Guía para principiantes: Deadpool

Aunque no lo parezca, Masacre, nombre con el que se ha conocido tradicionalmente al personaje de Deadpool en España, lleva ya un cuarto de siglo dando vueltas por el universo Marvel. Repasamos su trayectoria editorial y las razones de su éxito en una Guía para Principiantes entre viñetas.

El mercenario bocazas está en la cresta de la ola. Su película ha arrasado en taquilla en Estados Unidos pese a su clasificación para adultos. Su tendencia a la ruptura de la cuarta pared, su puesta en solfa de los tópicos superheroicos y su sentido del humor destrozón y macarra podrían revolucionar los tebeos y el cine del género. O no. ¿De dónde viene Masacre / Deadpool? ¿A dónde va? Descúbrelo con nuestra Guía Para Principiantes.

1- Orígenes

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En 1991 Rob Liefeld estaba en la cresta de la ola. Tras un año encargado de dibujar The new Mutants (1983-1991), una de las colecciones-franquicia de los X-men, había conseguido convertir la serie en un superventas y Marvel consideró que era el momento de ponerle al mando de los guiones además de los lápices. El hecho de que la guionista de la serie hasta el momento, Louise Simonson, se marchase alegando estar hasta las narices de las ideas de Rob, tuvo su importancia en esta decisión. Y es que las ideas de Liefeld básicamente consistían en poner a gente armada y con pelo fosco golpeándose de manera extrema a toda página. Pero los noventa fueron tiempos curiosos y el aficionado medio estaba encantado con las escopetas imposibles y los brazos mecánicos. Así, para el número 98 de The new Mutants, Rob Liefeld como autor casi-completo (el editor le asignó un coautor que escribiría los diálogos, Fabian Nicieza, todo no se puede) planeó una saga que conllevaría el cierre de la colección y su renacimiento como X-Force (1991-2002), nombre mucho más acorde para la década del skateboard. Y en ese número 98 vio la luz Masacre.

No resulta extraño, si miramos desde cierta perspectiva postmoderna, que uno de los personajes de moda dentro del ámbito superheroico del siglo XXI sea una mezcolanza tan evidente y autoconsciente de referentes “que molan”. Desde la intención estética de Liefeld a plagiar a Deathstroke, villano de DC que ya retrotraía a la tradición del sicario con código moral, hasta la manera de escribirlo de Nicieza, con excesivos soliloquios de humor de patio-de-colegio que lo asociaban a la verborrea chorra de Spiderman. Se suman también unos poderes de regeneración que recuerdan a Lobezno o unas habilidades que lo asemejan a Ojos de Serpiente, el carismático ninja (ahora ya no tan famoso) de G.I.Joe. Diseño aparte, en lo argumental mejor no meterse: Masacre parece trabajar como mercenario, conoce de antaño a todo el mundo pero nunca se explica el porqué y siempre aparece pegando el mismo tipo de patada o quejándose de que le han roto la mandíbula (hay que reincidir que estamos en un tebeo de Rob Liefeld, el cual, por cierto, se irá de Marvel tras 9 números a fundar su propia editorial, pero eso es otra historia).

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Será precisamente Fabian Nicieza, autor capaz de escribir lo que sea que dicte un editor pero también de dar historias de calidad cuando la ocasión lo requiera, el que vaya configurando la personalidad cómica y el trasfondo del mercenario en sus sucesivas apariciones en X-Force. Con la excusa de atar un cabo suelto de la serie principal, culminará su labor de modelado junto al dibujante Joe Madureira en la primera miniserie propia del personaje: Masacre: Persecución en círculo (1993). Con Nicieza al mando, Masacre (que resulta que se llama Wade Wilson) se convierte en un ser consciente de su nadería tanto fuera como dentro de la ficción (fuera al comenzar a no tomarse en serio a sí mismo, dentro con su caterva de dramas personales que dan complejidad a la constante chanza), conocemos a los secundarios habituales, hay elecciones morales y, para variar, los chistes son buenos. Será Mark Waid el encargado de cerrar esta etapa fundacional en una segunda miniserie de 1994 al esbozar un romance imposible y un pasado dramático que lo apuntale aún más firmemente a la idiosincrasia del universo Marvel (y a la biografía de Lobezno, al compartir ambos mismo laboratorio canadiense de origen). Puesto que si Masacre es prácticamente inmortal gracias a su regeneración, la obtención obligada (y humillante) de ese poder para salvarse de un cáncer le ha dejado desfigurado, triste, solitario y final.

2-La época de culto

Sin aunar suficientes ventas como para tener serie propia, Masacre continuará apareciendo como secundario sin pena ni gloria en un puñado de series olvidables hasta 1997, cuando una Marvel que parece haber superado su etapa más oscura decida por fin lanzar una colección regular. La serie durará 69 números hasta 2002 y su primera mitad, con Joe Kelly guionizando, probablemente sea la etapa con más calidad que ha tenido el personaje. Ahora reivindicada, en su momento la serie estuvo en riesgo de ser cancelada en varias ocasiones y fue salvada por los que probablemente sean los primeros activismos fan a través de internet. Kelly escribe en el punto medio entre la sátira y el drama: Wade adquiere su halo de cartoon al comenzar con el humor metalingüistico pero al mismo tiempo la trama se viste de una complejidad trágica, Masacre quiere hacer algo con su vida, quiere ser un héroe en un mundo gris en lo moral pero tan colorido en la forma como es el universo Marvel y cada gag de humor absurdo se potencia en este contraste hasta niveles brillantes. La serie está plagada de encuentros, ideas, charlotadas y escenas memorables, especialmente reseñable el viaje en el tiempo a un tebeo de Spiderman de los sesenta, que básicamente se realizó deconstruyendo y redibujando el tebeo clásico en un ejercicio de vanguardia formal y discurso para con el medio de una modernidad maravillosa.

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Pero como todo lo bueno se acaba, a partir del número 33, Joe Kelly, cansado de cerrar tramas por amenazas de cancelación abandonará el barco. Sus sucesores no sabrán qué hacer con el personaje y oscilarán de lo soso de Christopher Priest y sus referencias a la cultura pop (Masacre consigue por medio de Loki la cara de Tom Cruise) a lo lamentable de los demás. Tras su cancelación y corto relanzamiento fallido con el nombre de Agente X (2002-2003) desaparecerá hasta 2004. Para regresar con una idea genial. Una colección de Wade junto a la otra gran creación de Rob Liefeld: Cable (epítome recargado de todos los elementos que conformaron los noventa), con el único autor que siempre ha estado ahí para esos dos: Fabian Nicieza.

Cable & Deadpool (2004-2008) durará 50 números y no será una mala serie, al contrario. Pese a no alcanzar la calidad de la etapa de Joe Kelly, explorará la relación arquetípica entre ambos amigos (cada uno en un extremo de actitud ante la vida) y su necesidad de evolución en un universo que no se parece en nada al que existía cuando ellos fueron concebidos. Y alguno de los gags más recordados (el chiste de la sonoridad de chimichanga o la creación de Bob, agente de Hydra, una parodia del esbirro idiota) nacen en esta serie. Una etapa con unas pretensiones analíticas y suficientes ideas de ciencia-ficción de calidad como para no merecer el final que tuvo. Desgraciadamente, en un movimiento editorial cuestionable, Cable morirá fuera de la colección en la saga mutante de la temporada y la serie, huérfana de uno de sus protagonistas, vagará sin rumbo una decena de números antes de cerrar.

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3-La fama

Resulta tremendamente irónico que las mejores épocas de popularidad y ventas de Masacre se hayan asociado a autores mediocres: sucedió en 1991 con Liefeld y sucedió también en 2008, cuando Daniel Way fue el encargado del nuevo relanzamiento. Con Way todo queda reducido a clichés: verborrea fácil, situaciones ridículas (del tipo: X entra en escena ¡con un disfraz tonto!), parodias más o menos directas a sagas de actualidad de otros tebeos y la ruptura de la cuarta pared como guiño cómplice. La aportación personal de Way será un uso creativo de los cuadros de pensamiento, con varias lineas de textos que se discuten a sí mismas y que sacrifican el tempo a cambio de tener una variante cómica de esquizofrenia pero con Los Morancos haciendo las voces. Pese a apreciaciones personales, lo cierto es que vende.

Vende tanto que sus apariciones comienzan a multiplicarse, comienza a formar parte de numerosos grupos, pasa a tener varias series accesorias (Masacre Pulp (2010-2011), Masacre Max (2010-2011), Deadpool Team-up (2009-2011) o incluso Deadpool Killlustrated (2013) una miniserie donde se enfrentará a creaciones célebres de la literatura, entre otras) y su influencia aumenta a unos niveles de explotación como sólo una editorial de tebeos americana puede hacer: Masacre-zombie, Lady-Masacre, Masacre-perro, Masacre-niño… la cosa se va tanto de madre que hasta se crea una miniserie autoparodiando las masacre-cosas con versiones como Masacre-panda. De esta saturación del mercado tiene en parte culpa la aparición del personaje en la película X-Men Orígenes: Lobezbo (2009), así como su videojuego de 2013, que recoge precisamente los peores tics de ese fan service canalla y autocomplaciente que tanto gusta. Daniel Way se mantendrá escribiendo la colección hasta 2012, subiendo un poco la calidad en sus últimos números al intentar (sin éxito) dar una coherencia al conjunto de recursos manidos en los que ha encerrado al pobre mercenario.

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Mención especial en toda esta época exploit merece la aparición de Wade Wilson en Imposibles X-Force (2010-2012), enésima encarnación de los mutantes más agresivos (en esta ocasión un grupo de operaciones especiales formado por Lobezno) escrita por Rick Remender, un autor que si bien no siempre alcanza sus objetivos tiene un gran dominio de los diálogos y un gusto especial por reescribir con calidad de siglo XXI líneas argumentales de los noventa. El Masacre de Remender, quizá por no tener un papel protagonista y estar en una serie oscura e “hiperreal”, quizá porque sus chistes no suenan impostados, puede ser una de las mejores versiones de los últimos años.

Volviendo a la serie principal, tras la marcha de Daniel Way tomará el relevo Gerry Duggan, guionista actual de la colección con un nuevo volumen que se aleja del estilo de Way y sus voces múltiples (incluso trata de darles la explicación argumental que Way obvió) y sublima el estilo cartoon tipo Tex Avery. Con el mercenario ejerciendo de bufón en aventuras rocambolescas ante unos héroes invitados atónitos que, de algún modo, saben que mientras estén en la serie de Wade no rigen las mismas reglas. Pero a estas alturas una sola serie no es suficiente: ante el anuncio de la inminente película ya se han preparado varias series y miniseries, incluso con intención de volver a traer a Fabian Nicieza para un nuevo reencuentro entre Cable y Masacre, o a Joe Kelly en otra colección de parejas, en este caso con Spiderman. Lo que está claro es que independientemente de si la película funciona (que ha funcionado), en los tebeos hay Masacre para rato.

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4-La influencia

Que un mercenario creado por el maestro de unir dos palabras con connotaciones negativas para formar nombres de mostrencos malencarados haya acabado siendo uno de los puntales del tebeo a base de chistes no es algo único. La asociación de superhéroes y humor viene de largo. Desde el antecedente del Plastic Man de Jack Cole en los cuarenta hasta la eclosión en los ochenta del estilo sitcom en el Hulk de Peter David o la Liga de la Justicia Internacional de Giffen y DeMatteis, ha habido referentes cómicos que parodiaban las convenciones del género. En los noventa, DC sobreexplotaba a Lobo, sátira poco sutil del héroe macho y grim & gritty de su época. Entrados en los 2000 llegaría la etapa de humor negro y cafre de Garth Ennis en El Castigador. Y ahora que Masacre es prácticamente un dibujo animado, DC ha contraatacado convirtiendo a uno de sus personajes en una nueva versión del mismo, precisamente uno creado también a principios de los noventa (aunque en este caso en una serie de animación que rehuía el estilo cartoon -menuda ironía-) y que en breve va a aparecer en una película, la del Escuadrón Suicida: Harley Queen.

Resulta interesante, en definitiva, observar cómo Masacre ha sido construido y desconstruido en múltiples ocasiones potenciando cada vez una faceta y un ambiente diferente. Moviéndose entre todas las gradaciones del espectro que va desde la elección consciente (y un poco pocha) del humor contra una realidad trágica hasta la caricaturización más absoluta no solo de él mismo, si no de todo su entorno. Engloba así en su totalidad los aspectos clásicos del loco quijotesco en la ficción, desde la evasión a la transformación de la realidad, desde la locura íntima a la histeria colectiva. Lo que evidentemente posee un subtexto que escapa a las intenciones de este texto pero que sobre todo nos confirma que Masacre ya tiene 25 años de historias a sus espaldas tratando de tocar todos los palos posibles de la chanza. Nunca pasa de moda contar chistes.

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Para completar este artículo te hemos preparado una lista de lectura de Masacre en Whakoom. ¡Prepárate para la avalancha de mercenario bocazas!

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