[Entrevista] Pablo Ríos: “Ante el miedo a lo que vendrá solo puedo reaccionar con humor”

La victoria de Donald Trump ha cogido con la guardia baja a todos los analistas políticos del mundo. ¿A todos? No: Pablo Ríos (Azul y pálido, Fútbol: la novela gráfica) sabía que sucedería, aunque no sea analista político, sino dibujante. Y ahora ha imaginado cómo será el primer día del nuevo presidente en Presidente Trump: Dios perdone a América.

GERARDO VILCHES (GV): ¿Cómo comienza todo, con las primeras viñetas sobre Trump que mueves por internet?

PABLO RÍOS (PR): El día 8 de noviembre fueron las elecciones, y yo tenía clarísimo que ganaba Donald Trump, lo había dicho por redes sociales. El día 9 por la mañana veo que se confirma, y muy temprano hago un chiste a boli en mi libreta. A lo largo del día voy viendo noticias, y se me ocurren algunos chistes más, que voy subiendo. Entonces hay cuatro chistes originales que apunto en mi libretita. A la gente parece que le gustan, pero es lo típico en internet… Para mí tener doscientos y pico retweets es mucho, pero no sé si es tanto. En cualquier caso, la cosa se menea y parece que hace gracia. Y, muy rápidamente, al día siguiente, me escribe Octavio Botana, el editor de Sapristi, y me dice que tiene una propuesta que hacerme; le habían hecho mucha gracia las tiras, se las había enseñado a su jefa y también le habían gustado… Y me dice que monte algo para ya [risas]. Yo me pongo al lío ese mismo día. El fin de semana pienso chistes, se los envío, y me dice que adelante, pero que hay que sacarlo para Navidad. He tenido que trabajar muy rápido y muy duro; son los tiempos que había. De todo esto podemos colegir que si hay editores dispuestos a arriesgarse, se pueden hacer cosas. El libro ha salido porque un editor lo ve claro. Es la primera vez que me ha pasado esto, y a lo mejor es la primera vez que se hace un tebeo tan rápido en la Tierra [risas].

GV: Tú siempre estás subiendo dibujos a las redes sociales, pero es la primera vez que te pasa esto.

PR: Tú sabes que si hay voluntad las cosas salen. Hace falta trabajo; si yo no hago los chistes, el libro obviamente no habría salido. Pero también es necesario que haya editores atentos, pendientes de lo que se mueve en internet y de ver dónde hay potencial. Pero eso implica que tiene que haber también autores dispuestos a trabajar con ese ritmo. Y no siempre es fácil.

GV: Tú habías hecho unos chistes sueltos, muy espontáneos, sin pensarlo demasiado. Pero en el momento en el que tienes que hacer cuarenta y seis, ¿cómo lo afrontas?

PR: Los tres tebeos que había hecho hasta ahora son muy diferentes. Para empezar, dos son escritos por Santiago García, Fútbol: la novela gráfica y El portero, y yo meto la baza justa. Tienen sentido del humor, pero no es el mío. Y Azul y pálido, mi cómic en solitario, no tiene chistes. Así que con Presidente Trump era la primera vez que me enfrentaba a hacer un tebeo de humor cien por cien. Pero sí es verdad que, como dices, en internet estoy constantemente subiendo chistes, o sea que el humor no me pilla de nuevas. Por lo demás, uno nunca sabe cómo se va a enfrentar a esto hasta que le pasa. Cuando trabajo solo, dibujo y escribo a la vez; pero ahora había que hacerlo de otra manera, necesitaba una estructura clara para poderlo hacer en las fechas que me pedían. Tenía muy claro que habría solo un escenario, también cómo sería el dibujo de Trump… Y entonces solo había que pensar los chistes. Cuarenta y seis chistes que casi salen en orden, están colocados casi como los fui pensando. Y quería que tuviera cierta estructura de libro, que no fuera una simple recopilación. Quería cierta unidad, que hubiera chistes que se continuaran en varias páginas, que hubiera referencias circulares… Había que planificarlo muy bien para luego dibujarlo todo seguido. Y la verdad es que no ha habido muchas alternativas a los chistes que aparecen publicados.

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GV: La gente que hace una viñeta de humor político en prensa diaria a veces cuenta que le cuesta encontrar un tema cada día, un chiste que funcione… En tu caso, hiciste cuarenta y seis en diez días. Habría momentos de desesperación absoluta…

PR: Claro, pero conté con amigos íntimos a los que les comenté el proyecto y les pedía ideas. Rosana, mi pareja, me aportó un chiste completo. Pero es gracioso: la gente me decía que Trump tiene un montón de chistes posibles… pero luego hay que hacerlos, no es tan sencillo. El problema es que cuando haces un libro puedes tener un chiste muy bueno que no encaje en el tono que le estás dando. También miré, previamente, centenares de chistes sobre Trump en internet, no fuera que repitiera alguno que ya existiera… Un tío con esa cara y ese pelo incita a la broma física, a reírse de su físico, y yo no quería eso, me parecía muy evidente. Encontré un montón de cartoon americano riéndose de su pelo, de la tez naranja… Para mi libro no tenía sentido. A medida que voy desarrollándolo, aunque sigue siendo Donald Trump y dice las burradas que dice el de verdad, se convierte en un zoquete tal… Yo no tengo un humor hiriente, aunque tampoco diría que soy tierno. Pero sí he intentado que cuando el personaje dice que va a bombardear algo sea porque simplemente está aburrido y es lo que se ha hecho siempre [risas]. Es más un tipo que tiene que llenar su tiempo que un malvado que quiera destruir vidas humanas. Piensa que es lo que se ha hecho siempre en esa oficina y es lo que tiene que hacer él. Chistes más serios, más trascendentes, no funcionaban en el conjunto. Pero sí: me hinché a pensar [risas].

GV: Existe el riesgo que implica la inmediatez: tú puedes ver una noticia mientras estás trabajando en el libro, y se te ocurre un chiste, pero quizás de esa noticia no se acuerde nadie al día siguiente…

PR: Hay una que puse porque me encantó… Es la de los “bad hombres“. A lo mejor ahora la gente ya lo ha olvidado, pero me pareció muy divertido que se refiriera a los mexicanos así. Fíjate cómo piensa… dentro de su speech, piensa que para agradar a la población mexicana inmigrante puede hablar en español… Pero luego dice que los mexicanos son “bad hombres” [risas]. Eso lo tenía que incluir. Pero vivimos en un mundo en el que tenemos noticias a cada minuto, y cada declaración de este señor es una barrabasada. Eso también es malo porque se nos han olvidado muchas burradas que ha dicho. Había que alejarse un poco de eso e intentar adelantarse al futuro, ya que se supone que el cómic cuenta su primer día como presidente. “Un día de furia“. Que yo creo que va a tener ese y tres o cuatro más, porque me huelo que le van a hacer un impeachment.

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GV: ¿Tú crees?

PR: Creo que es posible. Todo este asunto de Rusia y la CIA… Se está diciendo que el propio partido republicano está buscando maneras de apartarlo. El propio stablishment americano lo quiere largar, no saben cómo manejar a alguien así. Ha dicho que no quiere leer los informes de Inteligencia. Es todo ridículo. Yo no soy analista político, claro, pero es una impresión que tengo, igual que tuve la de que ganaba las elecciones.

GV: ¿Por qué estabas tan seguro de que iba a ganar?

PR: Primero, porque los demócratas lanzaron al peor candidato posible contra él, Hillary Clinton. Para empezar, porque es una mujer, y la sociedad americana, como la de todo el mundo, es una sociedad machista. Hay ciertos sectores que, tras ocho años de Obama, no estaban dispuestos a que ahora tocara una presidencia de una mujer. Simplemente por eso ya tienes a todo el sector de derechas movilizado. Y entre el partido demócrata y la izquierda Clinton no tenía muchas simpatías. Tiene un historial de colaboración activa con la monarquía saudí, una política en Oriente Medio muy desastrosa, que ha llevado a la guerra de Siria… No estaba bien vista. De hecho, fíjate cómo saltó Žižek con aquella boutade de que no se debía votar a Clinton. No tiene buena prensa, y, por otro lado, creo que no se ha reconocido el tremendo carisma que tiene Trump entre su público. Decir que no lo tiene creo que sería negar la realidad. Le puedes achacar lo que quieras: que es un mostrenco, que no está capacitado… lo que quieras. Pero tiene un punto de carisma del siglo XXI. Tiene muy claro su propio aire de triunfador. ¡Es un constructor! Un pocero 2.0. Es una figura que gusta mucho, y de hecho ha arrastrado al típico votante que no se define ni de derecha ni de izquierda. Y tenía el mejor eslogan de todos los tiempos: Make America Great Again. Ya está, solo con eso ya ha arrastrado a mucha gente. Aunque se base en una mentira, porque EE. UU. estaba bien, Obama se había acercado al pleno empleo, había puesto en marcha políticas sociales, era una época de bonanza. Pero Trump crea la ficción de que las cosas están fatal, y se beneficia de eso. Por otro lado, Obama no supo manejar unos disturbios raciales muy complicados. ¿Quién viene siempre, históricamente, a restablecer el orden? El tío blanco con dinero. Por eso lo veía tan claro. El signo de los tiempos me decía que se daban todas las circunstancias para que ganara Trump.

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GV: Te voy a meter en un jardín: ¿crees que la actitud de cierta izquierda hacia Trump y determinadas exageraciones como la de Žižek explican, en parte, la victoria de Trump?

PR: Sí. Yo en redes sociales no suelo pronunciarme porque no puedes debatir las posturas, solo aportas cuatro brochazos gruesos, y posicionarme así me parece hasta un poco indecente. Pero nunca he entendido el antiamericanismo. Puedo entender el anticolonialismo, pero hablamos de un país donde nacen los derechos sociales, las libertades sociales, que perfecciona todos los avances que se habían hecho en Europa en cuestión de luchas obreras… A veces se nos olvida el tremendo poder de los sindicatos americanos, por ejemplo. Han salvado fábricas. Uno de los enemigos de Trump ahora mismo es uno de los representantes del sector del acero de EE. UU. Desde Europa nada de eso se ha sabido leer: EE. UU. es el enemigo sempiterno. Y por eso hay tanta confusión. De Trump se ha dicho que es menos malo porque no es parte del stablishment. ¿Cómo que no? Es un millonario, se ha lucrado gracias al stablishment. Es verdad que a Clinton se la ha visto como la cónyuge de un antiguo presidente, y entiendo que eso, tras haber tenido también a un padre y un hijo [los Bush], puede cabrear a ciertos sectores. Pero creo que no se ha valorado seriamente lo que supone poner a un tipo como éste en el poder. Y me hace mucha gracia cómo cierto sector opina que con Trump no va a pasar nada. ¿Qué significa eso? Que no te va a pasar nada si eres hombre, blanco y no vives en EE. UU. Pero si te llamas Mohamed y eres de Detroit y practicante musulmán a lo mejor que gane Trump no te va a venir muy bien. O si eres una mujer transexual mexicana y vives en Orlando. Me parece alucinante la falta de empatía y de humanidad. No nos ponemos en el lugar de las minorías. Trump ha hablado siempre a la mayoría. La foto de la victoria es muy significativa: aparece solo con hombres blancos, con alguna mujer blanca… Y ya está. Ha basado su campaña en el odio visceral. Se dice que no va a estallar la Tercera Guerra Mundial. No se trata de eso. Es que hablamos de un hombre que está a favor de que haya un registro de población que practica la religión musulmana. Y ese tío ha ganado. Si piensas que no va a pasar nada te equivocas: ya ha pasado. Significa que tiene un apoyo masivo de gente que piensa que ese tipo de cosas son correctas. Incluso inmigrantes, musulmanes… Estamos entrando en un bucle de locura en el que no valen los paños calientes. Su victoria dice mucho del mundo en el que vivimos, y el libro nace del miedo. Creo que hay un humor que nace del miedo a lo desconocido, y es mi caso. Ante el miedo a lo que vendrá ahora solo puedo reaccionar con humor. Si no, ¿qué haces? Marcos Prior ha criticado el nihilismo y la inacción de cierta izquierda. Yo intento reaccionar a través del humor. Ver lo macabro en el chiste es una manera de señalar el problema. Aunque no quiero ponerme muy pesimista.

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GV: Es verdad que el humor puede ayudarnos a sobrellevar no solo lo de Trump, sino el estado de tensión permanente en el que estamos viviendo, sobre todo por la manera en la que se gestiona ahora la información. Pero ¿crees que se corre el riesgo de “banalizar el mal” usando el humor en estas situaciones?

PR: Sí, es cierto que a veces puede pasar. Hay términos absolutos, el bien y el mal, que se están dejando de lado. Y no es tan difícil pensar en ellos: hay cosas que están bien y cosas que están mal. Y hay veces que cuando se hacen chistes puedes caer en lo banal. Yo he intentado que no me pase, que los chistes te hagan pensar en la burrada real. Pero muchas veces el humor es escapista, y a mí personalmente eso no me gusta. Tampoco me gusta todo el humor negro: no creo que todo valga. Lo cual no significa que otros no lo puedan hacer. A mí me gusta creer en el estado de derecho y la justicia, aunque día a día se demuestre que es muy complicado que funcione correctamente. Quiero pensar que vivimos en una sociedad que ha asumido y reflexionado sobre todo lo que ha pasado en los siglos anteriores, aunque se demuestre que eso es falso. Que volvemos a caer en lo mismo una y otra vez, y volvemos a recurrir a la violencia constantemente. En el momento en el que dejamos de pensar en el sistema como victoria y lo vemos como grilletes algo va mal. Se ha sudado mucho para que haya elecciones como para que ahora la gente diga que no valen para nada. Frustra mucho, por supuesto, pero todos hemos accedido al juego democrático, aunque se haya instalado un permanente estado de crispación social donde la violencia se justifica. ¿Qué tiene esto que ver con Trump? Creo que la sociedad americana también está en ese punto, con manifestaciones racistas y fascistas… Supongo que el ser humano necesita guerras de vez en cuando. Si lees la prensa, hay un cierto deseo de conflicto. Se habla de una guerra entre Rusia y la OTAN con una tranquilidad alucinante.

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GV: Todo se ha convertido en sensacionalismo y clickbait, y con Trump se ha visto perfectamente: ha sido un regalo para la prensa internacional. Una fuente de noticias, pero también de fakes, que es otro de los signos de nuestro tiempo: no contrastar las cosas, retuitear sin confirmar, indignarte sin reflexionar… Además, no sé si estarás de acuerdo, Trump es una figura que incluso por su físico lo tiene todo para convertirse en icono pop. Y eso también es banalizar: lo conviertes en una figura graciosa, un meme, y lo presentas así como alguien menos peligroso de lo que es en realidad.

PR: Cuando trabajaba en el libro y hacía los chistes tan burros, pensé en eso: ¿le estoy quitando importancia a esto? Tienes que andarte con ojo, moverte en una línea delicada. En el libro hay chistes machistas y racistas, hay que ponerse en la situación, en las burradas que diría él. En cuanto al diseño del personaje, es verdad que lo fui reduciendo cada vez más hasta acercarlo al icono pop… Pero es inevitable, el personaje te llama por ahí. Para cualquiera que se dedique a lo gráfico es así: tiene ese pelo, ese cuello, las manitas pequeñas, la manera de hablar… ¿cómo no vas a imitar a ese tío? Y todo eso, efectivamente, es peligroso, porque lo puedes reducir a una figura entrañable.

GV: Pero también existe la responsabilidad del humorista: puedes hacer chistes sobre que Trump tiene la cara naranja, o hacer chistes sobre su opinión de los negros o las mujeres. Es una cuestión de compromiso.

PR: Yo tenía claro que el libro partía de una idea muy básica: ese tío no sabe qué hacer ahí, y hasta cierto punto ni siquiera quería estar ahí. Se enfrenta a una serie de cosas a las que tiene que dar respuesta, y esa respuesta es un horror. Sobre política internacional, nacional, su actitud personal… Todo eso tiene que quedar claro. Otro dibujante quizás le habría dado un tono más negro, o habría dibujado a Trump de un modo más caricaturesco… Yo lo he hecho así. Y es cierto que no podía pasar por alto que el tío es peligroso.

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GV: Creo que en internet está todo muy polarizado, tendemos al sectarismo. No sé si tú has valorado la reacción que podría suscitar tu libro en ese sentido. Hacer humor político quema mucho.

PR: Yo nunca habría pensado que haría algo como esto, en la vida. Antes, como mucho, ¿qué reacción podía llegarte? ¿Una carta al director? Pero ahora tienes de inmediato a un montón de gente en tu perfil diciéndote de todo. Pero yo creo que Trump queda lo suficientemente lejos, o es lo suficientemente paródico en sí mismo como para que la gente de derechas no se lo tome a mal. En el mismo partido republicano hay gente que no lo traga. Es tan extremo que hasta alguien muy conservador puede reírse con el libro. Yo, además, sí considero que hay gente sensata de derechas. Y, por otro lado, pienso que te puede gustar lo que hace gente ideológicamente muy lejos de ti. Seguro que hay rockeros muy de izquierdas que han escuchado a Ted Nugent toda su vida, y no pasa nada.

GV: En la nota de Sapristi para lanzar el libro citan a The New Yorker y al Perich. No sé hasta qué punto son para ti influencias conscientes.

PR: El Perich puede que no sea una influencia directa, aunque siempre me ha gustado mucho. El New Yorker es más claro. Tiene ese punto de humor… no voy a decir inteligente, porque es asqueroso decir eso [risas], pero sí tiene un punto de humor que intenta eludir la sal gruesa o el dibujo ofensivo. Se mueve en otros mecanismos y a mí me gusta muchísimo. También me gusta que no tienes que ser un dibujante especialmente dotado para publicar un chiste en el New Yorker, con pocos elementos puedes hacerlo. Forman parte de una tradición de humor judío, muy neoyorkino, que se acerca a las cosas con el descreimiento que mostraba la Escuela de Frankfurt, con el convencimiento de que el humor sirve como parapeto ante una realidad dolorosa.

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GV: La diferencia entre hacer una novela gráfica que puede tener la extensión que quieras y trabajar en un formato tan cerrado como el de Presidente Trump es enorme. ¿Te ha costado más?

PR: Es más difícil. Cuando te ciñes a un formato tan claro hay ciertas normas que no puedes eludir. Y yo mismo me puse más reglas aún: son chistes de tres viñetas, el dibujo tiene que ser siempre igual, no puede salir nadie más… Pero creo que eso también te ayuda a focalizar y centrarte. Sobre todo cuando tienes un plazo de entrega tan ajustado, te quita de la cabeza ideas que no habrían ido a ningún sitio. Las reglas te marcan un diagrama muy claro del que no te puedes salir, y eso es bueno para sacar adelante el trabajo. Piensa en toda la tradición del tebeo y el humor gráfico de toda la vida. Charles Schulz, cuando empieza a tener éxito, al preguntarle que por qué no usaba más viñetas, más espacio, contestaba, con ese calvinismo tan suyo: “A mí me contrataron para esto“. Asumía que eso era lo que tenía que hacer diariamente. Tenía una ética de trabajo que le ayudaba a cumplir.

GV: Imagínate que el cómic tiene éxito, que agotáis rápido la primera edición, y en enero te dice tu editor que hay que hacer la siguiente parte. ¿Cómo te lo tomarías?

PR: Por un lado sería complicado; el cómic está hecho ya, ha quedado así. Pero por otro lado, si lo he hecho en tan poco tiempo, a lo mejor si tengo más… Y Trump va a ser una fuente de chistes inagotable. No me cierro a hacerlo, si funciona bien, aunque es un tipo de cómic muy exigente, yo he acabado agotado, más que con Fútbol, que es el cómic más largo que he hecho. La gente está recibiendo muy bien Presidente Trump, está saliendo en prensa… Pero a lo mejor luego no pasa nada. Lo he hecho lo mejor que he podido, y se acabó.

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