayoría. Parenthood, además, destaca por tener otro personaje aspie de mediana edad que aún no ha sido diagnosticado, por lo que cubre un rango de vivencias y experiencias muy superior a lo que estamos acostumbrados a ver.

JJ Jones, personaje de la segunda generación de la serie británica Skins (2007 – 2013) es también un buen ejemplo de personaje bien construido e interesante aunque, por desgracia, no tiene demasiado tiempo en pantalla.

Aspergers en el cine: una mirada infrecuente (aunque certera)

Si hablamos de películas y del síndrome de Asperger quizás el primer título que se te venga a la cabeza, y con razón, sea Adam (2009), el drama romántico protagonizado por Hugh Dancy y Rose Byrne. Adam es una de las cintas que muchas asociaciones de Asperger proyectan con fines educacionales y, sin embargo, también es una de las más discutidas.

Para muchos, no es creíble que el personaje de Dancy muestre todas y cada una de las características del trastorno pues nunca vas a encontrarte a nadie así, mientras que para otros —entre los que me incluyo—, el hecho de que Adam tenga características neurotípicas y que nunca se pretenda en el guion que nos riamos de él es un importante avance.

Menos polémica genera la dulce y triste Mary and Max (2009) una joya desconocida de animación stop motion que trata la amistad, vía carta, entre un hombre cuarentón de Nueva York y una niña de ocho años australiana. La historia se toma tiempo no sólo en explicar el Asperger, sino en mostrar las consecuencias negativas que acarrea vivir con él (soledad, ansiedad, depresión…). Una luz nueva y diferente a la rosa que inunda todas las demás historias.

No obstante, si tuviera que elegir una película y un protagonista Asperger, aunque no se mencione su condición en la cinta, me quedaría con el personaje sin nombre que interpreta Ryan Gosling en la magnífica Drive (2011).

El Conductor; con sus rígidos planes, su dificultad para expresar verbalmente sus sentimientos, su inadecuado contacto visual y su chaqueta pasada de moda; parece escrito especialmente para hacer al público pensar y recapacitar sobre los que expresan de forma diferente sin necesidad de recurrir al tópico nerd o de hacer la historia en torno a ningún trastorno específico.

Al final, por mucho que estemos en una época donde la televisión no tenga nada que envidiar al cine, es este últio el que acaba construyendo personajes más allá del chiste y el tópico. Personajes del que no nos reímos sino con los que nos reímos. Que no vengan muchos, que vengan mejores.

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