‘Elvira’ cumple 30 años como Señora de la Oscuridad

Para toda una generación, la descarada y carismática Elvira (Cassandra Peterson) es uno de los personajes femeninos más icónicos que ha dado la gran pantalla. Celebramos el treinta aniversario del estreno de su película, Elvira, Mistress of the Dark, hablando con algunos de sus protagonistas.

El personaje de Elvira surgió cuando la cadena local KHJ-TV Los Angeles puso en marcha un casting para localizar al nuevo presentador del programa Fright Night, un popular espacio televisivo en el que se exhibían películas de terror bastante cutres y que, a partir de 1981 y con la llegada de la nueva presentadora, pasaría a llamarse Movie Macabre. Cassandra Peterson decidió presentarse a las pruebas y se hizo con el papel.

Los responsables del programa le dieron libertad para crear su propio personaje —sujeto, eso sí, a las directrices de hacerlo vampiresco y vestirlo de negro—, y ella recurrió a la ayuda de su buen amigo Robert Redding, que se dedicaba al drag, para desarrollar el look y el vestido de Elvira. ¿El resultado? Una bruja-vampiresa de pechos grandes y vestido escotado. Un outfit no exento de polémica, al estar claramente inspirado en la actriz de cine Vampira -que llegó a acusar a Elvira de robar su identidad y que presentó una demanda que acabó siendo desestimada-.

Aunque al principio no tenía nada claro que la cosa fuese a funcionar, y llegó a pensar que aquello resultaba incluso ridículo, la pelirroja actriz decidió darse una oportunidad. A fin de cuentas, no le parecía sensato renunciar a los trescientos dólares semanales que en ese momento se embolsaba por este trabajo. Y no podía estar más equivocada, porque el programa se metió rápidamente al público en el bolsillo gracias a su sarcástico humor y sus ingeniosos comentarios. Tanto es así que, en un momento dado, su fama trascendió el ámbito local llegando a adquirir una dimensión nacional.

Llegar ahí no fue nada fácil para la actriz. Peterson había crecido en una pequeña ciudad del noreste de Kansas llamada Manhattan y, ya desde pequeña, se desvivía por llamar la atención de los demás. Su familia tenía una tienda de disfraces y siempre fue una loca de la fiesta de Halloween. Y tuvo claro que quería ser actriz desde que vio por primera vez Cita en Las Vegas, protagonizada por sus ídolos Elvis Presley y Ann-Margret.

La actriz, que actualmente está divorciada y tiene una hija llamada Sadie Pierson y dedicada también al mundo del espectáculo, empezó bailando en discotecas de la región de Colorado con solo catorce años. Con diecisiete, el mismo día que se graduó en el instituto, Peterson puso rumbo a Las Vegas, donde trabajó como show girl en un exigente espectáculo (con hasta tres sesiones por noche) en el famoso hotel y casino Dunes -convirtiéndose en la bailarina más joven de la historia de esa ciudad hasta ese momento, según el Libro Guinness de los récords.

A principios de los setenta, Peterson dejó Las Vegas rumbo a Italia, donde puso en marcha una banda de rock llamada I Latins Ochanats & the Snails que no duraría ni dos telediarios, y consiguió un pequeño papel en Roma, la célebre tragicomedia de Federico Fellini de 1972. Pero como a Peterson le iba la marcha, cuando volvió a Estados Unidos formó otro grupo, Mama’s Boys, junto a siete hombres gays -entre los que se encontraba su gran amigo Redding- con los que hacía espectáculos de variedades y con quienes llegó a actuar por buena parte del país.

Foto de Alan Mercer

En 1979, la actriz se unió al grupo de improvisación teatral The Groundlings, donde siempre se ha dicho que desarrolló su habilidad para la comedia como guionista e intérprete. A partir de ese momento, recibió multitud de clases de interpretación, participó en mil y una audiciones que pocas veces dieron frutos y se las apañó como pudo para ganarse la vida como actriz y bailarina. Hasta que la oportunidad de interpretar a Elvira se presentó ante ella. Fue tal la fama que adquirió el televisivo personaje -su programa fue nominado a los Emmy en la categoría de mejor espacio de televisión local, el disfraz de Halloween de Elvira se convirtió en el más vendido de 1986 y el personaje protagonizó en 1987 una campaña publicitaria de la cerveza americana Coors– que muchos fans comenzaron a pedir que se hiciera una película protagonizada por la exhuberante femme fatale.

El resultado fue la simpática comedia de terror que casi todos conocen a estas alturas. El filme, escrito por la propia Peterson con la ayuda de Sam EganJohn Paragon, y narra las aventuras de Elvira, una presentadora de televisión de un programa de terror que viaja a un pueblo de Massachusetts para recibir la herencia de su fallecida tía Morgana: una casa ruinosa, un perro y un libro de recetas. Allí, deberá hacer frente al mayor de sus retos: lidiar con un grupo de vecinos bastante puritanos.

Pero Elvira no se achanta ante ellos y se pasea orgullosa por las calles de la ficticia localidad de Fallwell en un descapotable negro apodado ‘Macabre Mobile’ (un Ford Thunderbird del 58 que aun hoy conserva -y sigue utilizando en algunas apariciones públicas-), mientras sueña con vender la casa y marcharse a Las Vegas a triunfar en el mundo del espectáculo. Su provocativo vestido y su atrevido comportamiento chocarán con el puritanismo y las rancias costumbres de la población local, que harán lo posible por echarla del lugar antes de tiempo. Eso sí, Elvira encontrará un aliado en el propietario del cine local, con quien trabajará para poner en marcha una especie de festival de cine nocturno. “[Cassandra] era una dulzura. Su aspecto de Elvira no tiene nada que ver con lo que realmente es. Destacaría cómo pasó de ser una loca divertida y genial a convertirse en Elvira… ¡la transformación fue asombrosa!”, recuerda ahora el que fuera director técnico de la película, Larry Flash Jenkins.

42 jornadas de loco rodaje

La realización de la peli fue posible gracias a cuarenta y dos largas jornadas de rodaje, que dieron comienzo en enero de 1988. Sus productores contaron entonces con un presupuesto de 7,5 millones de dólares, una cifra algo baja para los estándares de hoy día. “Fue una de las experiencias más memorables de mi carrera y, literalmente, cambió mi vida”, comenta Susan McNabb, que trabajó en la película como doble de cuerpo de Peterson, dado su asombroso parecido con la actriz. Después, además, siguió trabajando con ella como su asistente personal. “Viajar por todo el país para hacer apariciones personales fue un trabajo duro, sobre todo en el mes de octubre, cuando no teníamos ni un día libre, pero nos divertíamos”, comenta.

Foto de Susan McNabb, doble de cuerpo de Elvira.

Los responsables del filme intentaron justificar la apariencia de la protagonista al describir a Elvira como descendiente de una línea de hechiceros -su madre había tratado de salir de ese linaje casándose con un mortal, y ella era el producto de esa unión-. La razón por la que el vestido de Elvira fue cortado de esa forma y tenía el pelo tan largo por detrás fue para esconder las marcas que la actriz tenía en su cuello y hombros por las graves quemaduras que sufrió en un accidente doméstico ocurrido cuando apenas  tenía dos años, en el que se vertió encima una olla de agua hirviendo que su madre tenía puesta en el fuego.

El actor Ira Heiden, que en la peli dio vida a Bob (uno de los chavales del pueblo enamorados de Elvira), recuerda especialmente una sesión nocturna de trabajo en la calle, en la que rodaron la escena en la que un amigo y él tratan de espiar a Elvira a través de la ventana de su dormitorio, mientras fuera de la casa diluvia.  “Estábamos a 38 grados y el equipo tenía que hacer que lloviera sobre nosotros. ¡Qué frío!“, bromea.

La escena final de la película, en la que ‘la dama de las tinieblas’ logra representar su propio espectáculo nocturno en un hotel de Las Vegas, fue originalmente omitida del guion de rodaje ya que los directivos de la cadena NBC, una de las productoras de la cinta, pensaron que sería muy costoso construir el set en el que debía transcurrir. Así, la película fue rodada y editada sin esa parte, y después fue proyectada para esos ejecutivos para que decidieran si reunir más dinero o no para rodarla. Cabe señalar que el divertido baile de Elvira -en el que hace girar sus pechos decorados con pezoneras y borla ante un público totalmente entregado- fue eliminado del número musical de Las Vegas en muchos estrenos teatrales internacionales y versiones de video de la película.

McNabb recuerda vivamente todos y cada uno de los lugares en los que el equipo de la película trabajó para sacar adelante el proyecto. “Rodamos el primer día en una bolera en Montrose, California. A los pocos días, nos establecimos en el patio trasero de los estudios Burbank, lo que ahora es Warner Bros, para todos los exteriores de Fallwell. Durante tres semanas, nos quedamos a cargo de Midwest Square, y eso incluyó una semana de sesiones nocturnas. Luego, fuimos durante dos semanas a Raleigh Studios en Hollywood, para las tomas interiores”, señala. Después, dice, el equipo se tomó un descanso para editar la película, y contaron con una breve sesión de estudio para tomar algunas escenas más y agregar la del espectáculo en Las Vegas.

La cinta se estrenó en EE UU en septiembre de 1988 en 627 teatros y llegaría a España en mayo del año siguiente. Y se hizo con la idea de que fuese calificada de PG-13 -para tentar a los fanáticos adolescentes y atraer a los mayores-. Aunque el largometraje, distribuido por la desaparecida New World Pictures, no tuvo muy buena taquilla -tan solo logró recaudar 1,6 millones de dólares en su primer fin de semana en EE UU-, sí fue bien recibido por la audiencia cuando se emitió por televisión, y también cuando se editó en vídeo.

Es curioso, pero la película tampoco dejó indiferente a la crítica, y obtuvo varios reconocimientos. Así, Peterson fue nominada a mejor actriz en los Saturn Awards en 1988 (perdiendo frente a Catherine Hicks por su papel en Muñeco diabólico) y a peor actriz en la novena edición de los Premios Razzie (donde volvió a perder, esta vez frente a Liza Minnelli por sus papeles en Arthur 2: On the Rocks y Chicago). El desaparecido fundador de Playboy, Hugh Hefner, tanteó durante un tiempo a la actriz con una suculenta oferta para que apareciese en la portada de la mítica revista para adultos. Peterson se lo pensó -y llegó a adelgazar para ello después de haber dado a luz a su hija-, pero declinó la oferta después de consultar a algunos de sus seguidores, que consideraban que se perdería el carácter místico del personaje.

Rentabilizar el personaje

La película ha quedado como uno de los máximos exponentes de aquellas comedias de bajo presupuesto que un día lograron bastante popularidad y arrastraron a muchos espectadores hasta las salas de cine (sobre todo en los años ochenta) y que desaparecieron ante el apogeo y éxito de las películas independientes norteamericanas de los años noventa. “Cassandra hizo que nuestros personajes fueran más divertidos. La película tiene grandes juegos de palabras. Cuando la ves ahora, te ríes igual de fuerte que la primera vez que la viste. ¡Estoy orgulloso de ser parte de ese clásico!”, apostilla Heiden.

Muchos lo desconocen, pero Peterson, que acaba de cumplir 67 años, quiso darle otra oportunidad al personaje de Elvira en el cine y, en 2001, rodó en Rumanía y financió junto a su exmarido Mark Pierson una especie de secuela llamada Elvira’s Haunted Hills, que pasó sin pena ni gloria.

Con el tiempo, el personaje siguió creciendo y Peterson, una mujer aparentemente hábil para los negocios, supo sacarle rentabilidad. No en vano, ha conseguido ganarse la vida interpretando a Elvira desde que la película se llevó a cabo hasta hoy, con multitud de apariciones personales y bolos.  Y ha logrado tener más de trescientas variedades de productos licenciados, desde videojuegos hasta máquinas de pinball.

Cassandra canta y baila, y es una actriz maravillosa. Pero también es una brillante escritora y productora, y una empresaria inteligente. No puedes ser divertido y exitoso, y mantener una carrera de varias décadas en Hollywood, sin ser inteligente”, apostilla McNabb, que aún hoy sigue siendo amiga de la intérprete. No seré yo quien le quite un ápice de razón a su teoría.

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