“Gravity Falls” – El verano que queríamos vivir para siempre

Gravity Falls (2012-2016) llegó a su fin el pasado viernes con un episodio apocalíptico. La serie creada por Alex Hirsch dice adiós a sus fans después de granjearse una posición exclusiva en el podio de las series de animación contemporáneas. En CANINO hemos querido desvelar los misterios que han quedado sin resolver ¿Qué es lo que ha convertido esta serie en lo que es hoy? ¿Cómo puede una serie tan inclasificable unir a tanto público? Conozcamos las claves de Gravity Falls.

Ha sido un verano de cuatro años y cuarenta episodios. Pero no ha sido un verano cualquiera. Ha sido un verano de gnomos, zombies, casas encantadas, arañas gigantes asesinas y seres pandimensionales con ganas de liarla. Ha sido inolvidable. Pero todo lo bueno se acaba y ahora estamos sentados en un autobús y ése pequeño pueblo ficticio de Oregón en el que hemos pasado tantos buenos ratos… se pierde en la lejanía. Ese pueblo era Gravity Falls. Y el autobús en el que estamos es el que nos lleva, como a sus protagonistas, de vuelta a casa. Lejos del misterio. Cerca de la vida normal. Y nuestro corazón se encoje. No podemos decir adiós tan fácilmente a Gravity Falls. Hay mucho que decir sobre ella.

Así nace La cabaña del misterio

Gravity Falls La Cabaña del misterio

La cabaña del misterio habitó la mente de Alex Hirsch durante años. En el instituto, una protozoica Gravity Falls tomó forma de piloto de serie que animaba en flash mientras se sacaba el graduado. Hoy Hirsch insiste en mantener oculta aquella criatura. La idea era bastante simple: dos mellizos preadolescentes (Dipper y Mabel) son enviados a un pequeño pueblo rural para pasar el verano y allí se enfrentan a toda suerte de fenómenos paranormales. Una idea que cogió fuerza y complejidad en la universidad. Por aquél entonces compartía clase, oficina, cafés y lápices con J.G. Quintel y Pendleton Ward, creadores de Historias Corrientes (2010-) y Hora de Aventuras (2010-) respectivamente. Pero a diferencia de sus colegas, Hirsch no se quedó en la factoría que le formó como animador: hoy trabaja para Disney.

Mientras su programación relegaba la animación a un canal secundario (Disney XD) y dedicaba sus esfuerzos a hacerse con el nicho juvenil-familiar con series de acción real, Disney Channel perdía una audiencia cada vez más afincada en Cartoon Network. Su único paladín, Phineas y Ferb (2007-2015), mostraba sus armas cada vez más desgastadas. Por suerte para la cadena, un animador de la escuela de su competidor les vendió estupendamente una idea: Alex Hirsch.

Alex Hirsch

Alex Hirsch y un muñeco de Stan Pines

El punto de vista comercial estaba más o menos claro: una serie de misterios autoconclusivos que recordaba a Scooby-doo (1969-) pero que subvertía sus clichés. Los estafadores ahora no eran los villanos, la Máquina del Misterio ahora se llamaba La cabaña del Misterio, no habría máscaras ni disfraces,sino monstruos reales y la mascota no sería un perro parlanchín sino un cerdo adorable. Aunque luego nada fue tan “así” como se esperaba.

Sólo algunos capítulos serían autoconclusivos. Sólo algunos villanos serían derrotados. Sólo a veces lo paranormal protagonizaba el relato.  Y sólo Gravity Falls tenía una fecha de caducidad clara y una fórmula que no se iba a estirar como un chicle. Phineas y Ferb terminó con 222 capítulos y varias películas, El asombroso mundo de Gumball suma ya 156 episodios. Y nadie niega que sean serie estupendas, pero lo poco gusta y lo mucho cansa (afirmación simplista, todo sea dicho). El caso es que Gravity Falls nacía como una anomalía dentro de una industria acostumbrada a abaratar costes y repetir estrategias. Y es lo que ha seguido siendo: una rareza, un extraordinario fenómeno paranormal. Y algo más…

Gravity Falls, una biblia pop raruna

Las referencias a la cultura pop son un signo posmoderno difícilmente separable de la mayoría de series de animación contemporáneas. Pero es el carácter y la naturaleza freak de dichas referencias lo que marca el alegato diferencial que es Gravity Falls. Aquí no hay guiños a Star Wars, ni superhéroes de cómic. Nada duele por obvio aún funcionando como guiño a la cultura de masas. Subsiste siempre una elegancia en el guiño, una consciente, rebuscada y única manera de rendir tributo a sus referentes que no tiene nada que ver a lo que estamos acostumbrados.

Se podría decir, por ejemplo, que el mismo pueblo de Gravity Falls, su paisaje, su cafetería, sus bosques, son una alegoría animada de Twin Peaks (1990-1991). Y partiendo de que lo paranormal sobrevuela un pueblo habitado por gente aún más rara la referencia es palpable. Pero… ¿cómo evidenciarla? Pues pongamos por ejemplo que los dos protagonistas tienen que colarse en un restaurante pijo. Tenemos que transmitir sobriedad, elegancia y extrañeza en un solo plano. Qué mejor manera de hacerlo que imitando la Habitación Roja de las logias con las que sueña el agente Cooper. O dejando sobrevolar en los momentos melancólicos melodías extrañamente parecidas a las de la serie de culto de David Lynch. O haciendo que el mismo Kyle MacLachlan doble a un personaje que pasará totalmente desapercibido (un conductor de autobús en el último capítulo de la serie).

Gravity Falls Twin Peaks

La sutileza, el acertado arte de guiñar el ojo con elegancia marcará la diferencia de la biblia freak: hará que un personaje principal silbe el criminal violín de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), que un badulaque encantado se llame Dusk 2 Dawn por Abierto hasta el amanecer (Robert Rodríguez, 1996), que grupo pop se llame Babba en lugar de Abba, que unos minotauros ejecuten el Método Ludovico con el protagonista por La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971) o que un policía espacial se parezca mucho, pero mucho, a Dolph Lundgren en Soldado universal (Roland Emmerich, 1992).

Gravity Falls universal soldier

Y estos son sólo ejemplos rápidos. Uno puede jugar a encontrar guiños al Hollywood clásico como los títulos de Saul Bass, una figura de cera de Groucho Marx o predicadores rollo La noche del cazador (Charles Laughton, 1955). Pero también a la literatura con referencias a El Arte de la Guerra o a las obras de H.G. Wells e incluso a juegos de mesa como Dragones y Mazmorras o videojuegos como el Donkey Kong (1981) original o el arcade de Street Fighter II (1991). Todo es empezar. Pero aviso: cuando empiezas ya no paras. Y cuando ya te estás enamorando te plantan un capítulo de homenaje a Ray Harryhausen.

Tribulaciones de un adolescente

Alex Hirsch cuenta que el largo verano de Dipper y Mabel está inspirado en las aventuras vacacionales que él mismo vivía con su hermana melliza: Ariel Hirsch. Ella también tenía un cerdo, aunque no sabemos si se llamaba Bamboleos (Waddles en inglés). Gravity Falls asume ser un relato preadolescente y combina distintos niveles de narración para su fin último: el gran misterio no es el origen dimensional de un malvado, el gran misterio es crecer. Desde los ojos de Dipper y Mabel descubriremos que es mucho más difícil derrotar el trauma del primer desamor que a una manada de gnomos cabreados. Que es más duro enfrentarse a la incomprensión y la desaprobación ajena que a un robot gigante. Que tienen menos sentido los celos que los osos de diez cabezas (también conocidos como multi-osos).

Cierto es que el crecimiento personal y la moraleja última es la base de casi todo relato contemporáneo dirigido a un público preadolescente (en parte, el gran error de la ficción televisada). El verano es ése momento, casi ese lugar abstracto en el que se forma la personalidad del niño que el resto del año repite mecánicamente los rituales propios del colegio y el instituto. Es el tiempo de descubrir, de experimentar. Es el tiempo de aprovechar el tiempo y lo que quiera significar. A lo largo de este verano de cuatro años, Dipper y Mabel han crecido como ha crecido su público. Pero aquí no sólo han crecido ellos: crece su tio abuelo Stan, crece Wendy -la adolescente de la tienda-, crece Soos -el “manitas” de La cabaña del misterio-… En definitiva, crece todo aquel que ha vivido lo que Gravity Falls ha vivido. Y eso es grande. “Mira, las cosas no van a estar paradas de esta forma. Aceptarlo es parte de crecer. El verano siempre termina”, le dice Dipper a su hermana. El día que cumplen trece años Wendy abraza a los mellizos y los declara “técnicamente adolescentes”. Ese día, abandonan Gravity Falls.

J. D. Salinger reflexionaba sobre la adolescencia como algo por lo que han pasado los más grandes y los menos afortunados. A todos, a determinada edad, nos ha confundido o asqueado la conducta humana. Y todos han sufrido moral y espiritualmente la misma ansiedad. “Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si sabes dejar una huella. Se trata de un hermoso intercambio que no tiene nada que ver con la educación. Es historia. Es poesía”. Gravity Falls es por momentos exactamente eso: es historia, es poesía.

Algo más que una serie de animación

Gravity Falls bat

Ya sabemos que todo producto cultural vehicula inherentemente un sistema de valores y, de alguna manera, una ideología (o reflexión sobre ésta) significada mediante distintos mecanismos. Por eso mismo sorprende la madurez con la que Gravity Falls decide abordar ciertos mecanismos narrativos y clichés género y formato. Narrativamente los arcos argumentales se combinan de un modo delicioso y, también, más complejo que el que solemos enfrentar en series de animación de su estilo. Solemos ver que existen personajes secundarios recurrentes que reaparecen capítulos o temporadas después de su presentación, recuperando un arco argumental que a veces es simple reciclaje. Un villano que vuelve con más poder, un amor olvidado que reaparece para complicar las cosas…

Gravity Falls decide, como ya hacía Expediente X (1993-), que cada trama conclusiva conduzca de una manera u otra, pero constantemente, la trama principal y sus motivos. Cada misterio hace avanzar la resolución del “gran misterio”. Cada elemento es la pieza de un puzzle superior cuyo significado no alcanzamos a ver qué construimos. Podemos adivinar qué hay detrás de cada pieza que encaja con otra pieza pero nada nos deja ver la imagen total, completa. Al menos hasta hasta el final, el especial Wierdmageddon de tres episodios.

Gravity Falls Bill Cipher

Pero no nos quedemos aquí. Gravity Falls subvierte también clichés de género y formato tan manidos como poco representativos de una sociedad tan heterogénea como la nuestra. No hay funciones que representen personajes en su totalidad. Sobre el “adulto responsable” de la seguridad de los mellizos, Stan Pines, su mano derecha asegura que “la personalidad de Stan es uno de los grandes misterios de la vida, cómo si puedes o no lamerte el codo”. Aunque esto se podría aplicar a todos sus peronajes: complejos, poliédricos y geniales.

Stan Pines no es el adulto responsable, Dipper no es el típico sabelotodo freak al que siempre se le dibuja gafas y cierta dificultad de adaptación social, Mabel no es la tonta del grupo ni Wendy es la dama en apuros. De hecho, esta última es una adolescente aventurera criada en una familia de leñadores varones de la cual es el miembro más fuerte: es independiente y reparte hostias como panes cuando toca. Y Soos… es Soos. No se libran de romper moldes ni los secundarios. Como muestra un botón: la pareja de policías del pueblo. Con ellos, Gravity Falls tal vez tenga la primera pareja abiertamente homosexual de una serie de estas características.

Gravity Falls gay cops

El apocalipsis molón

Y llegamos al final, pero con ganas de más. Muchísimo fandom sediento y teoría loca ha analizado la simbología illuminati o masónica de Gravity Falls. Nada de eso tiene que ver con la pretensión creativa de sus creadores. Como afirma el propio Hirsch dibujaron a Bill Cipher, el archivillano de la serie, a partir de un billete de dólar y jugaron a meter códigos ocultos en frames como parte de un diálogo con el fan, de naturaleza propensa a la sobreinterpretación.

El caso es que nacía Bill Cipher, el mal de todos los males de Gravity Falls. Un triángulo con un ojo y pajarita. Un ser pandimensional de un poder ilimitado y una personalidad absolutamente genial (y malévola). Y con él, claro, llegó el apocalipsis molón. El Weirdmageddon (algo así como el Raromagedón).

Una brecha dimensional parte el cielo de Gravity Falls y un ser de poder ilimitado recluta monstruos de otras dimensiones para desatar el terror a lo largo de tres capítulos donde asistimos al final más grande, más imaginativo, más loco, más bestia y más original de una serie en años: “Apocalipsis molón, buen rollo y destrucciónque dirían Gigatron. Por miedo a hacer spoilers irreversibles y porque Weirdmaggedon merece un artículo propio y esto se nos iría de la manos, sólo diré que todo se multiplica para reducir la esencia.

gravity falls evil dead

Los guiños siguen, homenaje a Mad Max (George Miller, 1979) inclusive. Su madurez narrativa decide profundizar en los personajes: explorando a Soos y Wendy al principio, sintetizando el elixir de la relación entre Mabel y Dipper en la segunda parte y resolviendo la de Stan y Ford (personaje a quién conoceréis sólo si habéis visto más de la mitad de la segunda temporada) y todo atisbo de subtrama en última instancia. Y su encanto y cuidado a la hora de tratar toda relación interpersonaje, cerrar toda trama diegética y emocionar hasta encoger el corazón, termina pulida y exacta. Con una precisa combinación entre la aventura y el terror, el corazón y la mente, Weirdmageddon crece, evoluciona y se resuelva de una manera espectacular. Y cierra así una serie memorable.

Ha sido un verano de cuatro años y cuarenta episodios. Pero no ha sido un verano cualquiera. Ha sido un verano de gnomos, zombies, casas encantadas, arañas gigantes asesinas y seres pandimensionales con ganas de liarla. Ha sido sencilla y completamente inolvidable. Y recuerda: ¡la realidad es una ficción, el universo es un holograma, compra oro!

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6 comentarios

  1. Sara dice:

    Ese "recordava a Scooby-doo", por favor.

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