Festival de Angulema: 15 mujeres del cómic que podrían haber sido nominadas

Y nos quedamos cortos, lo aseguramos. Todas estas autoras tienen la veteranía, el talento y/o la influencia histórica necesarias para aspirar al Gran Premio del certamen francés. Tras la controversia de este año, el Festival de Angulema harían bien en tomar buena nota de sus nombres para futuras ediciones. Por YAGO GARCÍA y ELISA G. McCAUSLAND

La polémica ha sido de aúpa, y no es para menos: tras anunciar la lista de candidatos a su Gran Premio, seguramente el galardón más importante de Europa en su especialidad, los responsables del Festival Internacional de Cómic de Angulema descubrieron que tanto buena parte del público como muchos de sus artistas participantes montaban en cólera debido a un ‘pequeño’ detalle que ellos no habían tenido en cuenta. Porque entre los treinta nominados, elegidos mediante los votos de un comité de tres mil profesionales del medio, no figuraba el nombre de una sola mujer. La controversia, a resultas de la cual primeras figuras como Riad Sattouf, Joann Sfar Daniel Clowes amenazaron con retirarse del festival, se ha saldado con una solución de última hora: ayer mismo, la organización añadió a seis artistas de género femenino a su relación de aspirantes.

Las mujeres que competirán con sus colegas por el Gran Premio de Angulema presentan un currículum irreprochable. Nada puede objetarse a las carreras de Moto Hagio, Julie Doucet, Linda Barry, Marjane Satrapi, Chantal Montellier Posy Simmonds. Asimismo, no queremos divagar acerca de un asunto que ha sido analizado ya con mucha finura, y sobre el que nosotros aportaremos nuestras propias conclusiones en breve. Pero el prestigio de estos nombres no oculta lo que hay: la medida es un parche.

De no ser por las amenazas de boicot por parte de los artistas, de la campaña iniciada por el Colectivo de creadoras de cómic contra el sexismo y de la presión popular concentrada a través de Twitter (mediante el hashtag #WomenDoBD), la organización del Festival habría hecho caso omiso de las reclamaciones. Algo que nos mosquea bastante, porque si de algo anda sobrado el mundo del cómic es de autoras que cumplen con los requisitos para ganar un trofeo como este, destinado a premiar tanto la veteranía como el talento y la influencia en el medio. A continuación recordamos los nombres de algunas mujeres (sólo unas pocas de docenas posibles) totalmente cualificadas para aspirar al galardón: los tres mil votantes de Angulema harían bien en tomar nota para futuras ediciones.

Claire Bretecher

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La ausencia de esta autora francesa es uno de los olvidos más injustificables (si no el que más) en un premio a los creadores veteranos de cómic. De kilométrica carrera (empezó a publicar en 1963, a los 23 años) Bretecher ha fundado L’echo des savanes, una de las revistas más importantes del cómic satírico francés, y ha hecho historia del humorismo con creaciones tales que Agripina (1988) y La vida apasionada de Santa Teresa de Jesús (1979)Para colmo, ganó el premio al mejor autor en lengua francesa en Angouleme en 1975.

Ann Nocenti

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Guionista estadounidense responsable de la creación de María Tifoidea durante su interesante etapa en Daredevil (1986-1990). Ligada al cómic de superhéroes, la también periodista ideó algunos contextos y personajes arquetípicos en la Marvel de los años 80 y 90 , como el Mojoverso o Longshot, reflejo de su interés por las teorías críticas de Marshall McLuhan, Walter Lippman y Noam Chomsky, entre otros. Actualmente trabaja para DC Comics, siendo sus últimas aportaciones los guiones para las series Green Arrow, Catwoman y Katana.

Trina Robbins

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De acuerdo con ciertas historias más o menos oficiales, el tebeo underground americano fue un trabajo de hombres (Crumb, S. Clay Wilson, Spain Rodriguez y demás). Para saber que esa versión es falsa, basta con echarle un vistazo al currículum de Trina Robbins: ya desde comienzos de los sesenta, esta dibujante y guionista dejó huella tanto en el mainstream (ella diseñó el uniforme de Vampirella, sin ir más lejos) como en las viñetas contraculturales, editando antologías (Wimmen’s Comics, 1972-1992) y publicando historietas tan desopilantes como Sandy sale del armario ¡Estuve enamorada de un marica! Actualmente ejerce como historiadora del cómic.

Gail Simone

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Su troleo público a propósito de un episodio de Linterna Verde (#54, 1999), conocido en el mundillo como Women in Refrigerators (Mujeres en la nevera), abrió un debate, a finales de los noventa, sobre la inercia de algunos autores a la hora de utilizar los cadáveres de compañeras, familiares y amigas del (súper)héore como recurso narrativo para justificar su progreso vital. Esta pionera del fandom power aprovechó las oportunidades que la industria le proporcionó como guionista y actualmente es una de las más reconocidas autoras en materia superheroica, con colecciones como Wonder Woman, Batgirl, Birds of Prey o Red Sonja a sus espaldas. Destacar Welcome to Tranquility (2007-2008) y su etapa en Secret Six como las dos rarezas que convierten a esta autora en todo un referente (a)moral.

Riyoko Ikeda

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¿Te gustó nuestro artículo sobre Revolutionary Girl UtenaPues que sepas que ese anime, con su preciosismo estético y su cuestionamiento de los roles de género, nunca hubiera existido sin el precedente de La rosa de Versalles, exquisito drama histórico (y revolucionario) en el que esta mangaka, periodista y músico trabajó entre 1972 y 1973. Miembro del influyentísimo Grupo del año 24 junto a Moto Hagio (finalmente nominada), Keiko Takemiya y otras grandes autoras, Ikeda es una artista excepcional, una pionera en la representación de asuntos LGBT en las viñetas y una figura capital, no ya sólo del cómic japonés, sino de la cultura nipona de las cuatro últimas décadas.

Phoebe Gloeckner

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¿Tiene el mismo sentido la autoficción ahora que en tiempos del cómic underground? Pregunta legítima al ver que se adapta el experimento de Phoebe Gloeckner, el cómic titulado Diario de una adolescente (2002), al medio cinematográfico, y crítica y público lo aplauden dejando pasar cuestiones tan importantes como la capitalización del yo -del relato propio de vida-, así como la responsabilidad de la contracultura, su influencia, en el polémico presente creativo en el que también están inmersas las autoras de cómic. Phoebe Gloeckner es conocida por haber participado en publicaciones históricas del underground estadounidense hecho por mujeres, como Twisted Sisters, de Diane Noomin y Aline Kominsky, así como en Wimmen´s Comix de Trina Robbins. En Vida de una niña se recopilan gran parte de aquellas historias. Actualmente es profesora universitaria en la Stamps School of Art and Design de Michigan.

Wendy Pini

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Dibujante de trazo inconfundible (influido por el estilo del japonés Osamu Tezuka, en una época en la que la palabra «manga» evocaba sólo una parte de la camisa), Wendy Pini es nada menos que la coautora de Elfquest, seguramente el primer gran hit del cómic independiente en EE UU. Antes de sacarle partido a su talento gráfico, Pini fue una pionera del cosplay y una voz activa en el fandom, cuando la idea de mujeres opinando sobre cómics de acción o fantasía (y no digamos firmándolos) era inconcebible para más de uno.

Núria Pompeia

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Pionera del cómic feminista de opinión en los años de la Transición española, y una de las grandes autoras de nuestro medio a recuperar (y reeditar). Redactora jefe en las revistas Por favor y Saber, como dibujante colaboró en las publicaciones Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, Vindicación Feminista y Charlie Hebdo, entre otras muchas. Crítica con el rol de género asignado a las mujeres, humor e ironía impregnan sus imágenes y bocadillos. Destacan entre sus obras Maternasis (1967), Y fueron felices comiendo perdices (1970), Mujercitas (1975) y Cambios y recambios (1983). Premio Honorífico del colectivo de Autoras de Cómic. Recientemente, el Seminario Interdisciplinar de Estudios de la Mujer de Zaragoza ha dedicado una exposición a su persona titulada Nuria Pompeia. Sola ante la viñeta.

Alison Bechdel

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Conocida mundialmente gracias al éxito de su novela gráfica Fun Home (2006), Bechdel comenzó a dibujar cómics casi por accidente. Con el tiempo, le cogió el gustillo, y cuando se dio cuenta su tira Unas lesbianas de cuidado llevaba ya 25 años (1983-2008) apareciendo en la prensa marginal de EE UU. Versátil en el apartado gráfico y virtuosa del guion (combinando sin esfuerzo aparente el costumbrismo slice of life, la reivindicación furiosa y la autoparodia) es una de las autoras de referencia en el tebeo moderno. Y, sí: el famoso test para comprobar la paridad de género en una obra de ficción deriva de uno de sus cómics.

María Colino

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Los noventa nos trajeron la furia indomable de María Colino, autora madrileña actualmente desaparecida por voluntad propia del mundillo del cómic, responsable de bofetadas «perversas, soñadoras e implacables» como Margarita (1992), Rabia Máxima (1998) y Heptamerón (1999). Realvisceralismo hecho cómic; desbocado, preciso, terriblemente honesto. Lo echamos de menos.

Purita Campos

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La reivindicación de Esther y su mundo (1971-1988), obra capital de esta dibujante española, ha venido envuelta en brumas de nostalgia seventies. Craso error, opinamos nosotros, porque Campos es ante todo una artista excepcional, capaz de inundar con pin ups (femeninos y masculinos) unas viñetas de planificación virtuosa y delicado amor al detalle: su obra, que también incluyó gran número de adaptaciones literarias para la colección Grandes novelas ilustradas de Bruguera, es algo más que un artefacto de época.

Jill Thompson

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Guionista y dibujante, Thompson no es una autora especialmente conocida. Lo cual no quita para que se trate de una profesional como la copa de un pino, ganadora de seis premios Eisner (el último, en 2007 por The Dark Horse Book of Monsters) y uno de los nombres cruciales de esa ‘nueva ola’ que revolucionó el cómic estadounidense entre los 80 y los 90. Neil Gaiman George Perez, entre otros, han colaborado con ella.

Rutu Modan

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Rutu Modan encabezó su propio colectivo, Actus Tragicus, para hacer cómic desde los márgenes de la cultura israelí. Fue durante el cambio de siglo, ese momento en el que parecía que todo podía ocurrir, hasta que el 11S acabó con esa ilusión por el futuro. SinsEntido trajo sus experiencias recopiladas en Jamilti y otras historias de Israel (2008), así como Metralla (2007) y La Propiedad (2013); dos cómics marcados por una tensión que contrasta con su línea clara, así como un sentido del humor rayano en el surrealismo que hace de la lectura de sus obras experiencias un tanto marcianas y desapacibles.

Laura Pérez Vernetti

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Conocida sencillamente como «Laura», seudónimo con el que lleva firmando sus dibujos desde que debutó en la revista El Víbora en 1981, la barcelonesa Pérez Vernetti es una artista de trazo inconfundible, dotada con ese esteticismo expresionista que muchos asociamos al cómic de los ochenta y capaz de desenvolverse por igual tanto en las historias sociales o reivindicativas (Macandé, La huelga general) como en un género tan difícil (cuando se hace bien) como el cómic erótico. Compruébese esto último leyendo Las mil y una noches (2002) y El brillo del gato negro (2008).

Annie Goetzinger

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Conocida en España principalmente por su trabajo junto a Víctor Mora, junto al que creó a Felina (la superheroína barcelonesa, anarquista y modernista), Goetzinger fue una de las primeras mujeres en ganarse un nombre dentro de la bande dessinée francobelga. En 1975 ganó el premio a la revelación en Angouleme, mientras que Casco de Oro (1977), su debut en formato álbum, le granjeó otro premio en el mismo festival.

 

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