[Entrevista] Canales y Pellejero: “El único modo de afrontar el retorno de Corto Maltés era disfrutar haciéndolo”.

El dibujante Hugo Pratt dejó escrito que no quería que sus creaciones murieran con él, pero han tenido que pasar 20 años para que se hiciera realidad el regreso de Corto Maltés, uno de los personajes más icónicos de la historia del cómic. Tamaña responsabilidad ha caído en manos de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero, y en la charla que mantuvimos con ellos nos detallan su relación con la obra de Pratt, la complejidad de tratar con personajes de creación ajena y algunas de las claves que les han permitido salir airosos del desafío.

Corto Maltés es uno de esos personajes que, como Spirit, Tintín o el Teniente Blueberry, son símbolos del cómic en sí mismos. Protagonista de una docena de álbumes, este ambiguo aventurero del que nunca queda claro cuánto tiene de pirata y cuánto de marinero de fortuna fue creado en 1967 por el italiano Hugo Pratt (1927-1995), quien supo imprimir un concepto de la aventura que conectaba más con los universos literarios de Jack London o Joseph Conrad que con los tebeos que se habían hecho hasta entonces. Aún así, el resultado fue puro cómic, lleno de silencios, un muy especial ritmo de lectura y donde los disparos hacían «¡Crank!» y no «¡Bang!».

Con Corto Maltés la aventura se convierte en un fin en sí misma y los motivos que la impulsan se van volviendo nimios o inexistentes, porque lo que importa es el viaje y la sucesión de encuentros con personajes pintorescos o estrafalarios que, en muchos casos, existieron en la realidad. Por otro lado, su documentada base histórica, ambientada en los años que van de 1913 a 1925, no impide que en ocasiones irrumpa un sugerente simbolismo mágico o esotérico. Para los lectores de toda una generación, entre los que me cuento, la irrupción de Corto Maltés supuso descubrir que el cómic era un lenguaje mucho más poderoso y atmosférico de lo que pensábamos. Emocionantes hitos de la aventura pura como Corto Maltés en Siberia (1974), La casa dorada de Samarcanda (1980) o, ya en clave esotérica, Fábula en Venecia (1977) son buenas pruebas de ello.

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Hugo Pratt dejó abierta la posibilidad de que las aventuras de Corto Maltés prosiguieran tras su muerte. De hecho, casi se trató de una petición expresa aunque quizá, más que la generosidad, en esta cesión de sus personajes había algo de egoísmo.  Pratt sabía que su legado quedaría más resguardado del polvo si sus creaciones seguían vivas. Aún así, han tenido que pasar dos décadas para que su deseo se hiciera realidad.  En Bajo el sol de medianoche, título de la nueva aventura que acaba de editar Norma, Corto Maltés recorre Alaska y el Yukón canadiense siguiendo un encargo de Jack London, en un viaje lleno de contratiempos y personajes peculiares de esos que uno espera encontrar en un tebeo de Hugo Pratt. Los encargados de llevar a buen puerto han sido Juan Díaz Canales, el guionista de Blacksad, uno de los mayores éxitos de ventas del cómic europeo de los últimos años, y Rubén Pellejero, grandioso dibujante amplia trayectoria con títulos como Las aventuras de Dieter Lumpen, El silencio de Malka o Un poco de humo azul. Lo cierto es que les ha salido un cómic que entusiasmará a los lectores de Hugo Pratt, o al menos así ha sido en mi caso. Reconozco que durante la lectura incluso percibí la emoción del reencuentro con un personaje como Corto Maltés, y además consigue algo tan difícil como capturar la atmósfera original al mismo tiempo que mostrar el sello de sus nuevos autores, permitiendo así que Bajo el sol de medianoche sea mucho más que una obra de encargo. Pero mejor que sean ellos quienes nos lo expliquen.

El modo en que pasan las cosas

¿Cuál era vuestra relación previa con el personaje? Yo tengo un recuerdo muy claro. Mi tía tenía un kiosko y me dejaba coger tebeos prestados. Nunca le devolví La Balada del Mar Salado.

Juan Díaz Canales (JDC): ¡Qué bonito!

Me impresionó mucho.

JDC: En mi caso se trata de un vínculo afectivo muy fuerte. Conocí las historietas de Corto Maltés en las páginas de viejas revistas Tótem que heredé de mi hermano mayor. Fue un poco el momento en que me di cuenta, leyendo aquello, de que me gustaba un montón esto del cómic, que era un medio maravilloso a través del cual podías expresar prácticamente todo lo que quisieras, y además con una economía de medios importante, simplemente con un lápiz y un rotulador podías transportarte a Abisinia y a las selvas de Guatemala, o expresar sentimientos realmente elaborados. Creo que para mi Corto Maltés es eso, el momento en que me doy cuenta de que a mí me gustaría ser un autor de cómic.

En tu caso, Rubén, se percibía ya cierta influencia, especialmente en tus inicios con la serie Dieter Lumpen.

Rubén Pellejero (RP): Sí, está clarísimo, en mi caso es más fácil deducir su influencia porque en Dieter Lumpen era un referente a nivel gráfico. Al igual que Juan, también descubrí a Corto Maltés en Tótem, aunque la anterior etapa de Hugo Pratt, la argentina, no me era desconocida. Los que entonces ya trabajábamos en obras de consumo para Italia o el mercado Inglés le conocíamos; pero fue Corto Maltés lo que realmente me sorprendió, tanto por el personaje como por su manera de enfocar la aventura.

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¿Cómo nace este proyecto y cómo llegáis a él?

JDC: Llegamos un poco como pasan estas cosas, por azar. La persona que gestiona los derechos del personaje, y de toda la obra de Hugo Pratt, es Patrizia Zanotti, que durante mucho tiempo fue la editora de Blacksad en Italia. La conocía y había estado con ella en varias ocasiones, en el festival de Lucca, por ejemplo, y bueno… Hugo Pratt es un tema que sale en las conversaciones. Un buen día recibí la llamada, me propusieron continuar el personaje y claro, para mí era todo un regalo. A partir de ahí se abrió la búsqueda del dibujante y mi primera opción, y la que creo más acertada, fue Rubén, a quien ya conocía. Admiro su trabajo desde hace un montón de años y encima, como soy un tipo afortunado, podía presumir de que también éramos amigos. Se hizo una pequeña prueba para ver si aquello funcionaba, unas tres páginas cuyo resultado nos entusiasmó tanto a nosotros como a Patrizia y al resto de editores implicados, así que seguimos adelante con el proyecto.

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Rubén, Hay una cosa que me ha gustado mucho y que a la vez, conociendo tu obra, no me ha sorprendido. A ver si puedo explicarlo bien. Cuando mi mujer miró por encima las páginas de vuestro álbum me dijo: “Ostras, el dibujo es igual que los de antes”, pero luego, cuando ya me zambullí en la lectura me di cuenta de que sí, está el espíritu de Hugo Pratt, pero si miras bien y se conoce tu trabajo, de pronto es Rubén Pellejero quien está. Creo que esos dos mundos gráficos están muy bien fusionados.

RP: Sí, un poco esa era nuestra intención. En concreto, una de las condiciones que expusimos a los implicados a nivel editorial fue que nuestra autoría estuviera presente, que en ningún caso se tratara de hacer una copia. Creo que eso habría sido un error, porque una copia nunca va a superar al original, así que el componente autoral tenía que estar presente, y además eso es lo que nos ha permitido disfrutar haciéndolo, pienso que es el único modo de enfrentarse a un proyecto de este tipo. He tenido que aceptar una serie de concesiones a elementos muy pratianos que he mezclado con mi modo de ver las cosas, y siempre he sido consciente de que el lector que conoce mi trabajo va a ver mi mano y la va a ver en un porcentaje mayor que a la influencia de Pratt. Creo que se trataba más de encontrar una atmosfera, antes incluso que el perfil del propio personaje, para conseguir que luego el lector se sienta emocionalmente como si estuviera leyendo una historia de Hugo Pratt. Ese era un poco el desafío, el reto.

Cuestión de tempo

En ese aspecto lo que habéis capturado perfecto es el tempo, y eso que es algo muy especial en los tebeos de Pratt. Me preguntaba hasta qué punto ese tempo ya estaba en el guión de Juan o si fue un trabajo construido entre ambos.

RP: Si bien en otros de mis libros he reestructurado un poco el tempo, porque con cada historia funcionas de un modo diferente, si que quiero decir que en esta ocasión apenas he tocado nada, el tempo estaba muy marcado por Juan a nivel de composición. Recuerdo, por ejemplo, la escena de la lucha de Corto con Rasputín, donde estaban indicadas las seis viñetas de la pelea; otra cosa es pensar como esto puede quedar más prattiano, eso ya son cosas mías, pero no he tenido que hacer ningún añadido. ¿Juan, recuerdas si en la escena final hay algún tempo cambiado?

JDC: No, no hay mucha variación respecto a lo que era el guion base.

RP: No.

JDC: El trabajo conjunto ha sido muy fluido. Pero sobre eso que dices del tempo, que es interesante, creo que una cosa que ayuda mucho es que hemos seguido el diseño de página clásico de Corto Maltes. En la prueba previa que comentaba antes sí que había otro tipo de formato, más moderno si quieres, con viñetas verticales y cosas así, un poco como se hace actualmente en el comic europeo y americano, pero sin embargo Rubén se dio cuenta enseguida de que no, de que había que volver al formato clásico de Hugo Pratt.

RP: Discutimos qué era mejor.

JDC: Y de esta manera creo que hemos ganado mucho terreno, porque eso ya te condiciona, te va dando la medida del ritmo de lectura.

RP: Sí, no puedes hacer tantos cambios en un formato de cuatro tiras , no puedes darle más caña porque está todo muy marcado.

JDC: Tienes que ir a lo esencial, no te puedes permitir grandes golpes de efecto como una viñeta a toda página, o una viñeta panorámicavertical que te condiciona el resto de composición de la página; no, es algo mucho más clásico pero que trabaja a favor de ese tempo tan prattiano, de los silencios… De repente secuencio mucho un momento, lo alargo en el tiempo porque tienes viñetas repetidas… Creo que, lejos de ser un límite, como que le añade algo.

boceto de la pelea con Rasputín

Cuando leía pensaba que es un proyecto muy bonito pero también muy complicado… no sé, tener que plantear esas situaciones y diálogos con Rasputín, por ejemplo. Desconozco si eso es sencillo o si hay cosas más fáciles de emular que otras.

JDC: Pues fíjate que en concreto las escenas con Rasputín, frente un reto así, no sé si se puede decir que fueron sencillas pero sí las más divertidas. Lejos de suponerte un quebradero de cabeza son con las que más te diviertes. Cada vez que se encuentran Rasputín y Corto, con esas réplicas que tienen, son situaciones tan divertidas, tan estrafalarias muchas veces, que creo que incluso solo como lector uno mismo fantasea más situaciones así. En ese sentido, me lo he pasado bien y supongo que también Rubén a la hora de dibujarlas. Más que una dificultad ha sido una diversión.

RP: Es que tocas el tema de divertirse haciéndolo y pienso que en este libro eso es importantísimo, porque de no ser así hubiera quedado una historia muy forzada. Creo que Pratt se divertía. Uno de los factores que me fascina a nivel gráfico es que era un dibujante muy rápido, dibujaba como quien escribe, y la rapidez ha sido esencial para encontrar ese punto de divertimento. Tienes que reflexionar antes, pero luego en el momento en que te pones tiene que ser rápido, porque esa frescura la va a percibir el lector. Elementos que pueden parecer difíciles, como la relación con Rasputín que comentas, tanto en lo literario como en escenas de pelea entre ellos, aunque en el fondo es un juego de amigos, son pequeños matices que requieren una reflexión previa bastante importante, y así con todo el libro, pero después a la hora de dibujar tiene que parecer que está hecho sin ningún tipo de esfuerzo. Esto es muy importante para que el lector perciba esa sensación pratiana, que es lo que tenía Pratt, que era todo muy elaborado pero al estar dibujado in situ parece estar hecho en un momento.

Alaska, 1915

Una cosa que me parece muy interesante es la elección del marco geográfico y cronológico. El cronológico porque de entrada uno piensa que al tratarse de nuevas aventuras continuarán allí donde quedaron las anteriores y en cambio no es así, al contrario, os vais casi al principio, a 1915, justo después de lo narrado en La balada del mar salado. Y en lo geográfico, lo lleváis a América del Norte, un continente que si no me equivoco Corto Maltés no había visitado en historieta. ¿Cómo fue la elección de ambos marcos?

JDC: De hecho, cuando nos hicieron el encargo ya existía una pequeña sinopsis de la aventura, escrita por Lucca Romani, hermano del editor italiano. La historia estaba muy resumida pero incluía estos dos elementos, que me parecieron muy válidos. El cronológico, justo después de La balada del mar salado, tiene algo de guiño u homenaje, con el personaje regresando justo después de la primera aventura que dibujó Pratt. También había personajes recurrentes del universo pratiano, como Jack London. Por último, el entorno geográfico cumplía con todo lo que uno espera encontrar dentro de una historieta de Pratt, esa grandiosidad, esa presencia de la naturaleza casi como un personaje más. Nos pareció como muy idóneo, no estamos en el desierto, no estamos en el mar, pero sí en un espacio enorme, cubierto de nieve, que aunque no había sido visitado antes por Corto sí resultaba bastante prattiano y que está presente en Corto Maltés en Siberia o en otras obras como Jesuita Joe.

Imagino que el trabajo de documentación habrá sido mayor que con BlackSad.

JDC: Claro.

secundarios históricos Matthew Henson y Frank Slavin

En ese aspecto lo que más me llama la atención es la elección de esos personajes históricos tan poderosos y cuya existencia, de hecho, yo desconocía: la activista anti prostitución Waka Yamada, el buscador de oro ‘Klondike’ Joe Boyle, el boxeador Frank Slavin y, especialmente, el explorador negro Matthew Henson, cuya historia me parece fabulosa. ¿Fue complicado dar con ellos o, incluso, tener que descartar algunos otros?

JDC: Sí. La clave está en esto último que dices, porque hoy en día la dificultad es descartar y no tanto encontrar. Si tienes paciencia y una buena conexión a internet te puedes tirar horas y horas, te lo puedo asegurar, rebotando de unas historias fascinantes a otras. Es un recurso que no tenían autores como Pratt, de generaciones anteriores, analógicas. Toda esa búsqueda de documentación tenía que hacerse en bibliotecas y librerías. Seguro que era muy interesante pero bastante limitador porque requería un montón de tiempo, o conocer varios idiomas, por ejemplo, para acceder a libros no traducidos. Hoy en día, en cambio, con internet se abre un abanico de posibilidades infinitas, puedes ir saltando de una historia a otra y entonces el problema es justo al contrario. Tienes un exceso de información, mucha de ella muy interesante pero que por sí misma no te da para construir una buena historia. Así que la tarea es decir “bueno, estoy fascinado con este personaje pero está entrando con calzador y va a notarse mucho”. Es algo que en ocasiones sucede con algunas novelas históricas, cuya lectura te aburre pese a tratar una época que te apasiona, por ejemplo, y muchas veces se debe a que el exceso de información no construye una trama en sí, solo se trata de un alarde de erudición. Pues un poco el reto es ese, desbrozar, destilar aquello que aporta cosas, que tenga que ver con el universo del personaje y que, finalmente, interesen al lector.

Releer a Hugo Pratt

Imagino que habréis vuelto a leer todos los cómics de Corto Maltes.

JDC: Sí, claro.

Al tratarse de material con el que vais trabajar, el punto de vista de esa lectura es muy diferente ¿Habéis descubierto cosas que antes, como meros lectores, no percibíais en la obra de Pratt?

JDC: Lo q me ha sorprendido, porque no me ha pasado con otras cosas que he vuelto a leer, es que me sigue fascinando. Esa ha sido la buena noticia. Cuando empecé a releer pensé que bueno, que igual ahora ya no me parecía tan maravilloso, que quizá guardaba una imagen sublimada por haber descubierto ese mundo fabuloso siendo joven, casi adolescente. ¡Pero qué va! La magia sigue intacta y la verdad es que para mí ha sido un placer. De hecho, quería que mi relectura fuera de una manera, digamos, más técnica, en busca de datos y detalles que luego pudiera necesitar, y al final acabé sumergido como lector, hipnotizado una vez más por las historias de Corto Maltés.

RP: Por mi parte, el hecho de reencontrarme visualmente con Hugo Pratt, sabiendo que me iba a mover por su mismo universo y consciente de la dificultad que veía en su propio trabajo, ha supuesto ir redescubriendo viñetas ante las que exclamar de nuevo “¡Qué bueno era!”. Esto a nivel más artístico que literario, que de entrada es como funciono con facilidad. Entonces, todo este redescubrimiento gráfico de Pratt ha sido incluso un aliciente para mi propio trabajo, y esto es importante para mí. Ver y descubrir viñetas de otro modo, observando cómo podía hacer algo parecido, sí era más o menos difícil ir por ese camino. Este tipo de análisis ha sido una novedad porque antes lo veía como lector, o como dibujante que soy, pero de un modo mucho más lejano.

clasicos citados

En el cómic hay un momento en el que Corto promete viajar a Irlanda. No he tenido tiempo de volver a leer Las Célticas, pero de pronto pasó por mi cabeza la idea de que en ese álbum dijera que estaba en Irlanda por una promesa. No sé si habéis esparcido guiños de este tipo.

JDC:  Hay un poco de truco, efectivamente, porque sabes que el personaje viajará a Irlanda en el futuro, pero en este caso no hace referencia exacta a Las Célticas, al menos no en el sentido que señalas. Sí que hay algún guiño por ahí, digamos que para lectores que conocen muy a fondo sus aventuras. Por ejemplo, cuando Rasputín le comenta que va a una reunión de piratas, la cofradía de aventureros creo que dice, eso si sale en otra historia, en la que Rasputín le dice: “he estado en la reunión y he firmado el acta por ti, Corto”. Hay algún guiño de esos por ahí, pero hemos intentado que no sea excesivamente referencial. A Rubén y a mí no nos interesaba ese aspecto, casi de fan fatal, de llenarlo todo de guiños. Preferimos que sea algo más sutil, que el lector se encuentre con el espíritu de la serie y reconozca al personaje, pero no de una manera superficial mediante un juego de pistas, de eso hay muy poquito.

RP: Está bien que empecemos la historieta con Rasputín, pero ahí se acaba, luego seguimos con nuevos personajes y nuevas historias. Puede que sea un poco la reivindicación que nosotros hacemos, no estamos volviendo a lo mismo narrado con otro barniz diferente, no, son nuevas aventuras del personaje, nuevas vivencias, y creo que eso es lo que tiene interés, al menos para nosotros como autores.

Los clásicos siempre se abren paso

Un tema complejo es el uso de personajes ajenos, y más tras la muerte de su creador. En el cómic norteamericano los reciclan continuamente, por ejemplo, pero luego tenemos a Asterix, que tras Goscinny ya no ha sido lo mismo. O el caso de Sherlock Holmes, que se ha enriquecido con múltiples interpretaciones. Es curioso porque, aunque en realidad puede ser bueno para los personajes, hay mucho reparo y prejuicios, ya sea por cuestiones de autoría como por el típico fan que repudia el más mínimo cambio.

RP: Como te comentaba antes Juan, Hugo Pratt dejó la puerta abierta para que su personaje siguiera  viviendo. Eso nos tranquiliza porque, sabiendo que para algunos lectores puede ser intocable, fue el mismo Pratt quien lo estableció, y para nosotros fue una de las cosas más importantes para que aceptáramos continuar con el personaje.

corto maltes canales pellejero 02

¿Habrá continuidad?

JDC: Sí, ya estamos poniendo en marcha el siguiente álbum. Pero siguiendo un poco con el tema de retomar o no personajes, creo que cuando lo que tienes entre manos es Corto Maltes, que es un clásico, evitarlo es como poner puertas al mar. Pasará el tiempo y los derechos y vetos de los autores acabarán caducando, y entonces los clásicos se abren paso. Llevamos más de 2000 años contando historias de Ulises porque hay personajes e historias que nos siguen fascinando, que perviven, sobreviven a sus autores, sobreviven a las versiones malas y a las buenas, que continúan siempre vigentes porque son clásicos. Pasa con el Quijote, pasa con Sherlock Holmes y me imagino que pasará con clásicos más modernos, como algunos superhéroes. Aunque pasen muchos años, siempre habrá alguien que quiera contar una historia nueva de Batman, o la misma pero desde la perspectiva de quien la cuenta y el tiempo en que vive. Es por eso que son clásicos. Rubén y yo hemos tenido la suerte de que nos haya tocado a nosotros, pero creo que el regreso de Corto Maltés solo era una cuestión de tiempo.

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