Fallece a los 89 años la dibujante Marie Severin

Ayer se informaba del fallecimiento de la dibujante, colorista y entintadora Marie Severin, a la edad de 89 años, tras sufrir un infarto. A modo de homenaje, recordamos la extensa carrera de esta artista que vivió desde dentro la época dorada de EC Comics y tres décadas de la Era Marvel.

Marie Severin, nacida en Nueva York en 1929 en el seno de una familia con inclinaciones artísticas —su padre había hecho trabajos de ilustración y su hermano, John Severin, también se dedicó a dibujar cómics—, fue una de las primeras mujeres en alcanzar un estatus de artista principal en una industria del comic book monopolizada por dibujantes varones, que relegaba a las mujeres a trabajos de producción o a la por aquel entonces invisible labor del coloreado.




Como colorista precisamente empezó la carrera de Marie Severin: a través de su hermano, comenzó a colaborar en la mítica EC Comics, la editorial de Bill Gaines que durante los años cincuenta ofreció la mayor calidad en la industria, con sus series de terror, género negro, ciencia-ficción y bélicos. Severin comenzó su relación profesional con EC en 1949, y se convirtió en una de sus principales coloristas. Como recuerda Michael Dean en The Comic Journal, Marie pasó de estudiar en un colegio de monjas a pasar sus días como la única mujer en una redacción llena de artistas que plasmaban truculentas escenas de horror en unos cómics que, años más tarde, se enfrentarían a una caza de brujas conservadora.

Precisamente, Severin vivió desde dentro el ascenso y la caída de EC, tras la investigación del senado y la posterior creación por parte de la industria de The Comic Code Authority, lo que significó, de facto, el fin de EC Comics tal y como se conocía. Severin permaneció en la editorial hasta 1955; en esos casi seis años, a buen seguro, maduró su carácter como artista, aunque apenas si pudo demostrar su capacidad para el dibujo, pese a que ya empezó a dar muestras de su enorme talento para el retrato y la caricatura, con sus ilustraciones del staff de la editorial y un par de colaboraciones testimoniales en la revista MAD, donde habría encajado perfectamente.

Tras un breve paso por Atlas —la editorial que años más tarde cambiaría su nombre por Marvel Comics—, la crisis de la industria del comic-book hizo que Severin, como tantos otros profesionales, dirigiera su carrera a otros campos: concretamente, a hacer material promocional para el Banco de la Reserva Federal.

Pero a comienzos de los años sesenta todo cambiaría, gracias al nuevo auge de los cómics de superhéroes. Severin prueba suerte con Marvel Comics e intenta mostrar su trabajo a Stan Lee, pero, según cuenta Sean Howe en Marvel Comics: la historia jamás contada, “The Man” ni siquiera lo miró, y mandó a Severin directamente al departamento de producción. A pesar de la ceguera de Lee -o, más bien, de sus prejuicios-, Severin pronto tendría la oportunidad de demostrar lo buena dibujante que era. Mientras, se convirtió en una de las piezas clave de las oficinas de la editorial, lo que se conoció como el Bullpen. Junto con la secretaria Flo Steinberg, era la única mujer allí. Comenzó haciendo trabajos de color, pero se curtió también como “chica-para-todo”: correcciones, dibujos promocionales, retoques, entintados de emergencia… Por ejemplo, fue la autora de una de las ilustraciones más conocidas para el material exclusivo que recibían los socios de la Marvel Merry Marching Society, una especie de club de fans de la editorial.

El papel de Severin, si bien en un segundo plano, fue vital en esos primeros años de la Era Marvel. Pero el rápido crecimiento de la editorial hizo posible que, en 1967, tuviera sus primeras oportunidades como dibujante principal, sustituyendo a Bill Everett en las aventuras del Doctor Extraño publicadas en Strange Tales. En esos tebeos, en los que Severin también entintaba su trabajo, puede comprobarse el gusto por el detalle y la elegancia de sus tintas, así como su capacidad para las composiciones sorprendentes, con regusto al trabajo seminal de Steve Ditko en el título. Una de sus planchas más conocidas es una splash-page en la que el Doctor Extraño se encuentra frente a frente con el Tribunal Viviente; como recordaba ayer en Twitter nuestro compañero Yago García, un detalle de esa ilustración se utilizó en la carátula del segundo LP de Pink Floyd, A Saurceful of Secrets.

Otros de los trabajos más importantes de Severin en esa época fueron The Incredible Hulk, Sub-Mariner y Not Brand Echh, una publicación satírica fuertemente influida por MAD, en la que se parodiaba a los personajes y autores de Marvel, y en la que Severin pudo dar rienda suelta a su sentido del humor y sana mala leche. También fue responsable del aspecto gráfico de Spiderwoman, años más tarde. Sin embargo, nunca tuvo la oportunidad de desarrollar una etapa extensa en alguno de los títulos más importantes de Marvel, a pesar de su indiscutible calidad. Durante los años siguientes, su trabajo en producción como colorista, solucionando marrones de última hora y haciendo trabajo de batalla sin acreditar centrará su actividad en la editorial. Sus caricaturas de los miembros del Bullpen y los colaboradores externos circulaban constantemente por las oficinas, y sus colegas dibujantes respetarían y valorarían sus aportaciones: es conocida, por ejemplo, la mutua admiración que se tenía con Jack Kirby. Tal y como cuenta Howe en su libro, cuando Kirby abandonó Marvel en 1970, fue Severin quien colgó de la pared una placa con las cenizas recuperadas del último puro que “The King” había fumado en el Bullpen, con la leyenda “Kirby estuvo aquí”.

Los cambios editoriales y la llegada de Jim Shooter provocaron que, en 1978, Severin sucediera a John Romita como directora artística de Marvel. Aunque siguió entintando y coloreando tebeos, durante la década siguiente sus encargos como dibujante son puramente testimoniales, cuando no reducidos a series infantiles licenciadas como Fraggle Rock o Muppet Babies.

En los años noventa, la crisis que atravesó Marvel y su loquísima política editorial, llena de cambios y de decisiones absurdas y contradictorias, llevó al despido de muchos de los profesionales de la época dorada de la casa. Junto a nombres como Herb Trimpe, Severin vio cómo su contrato era cancelado, tras tres décadas de trabajo en Marvel. Comenzó entonces a colaborar en DC Comics, como colorista de Superman Adventures y otros títulos. Más tarde, también se encargó del recoloreado de algunas reediciones de viejas historias de EC Comics, aunque ya semiretirada.

Severin sufrió su primer ataque serio en 2007, y desde entonces había permanecido inactiva, aunque pudo disfrutar del merecido reconocimiento de la industria: en 2001 ya había sido incluida en el Will Eisner Comics Hall of Fame, y en 2017 se le otorgó el International Icon Award de la Comic-Con de San Diego.

Su muerte ha provocado decenas de muestras de cariño, respeto y admiración por parte de sus colegas, que la reconocen como una artista excelente, una persona con un maravilloso sentido del humor y una pionera que abrió el camino en la masculinizada industria del comic-book para todas las autoras que llegaron tras ella.

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