[Entrevista] Miguel Esteban: “Tengo pánico a tomarme en serio y decir chorradas”.

Tratar de hablar en serio con Miguel Esteban (Madrid, 1979), es una tarea ardua. No hay nada que le provoque mayor urticaria a este animador, guionista y cómico que el hecho de “tomarse en serio”. Conocido entre los grandes, que le admiran como modelo de conducta y de trabajo; desconocido para la gran mayoría y casi “mano en la sombra” de un gran número de series de culto, Miguel Esteban adolece de un auto-monitoreo tan clarividente como poco indulgente con su propia obra. Algo que, quizá, le haya convertido en uno de los cómicos de culto más cotizados del underground (y más escurridizos).

De estudiante de Bellas Artes a monologuista, el trabajo de este madrileño muchas veces ha sido degustado por el gran público sin que éste fuera consciente siquiera de quién era su autor. Un tipo que parece cumplir a las mil maravillas el manido estereotipo de guionista, tímido y altamente creativo, pero con alergia a determinadas exposiciones públicas. Esta entrevista, realizada a través del siempre pulcro correo electrónico, pretende arrojar luz sobre una figura que jamás debería correr el riesgo de caer en el anonimato, por mucho que él mismo lo prefiriera. A Miguel Esteban se le puede amar u odiar, pero nunca genera indiferencia.

ELENA ROSILLO: Ya eres el tercer guionista que se niega a dejarse entrevistar en persona. Al final, ¿va a resultar que es cierto el estereotipo? Estoy pensando en Adaptation

MIGUEL ESTEBAN: Joder, ya me gustaría tener el pelazo de Charlie Kaufman y el talento de Nicolas Cage. Es pánico puro a tomarte en serio y a decir chorradas. Ya me da vergüenza participar en un debate sobre comedia o algo así, pero que me hagan una entrevista, que alguien quiera entrevistarme a mí, me parece tan descabellado que pienso que sólo se trata de trampa para desenmascararme y hacerme quedar como un idiota. Ahora que lo pienso… veo de dónde puede venir ese trauma. Ernesto Sevilla le gastó esa broma a un cómico (no diré a quién pero que me parece un perfecto imbécil con aires de grandeza), le llamó y le entrevistó como si fuera una estrella del rock para dejarlo en evidencia. Y ¡vive Dios que lo consiguió!. Acabo de psicoanalizarme.

ER – Hablando de esta timidez que te caracteriza, en nuestra entrevista con Ignatius Farray éste comentaba que el formato de stand-up comedy es muy duro, que se necesita mucha seguridad para salir “desnudo” (aunque creo que tú no llegas a bajarte los pantalones) a un escenario, armado solo con un micrófono. ¿Es por esto que no te sueles prodigar como monologuista?, ¿prefieres otro tipo de formatos?, ¿en cuál te sientes más cómodo o útil?

ME – A mí me encanta actuar, y lo he hecho casi todos los días durante muchos años. El problema es que no tengo la moral para hacerlo en cualquier circunstancia. Hay cómicos que pueden actuar en cualquier situación. Yo no tengo esa energía, la tuve pero la perdí. No puedo actuar para conocidos, familia o amigos, y me deprimo automáticamente si hay un niño entre el público, o simplemente noto que el público para el que estoy actuando no tiene nada que ver conmigo, que ha ido a la actuación porque era gratis o porque pensaba encontrar un monólogo del club de la comedia. Con esa actitud, empiezas a pasarlo demasiado mal actuando en Murcia. Así que ahora actúo poquito. Sólo si voy con otros cómicos amigos o si es para Comedy Central.

ER – Siempre que veo alguno de tus monólogos, y los comparo con tus apariciones en Ilustres Ignorantes , o en otras obras como El zurullito , pienso que te estás controlando mucho, que ese texto ha debido pasar por muchas capas de auto-relectura para quedar así. Que podrías ser mucho más bestia sobre el escenario de lo que eres. Pero quizás me equivoco, o me he perdido algún monólogo esencial.

ME – No tengo ni idea… puede ser. En general odio todo lo que he hecho, pero cuanto más viejo es más lo odio. Supongo que eso que dices encaja más con mis primeros monólogos, que es un material que pagaría porque fuera destruido. En realidad, en los últimos que he grabado para Comedy, que es lo que la gente puede ver, he ido tan al límite que el departamento legal ha tenido que intervenir varias veces, me ha eliminado algunos bloque bestias y hasta he conseguido enfadar a asociaciones a las que no tenía ninguna intención de enfadar.

ER – ¿Qué hubo antes?, ¿cómo surgió en tí la vena cómica?

ME – Empecé con Borja Sumozas, compañero de Bellas Artes y nuestra primera actuación fue justo después del 11S. En ese año tenía 22 . Borja y yo estudiábamos Bellas Artes, que es un cajón de sastre de gente que no sabe muy bien lo que quiere hacer con su vida, pero que sabe que no quiere ser abogado laboral. A los dos nos gustaba el humor, amábamos a Faemino y Cansado, nos gustaba escribir y hacer el idiota. Y nos animamos mutuamente. Fue muy guay empezar con él.

ER – Denny Horror e Ignatius Farray (por citar entrevistas ya publicadas en Canino) te citan como el mejor cómico del panorama actual. ¿Cómo llevas tales elogios?

ME – Que dos de mis cómicos favoritos, de los que pueden emocionarme al verlos sobre un escenario (no hay tantos, se me ocurre también mencionar a Julián y Lorena de Canódromo Abandonado) digan eso sobre mí sólo consigue agravar mi síndrome del impostor. Algún día me pillarán y me pedirán explicaciones.

ER – Sobre El fin de la comedia, siempre mencionáis (Ignatius Farray, Raúl Navarro y tú) que la escritura del guión fue compartida y las anécdotas que aparecen son biográficas de cada uno. Sin embargo, el rostro más visible es el de Ignatius , al igual que la trama principal es biográfica para él. ¿Dónde podemos encontrarte a ti dentro de la serie?

ME – Ignatius da la cara y de qué forma. Pero realmente su personaje vive experiencias de los tres. También hay mucho de autobiográfico de Raúl y de mí. Cosas que me han pasado tal cual, cosas que me obsesionan, me perturban o me da mucho miedo que me pase. Lo de Scalextric me pasó, lo del técnico del ADSL casi, cada vez que viajaba a un pueblo tenía miedo de haberme confundido, odio la publicidad a muerte, estuve a punto de comprar la poción “limpia casa” y siento que existe un horrible machismo que hace que veamos a todas horas la historia de un chico feo que consigue a una chica guapa, a la que demuestra que el exterior es lo de menos, pero claro, la chica tiene que ser guapa, y lo intenté reflejar en la serie. No sé, ya estoy diciendo tonterías.

ER – Al contrario que ocurre con Ignatius Farray, es difícil encontrarte a ti dentro de tus propios monólogos. No sueles hablar de tu vida, o al menos nunca queda claro si estás hablando realmente de tu vida. Resulta curiosa la dicotomía creada, no solo en El fin de la comedia, sino en Todo el mundo quiere ser como Ignatius Farray . ¿Prefieres esconderte detrás de tu personaje a resultar visible? 

ME – Como te decía, no me hago responsable de nada que haya dicho o hecho hace más de una semana. Pero sí creo que en mi stand-up hay mucho autobiográfico. Lo mismo que al escribir El fin de la comedia, no son tanto cosas que me han pasado como cosas que de verdad opino y me interesan. Creo que poco a poco he ido tendiendo a eso.

ER – “Estamos luchando por hacer la segunda temporada de El fin de la comedia y también preparando una serie nueva, que también dirigiríamos Raúl y yo y que protagonizaría Ignatius, pero que sería de ciencia ficción. Es un proyectazo.” Comentabas en una entrevista. ¿Qué ha sido de ambos proyectos?

ME – Pues está todo difícil. La serie de ciencia-ficción incluso más aún. Voy a parafrasear a Jack London, ¿cómo te quedas? El viejo Jack decía que el sistema editorial funcionaba perfectamente, él mandaba sus relatos y los rechazaban. Una y otra vez. Todo el tiempo. Funcionaba como un reloj. Hasta que un día falló y le publicaron un relato. Eso nos pasó al conseguir hacer El fin de la comedia. Después de hacerla el sistema volvió a funcionar perfectamente.

ER – Creo que nunca he escrito nada que no sea cómico. Creo que viene de mi miedo a tomarme demasiado en serio (…) Algo que debería corregir es que en cuanto tengo una idea que me atrae me pongo a ella sin meditarlo demasiado y eso provoca que a veces tenga que retroceder y tirar mucho trabajo”, comentabas en otra entrevista. ¿No es, precisamente, un acto de tomarse en serio el hecho de subirse a un escenario a contar tus ocurrencias? Siempre se ha dicho que es más complicado hacer reír que hacer llorar.

ME – La frase “El humor es algo muy serio” creo que es la mayor mierda de la historia. Me gustaría sacarle los ojos y hacérselos tragar al cabrón que lo dijo por primera vez.

ER – Además de monologuista, eres animador, guionista, actor… Me resulta curioso ver que, como actor (al menos, en los cortometrajes, como Magia, que he conseguido ver online) resultas un personaje bastante dramático y serio. Esto me hace pensar que quizás tengas también un personaje en el que meterte cuando te subes a hacer monólogos, alejándote del formato confesional del stand up. ¿Tengo algo de razón?

ME – Es lo que nos pasa a los cómicos cuando actuamos, ¿sabes? El cómico triste ¿sabes? Lo que nos pasa a Bill Murray y a mí ¿entiendes? A Bill y a mí. Un poco a los dos nos pasa lo mismo. A Bill Murray y a mí.

ER – Como animador, resulta curiosa también ver la relación que has tenido (que tienes) con la música indie. Has hecho, por ejemplo, un videoclip para Tigres Leones. ¿Ha existido desde siempre esta relación entre la comedia y la música, o es algo propio también de los postmodernos malasañeros?

ME – Yo sólo puedo hablar de mi relación con Tigres Leones, es todo el indie que conozco. Son muy majos, muy listos y los quiero mucho. Me gustaría casarme con Luismi, o vivir con él en plan Chandler y Joey.

ER – “¿No sería bonito que acabara haciendo un videclip para Christina Rosenvinge ? O para Leiva, Alaska o Loquillo … ¿ Las Nancys rubias siguen en activo?” , contestabas en otra entrevista. ¿Te han llegado más propuestas?

ME – Miles de propuestas. Pero no puedo aceptarlas todas. No, es broma. Ni una puta propuesta. ¡Hago videoclips, chicos!

ER – ¿Qué música sueles escuchar tú?

ME – Sé poquísimo de música. Escucho un poco lo que cae en mis manos por casualidad. Soy tan rancio que sigo escuchando a REM, a Oasis o Blur. En general me obsesiono por alguna canción (muchas veces porque me gusta su videoclip) y la escucho en bucle hasta odiarla. Ahora eso me pasa con Novias de Lorena Álvarez y su Banda Municipal.

ER – Siguiendo con la animación, ¿qué ha sido de Monetes del espacio exterior? ¿Cómo fue escribir para niños?

ME – Mi padre es escritor e ilustrador de libros infantiles. Ya lo ha dejado pero eran mis libros favoritos de niño junto con los de Twain. Si puedes leer Diario de un elefante, Háblame del sol o Pablo Pablo en busca del sol te recomiendo que lo hagas. No me atrevo a escribir para niños porque nunca lo haría tan bien.

ER – En todos los artículos sobre ti que he leído, siempre dices que la comedia está en un estado “maravilloso”. ¿Es lo que te transmite el open mic del Picnic, en contraste con El Club de la Comedia?

ME – El Picnic está sobredimensionado. Ha sido una cosa muy casual que ahí se reúna gente de esta escena y tampoco pasa tanto. Es un bar muy guay, Eva y Adri son encantadores, actuamos ahí casi todos los miércoles y tienen Estrella Galicia a dos con cincuenta. Yo iba ahí antes de que fuera el Picnic, cuando se llamaba Tetería número 2. Siempre ha sido mi sitio favorito.

Creo que El Club de la Comedia ha hecho un daño tremendo al stand­-up en España. Llegó cuando aquí casi no se conocía e hizo pensar a la gente que se trataba de actores recitando el texto de un guionista hablando sobre diferencias entre hombres y mujeres y pequeñas observaciones ingeniosas. Creo que estaríamos mucho mejor si nunca hubiera existido.

ER – “El estado de la comedia en España es espectacular, maravilloso, pero a la televisión aún no ha llegado”. Esas son palabras tuyas.

ME – Cuando digo que hay un nivel increíble en la comedia me refiero a gente como Canódromo Abandonado, Miguel Noguera, Ignatius Farray, Querido Antonio, Botet y Pareja, Marc Crehuet, Chema García Ibarra, Raúl Navarro, Oriol Puig, Denny Horror, Iggy Rubín, Pablo Ibarburu, Diego Fabiano, Lalo Tenorio… hay gente haciendo cosas alucinantes, pero casi siempre en al margen de la industria o a las afueras.

ER – También dijiste: “Entonces, ¿compensa hacer televisión para minorías? A nivel de autor, sí, claro, porque te sientes realizado. Para tener una estabilidad económica igual es diferente”. ¿Sale rentable ser humorista a día de hoy? Sin ser Dani Rovira , y tratando de acercarse a límites diferentes dentro de la comedia. ¿Falta confianza?

ME – La verdad es que yo he tenido mucha suerte, llevo trabajando y viviendo muy bien de esto desde hace casi quince años, aunque es suerte, conozco a muchísima gente con mucho más talento que yo que tiene problemas para encontrar trabajo y es desolador. Precisamente mucha de la gente que más admiro, saca sus proyectos adelante gastándose en ellos el dinero que gana en otro sitio.

ER – ¿Por qué hay tan pocas mujeres dentro del circuito de stand up comedy?

ME – Ni idea. El heteropatriacado, ¿no? Lo digo en serio. Pero hay cómicas cojonudas. Pilar de Francisco, Lorena Iglesias… Es verdad que hay pocas. A Val Pacino la he visto poco, pero me parece que tiene una actitud alucinante.

ER – ¿No te molesta no ser más reconocido?

ME – En la medida en la que ser conocido me ayudara a sacar adelante mis proyectos, o poder hacer un bolo para trescientas personas que han venido a verme específicamente supongo que sí, que es una putada. Pero los perdedores tenemos nuestro carisma, ¿no?

ER – ¿Cómo es el proceso de trabajo en un programa como El intermedio?

ME – El Intermedio es seguramente el mejor programa de humor de la tele, y el equipo de guionistas es una acumulación de talento increíble. Pero trabajar allí es trabajar en un lugar sin ventanas durante 10­-11 horas en unas condiciones cercanas a las de las fábricas de Inditex en Camboya.

ER – Tras haberte desarrollado como guionista, animador, cómico… ya solo te queda probar con la literatura. ¿Te lo has llegado a plantear?

ME – Casi lo primero que escribí en mi vida fue una novela, tenía 18 años e increíblemente sigo teniéndola por ahí, encuadernada a canutillo. Supongo que si la releyera me daría una embolia y me ahogaría en mi propio vómito, pero me lo pasé genial escribiéndola… me tomé un año sábatico antes de entrar en la universidad y lo único que hacía era pasear a mi perrita Musi, escribir y dibujar. ¡Qué año!

ER – ¿Quieres añadir algo?

ME – Pido perdón por todo lo que he dicho. No lo decía en serio.

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