El vlog de Jonas Mekas y Casey Neistat: cómo Youtube se encontró con el nuevo cine americano

Jonas Mekas redefiniría el llamado cine underground surgido en Nueva York retomando las coordenadas de cineastas como Cassavetes o Robert Frank para proponer un lenguaje cinematográfico radicalmente simple. Cualquiera pensaría que el cine de Mekas, o el de otros abanderados del movimiento underground como Markopoulos, Shirley Clarke o Bogdanovich, ha quedado relegado a un movimiento artístico nicho, cerrado en si mismo como tantas otras corrientes experimentales. Sin embargo, el auge de Youtube y de los vloggers ha probado que en ocasiones la fina línea que separa la vanguardia del mainstream mediático es más una imposición de ciertas élites intelectuales que un reflejo del gusto de la audiencia.

Allá por el 30 de septiembre de 1962, aún faltaban cerca de 6 años para que John Cassavetes se consolidara como uno de los grandes renovadores y destructores del cine estadounidense con Faces (1968), y tan solo tres años antes ya había debutado con Shadows (1958), un film que se atrevía con romances interraciales, abordando el racismo y la intelectualidad con la elegancia experimental de un Godard en una sociedad, la estadounidense, menos permisiva con la vanguardia cinematográfica que su homóloga francesa. Pero aún faltaban dos años para que Godard diera un golpe encima de la mesa con Al final de la escapada (1960), y el talento de Cassavetes no pasó desapercibido para un reducido grupo de cineastas vanguardistas que ese 30 de septiembre firmaron un manifiesto con el que mostraban su rebeldía contra el statu quo cinematográfico y propugnaban una nueva forma de mirar el cine, alentados con optimismo por su figura. Peter Bogdanovich, Robert Frank, Alfred Leslie, Jonas y Adolfas Mekas, Shirley Clarke y Gregory Markopoulos firmaron la Declaración del New American Cinema Group.




A la manera de Serguéi Eisenstein, Vsévolod Pudovkin y Grigori Aleksándrov, quienes firmarían el Manifiesto del sonido para bramar contra el cine sonoro, este grupo de vanguardistas que se codeaban con Warhol y veneraban el Lower East Side frecuentado por tipos como Burroughs van a proponer un nuevo cine americano surgido del underground, de lo urbano, de esas capas sociales y pedazos de bocacalles que la industria del star-system y los grandes estudios ignoraban. A grandes rasgos, el manifiesto condensa las premisas básicas de este nuevo cine. Primero, defiende el cine y el arte como una expresión individual, alejada de las injerencias de productores o distribuidores. Segundo, cargan contra cualquier tipo de censura, y tercero, prometen buscar nuevas líneas de financiación. Esta vanguardia cinematográfica promovía un sistema de mecenazgo, alentando la creación de un festival de cine en la Costa Este que aunara las vanguardias cinematográficas mundiales, y el establecimiento de una cooperativa que reuniera a mentes inquietas y financiara sus proyectos.

The Iliac Passion, Markopoulos, 1967

Pero ante todo, Jonas Mekas y su grupo se erigieron como una corriente vanguardista profundamente ética y moral. Algo que quizá choque en la época por excelencia del laissez faire, laissez passer. Promovían un cine puro, inmediato, que cargara contra la corrupción y estandarización del cine de las majors estadounidenses. Lejos de querer ahondar en lo que supuso ese movimiento underground en el nuevo cine americano, lo que puede resultar mas relevante es su influencia indirecta en la forma en la que actualmente la audiencia consume contenido audiovisual y venera las figuras, personales, independientes y con frecuencia apartadas del círculo de cualquier gran distribuidora audiovisual. Algunos vloggers y youtubers son quizá una muestra de cómo un movimiento cinematográfico nicho puede refundarse consciente o inconscientemente e incluso superar los bordes de la marginalidad mediática para convertirse en figuras independientes cuyo discurso audiovisual es bastante más interesante de lo que muchos piensan. El cine de Mekas, o el de Frank, Clarke o Markopoulos fue una respuesta generacional y un compromiso ético contra una industria mediática muy concreta. El contenido de creadores como Casey Neistat es un ejemplo de cómo fundir contenido y estilo para aportar un contenido que hasta ahora solo había tenido eco en la obra de autores como Mekas.

Jonas Mekas, uno de los firmantes del manifiesto, ha basado su obra en material extraído de su propia vida. Su propia experiencia, la reflexión sobre la inmediatez y el momento presente centran una obra que funciona como un auténtico diary film, un diario de toda una vida legitimado por el uso del montaje y una aspiración artística y moral: la de proponer un cine sin artificios, donde el estilo se funda con el contenido hasta volverse indisolubles. Todo su corpus cinematográfico se basa en la sinceridad absoluta, un cine que reniega de cualquier interpretación para centrarse únicamente en qué se cuenta y cómo se cuenta. Si Ozu y Renoir son citados como cineastas cuya obra huye de la manida interpretación de la crítica, la obra de Mekas es inmediata, cristalina. Mekas alcanza con En el camino, de cuando en cuando, vislumbré breves momentos de belleza (2000)su magnus opum. Un testamento vital de cinco horas de duración que literalmente reúne fragmentos de una vida, atisbos de experiencia hilvanados por un montaje orgánico que privilegia ciertas secuencias y se erige en obra experimental al reflexionar sobre el alcance real del cine. El componente voyeur, la intimidad desvelada y el metadiscurso, es decir, el diálogo que apunta al medio desde el medio. Mekas recurre a intertítulos y a la voz en off para narrar su diario audiovisual, ahondando en el sentido de su obra a medida que la monta, acompañando al espectador. En este diary film no hay linealidad temporal, ni complejos raccords, tan solo honestidad en la búsqueda de aprehender una vida a partir de retazos unidos por el montaje orgánico.

Capturar la vida con una cámara y algo de montar la memoria

Gilles Deleuze reinterpretaría la obra de Bergson para proponer que el cine era el único medio capaz de capturar la duración privilegiada entre dos momentos. La inmanencia tiene cortes móviles, diría. Esta inmanencia es la propia vida, y los cortes son momentos concretos que ayudan a entender cómo una vida se transforma en la duración entre ambos cortes. De ahí que, para muchos sesudos críticos, Mekas sea una especie de fetiche deleuziano. Porque su obra es pura inmanencia, una vida al completo, y En el camino, de cuando en cuando, vislumbré breves momentos de belleza el lituano es capaz de apresar la transformación de una vida – con secuencias que recogen el nacimiento de su hijo o su madurez – a partir de cortes privilegiados por el montaje. Montaje que actúa como memoria del director. De este modo la idea de intimidad cobra un sentido artístico, ya que estos diarios de la propia vida del director son una reflexión de los límites de la realidad en el cine, y cómo el montaje puede erigirse en artefacto de memoria para organizar un film en el que la vida real encuentre en la duración cinematográfica un elemento capaz de condensar la transformación de un ser humano en coordenadas fílmicas.

El valor del cine de Mekas y en general, del Nuevo Cine Americano, estriba en que su carácter experimental y vanguardista alberga una premisa muy sencilla: la sinceridad y el cine directo, sin interpretaciones o exceso de análisis. El cine de Mekas reacciona a la realidad, con su cámara Bolex graba aquello que ve y lo comenta por encima. Con frecuencia la postproducción de sus films se limita al montaje con la empalmadora, y sus obras ofrecen una espontánea variedad de encuadres, balances y composiciones debido al carácter natural e inmediato de lo que filma. El valor de su cine es ese lugar de la memoria descrito por Pierre Nora. Para el filósofo francés la memoria es un repositorio de experiencias, y el cine de Mekas vindica una memoria audiovisual organizada por el montaje de experiencias. La asimilación entre vida y film es absoluta, y los no-lugares conceptualizados por Nora como esos espacios de tránsito, se cargan de significado cuando la experiencia humana los atraviesa. Las postales de Central Park donde Mekas y su familia realizan un picnic tienen sentido no por el lugar, ya que Central Park es un no-lugar, un espacio urbano de tránsito, sino por la experiencia que tiene lugar en ese espacio.

Puede sonar complejo, pero el cine de Mekas es antecesor directo de algunos vloggers que han visto en la plasmación de su vida real a través de videoblogs una alternativa expresiva válida a otra clase de contenidos. La idea de Mekas, y la de Markopoulos, Clarke y otros abanderados de este Nuevo Cine Americano, era establecer un medio libre de censuras, independiente y con vocación moral, es decir, situado al margen de injerencias de una industria más preocupada por el capital que por el producto. Vloggers como Casey Neistat han basado su contenido en una reflexión sobre la experiencia del día a día. En el caso de Neistat sus inquietudes le han llevado a documentar décadas de su propia vida, y su archivo comprende momentos claves de su existencia. Quizá sea el heredero más directo de Mekas, porque los no-lugares de Neistat son los mismos que los de Mekas: postales de una Nueva York por la que deambula con su monopatín eléctrico. Porque ha sido capaz de construir un estilo que se ha fundido con el contenido, rompiendo la ambigua declaración del arte como mímesis de la realidad.

Los vlogs de Neistat recurren a intertítulos caseros, en forma de papeles o rótulos, y rara vez su edición los incorpora en la fase de postproducción. Interpela a la cámara, graba píldoras de rutina y todas sus colaboraciones con marcas llevan su sello, no dejándose influenciar en ninguna fase de su proceso creativo. Cuenta además con una serie que realizó junto a su hermano en HBO, The Neistat Brohters (2010), y su experiencia en el cine le llevó a producir un cortometraje de los hermanos Josh y Benny Safdie, encumbrados ahora con Good Time (2017) y que con el corto Daddy Longlegs (2009) se pusieron en el mapa de la crítica tras obtener el premio premio Independent Spirit John Cassavetes. Neistat es quizá el paradigma de cómo conciliar la vocación experimental y el aspecto mainstream al asociarse con marcas como Nike o Samsung, o desarrollar todo su contenido bajo el auspicio de una plataforma como Youtube.

El factor Neistat

Donald Bronstein, Josh Sadfie, Benny Sadfie y Casey Neistat

Pese a que todas estas injerencias comerciales podrían convertir a un creador como Casey Neistat en un influencer más o menos creativo, no hay que desdeñar su constante vocación por reinventar y marcar el camino a seguir en los vlogs. Uso de drones, de diversas cámaras que él mismo describe en detalle, dependencia constante de un archivo audiovisual que reorganiza por medio del montaje como Mekas, y ante todo una vocación por crear una comunidad de creadores independientes, son señas que lo erigen en un creador de referencia. Siguiendo la línea de Mekas con su grupo de cineastas y compañeros vanguardistas, Neistat ha alzado su voz contra Youtube, y el uso de un algoritmo poco comprendido que con frecuencia privilegia contenido en portada sin saberse exactamente el porqué. Así, el vlogger neoyorkino ha lanzado desde hace unos pocos meses una serie en formato de vlogs que narra el proceso de lanzamiento y despegue de 368, su nuevo proyecto. Un espacio situado justo debajo de su icónico estudio en el que congregará a creadores de todo tipo y condición. 368 es un proyecto colaborativo que se compone de un laboratorio de ideas con sets, decorados y espacios de gaming para dar cabida a pequeños youtubers y emprendedores que quieran dar salida a sus ideas. Una incubadora situada en los márgenes de un Youtube más obcecado desde hace tiempo en no perder a los grandes canales que migran a plataformas de streaming como Twitch debido al reparto de ingresos que de cultivar nuevo talento.

Un referente como Neistat, adscrito a una tradición de creadores que han vindicado el blog y los diary films como instrumentos para captar la creatividad contenida en atisbos de rutinaria belleza. Mekas como precursor, y el puente de los influencers y youtubers que sin quererlo o quizá siendo conscientes de ello han acercado al mainstream reflexiones artísticas y soluciones creativas propias de videoartistas y cineastas situados en la periferia de la industria del audiovisual.

Porque entre Mekas y Neistat la única distancia que les separa es el reconocimiento mediático. Y es que si bien ambos recurren a técnicas narrativas divergentes en ocasiones, el resultado es el de aprensar una vida humana, encapsularla. Mekas es directo, Neistat también pero conoce muy bien la limitada atención del espectador de Youtube. De ahí que telegrafíe acciones que va a realizar en sus vídeos para crear suspense, dramatice situaciones cotidianas –el borrado accidental del contenido de su cámara o la pérdida de un vuelo-, juegue con las expectativas del espectador, recurra a cronometrar y dramatizar episodios de su vida para crear tensión o simplemente inicie todos sus vídeos anunciando la necesidad dramática y poniendo un obstáculo que debe superar. Mekas no recurre a esas estructuras y decide que el espectador sea quien decida si entra o no en su vida. A fin de cuentas En el camino, de cuando en cuando, vislumbré breves momentos de belleza se abre con un cartel que reza “nothing happens in this film”, anticipando al espectador el resultado dramático, es decir, ninguno. Neistat también lo anuncia en cada vídeo pero consciente de la actual economía de la (no)atención decide mover emocionalmente al espectador.

El mecenazgo propuesto por Neistat en su nuevo proyecto aspira en cierta manera a reconstruir esa idea de colectivo artístico iniciado por Mekas. Un grupo que no se adscriba a ninguna empresa o marca y apueste por tendencias y exploraciones del talento surgido a partir del audiovisual y el cine moderno. Los vlogs reivindican una determinada mirada hacia la duración de la vida moderna, son ejemplos modernos del videoensayo y de las exploraciones del montaje realizadas por Mekas a lo largo de su carrera. Es cierto que quizá el espectador piense que cineastas como Richard Linklater son herederos más próximos del lituano por su condición de cineasta y no de vlogger y porque su obra cinematográfica también trata el paso del tiempo y la presencia de los no-lugares en la construcción de memorias individuales. Boyhood (2014) y la trilogía conformada por Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013) son muestras de cómo Linklater, entre otros cineastas, han refundado los postulados de los diary films de Mekas o de la perspectiva deformada de rutinas y parajes urbanos de Markopoulos para adaptarlos a una determinada estética indie. Esta estética sin embargo no alberga la inmediatez, el carácter improvisado y experimental de un vlog, y a diferencia de los vloggers que en cualquier momento pueden alzar su voz contra Youtube, Linklater y otros cineastas dependen necesariamente de una industria que fagocita nuevas tendencias para regurgitarlas en forma de modas y pautas de consumo.

De vanguardistas cineastas a vloggers con crisis juveniles

Es decir: Youtube, pese a erigirse como una enorme distribuidora audiovisual, ha sido capaz de ejercer el control en la producción audiovisual que Mekas preconizó. La plataforma de streaming ha fallado en la monetización de contenidos y en la gestión de los ingresos publicitarios, y precisamente ha sido la falta de un orden en la gestión del capital económico la que ha conducido a muchos vloggers a buscar alternativas financieras que con frecuencia conducen a colaboraciones o la financiación directa de sus suscriptores. Los youtubers, pero poniendo el foco en los vloggers, responden solo ante su audiencia, lo que quizá sea el sueño de todo cineasta. Casey Neistat y su vanguardismo formal pueden existir fuera de Youtube, pero Youtube le necesita.

La ausencia de una regulación del capital, paradójicamente, ha conducido a un estado de libertad creativa en el que la experimentación está a la orden del día y son los anunciantes los que buscan al creador, y no al revés. Esta posición de fuerza y este deseo de unión ha conducido a una comunidad de creadores que se autogestionan, que se atreven a deformar la idea de postmodernismo y a cuestionar conceptos como la intimidad o la relación con la audiencia. Ya se ha mencionado el paralelismo entre los espíritus de Mekas y Neistat, pero hay más creadores o vloggers que prueban que la verdadera vanguardia creativa se esconde en Internet, y que la idea de cine y arte experimental pasa necesariamente por olvidar ideas como la audiencia marginal o espacios de exhibición reducidos.

Las conexiones entre esta vanguardia cinematográfica de los 60 y el fenómeno de los vloggers podrían parecer aleatorias, pero responden a unas mismas coordenadas formales y a la necesidad de distanciarse de una industria audiovisual que ha embalsamado el talento y lo ha depositado en unas pocas manos privilegiadas. Aunque Neistat es el Mekas de nuestro tiempo, con sus diary films donde entran reflexiones sobre la libertad creativa e incluso reviews de productos tecnológicos, su figura no es la única a destacar como vlogger o creador de contenido que ha encontrado en la autonomía creativa un medio para generar vídeos más o menos experimentales. En España Míster Jagger lleva años creando vídeos donde el absurdo, el humor negro y la ausencia total de formalismo o linealidad narrativa dan como resultado una línea creativa caótica y personalísima. Es un ejemplo de youtuber que ha encontrado en un medio de comunicación de masas una oportunidad para desplegar un estilo que orbita alrededor de cineastas experimentales como los Hermanos Quay y bebe del Grupo Pánico para acercar a una audiencia hasta ahora habituada a devorar contenidos de Netflix y Marvel.

Venga Monjas son otro ejemplo de creadores capaces de aunar el absurdo a través de vídeos que capturan el aburrimiento y los devaneos intelectuales de dos postmodernos, contando con la colaboración de Carlos Vermut y aproximándose a la esfera de directores españoles experimentales como Velasco Broca o Miguel Ángel Blanca. No hace falta remontarse a creadores tan personales como los anteriormente citados: alguien como Mangelrogel siempre se permite el detalle de experimentar con montajes en algunos de sus vlogs más populares, introduciendo secuencias cercanas al terror o al surrealismo lynchniano, pastiches que fluctúan libremente según sus gustos del momento. Y por caprichosas que emerjan estas pautas en el montaje de sus vídeos, son al menos intentos por reformular la idea del videoblog, un formato enormemente popular pero también repetitivo debido al influjo del propio Casey Neistat o de PewdiePie, creadores que para bien o para mal marcan tendencia en la forma de montar y editar un vídeo.

Mister Jagger

Si Mekas o Markopoulos introdujeron en su obra la idea de transformación de una vida por medio de la alteración de la duración del tiempo cinematográfico, cuestionándose la idea del cine como ficción y proponiendo un cine que fuera la vida y no hablara de ella, los vloggers han convertido la intimidad de una vida real en sujeto artístico. Naturalmente, algunos con mayor éxito y profundidad que otros, y es que quizá el gran mérito de la cultura urbana actual y del nuevo star-system es que los influencers o estrellas mediáticas se muestran por primera vez tal cual son, no como deberían ser. La intimidad ya no es un concepto a desencriptar por tabloides sensacionalistas, sino el centro del foco mediático. La familia Kardashian abrió la veda de un nuevo estrellato que se atrevió a desnudar la intimidad y nos enseñó que el voyeurismo no es algo que deba reservarse a revistas del corazón. Jaden Smith tan pronto exhibe el precio de la fama en sus videoclips como muestra su lado más íntimo en el canal de Youtube de su padre. La fama y la influencia parecen estar al servicio de esa Nueva Sinceridad preconizada entre otros por David Foster Wallace. Se rompen los estereotipos del glamour y la divinidad del sujeto mediático y se reemplazan por la transparencia nihilista y por la sinceridad de influencers que no dudan en hablar abiertamente de sus depresiones y adicciones ya sea directamente o a través de su obra.

Observando breves momentos de intimidad  

Youtube ha aupado a un número de creadores que han sabido fundirse con esta redefinición de la fama y el experimentalismo del Nuevo Cine Americano, encontrando un estilo audiovisual compuesto de retazos de ambos mundos. El manifiesto firmado por Mekas pretendía proponer un cine moral, colectivo y solidario asentado en la reflexión sobre el cine como transformador de la realidad, cargando contra la industria cinematográfica y la artificialidad de las estrellas de cine. Los vloggers actuales se encuentran en una situación muy distinta, agrupados en una plataforma como Youtube incapaz de ejercer el control creativo de una major tradicional pese a las draconianas reformas en la monetización de contenido, y creando contenido que constantemente impulsa más allá las fronteras entre intimidad y contenido mediático. Las propuestas experimentales y el estilo artístico del Nuevo Cine Americano supusieron una ruptura en el paradigma narrativo del Hollywood clásico. Quizá sea muy pronto aún para afirmar que algunos vloggers puedan intentar reformular las fórmulas que hasta ahora han aupado a influencers y youtubers a la fama

Pese a ello, la labor de tipos como Casey Neistat ofrece un eco real con respecto a Mekas y prueba que es posible trasladar reflexiones artísticas hasta ahora confinadas en círculos de audiencia limitada a un espectro mediático más amplio que con el auge de esos términos tan difusos como postverdad, cultura urbana o nueva intimidad se muestra más receptivo a cuestionarlo todo. Vloggers como Piper Blush juegan con la ambigüedad sexual y el erotismo para ofrecer una mirada al voyeurismo machista a través de vídeos aparentemente inocentes, The Gabbi Show se permite reflexionar sobre relaciones tóxicas o su experiencia con un narcisista, mostrando que el nuevo concepto de fama no concibe al individuo mediático como objeto de adulación, sino como objeto de experiencia emocional.

Y es precisamente a través de fórmulas audiovisuales exploradas por videoartistas y cineastas de donde surge la capacidad de estos creadores para transformar la idea de intimidad y de curiosidad formal en vídeos de consumo masivo. Solo queda rendirse a la evidencia de que Neistat es un creador rompedor cuya vigencia se equipará a la de Mekas o que la cultura millennial no puede ser custodiada en museos, sino interpretada por otros creadores como Ter. En cualquier caso, las posibilidades actuales son infinitas, y en ningún momento debe contemplarse estos titubeos artísticos e íntimos de jóvenes creadores insertos en crisis espirituales como un sustituto de la actividad única e inigualable de cineastas como Mekas, sino como una curiosa continuación.

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