Fallece Shigeru Mizuki, el ‘mangaka’ que miró al terror a los ojos

Veterano de la II Guerra Mundial, durante la que presenció atrocidades espeluznantes y en la que perdió el brazo izquierdo, el artista japonés Shigeru Mizuki se hizo popular gracias a sus manga de temática sobrenatural, antes de publicar varios tomos con sus memorias bélicas.

Leyendo su biografía, diríase que Shigeru Mizuki (Sakaiminato, 1922 – Tokio, 2015) dibujaba manga porque no tenía otro remedio. El artista japonés, que ha fallecido a consecuencia de un infarto a los 90 años, vio su vida truncada como tantos otros japoneses de su generación cuando fue reclutado a la fuerza para combatir en la II Guerra Mundial, cuando tenía 20 años y atendía por Shigeru Mura, su nombre familiar. Luchando contra el ejército británico, el futuro mangaka presenció atrocidades sin cuento cometidas por sus propios compañeros de armas, perdió un brazo a consecuencia de un bombardeo y estuvo a punto de quedarse a vivir en Nueva Guinea, el lugar donde sufrió su herida y donde pudo haber rehecho su vida entre los nativos.

De vuelta en el Japón ocupado, Mizuki comenzó su carrera en las viñetas, saltando a la fama en 1960 con Kitaro, una serie de horror basada en el folklore japonés y sus fantasmas o «yokai». Más adelante llegaron Fushinga Têcho (El cuaderno milagroso, 1973, una obra que prefiguró el argumento de Death Note con décadas de antelación) y, sobre todo, trabajos en los que Mizuki miraba cara a cara a los horrores de su tiempo y su vida. A Hitler, la novela gráfica (1971) la sucedieron tebeos en primera persona como Operación Muerte (1973), dignos de ser situados entre las grandes memorias bélicas del siglo XX junto a Tormentas de acero, Viaje al fin de la noche La delgada línea roja.

Receptor de numerosos premios a lo largo de su vida (entre ellos, un Eisner), Mizuki trabajó siempre para que los jóvenes de Japón fueran conscientes de las atrocidades cometidas por el ejército de su país. Así mismo, trabajó para la TV y el cine, incluyendo una colaboración con Takashi Miike. Y, pese al destino que le habían preparado, vivió una vida larga y productiva, dibujando hasta su último aliento. Descanse en paz.

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