[Entrevista] Carlos Areces: “Tengo que reconocer que a mí una peluquita y unos tacones no me sientan mal”

Imagen de Carlos Areces

Un sueño hecho realidad: he tenido la oportunidad de compartir una hora de mi vida con un hombre al que admiro muchísimo, Carlos Areces. En principio íbamos a charlar de toda su carrera artística, de música, de tebeos, de radio, de televisión… pero al final el cine se comió nuestro tiempo. Pretendí que el humor fuese el nexo de unión de todas las facetas de Areces, no quería centrarme en nada en concreto, simplemente repasar, y sobre todo, celebrar, su carrera. Pero la cabra tira al monte y se me notó que el cine es lo que más me gusta, así que no sé si conseguí mucha celebración.

Lo que sí conseguí es que me citara en su casa, y así poder descubrir un pequeño templo dedicado a la alta y baja cultura del que ya había oído hablar en varias ocasiones. Me recibió con una canción, Chip chirip, chiri, chiri, de Mayte River. Le confesé que estaba de los nervios y me invitó a sentarme en un sofá, donde tuvimos esta conversación.

Perra de Satán (PS): Cuando tú eras un niño pequeño, ¿ya tenías la vocación o el deseo de llegar a desempeñar una profesión concreta? Como ese niño que dice “yo quiero ser astronauta”.

Carlos Areces: (CA): Yo creo que sí, pero a mí las cosas demasiado aventureras, lejos de atraerme, siempre me han dado bastante respeto. Yo era un niño rancio, yo era viejoven de niño, probablemente fui uno de los primeros niños viejóvenes que hubo en el mundo, y si a mí me preguntabas qué quería ser de mayor, yo te decía que quería ser pintor. Yo era el típico niño que leyó muchísimos tebeos y empezó a dibujar muy pequeño. Desde luego lo que no quería ser era bombero, ni astronauta, ni banquero. Quería ser pintor porque yo tenía una fascinación de niño con Dalí, que me transportaba a unos mundos que me impresionaban mucho, con esas figuras derretidas, esas imágenes pertubadoras… Todo esto unido a que yo sabía que Dalí ganaba mucho dinero hizo que me sintiera atraído. Yo estaba más unido sentimentalmente al cómic, pero yo no veía ningún dibujante millonario. Sin embargo, la ampulosidad de Dalí era real. Él vivía en un castillo. Así que yo me dije “yo voy a dibujar cómics, que es lo que sé, pero voy a reservarme también la posibilidad de ser pintor para ganar pasta”. También quería ser actor. Yo decía “quiero ser dibujante, pintor y actor”. El mundillo teatral me atraía mucho.

PS: O sea que has tenido una vocación clara.

CA: Sí, pero ahora le tengo mucho respeto al teatro profesional. Cuando yo era niño preparábamos una obra y con suerte la representábamos dos o tres veces. Pero eso de estar en una obra de teatro todas las tardes, haciendo lo mismo que llevas haciendo seis meses… Dice la gente que cada experiencia es diferente, pero en mi caso probablemente sería cada vez peor, porque ya me lo sé, me aburro, lo que me estimula al principio no me estimularía al final, y me resultaría imposible mantener la misma intensidad con un teatro lleno un sábado que con un teatro un miércoles, con treinta personas.

PS: ¿Necesitas a tu público?

CA: En realidad lo que necesito es el público, pero después. A mí lo que verdaderamente me gusta es que entre mi trabajo y la puesta en escena haya una serie de filtros tales como un primer plano, una música adecuada… Yo soy del mundo audiovisual, el teatro ahora me da muchísimo respeto.

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PS: ¿Cómo te definirías ahora? ¿Qué has llegado a ser, qué es ahora mismo Carlos Areces?

CA: Yo no puedo definirme, porque sería una cosa tan pedante…

PS: Por favor, hazlo. Eso es lo que me gusta de ti.

CA: Lo sé, pero en algún momento quiero dejar esta imagen atrás. A mí cuando me dicen “actúas, dibujas, cantas…” de repente viene a mi cabeza esa frase tan manida que es “hombre del Renacimiento”, pero es muy pedante, parece que haces cosas mucho más importantes de lo que en realidad haces. Yo creo que soy un ser maravilloso, un ser de luz, como me imagino que toda la gente piensa de sí mismo menos los suicidas, pero al final son los otros los que tienen que decirlo. Para mucha gente soy un gordo apático. Yo supongo que la realidad será un punto intermedio.

PS: Gracias a Wikipedia he descubierto que tu primer trabajo en el mundo audiovisual fue como runner. ¿Qué opinas tú de los runners de hoy, los runners modernos que ahora salen todos los días a correr?

CA: Lo de correr sin un objetivo en la vida yo… yo solo correría si mi vida está en peligro. No se me ocurre otra razón necesaria para ir corriendo por la vida. Además a mí siempre me han dicho, que esto es una frase un poco cero sesenta, que el verdadero deporte es andar, no correr. Los runners tienen todo mi respeto pero a mí no me van a encontrar nunca en la San Silvestre.

PS: Yo me voy a centrar en tu carrera profesional porque tu vida personal no se conoce. No sé si es que no la tienes o simplemente no te gusta hablar de ella.

CA: (se ríe) No, no tengo. Eso es una parcela inexistente.

PS: Como integrante del grupo chanante creo que podríamos establecer un momento en el que vuestro programa lo peta, ¿pero cuándo consideras tú, personalmente, que lo has petado?

CA: Yo sé cuándo La hora chanante (2002-2005) empezó a funcionar, pero cuándo lo peté yo… Yo particularmente considero que no lo he petado todavía, por lo menos al nivel que me gustaría. No soy Antonio Banderas y estoy haciendo películas allende los mares, ni soy Javier Bardem, que tengo un reconocimiento de la crítica brutal y puedo elegir los papeles que hago. Entonces… yo estoy ahí navegando sobre las olas. Me acaba de enviar un enlace un amigo sobre el actor… que no me sabía su nombre hasta ahora, pero me sonaba de mil de series de televisión. Carlos Olalla, que está pidiendo en el metro con su madre porque no quiere volverse a subir a un escenario hasta que no rebajen el IVA cultural. Cosa que me parece de una belleza… un regalo fascinante al mundo de los actores. Una generosidad impresionante. Esto me ha hecho darme cuenta de que ninguno estamos exentos de caer en el ostracismo más absoluto. Yo aún no estoy asegurado de por vida.

PS: Pero tú trabajas sin parar, o al menos eso es lo que nos parece a nosotros.

CA: Esa es la imagen que doy, desde fuera.

PS: Siempre estás en una película, o das un concierto, un programa en la radio… Carlos Areces trabaja sin parar, y eso que no eres Hugo Silva. En el sentido de que se cree que en esta profesión solo trabajan los guapos y sexys.

CA: No, porque tienes otra gente que es tan atractiva como Hugo Silva y luego no trabaja. Hay que tener algo.

PS: ¿Y qué hay que tener para trabajar tanto?

CA: Pues mira, lo primero que hay que tener, y en dosis desmesuradas, es suerte. La combinación es suerte y perseverancia. Luego ya puedes ser guapo, atractivo, te puedes mantener… pero desde luego la suerte es primordial y la perseverancia también. Yo me he aferrado a mi papada y a todo lo que al resto de la gente le llama la comedia, para dar mis primeros pasos. Esto me puso en la trayectoria de lo que hasta ahora es mi carrera.

PS: ¿Tú te consideras un actor cómico por las circunstancias o porque realmente buscabas eso?

CA: Yo empecé por gusto, porque me sentía más cercano a la comedia, y mi vida personal está en una delgada línea entre la comedia y el drama, para eso soy bastante ciclotímico. Yo no vivo en una paz maravillosa. Yo sobrevivo gracias al cinismo en una vida que cada vez me cuesta más verle el lado positivo. [Mira hacia el infinito a través de la ventana]. Me he perdido porque me he puesto a divagar…

Imagen de Carlos Areces

PS: Ahora que lo dices, me da la sensación de que Carlos Areces no deja de ser un personaje que te has creado e incluso cuando no estás actuando, te presentas con una imagen cínica y sarcástica.

CA: Sí, hay un mínimo de eso. Siempre me ha dado repelús la gente que se desnuda completamente…

PS [Le interrumpo, porque puedo]: Pero estamos hablando de tus sentimientos, porque tu cuerpo ya lo hemos visto miles de veces.

CA: Sí, sí, porque el cuerpo es una capa muy superficial para mí. Nunca he entendido a los actores que negocian su desnudo en una película, si se impone un desnudo dramáticamente, no entiendo en qué se diferencia eso de una escena en la que tengas que apuñalar a alguien, por ejemplo. Para mí es muy superficial, pero estar en un evento y hablar de algo excesivamente serio, aunque puedes dar tu opinión de las cosas, pero tener un contacto excesivamente descarnado con el público, eso es algo que me da pavor. Yo quiero que conozcan a Carlos Areces hasta un punto, pero… por eso no tengo redes sociales. Mientras pueda mantenerme ajeno a ellas… No quiero la opinión de gente que no conozco, diariamente, en mi mundo. Y el cinismo es una defensa contra ese mundo, sí, pero la tengo tan interiorizada que yo creo que ya forma parte del verdadero Carlos Areces.

PS: ¿Y el verdadero Carlos Areces es más de falda o de pantalón?

CA: Tengo que reconocer que a mí una peluquita y unos tacones no me sientan mal. Yo creo que gracias a que me he disfrazado tanto de mujer he canalizado mi travestismo patológico, con lo cual luego en mi vida diaria puedo ir disfrazado de señor respetable. Es que si no, hubiera ido más allá y hubiera acabado como el asesino de El silencio de los corderos, ocultándome mis genitales entre los muslos y bailando frente a un espejo, mientras tengo a una chica encerrada en el sótano para hacerme un traje de mujer con su piel. Yo creo que hubiera llegado a ese extremo.

PS: ¿Y cómo se compagina esto con haber interpretado a Franco tantas veces?

CA: Cinco veces he interpretado a Franco.

PS: ¿Cómo te preparas para interpretar el personaje de Franco?

CA: Depende de la película. La primera vez que hice de Franco fue para un corto de Álex de la Iglesia en el que ni siquiera hablaba, era un corto muy surrealista que le encargó Buenafuente y que Álex aprovechó que se iba de viaje a China para grabar unas cosas. Luego hice de Franco en una TV movie que producía y protagonizaba Pepe Sancho que se llamaba Tarancón, el quinto mandamiento (2010), lo que pasa es que yo ahí tenía muy pocas frases. Yo soy de la opinión de que cuando haces un personaje histórico dentro de un contexto dramático, tampoco es conveniente en exceso recrear su voz y sus tics, porque acaba pareciendo un sketch. Como cuando Puigcorbé hizo del rey Juan Carlos, que fue criticadísimo porque a la gente le pareció que estaban viendo algo… de Martes y Trece, pero claro, qué culpa tenemos de tener “un rey que hable así” [imita, bastante bien, la voz de Juan Carlos I]. En la película No lo llames amor… llámalo X (2011) en realidad tampoco era Franco, era un actor porno que hacía de Franco en una película porno, y ahí sí le pusimos un poco de la voz, igual que en la película de Trueba [se refiere a La Reina de España, (2016)]. Trueba me lo pidió, porque yo la propuesta que llevaba era un personaje mucho más sobrio pero me dijo que no, que tratase de imitar la voz, y entonces vine a casa, me miré todos los discursos de Franco, que ya hay que tener cuajo, descubrí que hay gente que los tiene recopilados, lo cual me dio un poco de miedo [ríe], pero al mismo tiempo me vino muy bien para preparar el personaje y encima me di cuenta de que tenía un defecto al pronunciar la ese que me vino muy bien para imitar el habla de Franco, pero la película de Trueba es una comedia, y yo creo que dentro de esto tiene cabida.

PS: ¿Qué te impone a ti más a la hora de enfrentarte a un reto interpretativo: hacer de Franco o ser un chico Almodóvar?

CA: Me imponía más ser un chico Almodóvar, claro. Aunque tengo que decir que el papel que me ofreció Pedro me resultó muy cómodo. En una de las primeras reuniones que tuve con él, haciendo el casting, me dijo: “Yo quiero que seas la Chus Lampreave de esta película, quiero que transmitas al espectador qué hago aquí si yo no soy actor pero me da igual porque me lo estoy pasando muy bien”, que ciertamente me pareció una cosa clave. Me resultó fácil, pero al mismo tiempo… estás trabajando con Pedro Almodóvar, estás en una película de Pedro Almodóvar.

Imagen de Carlos Areces en 'Los amantes pasajeros'

‘Los amantes pasajeros’

PS: ¿De todos los que has interpretado, que han sido muchísimos, cuál es tu personaje favorito?

CA: Vamos a ver… [se toma su tiempo]. Es que yo favorito… A ver, el que más ha significado en mi vida es el Payaso Triste de Balada triste de trompeta (2010). Creo que es al que más le debo. Pero una cosa es en cuanto a reconocimiento y otra cosa es en cuál me he sentido más cómodo, porque el de Balada… tampoco fue una comodidad, me costó Dios y ayuda. Luego hay otros personajes que simplemente… son más sencillos, les entiendes mejor. Si es por cercanía, porque te sale de algo natural e interior… te diría el Bonico Del Tó, que no me costaba lo más mínimo. Pero la verdad es que no sé, a todos les quiero un poco.

PS: Últimamente te estamos viendo en muchos papeles de malo, ¿te gusta este rol?

CA: Yo lo disfruto un montón. El malo siempre tiene más interés. Aunque no aparezcas en cada plano, tu presencia está de fondo continuamente. Yo sé que tengo muchos recursos para la comedia, pero para mí ha sido muy satisfactorio cuando no me he enfrentado a un papel cómico, o al menos a ese tipo de comedia habitual. Yo creo que aunque Anacleto: agente secreto (2015) sea una comedia, por ejemplo, no creo que mi personaje sea cómico, por lo menos no lo jugamos así. Y en este aspecto se lo tengo que agradecer también a Borja Cobeaga por el papel de terrorista que me dio en Negociador (2014). Yo considero que Negociador es la comedia más graciosa de Cobeaga, pero digamos que es una comedia… que no era la comedia habitual, tiramos de otros recursos, de hecho era una comedia sin chistes. La gracia estaba en la incomodidad de determinadas situaciones, pero no había chistes de guión.

Imagen de Carlos Areces en 'Balada Triste de Trompeta'

‘Balada Triste de Trompeta’

PS: Voy a aprovechar la ocasión para decirte que una de las comedias de tu filmografía que a mí más me gusta es Extraterrestre (2011), a veces me da la sensación de que ese personaje que interpretas es el Carlos Areces de verdad.

CA: Yo reconozco que soy poco del método. Los actores que tratan de hacer cada personaje opuesto al anterior… hay muy pocos que sobrevivan a resultar creíbles. A mí me pasa lo contrario, que tengo que encontrar algo que me resulte familiar para poder construir un personaje que transmita credibilidad. Me gusta mucho… como le pasa a Chus Lampreave, volviendo otra vez… ese punto de que se diluya el personaje y el actor. A mí me cuesta mucho ver en pantalla a Sean Penn. ¿Por qué? Porque le veo gustándose en cada plano, le veo las costuras de actor del método, ¿sabes? Veo una intensidad demasiado autoconsciente.

PS: Para ir cerrando ya, vamos a volver al tema que se supone que iba a hilar todo esto: ¿De qué te ríes tú, qué te hace gracia?

CA: Lo que me hace gracia de morirme de la risa es, a la cabeza, las cosas que no pretenden ser graciosas, las cosas fortuitas. Me hace mucha gracia una persona que se cae de culo, un presentador que salga con un moco en la nariz a dar una noticia terrible, un terrible suceso, un desprendimiento de tierra, pero tiene un moco en la nariz. ¿Qué pasa? Que ya puede estar diciendo lo que quiera, que tú no vas a apartar la vista del moco. Ese hombre se ha preparado un texto para transmitirte una noticia terrible, pero todo se ha desenfocado, lo único que hay nítido de todo su discurso es un moco en la nariz. Eso me fascina. Lo que más gracia me hace son las cosas involuntarias, y lo descontextualizado. ¿Has visto la entrevista a Madonna de Martes y Trece? Con esa Madonna completamente desubicada, a la que evidentemente le cayeron bien, porque si no, no le permite ni la tercera parte de lo que hicieron.

PS: Permíteme una última pregunta totalmente descontextualizada, entonces: ¿por qué todos los componentes del grupo chanante antes erais feos y ahora sois guapos? ¿Es el dinero, que os ha hecho guapos?

CA: Me apasiona este tema, porque la perspectiva que tengo yo es de que seguíamos siendo feos. Me lo voy a tomar como un piropo. Conclusión: sí, el dinero nos hace guapos. El dinero no solo nos hace más guapos sino también mejores personas.

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