Esplendor Geométrico: 9 razones para amar a los maestros del ruido

35 años de brutalidad sintética, de sonidos metalizados... y de chistes guarros. Esplendor Geométrico, los titanes made in Spain de la música industrial, celebran tres décadas y media de perforación auditiva con un concierto que tendrá lugar hoy en la Sala Arena de Madrid, junto a su amiguete Dirk Ivens. Y nosotros, que somos fans hasta el fin, les hemos preparado este artículo homenaje. ¡Salve a los héroes del trabajo!

¿Parece difícil de creer, verdad? Cuando los redactores de CANINO eran jóvenes (es decir, cuando los ordenadores aún iban a válvulas), Esplendor Geométrico eran una leyenda más que un grupo. El proyecto fundado por Gabriel Riaza, Juan Carlos Sastre y el incombustible Arturo Lanz sólo era accesible como materia de reportajes en la prensa musical, a no ser que las tiendas de discos de segunda mano se portasen bien o algún amigo especialmente enfermo te grabase una cinta. Pero, como algo bueno tenía que tener la era 2.0, ahora sus álbumes están incluso en Spotify… y el grupo celebra hoy sus 35 años con un concierto en la sala Arena de Madrid, teloneados por su amigo y admirador belga, Dirk Ivens. Nosotros aprovechamos la ocasión para ofrecer un merecido homenaje a los maestros españoles de la electrónica industrial.

Porque iban (y van) a contracorriente

La historia es materia de leyenda: allá por 1981, cuando Esplendor acaban de escindirse de Aviador Dro, Arturo Lanz se encuentra en su local de ensayo con Eduardo Benavente. El batería de Alaska y los Pegamoides, con quienes los ruidistas comparten local de ensayo, no pierde el tiempo en opinar sobre Necrosis en la poya, primer sencillo del grupo: «Menuda mierda de disco habéis hecho, tío». Sin inmutarse, Lanz responde: «Menos mal. Si te hubiera gustado, habría empezado a preocuparme». Esta anécdota da una idea de cómo encajaban Esplendor con sus compañeros de la llamada ‘Movida’… y de cómo siguen encajando en el conjunto del pop español.

Porque lo hacen por amor al arte

Como hemos comentado antes, Arturo Lanz, Gabriel Riaza Juan Carlos Sastre abandonaron las filas de Aviador Dro (y sus Obreros Especializados) justo cuando la banda insignia del tecnopop español empezaba a hacerse famosa. ¿La razón? Pues, según Servando Carballar (citado por Fernando Márquez, eso sí), porque el trío «quería seguir con el concepto original del grupo, y yo quería ganar dinero». El primer disco de Esplendor salió con una compañía indie y minúscula, totalmente financiado por el grupo, y desde entonces sus componentes fueron alternando carreras profesionales de lo más dispersas (Lanz, militar primero y diplomático en China después; Riaza, funcionario de prisiones en Melilla) con lanzamientos alejados de las multinacionales y cualquier cosa que se les parezca.

Porque siguen molestando

Haz una sencilla prueba: recita en público la letra de Destrozaron sus ovarios («Le metieron un gancho por el coño / La sangre corría por sus muslos / Sólo tenía tres años / Ya conoció el placer») y observa las reacciones a tu alrededor. Comparados con algunos excesos de Esplendor, las guarradas de Throbbing Gristle Whitehouse se quedan en un juego de niños.

Porque son pura Celtiberia

Además de por lo bien que encajan en sus temas los ritmos y samples de procedencia norteafricana (cosas de Riaza, que se convirtió al Islam antes de casarse) y por lo difícil que resultó hacerse con una copia durante muchísimos años, el disco Arispejal Astisaró («metal poderoso», en romaní) destaca en la discografía de Esplendor por contener el tema Es inaudito. Exacto: aquel que contiene la frase «¡Es inaudito hacerse follar por un perro!». ¿Dónde encontró el grupo este soundbite tan… en fin, tan? ¿Fue en una grabación gomosa y enmohecida, capturada en vete a saber tú qué antros? Pues no: fue en uno de esos cassettes pornográficos que, por entonces, estaban a la venta en los expositores de cualquier gasolinera o quiosco. En el fondo, Esplendor nunca han perdido ese espíritu de ‘a ver quién la dice más gorda’ que preside cualquier grupo de amigos cuando los copazos y las altas horas marcan la tónica.

Porque son internacionales, pero de verdad

En 1990, cuando la mayoría de sus compañeros de generación languidecían pillando galas en fiestas patronales y sacando discos que tampoco eran muy allá, Esplendor Geométrico seguían sin vender casi nada, como de costumbre… pero se hinchaban a actuar por toda Europa. Como prueba de ello queda el álbum Live in Utretch, un directo grabado en Holanda y editado en 1990, cuando lo usual para una banda española, por mucho que vendiera, era quedarse en Albacete.

Porque tienen fans en todas partes

¿Cuántos grupos de aquí conoces que hayan tenido un disco-homenaje, con artistas de alto perfil versionando o remezclando sus temas? Bastantes, seguro. Ahora bien, ¿en cuántos de esos discos han participado artistas como Chris & Cosey, Coil y otros titanes de la cosa industrial? Sólo uno: Esplendor Geométrico. El disco En-Co-D-Esplendor, un recopilatorio de mixes publicado en 1998, es prueba de ello. Además, el nombre de nuestros chicos ha sonado de boca de Aphex Twin, Autechre y demás iconos de la electrónica: está claro que eso de crear tu propio sonido compensa… aunque te convierta en un paria en tu propio país.

Porque en directo son la rehostia

Si les has visto, lo sabes: un concierto de Esplendor Geométrico es una experiencia que no se olvida jamás. No sólo porque Arturo Lanz y Saverio Evangelista, su actual compinche, saquen el máximo partido de sus cacharros (un sinte analógico, un Mac… lo mismo da), sino también porque Arturo es lo que suele conocerse como un animal escénico. Con énfasis en lo de «animal». Viéndole aullar las letras de Ven a jugar (el himno por excelencia de sus live acts) Hemen Nago mientras deambula por el escenario cual fiera enjaulada, gozarás de una experiencia que muy pocas bandas pueden ofrecer.

Porque sus admiradores les quieren

«Necesito contactar / con Gabriel y Arturo / y tocar con Esplendor / aunque no vea un duro»: así cantaban los Escupemetralla en 1984, rindiendo tributo a nuestros héroes con uno de los homenajes más cachondos que jamás ha recibido un grupo español. El tema se titulaba Quiero ser guitarra de Esplendor Geométrico (lo cual, a su vez, era una referencia jocosa a Quiero ser guitarra de Siniestro Total, de PP Tan Solo) y sigue siendo un pequeño clásico. Ay, si dijeran algo así de nosotros algún día…

Por esta anécdota

Desde hace muchos años, los admiradores de Esplendor Geométrico atesoran historias acerca del grupo (ninguna de carácter morboso, no seáis malpensados). Y, de entre ellas, la favorita de quien suscribe es esta, referida por un amigo hace ya bastantes años. A finales de los 80 (en la época del álbum Mekano-Turbo, 1988) y por vete a saber qué razones crematístico-municipales, el dúo actuó en un parque de la periferia de Madrid. Al evento sólo se presentaron unos pocos seguidores de Lanz y Riaza… y también un mendigo, que dormía la mona envuelto en cartones sobre un banco. En cuanto Esplendor comenzaron con sus chicharrazos industriales, el indigente se levantó de golpe y miró a su alrededor, con ojos desorbitados, intentando entender qué era aquello. «Parecía», resumió el testigo presencial, «que aquel buen hombre se había despertado en el Infierno». Tal vez lo llevara haciendo todos los días de su vida… pero sólo entonces se daba cuenta.

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