Eurospy: una guía de imitadores europeos de 007

El eurospy fue un género cinematográfico popular que, como tantos otros, nació como explotación de otro mucho más respetable. En este caso, el éxito global y total de la saga 007. Os ofrecemos una guía introductoria y no exhaustiva, que picotea entre decenas de films estrenados entre 1965 y 1968. Ligeros, refrescantes e ideales para estas fechas veraniegas.

El eurospy germinó especialmente a partir de 1964, año en que se estrena Goldfinger, que inauguraría el cóctel bondiano que conocemos de sobra: gadgets, villanos megalómanos, acción desenfrenada y chicas bonitas. Estrenadas entre 1965 y 1968, estas imitaciones no contaban con la sofisticación y el músculo presupuestario de los originales, pero aportaban a cambio unos niveles de ingenio y una falta de vergüenza y pretensiones tales que las convirtieron en formidables entretenimientos. Esta guía introductoria, que no aspira en absoluto a ser exhaustiva, selecciona entre las decenas de films de desigual tono y calidad que conforman el género del eurospy los títulos más divertidos, ligeros y refrescantes, los ideales para estas fechas veraniegas.

Slalom (Luciano Salce, 1965)

Italia fue el país epicentro del eurospy, que alcanzaría el rango de industria nacional. El país transalpino fue donde mejor se exploró la idea de la ficción de espías como fantasía de escapada del hombre común agobiado por la abulia matrimonial. Slalom es un ejemplo de esta corriente, una superproducción con localizaciones exóticas y música de Ennio Morricone, que adaptaba el molde de Con la muerte en los talones (1958) a la idiosincrasia de la comedia alla italiana. En vez de un atractivo ejecutivo, tenemos aquí a un hombre casado con ganas de echar una canita al aire interpretado por Vittorio Gassman, que es, cómo no, confundido con un espía.




Pero al contrario que Cary Grant, este pobre infeliz es un torpón y un hipocondríaco, lo que sirve para subvertir las convenciones del cine de agentes secretos: no sabe luchar, ni nadar, ni esquiar y además son siempre las mujeres –unas despampanantes Daniela Bianchi y Beba Loncar– quienes le salvan una y otra vez de morir asesinado por los agentes enemigos. Esta amable parodia de la saga Bond, subrayada por la presencia de Bianchi y Adolfo Celi -el malvado de Operación Trueno (1965)- termina convirtiéndose contra todo pronóstico en una afilada sátira de las fantasías masculinas que subyacen en la ficción de espías. Sus nevadas localizaciones alpinas suponen además un refrescante alivio para la canícula.

Estambul 65 (Antonio Isasi, 1965)

Una perla del eurospy. Así es esta producción dirigida por Antonio Isasi, talentoso estajanovista del cine español que tocó todos los palos y que fue autor siempre de un cine físico, directo y cosmopolita. La trama sobre un científico nuclear secuestrado resulta ser lo de menos. Lo importante son los raudales de humor y acción, casi ininterrumpida, las localizaciones turcas y la química entre Horst Bucholz, un truhan a medio camino entre espía y ladrón, y la bella Sylva Koscina, una habitual del género, mientras intentan rescatar al profesor desaparecido de las garras de los malos. Más de medio siglo después de su estreno, Estambul 65 aguanta el paso del tiempo perfectamente y resulta un entretenimiento imbatible para una tarde de agosto. O de cualquier mes del año.

Operación Lady Chaplin (Alberto di Martino, 1966)

Siempre resulta un aliciente ver a en pantalla a Daniela Bianchi, que causó impresión mundial con su papel de Tatiana Romanova en Desde Rusia con amor (1963). En especial si en los primeros minutos de metraje se nos aparece vestida de monja blandiendo una metralleta con la que no deja a nadie en pie. Eso precisamente es lo que sucede en Operación Lady Chaplin, la tercera y mejor entrega de la saga en la que Ken Clark interpretó al agente 077. Al igual que muchas de sus contemporáneas del eurospy, la película se beneficia de localizaciones variadas como Nueva York, la Costa del Sol, Madrid, Londres, París y Marruecos. Pese a que Clark sea poco más que un cacho de carne con ojos, el resultado es un thriller atractivo, vistoso y bien ejecutado que se ve con más que agrado.

Bésame y no me mates (Henry Levin y Arduino Maiuri, 1966)

Un presupuesto un poco más alto de lo habitual hizo que esta entrada en el género contara con parte del glamour de 007 y el entretenimiento desprejuiciado del menos pulido eurospy medio. La película se desarrolla íntegramente en Brasil y aprovecha al máximo sus exóticas localizaciones. En los primeros compases tiene lugar un enfrentamiento entre el protagonista y los agentes rivales en la estatua de Cristo Redentor de Río, una lucha que es todo lo realista que la famosa escena del Monte Rushmore en Con la muerte en los talones nunca fue. A partir de ahí el film combina diestramente la parodia con la acción sin descanso. Y por si fuera poco, Raf Vallone está fantástico como el supervillano Ardonian, robando todas las escenas en las que aparece. Su plan de lanzar toxinas desde el espacio con la ayuda de un cohete recuerda poderosamente al de Hugo Drax en Moonraker (1979), lo que demuestra que la polinización entre la saga Bond y el eurospy se produjo en ambas direcciones.

La muerte viaja en baúl (Jose Maria Forqué, 1966)

Por su natural liviandad, el eurospy a menudo practicaba un acercamiento paródico al género de espías. La muerte viaja en baúl es un formidable ejemplo patrio de esta corriente, que además se híbrida con el cine de robos. Al guion contribuyeron entre otros Jaime de Armiñán y Duccio Tessari, que venía de romper taquillas con un clásico del spaghetti western, la también muy divertida Una pistola para Ringo (1965). La trama es una carrera continua en la que varios agentes secretos buscan apoderarse de un cetro esquivando los intentos por protegerlo del comisario interpretado por José Luis Lopez-Vazquez. Además de un reparto de relumbrón, que cuenta con Daniela Bianchi, Mireille Darc, Marilú Tolo y Harold “Oddjob” Sakata, la película ofrece un montón de risas, bellas localizaciones mallorquinas y un combate entre un coche a lo Chitty Chitty Bang Bang y un baúl mecanizado que vuela y dispara.

Lucky El Intrépido (Jesus Franco, 1967)

Tan espectacular o más es esta otra coproducción italoespañola, una auténtica maravilla que incorpora elementos de los comics fumetti y está protagonizada por un Ray Danton alejado de sus papeles en el eurospy más serio (la célebre pero en mi opinión muy aburrida Nueva York llama a Superdrago, 1966), y donde muestra una vis cómica innegable. Y cuenta con una estupenda banda sonora de Bruno Nicolai, otra más. Jesús Franco aprovecha la función para burlarse de las convenciones del género de espías y del medio cinematográfico mismo. Es una película de una radicalidad tan moderna que hay que verla para creerla. Una joya olvidada.

Más peligrosas que los hombres (Ralph Thomas, 1967)

Un hombre escucha una grabación sentado a la orilla del mar en su lujoso chalé en la playa. De repente surgen del agua dos bellas señoritas, una morena y una rubia. Son ni más ni menos que Sylvia Koscina y Elke Sommer vestidas con mínimos bikinis. Parecen estar de pesca submarina a juzgar por sus gafas de buceo y sus arpones. Le preguntan si es el Sr Wyngarde. El hombre, que no se cree su suerte, responde que sí con entusiasmo. No tardará en acabar como un pincho moruno. Esto sucede en los cinco primeros minutos de Más peligrosas que los hombres uno de los mejores y mas refrescantes ejemplos del eurospy. A partir de ahí se sucede un duelo de engaños y seducción entre la pareja de asesinas y el agente de seguros/espía Bulldog Drummond interpretado por Richard Johnson, según se cuenta el actor preferido por Ian Fleming para encarnar a James Bond, y que culmina en un explosivo final que incluye una partida de ajedrez gigante que ríete tu de la de Harry Potter y la piedra filosofal. Y si después de verla te quedas con ganas de más, no te pierdas su estimable secuela, Más peligrosas todavía (1969).

Dick Smart 2.007 (Franco Prosperi, 1967)

Tenemos aquí una muy entretenida parodia italiana de James Bond. 100 minutos de ritmo endiablado protagonizados por Richard Wyler en el papel del mujeriego espía a tiempo parcial Dick Smart. Smart es contratado por la CIA por un millón de dólares para encontrar a cinco científicos atómicos desaparecidos por todo el mundo. Las localizaciones en Rio de Janeiro, la presencia de Margaret Lee y su desprecio por toda lógica interna son las principales bazas de este locurón tan propicio para un visionado veraniego. Y por si fuera poco, Smart tiene el honor de anticiparse a 007 en el uso de un mini helicóptero como el que Bond emplearía en Solo se vive dos veces un año después.

Sin balas y disparando (Dick Clement, 1968)

Terminamos esta pequeña guía con otra entrega británica, ya tardía en el ciclo del eurospy, que puede verse como otra descreída y ácida rendición del esquema argumental de Con la muerte en los talones. La protagoniza Tom Courtenay, icono generacional del free cinema inglés, que interpreta a un ratero y ladrón que vive de abusar de la confianza del prójimo en el vibrante Portobello Road londinense de finales de los sesenta. Se despierta una mañana, después de una noche de borrachera, y descubre que la policía lo busca por asesinato. Eso es solo el comienzo. Además de ser perseguido por un crimen que no cometió, es secuestrado por un grupo de delincuentes que sospechan que está involucrado con otros agentes dobles. Es entonces cuando conoce a una enigmática mujer, Romy Schneider, que parece querer ayudarle. Parece. Escapan juntos pero las tribulaciones se irán sucediendo una tras otra mientras va cerrándose en torno suyo el cerco de la policía y de los agentes extranjeros que le persiguen. Una cínica delicia que anticipa el fin de la edad de oro del genero de espías y sus derivados.

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