[Entrevista] Simon Hanselmann: “La vida en Tasmania consiste en pillar drogas e irse a una casa a ver la tele”

Una bruja, un gato y un búho protagonizan el retrato agónico y desencantado de la juventud contemporánea. Megg, Mogg & Búho es la penúltima sensación del cómic alternativo, un compendio autobiográfico de sexo pocho, maratones de series, bromas autodestructivas, centros comerciales de extrarradio, alcohol y estupefacientes que Simon Hanselmann envuelve en humor incómodo y descarnado. Aprovechamos la aparición de un integral con todo lo publicado hasta la fecha para hablar con este australiano aficionado al travestismo.

Los geniales Looney Tunes de la Warner popularizaron al Demonio de Tasmania como torbellino de caos y destrucción, pero el marsupial autóctono en que se inspira está hoy en peligro de extinción. En cierta forma, el contraste entre las dos únicas cosas que, probablemente, conocemos de la isla australiana es el mismo que enfrenta la furia juvenil del punk a la desidia vital de los protagonistas de Megg, Mogg & Búho. Megg es una bruja que se regodea en la depresión y la apatía; su novio Mogg, un gato pragmático y egoísta, vive obsesionado por el sexo oral. Ambos comparten piso con Búho, objeto constante de humillaciones ante las que es incapaz de poner distancia, aunque podría. A los tres protagonistas se suma un grupo de secundarios donde destaca la personalidad autodestructiva de Hombre Lobo Jones.

Pese al aspecto gráfico de los personajes, lo narrado en las historietas es en su mayor parte autobiográfico; también desolador como crónica de un grupo de jóvenes cuyo objetivo en la vida consiste en pillar drogas y plantarse en el sofá para mirar series de televisión, deambular sin rumbo por centros comerciales de extrarradio o gastarse bromas crueles. Su autor es Simon Hanselmann (Launceston, Tasmania; Australia, 1981) y no parece que su infancia fuera muy feliz, hijo de una toxicómana y de un motero que no tardó en abandonarles. Quizá eso explique el incómodo humor que destilan unos cómics que empezó publicando en Tumbrl y que hoy le han convertido en una de las revelaciones del cómic alternativo hijo, nieto ya, del underground.

01 temporada

Cuando Simon Hanselmann visitó nuestro país hace unos meses, pudimos comprobar que está en la antítesi de Cocodrilo Dundee y su icónica virilidad australiana, entre otras cosas por su afición a vestir ropa femenina en sus apariciones públicas: blusa, minifalda, tacón alto, medias de rejilla y labios pintados de rojo carmín que estampa con un beso sobre sus cómics, colofón de las muchas dedicatorias que firmó por aquí. Vino invitado por Fulgencio Pimentel, la editorial que aquí le publica y que acaba de reunir en un único volumen, Megg & Mogg. La 1ª temporada completa, lo publicado en Hechizo Total (2014) y Bahía de San Búho (2015). Una oportunidad perfecta para  charlar con Simon Hanselmann del componente autobiográfico de sus historietas, el extraño humor que destilan, travestismo australiano, proyectos futuros, y, por supuesto, de sexo, drogas y rock’n’roll.

Daniel Ausente (DA): Tus historietas me provocan un dilema importante: me río mucho pero no sé si es lo correcto.

Simon Hanselmann (SH): No siempre es lo más correcto, en ocasiones incluso es algo bastante horrible.

DA: Aunque  no lo parezca por el aspecto gráfico de tus personajes, Megg, Mogg & Buho tiene mucho de autobiográfico.

SH: El 90% de lo que aparece en mis cómics es autobiográfico, como mínimo; incluso esa escena en que un personaje utiliza un rallador de queso sobre sus testículos; eso lo hizo un amigo mío y… bueno… así es Tasmania.

DA: He tenido amigos que eran igual de autodestructivos.

SH: Hay mucha gente así, supongo que por eso es una de mis historietas más populares.

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DA: ¿Se pueda hacer un cómic de contenido realista con una bruja, un gato, un búho y un hombre lobo?

SH: Conseguirlo tiene mucho que ver con el ritmo y por eso dejo que la historia respire y hago uso de los silencios. También influye que mis personajes tienen un dibujo muy sencillo y eso facilita proyectarse en ellos. Creo que en cómic cuanto más simple, mejor.

DA: Al convertir algunos personajes en animales provocas que las escenas de sexo se puedan interpretar como zoofilia.

SH: Hay quien se ha cabreado por eso y me ha dicho que no puedo enseñar un gato lamiendo el sexo de una chica, cuando la verdad es que da igual, no es relevante, tan solo se trata de dos personajes que están enamorados y él es bajito, peludo y con bigote.

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DA: También es cierto que las escenas sexuales de tus cómics no son precisamente eróticas, al contrario, se trata de sexo triste y pocho.

SH: Me interesa mucho la parte jodida del sexo, en especial los sentimientos chungos o depresivos que pueden aparecer después. No estoy tratando de hacer pornografía, para eso tengo un nuevo proyecto junto a mi amigo HTML Flowers que nos ha encargado la editorial francesa Les Requins Marteaux. Estamos encantados y queremos hacer porno duro, pero duro de verdad.

DA: Por otro lado, al diseñar tus personajes como un gato y una bruja te inspiraste en una serie de libros infantiles bastante popular entre los lectores de habla inglesa. No sé si has tenido algún problema por eso.

SH: Sé que tarde o temprano me dirán algo, y me preocupa que algún día me demanden. De hecho, he conocido al nieto del autor, que ya está muy mayor y al parecer no se entera de nada, y de momento no hay problemas; pero ya veremos.

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DA: Si el punk popularizó el lema generacional de “Sexo, drogas y rock and roll” ¿el de la generación que describes sería “Sofá, drogas y series de televisión”?

SH: No creo que se trate de algo generacional, es la vida que llevábamos viviendo en un pueblo pequeño, y que en general consistía en pillar drogas e irnos a una casa a reírnos viendo la tele.

DA: Eso incluía tragarse maratones de iCarly.

SH: Es que esas chicas son tremendas y nosotros llegamos a unos niveles elevados de podredumbre.

DA: Hiciste pública tu afición a vestir ropa de mujer nada menos que en The Comic Journal, la revista de cómic con más prestigio.

SH: Bueno, en realidad no fue una cosa voluntaria. El periodista me preguntó por las fotos que subo a internet vestido de bruja, como Megg, si me apetecía hablar de eso y tal y en ese momento pensé que bueno, pues hablemos de ello. De todas formas, siendo honesto, también se trata de una buena publicidad para mis libros.

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DA: Verte vestido de mujer, y en concreto disfrazado de bruja, hace inevitable pensar que la Megg del cómic eres tú.

SH: Sí, claro, es que se trata de un cómic autobiográfico. De todas formas, yo me veo en todos los personajes y también reconozco diferentes aspectos de mi personalidad en Buho o en Werewolf Jones .

DA: Moco es otro personaje travestido,  en este caso también transexual.

SH: Es que pasé por una etapa en la que me aficioné mucho a los realities sobre drag queens, hasta que descubrí que me gustaba.

DA: Es algo que llama la atención porque, gracias al cine sobre todo, la imagen que tenemos de Australia es la de Mad Max o Cocodrilo Dundee, es decir, un país de virilidad extrema.

SH: Es verdad, allí son todos muy machotes. He tenido problemas por ello y me han querido pegar en varias ocasiones. Es una mierda porque hay un peligro real, aún más en Tasmania, donde la transexualidad fue ilegal hasta hace poco, 1992, y se sigue viendo como algo negativo.

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DA: Mi personaje favorito del cómic es Búho, y me provoca una sensación extraña sentir tanta empatía con alguien que es objeto constante de todo tipo de humillaciones.

SH: Le pasa a mucha gente. Búho se ha convertido en un personaje muy popular. Supongo que forma parte de mi trabajo intentar que la gente sienta cosas por mis personajes, incluso cuando les suceden cosas horribles.

DA: Es curioso porque, por otro lado, Búho es el único de la pandilla que al margen del grupo disfruta de una vida más rica: liga con chicas, tiene aficiones creativas. Podría abandonarlos y ser más feliz.

SH: Sí, es verdad, no quería hacer el típico personaje llorica porque en realidad la vida es así, la gente de verdad tiene este tipo de paradojas y contradicciones. Búho podría tener otra vida, pero siempre acaba volviendo con ellos para drogarse, aunque le hagan putadas. Luego, que el personaje tenga sus ligues, bueno, es que follar no es tan difícil, incluso siendo alguien como Búho se puede.

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DA: Siguiendo con Búho, la conclusión de Bahía de San Búho tiene algo liberador y catártico, y como historieta final funciona de modo similar a la de Werewolf Jones en Hechizo total.

SH: Sí, quise hacerlo, y en las próximas historias le veremos llevar una vida normal, trabajando en la oficina, dejándose bigote, pero siempre tiende a volver con ellos sin saber muy bien por qué,  y eso es algo muy jodido. Le gusta la vida que lleva con ellos,  estar ahí tomando drogas, aunque sea una mierda.

DA: En tus historietas haces referencias musicales muy variadas, como Kate Bush, Slayer o Wu Tang Clan, cuando resulta que lo que te gusta realmente es el noise punk.

SH: Si, me gusta la escena noise punk y yo mismo toco en bandas ruidosas de mierda.

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DA: En el cómic a quien vemos tocar en directo es a Búho, pero como cantautor folk.

SH: Lo que sucede en esa historieta también es autobiográfico. Uno de mis amigos tocó en directo y nos pusimos delante para tirarle cosas, subimos al escenario para robarle la bebida. Le jodimos la actuación. Así es Tasmania.

DA: Vamos, el tipo de cosas que hacen los amigos de verdad.

SH: Unos cabrones.

DA: Te he visto cantando en un vídeo de la banda Secret Valley.

SH: Soy muy amigo de ellos. En realidad no soy yo el que canta, solo salgo haciendo playback. El tema está en que después de salir en el video hay mucha gente que se piensa que formo parte del grupo, pero no es así.

DA: Por alguna extraña razón establezco un vínculo entre tus cómics y algunas series de animación contemporáneas como Hora de Aventuras o Historias corrientes.

SH: Sí, así es, especialmente con la segunda. Tengo muchos amigos trabajando en esas series, pero no se trata sólo de una corriente similar, lo que pasa es que Megg, Mogg & Búho es anterior y…  joder… es que me han fusilado cosas. En Hora de Aventuras hay un personaje con una nariz idéntica a la de Megg. Es la primera vez que me quejo de esto, pero no pasa nada, cuando tenga mi propia serie de televisión los echaré a todos del negocio.

DA: ¿Habrá serie de Megg, Mogg & Búho o solo es un deseo?

SH: No puedo decir nada aún, pero el interés existe. Cuando dije en una entrevista que me gustaría hacer una serie, me llamaron de una productora. El proyecto está sobre la mesa e incluso mantiene aún mi deseo de que sea Lindsay Lohan quien ponga voz a Megg; de hecho, incluso hemos llegado a proponer que salga ella y que el resto sean dibujos. El tema es serio, lo estamos mirando, hay más productoras interesadas, pero es que no puedo decir nada.

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DA: Al margen de proyectos de futuro como este, hay otros del pasado. Hace tiempo empezaste una novela gráfica, Mountain Girl, que iba a tener mil páginas. ¿Cómo la llevas?

SH: La odio, aunque en realidad está de puta madre, pero no creo que la termine nunca. Iban a ser cuatro libros de 250 páginas cada uno. Fue una experiencia de aprendizaje con la que descubrí muchas cosas.

DA: Aquí conocemos el cine australiano, el rock australiano, pero del cómic australiano no sabemos nada.

SH: La escena del cómic australiano es pequeña, hay mucha mierda, pero están pasando cosas, cada vez hay más editoriales independientes.

DA: ¿Estás abriendo el mercado?

SH: Ojalá sea así. Tengo muchos amigos haciendo cosas muy buenas y siempre que me preguntan aprovecho para recomendar sus trabajos

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DA: Tienes muy buena relación con Fulgencio Pimentel, tu editor en España, y nos visitaste el año pasado. No sé si hay algún cómic español que te haya llamado la atención.

SH: De lo que se hace ahora, Gabriel Corbera es mi autor español preferido.

DA: ¿Cómo es que dibujaste a Gardfield bajo el lema “Fuck you, Chris Ware” en una dedicatoria y luego la subiste a Tumblr?

SH: Resulta que en Estados Unidos hay un aficionado que siempre pide a los autores que le dibujen a Garfield. Cuando se lo pidió a Ware, este respondió muy serio que no, es un dibujante pijo y demasiado fino para este tipo de cosas. Por eso me salió ese “que te jodan, Chris Ware”.

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