[Galería] Fotos centenarias de tatuajes Yakuza

A comienzos del siglo XX, estos miembros del crimen organizado japonés lucieron sus tatuajes irezumi frente al objetivo de un aguerrido fotógrafo. Las imágenes, coloreadas a mano, siguen impresionando mucho.

Como suele suceder con los sindicatos del crimen, el origen de la Yakuza se pierde en la noche de los tiempos. La llamada ‘Mafia japonesa’ podría descender de aquellas hordas de ronin (samuráis sin señor) que aterrorizaban al campesinado, de organizaciones más o menos ‘legítimas’ de comerciantes, de las bandas que controlaban los garitos de juego durante el Período Edo (1603-1868), o de todos esos colectivos a la vez. Lo único cierto es que sus jerarquías internas son férreas, que sus filas se nutren a menudo de burakumin (un grupo social ferozmente discriminado en Japón), que tienen vínculos con la extrema derecha nipona… y que, como se sabe, sus miembros gustan de adornar sus cuerpos con irezumi, espectaculares tatuajes realizados según el estilo tradicional, los cuales muchas veces cubren toda la piel del interesado con imágenes de carpas, peonías, deidades budistas o feroces demonios.

La historia de estos tatuajes también es interesante, cuanto menos. Antiguamente, se supone, fueron un signo de distinción entre la aristocracia nipona, hasta que los devenires sociales los convirtieron en todo lo contrario: marcas infamantes asociadas a ex presidiarios y gente de mal vivir, un poco como la versión estilosa de ese «Amor de madre» elaborado en la quinta galería con una jeringa usada y tinta de bolígrafo. Toda esta aura de peligrosidad y secreto vuelve aún más alucinante esta galería que nos llega vía Dangerous Mindsy que muestra a varios señores de la Yakuza luciendo tatus frente al objetivo de un aguerrido fotógrafo. Realizadas a principios del siglo XX, las fotos fueron coloreadas a mano para que los irezumi luciesen en todo su esplendor. Y, además, sus portadores muestran un aspecto patibulario con ganas pese a hallarse poco menos que en pelotas. Decirles lo de «estáis muy monos cuando os enfadáis»quedaba totalmente descartado, pues, salvo que uno fuera un samurái como el Toshiro Mifune de Yojimbo o una onna-bugeisha firmemente aferrada a su naginata.

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