[Entrevista] Sergio C. Fanjul: “Me gustaría leer el Facebook de Quevedo; sería una buena crónica de sus ‘beefs’ con Góngora”

¿Cómo y para qué utilizan las redes sociales los escritores y periodistas? Sorteando esa frontera entre lo personal y lo profesional —y la mayor o menor exposición—, ¿se puede hacer periodismo o literatura en el caralibro o el pájaro azul? Más allá de estar conectado y de compartir su trabajo, ¿de qué otro modo puede moverse un escritor en sus cuentas digitales?  Hablamos de todo ello y de las nuevas formas de hacer literatura con el escritor Sergio C. Fanjul.

Amélie Nothomb no está en las redes y se niega a usarlas, pues no quiere acabar esclavizada. Fernanda Trías reconoce moverse en ellas con desconfianza y admite sentirse a gusto solo en Instagram. Periodistas como Leila Guerriero tampoco son accesibles en la red. ¿Puede la creatividad florecer en estas comunidades?




La respuesta es un entusiasta sí. Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980), también conocido como Txe Peligro —poeta, periodista, astrofísico y cronista—, es tan hábil describiendo los pequeños detalles de los rincones de Madrid como haciendo crónicas allá donde le manden. En su cuenta de Facebook (con más de cinco mil amigos) no comparte vídeos de animales ni fotos de pies, libros, cafés o selfies, sino, principalmente, textos personales de larga extensión y temáticas variadas a los que es una delicia asomarse. La editorial Círculo de Tiza lanza La vida instantánea, prologado por Sergio del Molino: una compilación de posts del autor publicados entre enero de 2017 y enero 2018, que cosechan habitualmente decenas o incluso centenares de likes.

ROCÍO MARTÍNEZ (RM): La vida instantánea es una obra un poco rara avis… ¿Cómo la definirías brevemente?

SERGIO C. FANJUL (SF): Es un libro misceláneo de los que a mí me gustan: hay diario, hay crónica, hay columnismo, hay reportaje, hay relato de viajes, e incluso hay poesía y ficción (y autoficción, claro está); lo mejor de todo es que su escritura no me causó grandes problemas horarios porque lo escribí en Facebook, donde paso mucho rato, como todo el mundo, y así maté dos pájaros de un tiro: perder el tiempo y ganarlo.

Viñeta: Círculo de Tiza

RM: Ya que mencionas la autoficción… ¿Qué opinas de este género?

SF: Igual que dicen que no hay blanco ni negro, sino una escala de grises, soy de los que creen que no hay ficción y biografía pura y dura, solo una escala de grados de autoficción. A veces se ha visto mal el género por ser narcisista, por hablar mucho del autor, pero el autor siempre habla de sí mismo, aunque escriba novelas de supuesta ficción. Incluso los ensayos y crónicas de no ficción cada vez incluyen cada vez más a autor en primera persona. Es honesto no negarlo, y ¿qué hay de malo? Si leo es porque quiero saber cosas de la gente y por eso la gente tiene que contármelas.

RM: No sé si eres consciente de que, combinando Facebook y creatividad, has desafiado a todos esos escritores y periodistas fuera del 2.0 que afirman que el tiempo que invertimos en actualizar o repartir likes no lo usamos para escribir…

SF: A eso precisamente me refería. En vista de que las redes sociales habían conquistado vilmente buena parte de mi vida pensé que escribir en serio en Facebook sería una buena forma de darle la vuelta a la tortilla y vencer a Mark Zuckerberg y sus opiáceos cantos de sirena. Por otro lado, si uno quiere escribir y que le lean qué mejor que hacerlo en Facebook donde hay abundante público cautivo: ¡es lógico!

RM: ¿Cómo fue la transición del post de tu blog abandonado al post de Facebook? Si todo lo vintage regresa, ¿crees que volverá a ponerse de moda Blogger?

SF: Es cierto que en mi caso pasé de una cosa a otra, aunque no es exactamente lo mismo. Los blogs, en efecto, sobre todo los blogs creativos, están muertos y flotan inertes por la red como un cementerio de ballenas, como una carta desde el pasado remoto: ahora lo que se lleva son las redes sociales. Que Facebook es una cosa moribunda para ancianos también se dice, aunque no estoy tan seguro. Si miras la pirámide demográfica de España verás que la juventud lo tiene jodido en el futuro para marcar tendencia porque serán una minoría con poco dinero, pocos consumidores y precarios. Así que viva la senectud. El post de Facebook, por otro lado, es mucho más dinámico e interactivo que el post de blog, mucho más visible y móvil.

RM: Este título, La vida instantánea, tiene un no sé qué de melancólico, de efímero… y a la vez es bonito, porque nos remite a la celeridad con que podemos conectar con personas muy lejanas. ¿Qué es lo que menos te gusta de esta red?

SF: La adicción que genera; esa cantidad infinita de infinitesimales descargas de dopamina que nos mantienen enganchados constantemente. Somos yonquis sin atención y con el sistema nervioso hecho picadillo. Eso sin contar sus usos cada vez más publicitarios o el pago que le hacemos a la gran maquinaria sistémica con nuestros datos. Pero, como digo, yo me he metido ahí en plan caballo de Troya para sacar algo bueno de la red social azul oscuro.

RM: Los Recuerdos de Facebook te traen viejas memorias. ¿Los viejos textos te ayudan a escribir mejor los nuevos?

SF: Cuando uno lee lo que ha escrito antes pueden suceder dos cosas: que te parezca una mierda vergonzante (es lo más habitual, creo) o que te parezca buenísimo (lo que también provoca tristeza porque ya no volverás a escribir así). En general, leer lo anterior sí resulta útil, aunque los Recuerdos de Facebook, dada mi intensa cronofobia, me producen más bien ansiedad.

RM: ¿Cómo conectas —si es que están conectados— tus anteriores libros (Pertinaz freelance, Econopoemas…) y esta obra?

SF: De los cinco anteriores, cuatro libros son de poemas y uno de relatillos. El otro día releía los post de Facebook del libro y me daba cuenta de que en su gran mayoría son algo así como poemas en prosa, con mucho ritmo, metáfora, imagen y palabro; podrían considerarse poesía, aunque la mayor libertad estilística también permite una mayor variedad temática. En La vida instantánea hablo de gentrificación y turistificación, de amor, de barrios periféricos, del Carrefour de Lavapiés, de México, de Manuela Carmena; en fin, del universo de obsesiones del autor, que soy yo.

RM: Ejercicio creativo: elige un personaje histórico e imagina brevemente qué contaría, y cómo, en Facebook.

SF: Siempre he fantaseado con cómo sería un blog o un Facebook de un escritor, por ejemplo, del Siglo de Oro, toda la información sobre el personaje y la época que nos daría, y toda la información que estamos dejando a nuestros descendientes directos y a la sociedad venidera en su conjunto. En concreto me doy cuenta de que mis hijos, cuando los tenga y crezcan, tendrán una información formidable de su padre, cosa que nosotros no hemos tenido. Creo que me gustaría leer el Facebook de Quevedo, creo que se le daría muy bien el medio y sería una buena crónica del Madrid maloliente de la época y de sus beefs con Góngora, como los Yung Beef y C. Tangana de la época.

RM: Muchos periodistas están más enganchados a Twitter por aquello de la inmediatez y los TT. Me da la sensación de que no te gusta tanto esa red. ¿Es la limitación de caracteres una razón?

SF: Sí, la limitación de caracteres es una razón fundamental, porque me gusta escribir más largo. Por cierto, cuando dije que iba a escribir cosas largas en Facebook algunos amigos me decían que nadie lo iba a leer, pero hete aquí que sí lo leen y que cada vez hay más gente que escribe largo. Twitter, además, es muy feo; cuando lo miro me parece que estoy viendo un programa escrito en C++ o algo así y me recuerda a la facultad de Ciencias Físicas, donde hacíamos esas cosas (me refiero a programar, no a estar en Twitter). Y luego está la bronca constante, mayor aún que en Facebook. Empezar a escribir en Facebook también tenía que ver con ofrecer algo valioso (¡y gratis!) en mitad de ese barrizal.

RM: Por encima de la heterogeneidad de temas de esta compilación has escrito mucho sobre Madrid y en tu columna, Bocata de calamares, hablas de barrios, grasabares, la M-30… ¿Está justificado el amor de James Rhodes a la Villa?

SF: Me interesa mucho todo lo relacionado con la ciudad, la ciudad en general y Madrid en particular, que es donde vivo. Y de eso hablo en la columna, que me llena de satisfacción semanal. La ciudad me preocupa porque es un modelo en crisis, que está en peligro de extinción tal y como la conocemos, víctima de la voracidad inmobiliaria y turística, víctima del modelo económico. Me fijo mucho en las cosas que desaparecen, como los grasabares, el comercio tradicional y las desigualdades sociales que se nos escamotean. Me pasé todo el verano paseando y escribiendo sobre los distritos de Madrid para los Veranos de la Villa del Ayuntamiento y fue una experiencia reveladora. James Rhodes me enternece, de hecho, le he visto pasear con su pareja por ahí, muy feliz. A la gente le solivianta su optimismo, yo creo que ya lo hace de coña, como un personaje que se ha creado, el guiri inocente, lo contrario de Pepito Grillo. En Twitter es gracioso.

James Rhodes, con manuela Carmena. Foto: madrid.es

RM: ¿De qué modo, en tu opinión, están influyendo las redes sociales en la literatura moderna?

SF: Quizás la centralidad del yo que ha surgido en las redes sociales haya contribuido al fenómeno de la autoficción. Mucho de lo que se escribe en las redes sociales es autoficción pura y dura, sobre todo en lo referente a deliciosos desayunos y fiestas de viejos amigos. También en el interés por el periodismo y la no ficción, que es lo que se comparte en las redes.

RM: ¿Qué libros has leído últimamente?

SF: Sobre todo libros sobre la ciudad y sobre caminar: Walkscapes de Francesco Careri, Wanderlust de Rebecca Solnitt, Madrid ¿la suma de todos? y El mercado contra la ciudad del Observatorio Metropolitano, En los senderos de Robert Moor, Vanishing New York de Jeremiah Moss, o Keep walking intently de Lori Waxman.

RM: ¿Te gustan especialmente los cronistas? ¿A quiénes destacas entre tus favoritos?

RM: Leo muy poca novela, sobre todo leo ensayo y poesía, que además queda muy bien decirlo. Es como si las series de Netflix supliesen mi interés por la ficción escrita. El cronismo, sea eso lo que sea, claro que me gusta: Martín Caparrós, Emmanuel Carrère, Alma Guillermoprieto, Leila Guerriero, John Lee Anderson… Entre los clásicos del columnismo de toda la vida me gustan Paco Umbral y Julio Camba, como a todo el mundo.

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