Entre el bodrio y el trash involuntario: ‘Dioses de Egipto’ y otros 6 blockbusters desastrosos

La llegada a nuestras pantallas de Dioses de Egipto (2016) nos permite echar la vista atrás y seleccionar una serie de grandes producciones de Hollywood que acabaron en desastre. Películas que malbarataron de forma espurea dinero y talento. Grandes patinazos que recordamos con humor y algo de mala baba, porque aquí creemos que si es con una sonrisa en los labios, está permitido hacer leña del árbol caído.

A veces los grandes presupuestos, el talento contrastado, la buena materia prima y las mejores intenciones no sirven para llevar a buen puerto proyectos que a priori lo tenían todo para triunfar. La historia de Hollywood está llena de sonoros fracasos creativos, cimas del WTF que con el tiempo se han convertido en bodrios infumables. En fiestas orgiásticas a mayor gloria de algo tan posmoderno como el trash involuntario.

Los humanos sentimos fascinación por el fracaso ajeno. Los patinazos del vecino nos reconfortan, y más aún si son de gente con dinero o famosa. Nos gusta regodearnos en los patinazos de la ruling class, hacer leña del árbol caído con los traspiés de los millonarios. Pues bien, apliquen eso anterior al cine y tienen la justificación de este artículo. Una serie de superproducciones fallidas que dejan con el culo al aire a los grandes estudios con base en Tinseltown. Como pasa con todas las listas, nos hemos dejado unas cuantas en la recámara. Así que no descarten una segunda parte capitaneada por Super Mario Bros. (1993), Batman Forever (1995) y The Lovely Bones (2009).

Superman IV: En busca de la paz (1987)

Sí, la Cannon era una productora independiente. Ahora bien, a finales de los ochenta quiso ponerse a la altura de las grandes majors con diversos proyectos millonarios que no acabaron de funcionar en taquilla. Uno de los más desastrosos, vamos, un claro exponente de trash involuntario, fue la cuarta entrega de Superman. Protagonizada por todo el elenco de la saga original, la película dirigida por el todoterreno Sidney J. Furie era un despropósito con mensaje antinuclear incluido que presentaba unos efectos especiales de baratillo y un villano del todo a cien que parecía salido de un grupo de versiones de Def Leppard. La pelea final en la luna entre Superman y el rubiales atómico en slow motion –porque están en el espacio- es pura hilaridad. Si quieren chequear otra cima trash que estuvo a punto de acabar con la carrera de Yoram Globus y Menahem Golan no dejen escapar La manzana (1980), hilarante y kitsch musical futurista de denuncia sobre los efectos nocivos de la industria del pop.

Leyendas de pasión (1994)

Un claro ejemplo de como un director de esos que llamamos artesanos puede dilapidar su carrera en poco más de dos horas de duración. Cinco años después de la estupenda Tiempos de gloria (1989), cinta que le valió el primer Oscar a Denzel Washington, Edward Zwick quiso probar suerte otra vez con el cine oscarizable adaptando una novela original de Jim Harrison que mezclaba melodrama y western. ¿Cuál fue el resultado? Pues una película que de tan dramática y forzada causaba justo el efecto contrario del deseado: carcajadas. Ojo, aún recuerdo mi experiencia personal en un cine de Barcelona con Leyendas de pasión: toda la platea riendo salvajemente al ver a un Anthony Hopkins balbuceante y desfigurado que, tras sufrir una apoplejía, escribe con tiza en un cuaderno para comunicarse. Brad Pitt, que en esa época aún no había aprendido a actuar, también se unía a la fiesta con unas lágrimas y pucheros exageradísimos que parecían fruto de severos retortijones, y con escapadas locas en las que se iba a arrancar cabelleras con los indios para desconectar de su miserable existencia.

Campo de batalla: la Tierra (2000)

2’4 puntos en IMDB, 2’5 en Filmaffinity, un porcentaje de 11% en Rotten Tomatoes, 9 % en Metacritic, once nominaciones a los Razzies (nueve de ellos ganados)… y paro ya porque si no nos vamos a hacer daño. Este delirio sci-fi apadrinado y financiado por John Travolta partía de la novela homónima del creador de la cienciología L. Ron Hubbard, y pretendía ser la nueva La guerra de las galaxias (1977). Fijaos si lo tenían claro que, en su momento, se rumoreó que la mafiosa productora Franchise Pictures -investigada en su día por el FBI al inflar los presupuestos de algunas de sus películas- había pagado a críticos para que la compararan con Star Wars. Campo de batalla: la Tierra es la quintaesencia del trash involuntario: el maquillaje y los trajes imposibles de los extraterrestres -dos drag queens galácticos con las caras de Travolta y Forest Whitaker-, el hecho de que la mayoría de planos de la película estén inclinados en un ángulo de 45 grados –un misterio sin resolver que da al filme un aspecto alucinado-, o la historia imposible que relata: la rebelión de unos humanos asilvestrados en el año 3000 contra la raza extraterrestre de los Psychlos. Apunte importante: George Lucas y Quentin Tarantino son fans declarados de Campo de batalla: la Tierra.

El planeta de los simios (2001)

El principio del fin de nuestro idilio con el Tim Burton post-efecto 2000 y uno de los remakes más poco afortunados de la historia del cine. Vale la pena describir como salimos los críticos catalanes del pase de prensa en los cines Icaria de Barcelona años ha: nadie cruzaba miradas, nadie quería ser el primero en decir lo decepcionante que era. Durante la proyección primeras risas nerviosas y WTFs: simios jugando al baloncesto, los morritos de Estella Warren, y ese final desconcertante con Mark Wahlberg viajando en el espacio-tiempo a la Tierra y topándose con una estatua de un Abraham Lincoln simio. Para cagarse. Recuerdo estar en el cine y pensar: «seguro que mejora con los minutos, Burton no puede fallar», pero nada. El creador de Bitlechús (1988) quiso dar una visión relajada, mucho menos severa, de la novela de Pierre Boulle y de la película de Franklin J. Schaffner, y el resultado fue un hostión creativo en toda regla. Tras su estreno, Hollywood tardó diez años en retomar la franquicia.

El cazador de sueños (2003)

Si bien no es del todo cierto eso de que la mayoría de adaptaciones cinematográficas de Stephen King son decepcionantes –Brian De Palma, Stanley Kubrick y Frank Darabont aprobaron con matrícula de honor en ese cometido-, sí que aceptamos que un buen número de ellas han resultado fallidas. Uno de los patinazos más sonados fue esta adaptación de El cazador de sueños, bodrio que no vimos venir y que por eso nos dejó especialmente chafados. ¿La razón? Los aficionados al terror teníamos el hype subido. El proyecto estaba respaldado por un gran estudio, Warner Bros, y contaba con dos monstruos del cine americano, Lawrence Kasdan y William Goldman, para crear una cinta fantastique de qualitè con grandes valores de producción. Pero la cosa naufragó. La película, una mezcla absurda y sin rumbo entre terror paranormal e invasiones alienígenas, era un galimatías considerable lleno de CGI de garrafón y una parte final caricaturesca rollo que malos son los militares que te dejaba grogui y pidiendo la hora. En fin, una de las grandes decepciones de la producción fantástica de la pasada década. Un par de datos: tras El cazador de sueños, Lawrence Kasdan tardó casi diez años en volver a dirigir, y William Goldman doce en volver a escribir un guion.

Van Helsing (2004)

Lo tenía todo para molar de verdad y al final la acabamos disfrutando, sí, pero por las razones equivocadas. Stephen Sommers venía lanzado de las dos estupendas entregas de la La momia (1999, 2001), reboot en clave aventurera del clásico de terror de la Universal, así que le dieron carta blanca para crear un monster mash –quizás el más caro de la historia del cine- capitaneado por el caza vampiros que daba nombre al filme, un Hugh Jackman recién salido de X-Men 2 (2003). En Van Helsing a Sommers se le fue la mano con el humor –muy a lo Aquí huele a muerto… (¡pues yo no he sido!) (1990) -, los efectos digitales –ese hombre lobo de pega-, el tono pulp de la historia –demasiados deus ex machina-, y algunos miscastings sonados –el Drácula yé-yé de Richard Roxburgh-. Tras el desastre, el director de la reivindicable Deep rising. El misterio de las profundidades (1998) no ha vuelto a recuperar su posición de privilegio en Hollywood. Otra cosa más: tras participar en Van Helsing, Elena Anaya no ha vuelto a repetir en esto de los blockbusters. ¿Malos recuerdos?

Dioses de Egipto (2016)

Que Alex Proyas mola nadie lo pone en duda: Spirits of the Air, Gremlins of the Clouds (1989), El Cuervo (1994), Dark City (1998) y la más que reivindicable Señales del futuro (2009), le han convertido merecidamente en uno de los nombres más relevantes del fantastique moderno; un tipo capaz de aportar elementos de cosecha propia a producciones de gran envergadura. Es por eso que teníamos esperanzas depositadas en Dioses de Egipto; tenía que ser su blockbuster de autor definitivo, 140 millones de dólares invertidos en crear magia palomitera con ese toque tenebroso que tan bien sabe imprimir a sus historias. Y bien, aunque la función es hasta cierto punto disfrutable -los aires pulp y una violencia generosa que, eso sí, pierde punch debido a un indigesto horror vacui digital-, este delirio súperheroico en clave egipcia es un flop que, ojo, hace buenas a las cuestionables 300 (2006) e Immortals (2011), dos películas de las que bebe de forma descarada. Hay muchas cosas que no funcionan en Dioses de Egipto: un Geoffrey Rush como el dios Ra que parece un trasunto de Rappel, un CGI de derribo rollo Asylum personificado en un gusano gigante a lo Dune (1984) que no viene a cuento, un maniqueísmo de manual y unos Nikolaj Coster-Waldau y Gerard Butler que, a lo Iron Man (2008), se transforman con un solo click en dioses alados, armaduras brillantes incluidas. Un apunte más: Alex Proyas nació en Alexandria, la segunda capital de Egipto. Si este es su homenaje a la tierra que le vio nacer, le ha salido el tiro por la culata.

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4 comentarios

  1. E. Martín dice:

    ¡¡¡NEEEcioooosss, Richard ROXXXburg es ¡LO UUUUNICOOOOO! que mola de Van… HEL-SINNNGGG!!!

    (lease con la entonación exagerada y acento rumano de baratillo de Roxburg en Van Helsing, ovbiamente)
    (de ser posible acompañarse de tres vampiresas haciendo aspavientos exagerados)

  2. Xavi Sanchez dice:

    jaja Aún tengo pesadillas de ver al Roxburgh caminar por el techo boca abajo mientras suelta risotadaaaas!

  3. Santi dice:

    ¿Y el que ha escrito este artículo se dice crítico de cine?

  4. Xavi Sánchez dice:

    Santi, es un artículo escrito con un poco de sentido del humor, sin intención de sentar cátedra. Hay que leerlo con una sonrisa en los labios! Eso sí, en mi opinión todas las películas que salen en esta lista son unos flops considerables…

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