[Entrevista] Frank Henenlotter: “La gente piensa que como hago pelis pequeñas necesito el dinero desesperadamente”

Frank Henenlotter, responsable de algunas de las pelis más impactantes y divertidas de nuestra vida, ha pasado la suya entre salas de cine underground, hoteles chuscos y cine de guerrilla. Hablamos con el director de ¿Dónde te escondes, hermano? (1982), Brain Damage (1988) o Frankenhooker (1990) aprovechando la presentación em el Offscreen de Bruselas de sus nuevas películas.

KIKO VEGA: Ha sido uno de los invitados de lujo en esta edición de Offscreen y, además de la habitual retrospectiva, presentaba sus últimos trabajos, el documental That’s Sexploitation! (2013) y, por primera vez en Europa, su último trabajo, la comedia Chasing Bansky (2015). Antes de nada, enhorabuena por el documental de anoche. Supongo que nadie en la sala esperaba que That’s Sexploitation! fuera algo tan divertido, limpio, agradable e incluso dulce.

FRANK HENENLOTTER: Oh, genial. Entonces, incluso la gente que no ha vivido en América ha entendido el chiste, estupendo. Qué demonios, cómo no va a ser divertido ver a gente desnuda comportándose como idiotas.

KV: De verdad que es sorprendente ver algo con ese título y descubrir algo bonito.

FH: Disfruté mucho haciéndolo. ¡Yo era todo el equipo! Es realmente fácil hacer tu película cuando eres el único responsable.

KV: ¿Cuánto tiempo te llevó hacerlo?

FH: Editarlo me llevó casi un año. Dentro del documental hay varios montajes, y había que buscar la música adecuada para cada uno de ellos. Y cada vez que haces un montaje, el primer plano es muy importante, pero también el de enmedio y sobre todo el último. Pero adoro editar, puede que casi prefiera montar películas antes que rodarlas.

KV: ¿Tenías que ver las películas enteras o echabas un ojo por encima para buscar material apropiado? ¡Hay toneladas de planos!

FH: Fue más fácil de lo que parece. Llevo colaborando con Something Weird Video dieciséis años y tengo acceso a sus archivos, así que conocía las películas, conocía los fragmentos. Sabía lo que buscaba y lo que necesitaba. Lo único que no conocía son los loops, los pedazos de cortos que se veían mediante prismáticos, pero mi abuelo, Louis, miembro de honor de Something Weird, los conocía. Él seleccionó sus favoritos y me los pasó. Fue realmente más fácil de lo que pueda parecer. Lo más complicado fue no terminar con un documental de cuatro o cinco horas y dejarlo en 136 minutos.

Tampoco quería hacer nada con material de directores populares. Ya sabes, Russ Meyer, por ejemplo. ¡Todo el mundo sabe quién es! Quería material de directores que nadie conociera, no directores que hacían películas artísticas por dinero. Meyer era un gran director, más artístico que el resto de directores de género, pero era un hombre de negocios. Él pensaba “Vale, voy a hacer pelis de tetas, pero quiero sacar toda la pasta posible con ello” Prefería hablar de otros menos conocidos, como Bob Cresse.

KV: Uno piensa que podrías haber grabado una temporada entera para algún canal de televisión. ¿No pensaste en ese formato?

FH: Totalmente, y lo pensé. Por un lado tenía la posibilidad de hacer algo para la tele por cable, pero por otro me gusta que la historia cierre el círculo. Cuando empecé el proyecto no tenía ni idea de dónde terminarlo, pero a medida que iba editando material aprecié la posibilidad de redondear el montaje y dejarlo cerrado con ese cine sexual higiénico que nos devolvía a los años treinta. Ahí decidí que lo mejor era dejarlo ahí.

KV: En el documental te vemos hablando a cámara delante de una monstruosa colección de VHS, ¿es tu colección privada?

FH: ¡Una pequeña parte! (risas) No entraban todas. En esa gran habitación tengo toda mi colección ordenada por colores y tamaños. Ordenados de cualquier manera que no me facilite encontrar absolutamente nada. (risas)

KV: En Chasing Banksy no hay monstruos pero sí se aprecia cierto aire malsano. ¿Qué podemos esperar de ella?

FH: ¡Buena apreciación! No es una película exploit, no. Conozco a los chicos que hicieron esto, y es totalmente cierto (la película recrea un increíble suceso real, en el que un grupo de artistas viajan a Nueva Orleans y aprovecharse de que el graffitero Banksy dejó allí varias de sus efímeras obras tras el Katrina), incluso el final de la película sucedió realmente. Sé que muchos no lo creerán, porque es difícil, pero es cien por cien verídico. Vaya, qué difícil es hablar de ello sin hacer spoilers. Estaba convencido de hacer esta película: no hay monstruos, ni sangre, pero es una historia loca y divertida en la que no tengo espacio para mis trucos habituales. Estaba escribiendo el guión y pensaba, ¿por qué no matar a alguien en la página 25? Bueno, no tenía esa posibilidad. Pero pensaba qué haría ahí un director de cine de terror. Y, demonios, no podía hacerlo, pero la historia me daba la posibilidad de ambientar de manera un poco extraña y bizarra gran parte de la película. No quiero hacer spoilers, pero verás que hay cierta parte de mis cosas de siempre en la película. Es una comedia, pero no tiene chistes. Es una recreación de un hecho real, pero tampoco es un documental. Hay un par de momentos locos, pero no diría que es una comedia al uso. Mira por ejemplo Frankenhooker, es imposible no reírse con ella… ¡pero no es una comedia! Es bizarra y extraña, pero uno se ríe porque va muy en serio.

KV: Creo que ahí tienes la secuencia más demencial que he visto en toda mi vida. Tienes un montón de prostitutas en una habitación, tienes un super crack que todas quieren fumar y, bueno, pasa lo que pasa.

FH: Eso es lo mejor que he hecho en toda mi vida. Es el único de mis trabajos que siempre me apetece revisar. Es tan estúpida, pero hay algo excitante. Es gore, es romántica… y luego tengo ese momento explosivo, wow.

KV: Si estoy solo en casa y me apetece ver algo tuyo siempre elijo ¿Dónde te escondes, hermano? o Brain Damage, pero si tengo amigos en casa Frankenhooker es siempre un triunfo.

FH: Es una película hecha para ver con gente, desde luego.

KV: ¿Volverás al horror?

FH: Bueno, ahora mismo preparo un nuevo documental sobre el único artista del cómic que ha sido víctima de la locura de los Estados Unidos. En 1994 un dibujante de cómic fue condenado a tres años de cárcel por sus dibujos. Este chico de 22 años finalmente pasó cuatro días en prisión porque alguien decidió que sus dibujos eran “sucios y un ataque” al pueblo americano. No me importa si sus dibujos lo eran. ¡Nadie debería terminar en prisión por un dibujo! Se trataba de un fanzine, no estaba a la venta en ningún lugar público ni a la vista de cualquiera. Sólo podías leerlo si lo encargabas, y además era para adultos. El chico en cuestión aparece en Chasing Banksy, es Mike Diana.

Durante el juicio le pusieron un psicólogo que decidió que sus dibujos podrían despertar instintos psicópatas entre sus lectores. ¿En serio? ¿Con la opinión de una persona es suficiente? ¿Sin pruebas de ningún tipo? Creo que la frase que utilizaré en el póster será “El arte de una persona puede ser una obscenidad para otro”. Creo que es una buena historia que contar. Después de eso, espero poder comenzar con una película de horror como las que hacía antes, sí. Mucha sangre, criaturas y un comienzo que parece ir por una parte y de pronto, joder, ¡oh dios, qué mierda enfermiza es esta! Espero que todo vaya como quiero.

boiled angel

Portada de uno de los polémicos números de ‘Boiled Angel’ de Mike Diana.

KV: Oh, eso espero. Ya no podré dormir esta noche, qué gran noticia. ¿Echaste de menos los kilos de maquillaje en el set de Chasing Banksy?

FH: Para nada. Los efectos especiales son la cosa más desagradecida de un rodaje. No me importa lo buena que sea la gente que se encarga de ello, nunca trabajan como esperas que lo hagan. En Chasing Banksy mi efecto especial es la localización de la casa en Nueva Orleans. Esa fachada, ese interior, el vecindario… ese ha sido mi efecto especial aquí. Gabe Bartalos, mi productor lo consiguió. Con el trabajo de Gabe aquí no eché de menos nada más, no.

KV: ¿Por qué los autores que marcaron época en los ochenta no tienen un lugar ahora en la industria? Gente como John Landis o Joe Dante o sobre todo neoyorquinos de la vieja escuela como tú o William Lustig y Larry Cohen?

FH: No lo sé. Siempre he pensado que ahora es muy difícil conseguir dinero para películas como aquellas. Muchas de ellas eran explotaciones y nadie quiere gastarse tres millones en una si pueden hacer una basura de cien millones. Todas las películas que se ruedan en Hollywood son exploitations de cientos de millones. Es un mundo que no me interesa en absoluto. Lo mejor que me ha pasado es no estar conectado con esa industria. Soy muy libre de hacer lo que quiera.

KV: Me parece increíble que nadie haya intentado un remake de alguna de tus películas.

FH: Bueno, siempre ha habido alguna intención por ahí, principalmente para ¿Dónde te escondes, hermano? No necesito un remake barato, no me interesa volver a contar la misma historia con los mismos medios. El único sentido que le vería sería meter más medios y más dinero. También he tenido ofertas, hará cuatro o cinco años, de gente que debía pensar que como sigo haciendo pelis pequeñas necesitaba el dinero desesperadamente. Me hicieron una oferta muy buena para obtener todos los derechos de Basket Case y sus secuelas. “Hey, no quiero vuestro dinero ni tampoco un coche como el que lleváis. Vivo en Manhattan, adiós.

https://www.youtube.com/watch?v=wtmLKrxR6H0

KV: Eres un fanático del VHS y lo analógico. ¿Qué te parecen las ediciones en blu-ray de Frankenhooker que han hecho en Synapse o Arrow?

FH: Adoro el blu-ray, ¿estás de broma? Es un formato que me obliga a revisar películas que no necesariamente me hayan gustado hace tiempo. Hace años no había internet. Si querías ver una película ibas al cine. Tuve la suerte de vivir toda mi vida en Nueva York, y las calles estaban llenas de películas por ver y podía elegir una cada noche. Te pondré un ejemplo: cuando se estrenó Las torturas de la inquisición (1970), me pareció aburrida, no me gustó. Bien, hace nada compré el blu-ray de Arrow Video y no me podía creer estar viendo la misma película. Es increíble, es jodidamente buena. La disfrutas mucho más. Cuando vas al cine estás listo para ver una película en ese momento concreto. Cuando compras un blu-ray puedes prepararte para verla mañana por la noche. A veces incluso puedes parar al poco de comenzar porque no tengas humor para verla en ese momento. Siempre puedes volver en cualquier momento y ver la película que quieras en ropa interior. Adoro el aspecto de los blu-rays. No sé cuántas veces habré visto Ciudadano Kane (1941) o 2001: Una odisea en el espacio (1968), y cuando las repaso el blu-ray veo por primera vez, no sé… ¡la jodida textura de las alfombras! Me encantaría que en el blu-ray de Basket Case se apreciasen también esos detalles, pero por desgracia yo filmé eso (risas).

KV: Siempre has dicho que el tipo de cine que haces, que viviste, era una cuestión de actitud. ¿Volverá esa actitud algún día?

FH:  No. Bueno, no lo sé. Nadie puede predecir lo que va a pasar. ¿Realmente la edad de los VHS ha terminado? ¿Los DVD seguirán para siempre? ¿Encontraremos tiendas en las calles? No lo sé, es muy difícil saber qué es lo que volverá y en qué formato.

KV: ¿Qué opinas de las nuevas plataformas, como Netflix o el streaming?

FH: No sé nada de eso. No me interesa. Me gusta tener una caja, un libreto, un maldito disco. Me gusta lo físico. He crecido donde un póster era lo más importante a la hora de elegir una película. No sé, no me gusta no poder mirar el cartel de una película mientras la veo. Lo mismo te digo con la música en Itunes. Necesito sentirlo en la mano, buscar un sitio donde colocarlo. ¡El nuevo blu-ray de Mil gritos tiene la noche (1982) tiene un maldito puzzle sangriento! Es decir… ¡gracias!

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Agradecimientos al Offscreen, Dirk Van Extergem, Wim Castermans y Vanessa Sutour.

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