Guía de iniciación a los superhéroes (VII) – Cómo acabar de una vez por todas con los superhéroes

Los Fracasados Canino Portada

Los superhéroes están en todas partes y es muy posible que nos sobrevivan a todos, así que si no puedes con el enemigo, empieza a leerlo. Te contamos por dónde empezar con una serie que publicaremos el primer jueves de cada mes, para que tengas respuesta a todo lo que quisiste preguntar sobre los superhéroes, desde las grandes editoriales a universos ya extintos. Exhaustiva, pero ligera; informativa, pero apasionante. ¡Es la guía de iniciación a los superhéroes!

Aunque es cuestionable que, si no te gustan los superhéroes, hayas llegado a este punto, a lo mejor estás harto de sus capas, sus mallas, sus sonrisas apretadas y su moralidad. Y como hasta ahora hemos hablado de éxitos y evoluciones, de deconstrucciones y afirmaciones del mito, quizá es el momento de ponernos las gafas para leer el pasado y la bola de cristal para el futuro: ¿morirá alguna vez este género? ¿Podemos matarlo?

El largo y tortuoso camino

Como hemos visto en capítulos anteriores, los superhéroes no lo han tenido fácil para convertirse en los iconos de hoy, capaces de liderar películas de muchillones de presupuesto. Han sobrevivido una guerra mundial, varias recesiones económicas y hasta se han permitido el lujo de liderar crisis en su propio medio, como la implosión de DC en los setenta o la debacle provocada por Marvel en los noventa.




Pero el talento de sus responsables creativos y económicos, unido a una pizca de suerte, consiguieron que las dos grandes formen parte de conglomerados empresariales donde pueden permitirse fallar. A su lado, editoriales como Image y Valiant sobreviven con sus propios puntos de vista sobre el género y del negocio.

Thor 341

Al menos, siempre nos quedan los autores para lanzar pullas… como meter a Clark Kent en Marvel.

Es una convivencia nerviosa. Hace veinte años, de existir Twitter, habrían estado Marvel, DC e Image intercambiándose pullitas, pero hoy hay declaraciones medidas y consensuadas por todo un equipo de relaciones públicas. Como si se fuera a desintegrar algo por una declaración fuera de tono y no te digo ya un cruce de cabeceras: es una pena, pero se hace difícil que Superman (u otros héroes de DC) vaya a tener otro Alien en su interior. No hablemos ya de mezclar superhéroes como sucedió con Amalgam

Ese camino a la gloria empresarial, no obstante, ha dejado en la cuneta a varias editoriales. Algunas pudieron suponer un problema real, otras fueron una amenaza nunca cumplida, pero todas acabaron cerrando. Y nos van a enseñar una lección (y antes de empezar, no está de más volver a advertir que, aunque no están todas las que son, sí que son todas las que están).

Mini guía básica de editoriales cerradas

Atlas / Seaboard

Tiger-Man de Atlas

El nombre de Atlas te debería sonar, pero si te digo que detrás de ésta se encontraba Martin Goodman, quizás te salte alguna alarma. No te equivoques: estos tipos no son Marvel Comics, aunque lo quisieron con todas sus fuerzas. Es 1974 y, después de haberse desprendido de Marvel, Goodman comprende que aún puede libar dinero de la juventud americana con eso de los superhéroes. Las malas lenguas dicen que funda Atlas como venganza contra los dueños marvelitas de entonces, Perfect Film & Chemical Corporation, los cuales se negaron a dejar a su hijo Chip como director editorial.

El caso es que Atlas ofrece unas condiciones inmejorables para la época, con una paga superior a la competencia, la promesa de devolver los dibujos originales (una larga y viciosa batalla que se prolongaba desde los inicios) y que los autores mantuvieran derechos sobre sus creaciones.

Entonces… ¿por qué no hay una película de The Destructor, Tiger-Man o siquiera de Iron Jaw? Bueno, las ventas no acompañan, Martin insiste demasiado en que tienen que parecerse a Marvel (fijaos en las grandilocuentes cubiertas) y, seamos sinceros, los personajes se adelantaron a los noventa en su capacidad de dar grima moral. Ninguna cabecera superó los cuatro números.

¿Qué podemos aprender? Necesitas personajes con carisma, con un diseño elegante y, a lo mejor, también un plan editorial y empresarial que te permita mantener los sueldos. Y que intentar parecerse a Marvel en uno de sus picos de éxito sólo te lleva al fracaso…

¿Qué pasa con sus personajes? Algún iluso ha intentado hacer alguna nueva versión pero, seamos sinceros, estos personajes no eran simpáticos ni por dentro ni por fuera.

Charlton Comics

Blue Beetle de Charlton

Si has leído Watchmen o la DC de mediados de los ochenta hasta ahora, ya conoces a muchos de sus personajes, sólo que no lo sabes: o estaban camuflados en la versión de Alan Moore y Dave Gibbons, o estaban tan integrados en el universo DC que no te diste cuenta de que, en origen, no pertenecen ahí.

El plan editorial de Charlton no tenía por qué fallar. Con su altar a la Virgen del Puño, se les conoce durante años como los que peor pagan, de los que peor papel manejan… pero también de los más baratos. Como autor, una miseria; como crío que se gasta los cuartos en un puesto de periódicos, una ganga. Desde su fundación en 1944 les funciona la cicatería. Y como el conglomerado del que forma parte cubre todo el proceso, desde la edición hasta la distribución, sólo se tienen que preocupar de mantenerse a flote.

En cuanto a superhéroes, que es lo que nos ocupa, no les interesa mucho. Antes de la Edad de Plata, apenas se centraban en ellos, a pesar incluso de haber adquirido los derechos de algunos personajes de la Fawcett (sí, los del Capitán Marvel, pero no, no los derechos de éste); en los sesenta siguen la moda con Blue Beetle, el Capitán Átomo, The Question o Peacemaker, pero los marginan en favor de cómics de venta más segura, como los basados en personajes de Hannah-Barbera o series de televisión. Al final, cierran en los ochenta.

¿Qué podemos aprender? A los superhéroes se viene a jugar, no a ir de paso. Y a veces, el interés se demuestra aunque en ese momento sólo publiques mierda: lo vital es seguir hasta que haya vacas gordas y artistas flacos, pero con talento.

¿Qué pasa con sus personajes? Algunos tuvieron una brevísima etapa en AC Comics, editorial especializada en hacer caja de propiedades intelectuales de dominio público, pero no duró: a DC que se fueron.

Eclipse Comics

Zot! de Scott McCloud

Sin Eclipse, algunos de los avances artísticos y laborales en el cómic norteamericano se habrían producido más tarde. A ellos les corresponde el mérito de haber publicado la primera novela gráfica destinada al mercado directo (Sabre, de Don McGregor y Paul Gulacy), de haber sabido explotar el incipiente mercado de venta directa y, al otorgar los derechos y regalías de sus creaciones a los artistas, de apretar las tuercas a las dos grandes editoriales para que casos como el de los creadores de Superman no se repitieran.

Fundada en 1977, su producción de superhéroes no es muy grande, pero sí fructífera. Ellos publican Zot!, de Scott McCloud (protagonizado por un superhéroe de una tierra alternativa, y que inspira al mismísimo Alan Moore para una escena de Watchmen), los DNAgents de Mark Evanier, una de las ramas de la Odisea de la Metamorfosis de Jim Starlin (El Precio) o se encargan de traer a Estados Unidos el Marvelman británico, renombrado Miracleman por regañinas con Marvel. Es más, gracias a ellos, la historia de Miracleman puede ser continuada por Neil Gaiman.

Dreadstar: El Precio

Pero Eclipse no estaría en esta lista si no hubieran tenido problemas, y su cierre se debe a una serie de catastróficas desdichas que vosotros, lectores, no deberíais leer si queréis quedaros con algo de alegría en el cuerpo.

Primero, en 1986, una inundación da al traste con un montón de números atrasados guardados. Oh, tú podías ir a la tienda y comprar tu nuevo número de Miracleman, por ejemplo, pero no podías encargar a tu librero un viejo número de DNAgents o Sabre, sino que tenías que buscarlos de segunda mano. Y son malos tiempos para no disponer de stock: a mediados de los ochenta, Marvel y DC inundan las estanterías para barrer a sus competidores independientes y la lucha es feroz.

Luego viene el divorcio de uno de los fundadores de Eclipse, que afecta a la compañía al ser su pareja socia. La puntilla viene de esa masacre del cómic que es el estallido de la burbuja de los cómics en los años noventa.

Miracleman de Moore

¿Qué podemos aprender? El papel mojado no llega a ninguna parte. Un par de colecciones de culto pueden hacer que se recuerde tu nombre, pero no que te mantengas a flote: después de todo, el Titanic es más famoso por estar hundido.

¿Qué pasa con sus personajes? Todd McFarlane compra los derechos de los personajes de Eclipse en 1996, incluído Miracleman, para disgusto de Neil Gaiman y Alan Moore. Durante más de una década se encadenan las disputas legales, hasta que el nudo gordiano de los derechos de Miracleman se resuelve y Marvel se hace con ellos (para disgusto de Moore).

¿Salió algo en España? Cómics Fórum publicó unas cuantas cabeceras entre 1990 y 1992. Más tarde, algo del material ha sido reeditado por Planeta (como Zot!) y en el caso concreto de Miracleman por Panini. De rebote, Fórum también publicó El Precio, de Starlin, después de agotar los 26 números de Dreadstar publicados por la línea Epic de Marvel.

Comico Comics

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La fatalidad no entiende de talento, aunque tiene imaginación y sentido del humor. Por eso Comico acaba como acaba. En 1981, en la Facultad de Arte de Filadelfia, Gerry Giovinco y Bill Cucinotta publican una revista de fanáticos del cómic llamada Duckworld, gracias a la cual conocen a artistas como Matt Wagner o Dave Johnson. Cuando un amigo del instituto de Gerry, Phil Lasorda, le comenta que su hermano fisioterapeuta Dennis les ofrece parte del dúplex donde tiene su consulta, el sueño de Comico se empieza a hacer realidad.

Debutan con una antología, Primer, cuyo segundo número aloja el debut de Grendel, la creación más memorable de Matt Wagner y uno de los principales valores de la editorial. Poco a poco y gracias al incipiente mercado de venta directa, nacido en los setenta y que consiste en vender a librerías especializadas sin opción a devolución, Comico se permite crecer y publicar en color a partir del 84, con títulos como Mage (una autobiografía de Matt Wagner mezclada con fantasía) o los Elementales de Bill Willingham (el tío de Fábulas), un grupo de superhéroes basado en los cuatro elementos de la naturaleza.

Mage Comico

Su plan de negocio inicial, consistente en publicar un número razonable de títulos para mantenerse a flote, se convierte en un monstruo indie que lo mismo te publica Jonny Quest que a Sam & Max, pero aún así, las cosas van bien. Finalmente, y aunque muchas editoriales reciben una estocada mortal por factores como crisis periódicas en el mercado y alguna que otra por la II Guerra Mundial, en este caso intervinieron la avaricia y algo de estupidez, por qué no decirlo: en 1986, Comico se atreve a distribuir a quioscos, lo que provoca su ruina.

¿Os acordáis de las ventajas del mercado directo? Pues nada de eso se aplica a los quioscos, que devuelven un montón de material de Comico y piden que se les devuelva la pasta, limando el margen de beneficios. Aquí confluye además que, como dije antes, en el 86 y 87, Marvel y DC inundan el mercado y un quiosquero, de elegir, prefería un Spider-man a una novela gráfica de Max Headroom.

Elementals de Comico

Los hermanos Lasorda, hartos de perder pasta, piden irse y Comico está a punto de desaparecer cuando, en 1990, un excéntrico inversor llamado Andrew Rev compra la compañía. Matt Wagner, que se huele el pastel, va a cuchillo para recuperar los derechos de sus personajes, pero Willingham, cansado de sus Elementales, entrega a Rev los suyos.

Durante los noventa, Comico se convierte en una sombra moribunda que parece vivir de los superhéroes de Willingham, protagonizando incluso varios especiales eróticos, hasta que cierra en 1997. Hoy existe un sucesor espiritual, CO2, fundada por Giovinco y Cucinotta y en 2010 se subastaron en ebay un montón de dibujos de la editorial aunque, dada la política de devolución de originales, podrían ser promocionales, regalos…

¿Qué podemos aprender? La avaricia rompe el saco. De haberse mantenido en el mercado de venta directa habrían tenido la oportunidad de quebrar en los noventa, como leeremos acerca de otras editoriales de este artículo.

¿Qué pasa con sus personajes? Matt Wagner recuperó Grendel, que recala en Dark Horse, y Mage, que salta a Image. Los derechos de los Elementales están en un limbo que ni siquiera Jim Lee pudo recuperar de las fauces de Rev.

¿Salió algo en España? Grendel ha pasado por casi todas las editoras importantes del país: Zinco, Norma, Astiberri, Recerca, Planeta… Mientras, Mage se publica gracias a Dolmen.

First Comics

Nexus Norma

En 1983, un puñado de autores se juntan para crear su propia editorial. Su fondo se nutre no sólo de creaciones originales, también de personajes salidos de la extinta Capital Cómics, una editorial de muy corta vida creada por la distribuidora Capital City Distribution. Sus superhéroes no es que compartan un universo común, ni siquiera forman el grueso de su producción: la apuesta de First es prudente y orientada a cierta calidad, lo que limita su capacidad para crear pijameros. Aún así, tienen en su haber a un superhéroe de culto, Cíclope Nexus, creado por Mike Baron y Steve Rude, y, bueno, a otros que han caído en el olvido, como Alter Ego, de Roy Thomas y Ron Harris.

Con el talento de Baron (creador también de Badger, un veterano de Vietnam con personalidad múltiple) y otros como Mike Grell o Jim Starlin, quien se trajo a Dreadstar de Epic y, veremos, está metido en muchas editoriales muy independientes y muy extintas. Cualquiera diría que podrían haber durado más de nueve años, pero lo cierto es que la editorial, pese a cierto éxito, se dedica a dar palos de ciego.

Badger First

A lo mejor algo tiene que ver que uno de sus fundadores y presidente, Mike Gold, dejara su puesto para ser editor en DC (dónde cuela a algunos de sus compañeros). O, simplemente, que no había definida una línea editorial clara. Sea como sea, First está ahí hasta que desaparece con un encogimiento de hombros metafórico en 1992.

¿Qué podemos aprender? Hay que saber terminar a tiempo. Podrían haberse vuelto excesivamente derivativos o aceptar cualquier cosa, pero prefirieron cerrar las puertas (en un momento, todo sea dicho, en el que la calidad en los supers estaba decayendo).

¿Qué pasa con sus personajes? Al ser propiedad de sus creadores, seguir la pista a algunos supone hacer un listado de editoriales independientes. Nexus fue a parar a Dark Horse, pero Badger ha estado en Dark Horse, Image, IDW… Sigue al autor, encuentra al personaje (aunque no, Alter Ego se quedó aquí).

¿Salió algo en España? Nexus empieza su andadura con Ediciones B en 1988 y protagoniza un cruce con Madman publicado por Planeta en el 97, pero desde el 2000 ha visto sucesivas ediciones a cargo de Norma.

Malibu

Ultraverse premiere

Si cada editorial de las aquí presentadas fuera una persona, Malibu puede que sea la de un tipo que empieza poco a poco en el gimnasio, se cicla y acaba desahuciado. En 1986 nace la editorial, que vive mediante títulos en blanco y negro y cómics basados en licencias, hasta que en los años noventa coge la ola especulativa que vive el tebeo norteamericano.

Por un lado, aprovecha las licencias de Centaur Publications, una de las editoriales de superhéroes más antiguas (y extinta en 1942), para revivir antiquísimos superhéroes a coste cero en licencias, ya que habían caído en dominio público. Por el otro, se alían con unos locos que les dejan en la cuneta en el momento que consiguen pasta y fama por su cuenta: sí, Malibu ayuda a Image Comics a despegar. La patada propinada por aquellos tipos no es sólo económica, también metafórica, y alguien en Malibu piensa que, a lo mejor, deberían tomarse más en serio los superhéroes.  

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Malibu hizo numerosos cruces con Marvel antes de ser condenada al ostracismo.

El Ultraverso ve la luz en 1993 y se expande en su línea editorial, hasta dominarla, porque los pijameros lo petan. En el Ultraverso existen los ultras, que no son aficionados descerebrados de los deportes, sino personas con poderes especiales que les sirven de excusa para golpear, medio desnudos, a la gente (bueno, sí, en algo se parecen a los ultras de nuestro mundo).

Sin embargo, en 1994 la burbuja especulativa ha pinchado, las ventas empiezan a decaer y no les salvan ni los numerosos cruces con Marvel. DC está interesada en comprar la editorial, pero la afinidad con la Casa de las Ideas y una jugosa oferta de compra sellan su destino. Ya en Marvel, el Ultraverso languidece poco a poco hasta que muere en 1996.

¿Qué podemos aprender? Podría soltar una perorata sobre las burbujas económicas y la especulación, pero dejémoslo en que tienes que saber cuándo tu dinero viene de gente interesada de verdad y cuándo de buitres de salón.

¿Qué pasa con sus personajes? No está muy claro, pero se especula que si Marvel no hace nada con ellos es porque tendría que destinar parte de los beneficios a los creadores de los personajes o incluso a uno de sus fundadores. Tampoco ayuda que Gerard Jones, uno de los creadores profílicos de la línea y de algunos de sus personajes más populares, fuera detenido por posesión de pornografía infantil.

¿Salió algo en España? Sí, aunque parece haber algo de lío. Ultraverse Premiere debuta en nuestro país a través de World Comics, de Planeta (los mismos que editan Spawn, por ejemplo), pero es luego Cómics Fórum, también de Planeta, quien lanza un gran número de cabeceras.

Sello Milestone

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Aquí volvemos con el cachondeo de los sellos, que es una forma de decir que es una editorial dentro de una editorial. En este caso, Milestone apunta a un problema que ahora se está solucionando, y sólo por parte de un 50% de los que lideran las ventas: la representación racial.

Claro que durante los setenta hay tímidos intentos de reflejar cierta diversidad, pero para los noventa se percibe un clamor que las grandes no saben contestar ni a tiempo ni con fuerza. Y surge Milestone en 1993, llamado de manera oficiosa el Dakotaverso porque sus principales personajes vienen de Dakota. Encima, tienen el viento a favor porque les ayuda en la distribución DC Comics.

Por favor, fijaos en el año. Ya sabéis qué pasará, ¿no?

Mundos en Colision Zinco

Desde la industria prefieren pensar que estos cómics para afroamericanos no interesan al resto del público porque, bueno, están a punto de pinchar la burbuja del 94 y eso de las ventas disparadas y disparatadas significa que hay mucho público, no mucho especulador. Pero no, es la puñetera burbuja la que hiere a Milestone, que decae pese a hitos como la serie Static Shock (que da el salto a la televisión como dibujos animados) o el cruce, llamado Mundos en colisión, con los principales héroes de DC. La división cierra en 1997.

Hoy, se supone, sus personajes andan pululando por este universo DC post Crisis, Nuevos 52, DC You, Convergencia y Renacimiento, pero si apenas pueden resolver embrollos dentro de la biografía de sus propios personajes, no me hables del paradero de Hardware o Static. ¿Quizás Dakota? Se supone que este año volvería a saberse algo

¿Qué podemos aprender? Las buenas intenciones no valen para mantenerse a flote y, como descubre Wildstorm una década después, ser un sello en DC es como tener un dedo en la espalda: es curioso, pero nadie sabe muy bien qué hacer con él.

¿Dónde están sus personajes? En DC, Dios sabe dónde.

¿Salió algo en España? En los noventa, dicen algunos, no éramos racistas (una pista: sí lo éramos) y Milestone podría haber tenido su público, pero Zinco sólo editó Mundos en colisión en 1995.

Crossgen

Crossgen Origen

Mark Alessi tiene un sueño y quiere usar su cuenta corriente llena de ceros para cumplirlo. Su visión, hay que decirlo, incluye una oficina creativa llena de asalariados (¡con plan de jubilación incluído! Un chollo, vaya) y un enfoque ligeramente distinto al dominante: la mayoría de sus cómics se pueden englobar en la fantasía o la ciencia-ficción, pero con un toque superheroico.

En 1998 se funda Crossgen y en el 2000 se publican los primeros títulos, como Mystic, Sigil o Scion. Quién sabe si aconsejado por un experto en branding o por haber leído muchos libros de marca, los títulos de Crossgen se caracterizan porque sus personajes principales están marcados por un sello que les otorga habilidades especiales, en un intento de crear un universo compartido que lleve a un final apoteósico.  

El plan es, cuanto menos, ambicioso: consiste en tener pérdidas los primeros seis años para luego nadar en billetes a partir del séptimo, cuando las licencias a videojuegos, cine y televisión traigan carretadas de pasta. El problema es que el dinero viene respaldado por stock de una empresa, Perot Systems, envuelta en un escándalo que la hunde en bolsa.

Negation Crossgen

Pobre Alessi: enviuda, algunas de las principales librerías del país devuelven sus cómics y piden la pasta de vuelta, se empobrece… Ante la falta de liquidez, se ve obligado a deshacerse de posesiones preciadas y de préstamos para que Crossgen siga adelante. Sólo hay una luz al final del camino, que es que Steven Spielberg lea el guión de una película basada en uno de los títulos de la editorial, The Way of the Rat. Si lo lee, podría dar el visto bueno definitivo a una película de DreamWorks con Chuck Russell como director.

Spielberg no lee el guión nunca.

A todo esto Marvel, que está interesada, espera con paciencia a que el proyecto termine de hundirse para hacerse con todo el fondo editorial por un millón de dólares en 2004.

Por cierto, ¿os acordáis de la dichosa marca sobre los personajes? La conclusión de la historia, la Negation War, nunca se edita. Ni se crea.

¿Qué podemos aprender? La mala suerte existe. De haberse fundado una década más tarde, el planteamiento de universo compartido y la situación del mercado cinematográfico habrían hecho que Crossgen, en efecto, hubiera conseguido jugosos contratos audiovisuales. Por el lado de Marvel, aprendemos que la paciencia tiene su recompensa.

¿Dónde están sus personajes? Marvel intentó relanzar algunas cabeceras, como Ruse, pero las ventas no acompañaron. Es probable que en veinte años o así vuelvan a probar, quién sabe.

¿Salió algo en España? Sí, Planeta deAgostini publicó mucho material en 2003, justo cuando peor le iba a la editorial.  

¿Y ahora qué? Lo que nos (les) espera

Como hemos visto a través de todas estas editoriales, los superhéroes no son un género infalible para ganar pasta, ni siquiera cuando el mercado está en un momento dulce. Hay que dedicarle todo tu esfuerzo, hay que perseverar (y tener dinero para ello) y, al final, saber cuándo decir adiós.

Hoy los superhéroes están más en boga que nunca, con las ventas de cómic en un punto estable, juguetes y videojuegos por todas partes y un lucrativo negocio audiovisual que amenaza con expandirse en tantas horas de cine y televisión que será imposible verlo todo. Bueno, hoy ya es imposible porque algunas producciones son ciertamente infumables, pero pronto será imposible desde un punto de vista fisiológico.

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La incógnita que tenemos por delante es si los superhéroes seguirán existiendo dentro de treinta años y con la misma popularidad. En el cine, la respuesta es fácil: tenemos por delante ese big crunch vaticinado por Steven Spielberg y George Lucas.

En los cómics, al menos de las editoriales grandes, el futuro es más complejo: podría intervenir la pura y dura indolencia empresarial, por el que se chapa un negocio aunque dé beneficios (si eres Patreonero, esto te sonará). Si vas a utilizar a artistas como granja de propiedades intelectuales, ¿por qué no dejarte de cómics y encerrarles en estudios para apuntar directamente al merchandising?

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Y por los superhéroes en sí, su reemplazo más lógico en la cultura popular viene y vendrá por la explosión de nuevos medios: piensa que, para muchas personas, los héroes de su infancia no son Superman o Batman o Spider-man, sino Lara Croft, Kratos o el Jefe Maestro. Mientras, el cómic americano seguirá siendo su terreno porque han crecido de forma paralela e indisociable hasta que otro género (quizá uno nuevo) los deje apartados.

En resumidas cuentas, sus historias y personajes han calado tanto en nuestra cultura que, para que desaparezcan por completo, debería borrarse nuestra cultura. Así que al final, la única forma que tendrás de acabar con los superhéroes es la misma que con la que se mata a cualquier dios: sustituyéndolos o ignorándolos.

Un último apunte: esto no ha terminado. Porque nuestra siguiente parada seguirá hablando de superhéroes, por supuesto, pero también de nosotros. ¿O nunca te has preguntado qué ha pasado con el género en España?

Enlaces de interés

El bloc de CO2 cuenta, entre otras cosas, la intrahistoria de Comico.

Aunque de forma tangencial, descubre por qué el negocio en puestos de periódicos puede ser algo turbio.

Sobre la subasta de arte de Comico.

Entrevista a Bill Willingham

Sobre Atlas / Seaboard

La triste historia de CrossGen

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