Género negro: ‘El leñador’ y otras novelas queer policíacas

No es nueva la existencia de novelas policíacas queer. Lo que sí sería nuevo es que tuvieran el mismo éxito que otras opciones más habituales. Gracias a la editorial Rayo Verde podemos comprobar cómo el polaco Michal Witkowski nos plantea una novela encuadrada en el noir cargada de buen humor y que esquiva los lugares comunes habituales en el género: El leñador. Con ella como excusa repasamos otros títulos del género.

Queer es la etiqueta global (en inglés) que se utiliza para designar a los no heterosexuales (o de género binario). De hecho, queer conllevaba en sus inicios un sentido peyorativo, era considerada una palabra ofensiva (como nigger) y con el tiempo, la propia comunidad a la que intentaba ofender ha terminado adoptándola como reivindicación. Las personas que se identifican de esta manera buscan situarse en otra órbita con respecto a la ideología y el estilo de vida que tipifican las grandes comunidades LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales), que pueden ser consideradas opresivas con tendencia a la asimilación, ya que incluye otro tipo de actitudes que pueden ser rechazados por los anteriores (asexuales, pansexuales…). Quizá, la mejor forma de definir la etiqueta es, precisamente, en su oposición con respecto a la heteronormatividad vigente y por su inclusión de todo lo que es ajeno a ella.

Lo bueno de tomar una perspectiva de este estilo aplicada a las novelas policíacas es que permite adentrarse en diferentes puntos de vista que se alejan de aquellos que ya conocemos. Estos puntos de vista se pueden aplicar tanto a la forma de articular la trama como, lógicamente, a afrontar diferentes actitudes y posibilidades que nos muestran modos distintos de actuación; no se pierde lo social, sino que se amplía el espectro, pudiéndose visibilizar otras preocupaciones.

De entre todas las series y autores disponibles, puede ser interesante hacer un pequeño repaso a alguna de las novelas más famosas del género. Intentaremos pasar por alguna de las series y autores anglosajones más importantes, sin olvidarnos de los de distintas zonas de Europa e, incluso, España:

George Baxt

PharoahLove

Con la serie de Pharoah Love (1966 a 1995). Todo un pionero gracias a la creación de Pharoah Love, un detective gay y negro, el primero de su especie en aquella época, y que sumaba a una gran serie de detectives el tratamiento de temas raciales y sexuales en un momento ciertamente difícil. Cinco novelas de gran calidad con títulos tan inequívocos como A Queer Kind of Death (1966) y que supusieron todo un pistoletazo de salida para el género.

Joseph Hansen

Brandstetter

Y su serie de Brandstetter, (doce volúmenes de 1970 a 1991). El agente de seguros, más tarde investigador privado, Dave Brandstetter, no es el primero pero sí uno de los primeros investigadores homosexuales. La serie se caracteriza por tener un enfoque claramente gay desde sus comienzos, como en la primera novela Fadeout (1970), donde un hombre simula su muerte en un intento de escapar de las consecuencias de haber salido del armario en su vida personal.

Derek Adams

milesdiamond

Y su trilogía de aventuras de Miles Diamond  (1993-1998). Caracterizado especialmente por sus capacidades humorísticas además de enfatizar bastante el componente sexual. En su momento podrían ser consideradas como ficciones de alto contenido erótico. Solo se tradujo a nuestro idioma Doble vida en 1998, y es inencontrable.

P Garcia

GayFLower

Es el pseudónimo de José García Martínez-Calín, autor de la serie de Gay Flower (1976-1991). Gaylor Rose (Gay) Flower un el investigador privado homosexual, una de las primeras series de este tipo que vieron la luz en España. P García creó historias divertidísimas que funcionaban como parodias (desde sus descacharrantes títulos) de clásicos harboiled norteamericanos. Guardo esperanzas de que en algún momento alguna editorial se atreva a reeditarlas.

Peter Tuesday Hughes

bigblow

Autor de la serie del Front Desk (seis entregas entre 1976 y 1978). Aventuras en clave de espionaje del agente secreto Bruce Doe (Deer de nombre código). Pasa por ser la primera serie que apostó por el retrato pulp de un espía gay. Ahonda en los conflictos políticos de la época, con especial atención en cómo se usó a la comunidad gay como chivos expiatorio por mandatarios de inclinación conservadora.  Lástima que los libros de tanto este autor como el anterior sean prácticamente inencontrables, incluso en su lengua original.

Dan Kavanagh

Duffy

Autor de la serie Duffy, (cuatro novelas entre 1980 y 1987). Narra las aventuras del consejero de seguridad afincado en Londres Nick Duffy, el asombrosamente bisexual personaje que se caracteriza por su encanto y credibilidad y que se acuesta con más hombres que mujeres simplemente porque “es más fácil”. Detrás de Kavanagh se encuentra la identidad de Julian Barnes, el conocido ganador del Booker Prize y, curiosamente, tenemos el primer libro de la serie disponible gracias a Alfabia, que lo acaba de publicar.

Val McDermid

common-murder

Con la serie de Lindsay Gordon (1987-2003). De entre todas las series de la autora, destaca la de la periodista lesbiana, verdadera alter ego de la identidad sexual de la escritora. Menos conocida, eso sí, que las que protagonizan Kate Brannigan o Tony Hill y Carol Jordan, pero siempre interesante en el caso de la escritora escocesa. Ninguno de sus seis títulos está disponibles en castellano.

John Preston

AlexKane

Con el sexteto de aventuras  de The Mission of Alex Kane (1984-1987). Los vengadores  Alex Kane y Danny Fortelli eran lo más parecido a Batman y Robin. Sus seis novelas son muy valiosas, ya que se centran en varios retratos de homosexuales extendiéndolos hacia otros ámbitos, incluso el deportivo, algo poco usual en la época. También fue original el planteamiento de las seis historias como si se trataran de tres dípticos (por ejemplo, uno de ellos centrado en manipulación política y su contrapartida en manipulación informativa de los medios periodísticos).

Mary Wings

demasiado-tarde

Con la serie de Emma Victor (1986-1999), serie de cinco novelas que tienen como protagonista a la detective lesbiana Emma Victor. Importantes más por el impacto social que supuso en su época las primeras salidas del armario de lesbianas que por las tramas policíacas en sí, que funcionan como excusas. Sólo la primera de ellas, traducida como Demasiado tarde, llegó a ver la luz por aquí hace unos cuantos años.

Richard Stevenson

Strachey

Y su serie de Strachey (ocho volúmenes entre 1981 y 2003). Aunque la serie del investigador privado Don Strachey continúe en la actualidad, lo ideal sería considerar esta primera etapa por su calidad y por la implicación activa del investigador. Es uno de los pocos que tuvieron adaptación al cine. Stevenson trataba solo casos en los que estuvieran involucrados gays y trató todo tipo de cuestiones éticas. Desde el principio Don mantiene una relación con Timmy Callahan partiendo de una situación inequívoca en cuanto a sus pretensiones.

R.D. Zimmerman

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Con la serie de Todd Mills (1995-1999). Seis novelas que tienen como protagonista al periodista televisivo afincado en Minneapolis Todd Mills. El título de la primera de ellas, Closet (Armario) era toda una declaración de principios en cuanto a temática. Todas las novelas ahondaron de alguna manera en los efectos perniciosos que suponían el hecho de “salir del armario”, incluyendo odio, sentimientos de culpabilidad e, incluso, daños físicos.

Michael Nava

HEnryRios

Y su heptalogía de Henry Rios (1986-2001). Los siete volúmenes de las aventuras del abogado de San Francisco Henry Rios conforman una novela que pinta el crecimiento del héroe según se reconcilia con el pasado. La motivación de Rios es la búsqueda de la justicia más allá de lo que es legal luchando contra todo tipo de abusos debidos a su propia condición. También trató el tema del SIDA mediante su relación con el seropositivo Josh Mandel. Dos de sus libros, La muerte de los amigos y El chico de oro, se publicaron en español en 1999. Lógicamente, a estas alturas, están descatalogados.

Jean M. Redmann

mickyknight

Autor de la serie de ocho novelas de Micky Knight (1990-2013), novelas ambientadas en Nueva Orleans y que tienen como protagonista a la detective lesbiana Micky Knight. Sus temas van desde las consecuencias de infancias problemáticas y cómo influencian la evolución de la identidad hasta la discriminación por raza y sexo y el alcoholismo. Las siete primeras se han editado por aquí gracias a Egales.

Anne Holt

Anne Holt

Autora de la serie de Hanne Wilhelmsen (1993-2007). La subinspectora de homicidios Hanne Wilhelmsen trabaja en Oslo, es joven y mantiene una relación homosexual con Cecilie. Quizá no es su mejor serie (ahí están Vik y Stubo) pero tienen indudable interés las nueve novelas protagonizadas por esta investigadora. Se pueden conseguir varias de sus novelas en la actualidad aunque publicadas por distintas editoriales.

Laurie R. King

martinelli

Autora de la serie de Kate Martinelli (1993-2006). Kate Martinelli es detective en el departamento de homicidios de San Francisco. Es lesbiana, lo sabemos a través de su relación con Lee Cooper. Sus casos trataban temas feministas con frecuencia, sin olvidar las tramas policíacas. Las cuatro primeras llegaron a ser publicadas por aquí, pero no queda ni rastro de ellas.

Jake Arnott

HarrySTarks

Y la trilogía de Harry Starks (1999-2003). Retrato del ambiente de los años sesenta y setenta en londrés. Starks es un mafioso y las novelas son hardboiled muy crudos. Tremendamente explícitas en la descripción de las relaciones homosexuales del protagonista así como en los momentos violentos que se van sucediendo. Las tres novelas pueden encontrarse en el sello policíaco de PMRH.

Christian Schünemann

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Con la serie de Tomas Prinz (2004-2011). Original serie policíaca que destaca porque su protagonista, gay, es el peluquero Tomas Prinz. Humor negro, personajes extravagantes, una forma muy distinta de plantear novelas policíacas. Sus tres primeros casos se pueden adquirir en la actualidad gracias a Siruela.

Mehmet Murat Somer

Burçak Veral

Y su serie de Burçak Veral (2002-2009). Original propuesta la del escritor turco que nos muestra a Veral como programador informático de día y que se viste de mujer de noche para trabajar en un club nocturno del que es propietario. Sólo ediciones B publicó dos títulos suyos (Los crímenes del profeta y El beso asesino). En otros países la serie se llama Hop-Ciki-Yaya, eufemismo para referirse a los homosexuales en Turquía.

John Morgan Wilson

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Y su serie de Justice (1996-2003). Cinco novelas que tienen como protagonista al periodista Ben Justice. Justice intenta lo largo de esta serie expiar su sentimiento de culpa por haberle fallado a su amante cuando murió de SIDA. Cada entrega se volvió aún más oscura, llegando a aparecer el espectro del hazismo, y hasta llegar hasta una crudísima última novela (Blind Eye). Lástima no poder disfrutar de ninguna de ellas en castellano.

Susana Hernández

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Autora de la serie de Rebeca Santana y Miriam Vázquez (2010-2015), serie protagonizada por dos subinspectoras de la Brigada de Homicidios de la policía Nacional de Barcelona. La escritora construye buenas tramas detectivescas y utiliza a sus dos protagonistas lesbianas con mucho humor y dinamismo, además de mostrarnos de manera bastante explícita sus relaciones. En la editorial Alrevés podemos encontrar la mayoría de ellas.

Jack Dickson

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Con la trilogía de Jas Anderson (1998-2002), policía (más tarde investigador privado) de Glasgow. Gran ejemplo de lo que significa actualizar los estándares del género mediante las nuevas posibilidades narrativas que nos ofrece su estatus. Jas es forzado a salir del armario por el asesinato de su amante, y todo ello será el desencadenante de una historia de venganza y continua lucha contra los poderes fácticos. Desgraciadamente tampoco tenemos nada en castellano.

Clara Asunción García

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Autora de la serie de Cate Maynes (2011-2016), detective lesbiana ubicada en un lugar ficticio llamado Océano. Lo romántico-erótico se suele mezclar con las tramas policíacas indisolublemente. Muy explícita en sus planteamientos, no deja de ser audaz el tratamiento de sus relaciones sexuales. Todas sus novelas son localizables en nuestro idioma gracias a la Editorial Egales.

Y hasta aquí nuestro recorrido por las series queer noir. Esto no es óbice para que existan varias novelas individuales que traten también con protagonistas de este tipo. No se puede olvidar aquí uno de gente como Rodney Garland (The heart in Exile -1953-), Lou Rand (The Gay Detective -1961-), Hugh Ross Williamson (A Wicked Pack of Cards -1961-), Robert Bentley (Here There Be Dragons -1972-), Ross Berliner (The Manhood Ceremony -1978-), Tom Hardy (Cock Stealers -1978-) o Jeremy Beadle (Death Scene -1988-), por citar algunos de ellos.

Todo esto nos lleva al libro que me ha servido de pretexto para hacer el repaso a esta historia de las series policíacas queer, El leñador de Michael Witkowski, que constituye un paradigma actual de este tipo de literatura y que nos muestra indudables virtudes que paso a relatar en unos ejemplos:

El protagonista es un escritor que escribe novelas policíacas. No hay un detective propiamente dicho pero sí estamos hablando de una novela policíaca. Este planteamiento requiere más trabajo del habitual, pero el autor es ingenioso y aprovecha lo metaficcional para reflexionar sobre el género.

“La maleta con ruedas, toda embarrada, saltaba por encima de los troncos y rompía el fino hielo de la superficie de los charcos. Finalmente divisé una luz. En el horizonte emergió una maravillosa casita, un rincón encantador. Roberto, en su ermitañamiento, se había limitado a abrir el portón de par en par y encender la lámpara del porche, para que yo pudiera ver desde lejos por dónde tenía que ir. Llevaba mis cuadernos, mi música y mi café. ¡Me quería poner enseguida a escribir esta novela policiaca!”

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Descripción de ambientes relacionados con las personas, especialmente de nuestros protagonistas leñadores. La descripción se aprovecha de la sexualidad del protagonista para presentarnos al colectivo de leñadores de una manera inequívocamente sexual. Todo un sello de identidad a lo largo de la novela.

“Los muy mentecatos no sabían que en la oscuridad de noviembre se ocultan personas, que la costa no está vacía, los bosques no están vacíos ni tampoco los campos húmedos, y mucho menos los puestos de guardia de los campings de los bosques, con sus correspondientes vigilantes nocturnos. En esas casitas, que podrían parecer desiertas, se esconden unos tipos que suelen andar despechugados y bebidos: son los leñadores, peleados con el mundo, que beben licor a morro y fuman con el batín medio abierto, están en su ambiente. Y esos vigilantes nocturnos, amos y señores de las casitas más pequeñas que uno se puede imaginar se masturban en sus  garitas y sus puestos de guardia. Son personas que durante ocho meses al año están absolutamente solos en algún lugar del bosque, rodeados de dunas, que vigilan algún centro vacacional estatal, pero cada uno va lo suyo. No se visitan unos a otros. Ninguna mirada ajena los contempla, ni ellos se ven en ojos ajenos, así que dejan de cuidarse.”

– Constante sentido del humor. Tal es el caso del relato que el chandalero (personaje estrambótico creado por el autor) hace en Asuntos Sociales para intentar obtener un piso, todo un capítulo narrado en un inglés macarrónico que resulta casi como un dialecto en sí mismo:

“Ai, Ai min, mi and mai guoman, güi lif in garach nir aquí. Not electrisiti. Not guoter. Smol animals guokin zru guols. Is guoter, bat in smol box, plastik box. Lot of terribol polish pipol. And lot of ucranian pipol, and moldavian pipol, and romanian pipol. In garach, denyerus, bensin and fayer, bicos nou electrisiti. Dear ar candels lait. And bensin mait buuum! And log of pipol duin nozin, onli smouk and guouk, smouk and guok, bicos nou guork.”

– Aprovecha la novela para reflexionar sobre la industria editorial en Polonia. Sorpresa: se parece un poco a la nuestra. No puede faltar la crítica si es divertida y constructiva:

“Por esta novela me dan todos los premios posibles, incluidos el Nike y el de la fundación Koscielski, pero no acudo a recogerlos porque Varsovia es un nido de avispas. Los periodistas tienen que venir aquí si quieren hablar conmigo. El móvil no para de sonar y es el chandalero el que contesta por mí, comenta y concede entrevistas por mí, aunque él cree que se trata de la marca deportiva Nike. Aporta sus opiniones sobre literatura y dice que el Pogon es el mejor. Al final los periodistas acaban hartos de él y vienen a entrevistarse conmigo en persona. El chandalero se hurga en la nariz y toma parte en un reportaje fotográfico que nos hace la revista “Tacones altos” con el título Juntos a través de los siete arroyos. Me subo a un taburete, quito los fusibles y les cuento una bola a los periodistas para que piensen que vivimos sin electricidad, sin comodidades básicas, pero felices, porque nos encontramos lejos de la cultura y la civilización de la cuenca mediterránea. El chandalero camina orgulloso y sigue convencido de que una empresa que fabrica chándales me ha concedido un premio.”

– Agria sátira sobre la sociedad polaca que podemos conocer gracias a las cavilaciones del protagonista:

“Cómo ha cambiado este hotel, pensó. En verano, cuando es más caro, sólo se hospedan aquí polacos, principalmente estrellas del espectáculo y putones adinerados de todos los pelajes que vienen a exhibirse con botas blancas de Docle & Gabanna y a conseguir que la plebe les tenga siquiera un poco de envidia. Aunque ahora la plebe ya lleva botas blancas y puede que hasta originales. Y también van “de ricos”. Eso ha cambiado mucho en Polonia. La plebe, hasta la más desaseada, huele a perfumes originales y se pasea por ahí con ropa de marca, tiene televisores de plasma y súper apartamentos, y a pesar de ello, o quizá justo por ello, siguen siendo plebe desaseada, al menos mentalmente.

En temporada baja, cuando los precios son un cuarenta por ciento más económicos, no tardan en presentarse los jubilados alemanes protestantes, vestidos con cazadoras beige y zuecos ortopédicos blancos, que por motivos religiosos son más ahorradores. Las tías parecen tíos, con sus camisas a cuadros y el pelo corto, cero glamour.”

También tenemos elementos policíacos que, a estas alturas, tampoco hace falta resaltar más. Todo lo lateral se complementa con ellos para dar como fruto una mezcla de gran calidad.

Los textos provienen de la traducción de Francisco Javier Villaverde de El leñador de Michal Witkowski para la editorial Rayo Verde.

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