‘Godzilla 3D’: la película de monstruos del creador de ‘Una pandilla alucinante’ que nunca vimos

Michael Dougherty , director de la reciente Godzilla: Rey de los monstruos inició su carrera en el cine de terror. Es un reflejo de otro director consagrado al género, Fred Dekker (director de Una pandilla alucinante, El terror llama a su puerta y el reciente reboot de Predator), con quien guarda otra coincidencia: el primer guion serio de Dekker fue un remake de la japonesa Godzilla. Esta es la historia del Godzilla que nunca vimos, uno con Rick Baker y el director estrella de la franquicia Viernes 13 a bordo. 

La nueva Godzilla: Rey de los monstruos consigue recuperar parte de los elementos que hacen del kaiju eiga un género adictivo para muchos. Pese a trasladar el espíritu de aquellas películas a la gramática del blockbuster americano más facilón y heredero de Transformers (2007), muchos de los elementos que deben están ahí: el monstruo que derriba rascacielos y pelea con otros monstruos como Rodan y King Ghidorah, el dragón de tres cabezas, detalles que la versión de 1998 nunca pudo realizar. La llegada del IMAX y el nuevo 3D son elementos que pueden hacer de una película de estas características un espectáculo de colosos memorable, pero también nos hace recordar que en 1983 ya hubo un intento de hacer la primera gran versión estadounidense del monstruo japonés, pensada para estrenarse en 3D durante todo su desarrollo durante varios años, antes de que el proyecto acabara por desmoronarse como un edificio.

En el verano de 1983 el 3D estaba regresando de nuevo al cine de manera discreta, tras haber vivido cierta época de esplendor en los sesenta. Por entonces hubo una gran afluencia de películas en el formato, casualmente terceras partes que utilizaban su título como propio reclamo, como Tiburón 3D (1983). O Viernes 13 parte 3D (1983) que alcanzo el estatus, en aquellos años de ser la película en el formato con mayor recaudación de la historia, y en la que Jason Voorhess llevó por primera vez su famosa máscara. Fue una secuela con bastante tirón y logró que el nombre de su director empezara a sonar para otros proyectos de estudio más ambicioso. El artesano Steve Miner tendría el privilegio de usar su experiencia en las tres dimensiones para aplicarlas a la aventura americana del gran lagarto radiactivo. 

Fred Dekker: un guionista alucinante

Pero quizá más importante que el nombre de Miner es Fred Dekker, autor del guion y director de Una pandilla alucinante (1987) y recientemente en el ojo del huracán por su guion a dos manos con Shane Black para Predator (2019), cuya historia se remonta, precisamente, a otra de un guion no rodado. Lo que muchos no saben es que Dekker se inició en Hollywood con este proyecto de resurrección del lagarto gigante. Sin ser tan fanático de Godzilla como Miller, su intención fue devolverle la dignidad al género de monstruos gigantes y tratar la idea con la máxima seriedad, concibiendo el producto como una idea de éxito al estilo de Steven Spielberg. Una gran apuesta, para entendernos. Según Dekker en el Podcast Best Movies Never Made, «seguimos la plantilla de Tiburón, sobre todo en el primer acto de la película. Sugerimos que Godzilla estuviera ahí fuera, pero en realidad no lo mostramos. El punto de giro de la trama se parecía mucho al de la película Gorgo (1961)». No le falta razón al director de Rococop 3 al comparar su versión con la película británica, pero desde luego, la sombra de Spielberg pesa más.

¿Y qué nos encontramos en su libreto? Pues muchos detalles interesantes para estudiosos de su obra, claro, y una voluntad de hacer una gran película de monstruo destructor con muchos personajes y líneas argumentales que confluyen. En las primeras páginas, por ejemplo, vemos ya marcas de su autor: la escena inicial es la caída de un meteorito, monitorizado por el siempre omnipresente ejército americano. Una conexión sencilla con la clásica estructura de cine terror de los cincuenta modelado por la ciencia-ficción, con las típicas llegadas de naves, meteoritos y masas devoradoras que calaron hondo en un Dekker que tiene al menos dos guiones filmados con el tropo incluido: los parásitos de El terror llama a su puerta (1986) y la primera nave de los depredadores en The Predator (2018). Un frenético lanzamiento de misil tensa las fricciones de la Guerra Fría en un intercambio de gritos entre militares para explotar al lado de las islas de la Polinesia. Seguimos la trayectoria submarina del proyectil tras el impacto y en ese momento aparece la garra de Godzilla, despertado, al parecer, por el impacto. 

GODZILLA vuelve a estar de moda, pero… ¿sabías que antes de todas las versiones norteamericanas modernas del saurio hubo un fallido intento de hacer una película en 3D sobre el saurio con guión de Fred Dekker? Te contamos todos sus secretos.

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Dekker: niños y monstruos

Aunque la voluntad de todos los implicados era realizar una película seria, no tardan en aparecer en las páginas escenas con espías matando a pescadores mexicanos, submarinos soviéticos, y found footage bajo el agua donde se ve a Godzilla entre el humo, de forma siniestra. El texto se compromete en todo momento con la naturaleza depredadora del saurio. En una escena en un barco con pescadores hay un momento de redes que parecen arrastradas que está tratado muy al estilo de Tiburón. No tardan en llegar los problemas militares, configurando en su guion muchas de las clásicas obsesiones de los ochenta, tratadas casi como cine cómico. Un detalle que no debe ser pasado por alto en el ocaso de la Guerra Fría. Por supuesto, no es una película de Dekker sin un niño audaz fan de las películas de terror, como si fuera cualquier integrante de la Pandilla Monstruo. El niño tiene posters de películas de terror, y el guión destaca que tiene uno de Creepshow bien grandote. Es la clase de muchacho que lleva lagartos de verdad a clase, y lo coloca en el proyecto de ciencias de una compañera, a modo de micro versión de lo que pasará más adelante en la película. 

Kevin, del que también se ríen en el colegio por ser rarito, es hijo de una profesora y de Daxton, un hombre relacionado con el gobierno, lo que enlaza al chaval con otros personajes clásicos del cine de Dekker, como el niño de Una pandilla alucinante o el de la reciente Predator, hijo de un militar. Mientras tanto, el guion va intercalando escenas cortas que siguen el paso de Godzilla, muy al estilo del remake de Roland Emmerich, cuyo estilo de blockbuster de desastres recuerda en gran medida a este proyecto. Hay imágenes de Polinesia con el clásico momento de ver la huella gigante, aunque esta vez con un grupo de niños jugando en ella. La aparición del monstruo no es vista de forma benévola, sino que se presenta mientras un hombre llora frente al cadáver calcinado de su mujer. Este guión iba en serio, predomina la presentación rápida de muchos personajes y escenarios, como periodistas, estaciones petroleras y un profesor de paleontología que explica en sus clases de universidad el efecto energético de la energía nuclear en seres vivos

El monstruo de tiempos remotos

Al final del primer acto se revela que en México se ha encontrado una criatura gigante reptiliana muerta, del tamaño de un edificio, en la playa. Pronto se descubre que es la progenie de Godzilla y que el verdadero es mucho, mucho más grande y viene a buscar a su bebé, otro giro de guion que parece haber salido al mismo tiempo que Tiburón 3. A partir de ese momento las tramas de espías, militares, rusos y los protagonistas se complican como en una película de Shane Black, con secuestros, tensión, frases graciosas y algo de violencia, pero todo es una antesala para la segunda mitad de la película, que se centra en el ataque del monstruo. Más en la onda, por su división estructural, con King Kong (1933) que con la propia Godzilla, hay, de hecho, algunas escenas impresionantes con helicópteros clavadas a las de Kong: Isla Calavera (2017). También hay una gran secuencia en el puente Golden Gate, como en el remake de Gareth Edwards y un final lírico y triste, al lado de Alcatraz, con el niño tratando de salvar a la bestia sin poder evitar su destino a manos de las armas del ejército. En las escenas de caos y destrucción hay detalles Dekker, como el hecho de que cortar a una pareja viendo la secuela de Viernes 13 en 3D —en Una pandilla alucinante el niño veía una secuela en el autocine desde su casa—, que están comentando que el 3D es malillo, con la consecuente aparición del monstruo en la pantalla, dando un efecto tridimensional real propio de una película de William Castle. Es gracioso, además, que aquella secuela fuera del propio Miner. 

El artista William Stout, diseñador de producción en Conan, el bárbaro (1982) hizo extensos story boards y se refiere a la película como «el mejor proyecto cinematográfico que nunca sucedió«. Todo ese material se debe a que Miner quería mucho arte de presentación para que los estudios pudieran tener una buena idea de cómo se vería la película terminada. Un poco lo que tuvo que hacer George Lucas para convencer a Fox de producir La guerra de las galaxias (1977). La intención era hacer una revisión puramente americana y alinearla con el cine de acción y fantástico de la época con tratamiento de serie A. La ambición era de gran concepto, superar las expectativas de los fans de Godzilla, que todavía no habían visto nada que no fuera un hombre dentro de un traje de goma. Había efectos especiales en casi todas las escenas, y todo el arte conceptual se hizo a tamaños que permitieran describir con más precisión los detalles necesarios para poder obtener presupuestos bien calculados por parte de las empresas de FX. 

Efectos especiales de ensueño

Miner armó un Dream Team para su equipo de artistas FX que darían vida a Godzilla. El nombre más importante y que más hace salivar es el maestro Dave Allen, responsable de Cuando los dinosaurios dominaban la tierra (1970) para encargarse del stop-motion, cuando aún era uno de los recursos más utilizados en escenas de monstruos gigantes. Ese trabajo sería combinado con esculturas del ganador del Óscar Rick Baker, que estaría encargado de crear una cabeza gigante de Godzilla robótica. En cuanto al diseño, se quiso eliminar el efecto de hombre dentro de traje que solían dejar como consecuencia unas piernas grandes, como pantalones sueltos, y se buscó un aspecto más parecido a un dinosaurio, mientras se mantenían las aletas dorsales en la espalda. El problema grande venía a la hora de mezclar el stop-motion y las 3D, puesto que eran técnicas antagónicas.

William Stout con un modelo de Godzilla para la película.

Todo esto disparó el presupuesto a unos 30 millones de dólares, poco menos de lo que había costado El retorno del Jedi (1983). Una barbaridad en esos días, que en casos como la saga de Lucas se podían apostar a valor seguro, pero que en este caso fue el detalle que hizo que los estudios principales se resistieran. El fracaso reciente de La puerta del cielo (1980), que se estrelló con un megalómano presupuesto de 44 millones, tenía a todos las productoras en un momento de suspense. Nadie quería ser la siguiente en caer, y menos invertir esa cantidad de dinero en lo que todavía se consideraba un producto infantil para freaks y fans estrafalarios del cine oriental. 

El éxito de Miner en el slasher no era suficiente. Era visto como un director de cine de terror y no logró la confianza de ninguna major, por lo que el proyecto fue apagándose hasta que se dejó de hablar de él en los pasillos. Incluso había intenciones de hacer un kaiju con más monstruos, como está haciendo ahora Godzilla: Rey de los monstruos. Al menos, esta asociación entre Miner y Dekker nos legó una de las películas de terror de casa encantada más divertidas, reivindicables y originales de los ochenta, la casi lovecraftiana House, una casa alucinante (1986). 

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