Guías para principiantes: David Cronenberg

De acuerdo, lo reconocemos: David Cronenberg es complicado. Sus películas no son las más sencillas ni las más agradables del mundo. Pero Canino no quiere que nadie se quede sin sumergirse en el fascinante mundo de enfermedades venéreas y mutaciones post-humanas del alma y las extremidades del director canadiense. Estos son nuestros consejos para conocer a Cronenberg sin agobios ni empachos. No te pierdas una de las filmografías más personales y subversivas de Hollywood y alrededores.

1.- Empieza por La mosca

No es necesariamente la obra cumbre de Cronenberg, pero sí una de las mejores películas del director, procedente además de una época en la que había madurado una serie de temas clave de su obra, y estaba preparado para dejarlos caer en el cine mainstream. El resultado es una cima del cine de terror de la época, y que funciona a muchísimos niveles: como remake de un tropo esencial del género, el de la ciencia que sale mal por culpa de la ambición de un mad doctor (recomendamos la revisión de la muy distinta La mosca de Kurt Neumann de 1958, o cómo interpretar la misma historia de forma diametralmente opuesta); pero también como reflejo muy muy sofisticado de lo que preocupaba a Cronenberg por entonces: el cuerpo humano como un organismo eminentemente enfermo y que solo puede limitarse a decaer hasta desaparecer, los procesos de la carne y su alcance, los seres humanos como virus venidos a más, la ciencia como perfecto vehículo de horrores que no somos capaces de concebir… y todo con unos efectos especiales de Chris Walas que son pura Edad De Oro del látex, unas interpretaciones soberbias de Jeff Goldblum y Geena Davis y un ritmo directo, asequible y perfecto para engancharse de por vida al genio canadiense.

2.- … y continúa por Videodrome

Aquí, como todo en esta vida, también hay rosario de opiniones, pero se detecta cierta unanimidad: Videodrome (1983) es una de las mejores películas del director, y sin duda, la más representativa. Nosotros creemos que es la mejor. Su imaginería rotunda e intemporal (es asombroso cómo una película tan centrada en la imagen de vídeo y la tecnología de principios de los ochenta como esta se mantiene tan moderna) no ha sido superada, y lo universal de su propuesta removerá en ti miedos que no sabías que tenías: ¿mutaciones producidas por las ondas electromagnéticas de la tele de tubo? Bueno, a partir de ahora, eso te dará pánico. A diferencia de La mosca, que puede entenderse como una metáfora de la vejez, Videodrome es una elegía a convertirse en Algo Corporalmente Distinto, no necesariamente superior, pero desde luego muy, muy diferente de lo que somos ahora. ¿Oda a la alteración de la consciencia? ¿Llamada a la constitución de una nueva sociedad post-catódica? ¿Mero catálogo de alucinaciones basadas en la distorsión cárnica? Todo eso y mucho más: Videodrome no te la podemos explicar, pero como una perfecta canción pop, está llena de estribillos memorables y que no suenan a gastados («¡Larga vida a la nueva carne!», «La pantalla del televisor es la retina del ojo de la mente», «Vivo en un estado altamente excitado de sobre-estimulación») y unas creaciones visuales que conectan con un surrealismo inexistente del siglo XXIII inventado en los ochenta (cintas VHS que respiran, teles que vomitan vísceras y se tragan a la gente, cicatrices con formas de vagina que se masturban con revólveres que acaban fusionándose con una mano -sic-). Aún así forma un espléndido programa triple con Están vivos (They live, 1988) de John Carpenter, que cuenta lo mismo de forma distinta (camuflada de serie B de acción, pero también habla de las aterradoras fuerzas organizadas ocultas que comandan nuestra sociedad en la sombra… si es que Videodrome habla realmente de eso, que a saber) y la propia eXistenZ (1999) del propio Cronenberg, una versión de Videodrome ambientada en una escalofriante industria del videojuego futura y que continúa disertando sobre la evolución de la carne y sus límites con creaciones tan memorables como la consola-útero que se conecta al jugador mediante un jack-cordón umbilical.

3.- Acude a sus primeras películas

Superada Videodrome, ya tienes las herramientas para adentrarte en el Cronenberg clásico más puro. Todas sus primeras películas tratan temas similares, una especie de horror mezclado con ciencia-ficción donde hay tics recurrentes como la enfermedad, el contagio, la corrupción de la carne, la ciencia como un monstruo fascinante e iracundo, corporaciones científicas/gubernamentales que nos condenan a la extinción, el humano como un ser esencialmente desalmado, obcecado con castigar al inocente y sin posibilidad de redención… Son películas como Vinieron de dentro de… (Shivers, 1975) -un parásito venéreo infecta a un moderno bloque de edificios, convirtiendo a sus víctimas en salvajes que pierden toda cohibición civilizada-, Rabia (Rabid, 1977) -una chica que ha recibido un injerto de piel tras un accidente se convierte en receptáculo de una plaga que comienza a hacer estragos en la sociedad civil- o Cromosoma 3 (The Brood, 1979) -una mujer que pasa por una traumática separación da a luz a partir de su subconsciente (pero muy tangiblemente) a unas extrañas criaturas que amenazan a su ex-marido y su hija-. Todas ellas interesantísimas, adelantadas a su tiempo (la primera podría pasar por una película de infectados actual, la segunda presenta escenas post-apocalípticas -¡un año antes de la fundacional Zombi (Dawn of the dead, 1978) de George A Romero!- que ya las querrían The Walking Dead y similares) y que van enhebrando un cine físico, repulsivo, desesperanzado y que se sitúa a medio camino entre la explotación de género más rabiosa y el cine de arte y ensayo. Buscan el impacto puro y la repulsión directa, y consiguen asentar las bases de lo que luego serán obras maestras de la Nueva Carne, como La mosca o Videodrome.

4. Indaga en la Nueva Carne

La Nueva Carne es una corriente artística que se deja notar en algunos sectores de la cultura underground de finales del siglo pasado, que recibe su nombre de una frase de Videodrome, y que sustenta algo de su filosofía en las películas más cárnicas del canadiense. Pero hay más, mucho más: de los tebeos de Charles Burns a las fotografías de Joel-Peter Witkin, de los diseños xenomórficos de H.R. Giger al horror viscoso de Clive Barker. Los temas coinciden en muchos casos con el cine de Cronenberg, pero también a veces lo llevan mucho más allá, radicalizándolo: cirugía extrema (¡y real!), mutaciones nada simpáticas, enfermedades contagiosas, sexo descarnado… todo un paseo por el lado oscuro de los límites del cuerpo que fue analizado con todo detalle en el extraordinario ensaño colectivo La nueva carne – Una estética perversa del cuerpo, coordinado por Antonio José Navarro y editado por el festival de Sitges. Cronenberg parece haber pasado décadas alejado del tema, pero lo cierto es que su primera novela, Consumed, de 2014 (y el trailer que rodó para promocionarla), vuelven sobre temas que parecía haber dejado atrás: de los usos perversos de la alta tecnología (periodismo de última generacion, impresoras 3D) a las enfermedades contagiosas y con manifestaciones físicas repulsivas (aquí con un cirujano clandestino que usa a su hija como conejillo de indias para investigar una enfermedad de la piel). Y hay más: el propio hijo del director, Brandon Cronenberg, ha dirigido una película, Antiviral (2012), que parece una actualización radical de las obsesiones juveniles de su padre.

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5. Acude a los libros en los que se inspira

Es curioso que, siendo uno de los autores con más personalidad y más reconocibles de Hollywood, Cronenberg tenga una gran fama como exquisito adaptador de obras ajenas. Especialmente, algunas consideradas inadaptables. Su trío de hitos en este campo son Cosmópolis (2012), su mejor película en muchos años, que parte de una novela laberíntica de Don DeLillo de la que consigue captar el vibrante y modernísimo ritmo de la prosa del escritor; El almuerzo desnudo (The naked lunch, 1991), producción maldita durante muchos años que reinterpreta la sinuosa y narcótica verborrea yonqui de William S. Burroughs entremezclando la alucinada historia que cuenta en la novela con detalles de la vida del autor, que además pone voz a uno de los escarabajos-máquina de escribir que aparecen en la trama; y Crash (1996) otra historia aparentemente imposible de llevar a la pantalla por su abstracción, pero que encuentra su (escandalosa) plasmación en imágenes gracias a la frialdad narrativa de Cronenberg, que tiene más de un punto en comun con el autor del libro original, J.G. Ballard (de hecho, Vinieron dentro de… podría considerarse una versión exploit de la novela de Ballard Rascacielos). Para entender hasta qué punto las adaptaciones de Cronenberg son fieles y personales a la vez nada mejor que acudir, aparte de a los libros originales, a otras adaptaciones, como la que el propio Ballard dirigió en 1971 de su novela. Las tres son tan raras e indescriptibles como las fuentes originales en las que se basan y, por eso mismo, son absolutamente imprescindibles.

6. Pero… ¿qué pasa con sus últimas películas?

Desde La mosca (que hace casi tres décadas, poca broma), el cine de Cronenberg dio un viraje, y salvo ocasionales repuntes hacia el cine de género, se centró más en el drama. De hecho, tras La mosca rodó Inseparables (Dead Ringers, 1988), una de sus mejores películas, y en la que aún quedaban trazas de su cine anterior: en ella, dos gemelos genecólogos entran en una espiral de autodestrucción y dependencia mutua que acaba como el rosario de la aurora. También a esa época pertenece (aparte de las dos insólitas adaptaciones mencionadas, Crash y El almuerzo desnudo) la turbia pero más convencional M. Butterfly (1993), adaptación de una obra de teatro en la que un diplomático francés en la china de los años sesenta se enamora de una cantante de ópera que esconde un secreto. En la primera década del nuevo siglo rueda películas de éxito pero de interés muy limitado: la oscura pero fallida Spider (2002), la impactante pero mediocre Una historia de violencia (A History of Violence, 2005) y la decididamente lamentable Promesas del este (Eastern Promises, 2007). Cuando ya empezábamos a darle por perdido, Cronenberg remonta el vuelo con tres películas estupendas y muy personales, aunque sus rasgos autorales ya no sean tan coloristas como en sus primeros años: el relato de la relación entre Freud y Jeung Un método peligroso (A Dangerous Method, 2011), la extraordinaria Cosmópolis (2012), que parece una versión actualizada del frío retrato corporativo y su relación con el inevitable apocalipsis social de películas como Videodrome y eXistenZ y su última película hasta la fecha, la sardónica y explosiva Maps to the Stars (2014). Son películas más centradas en los personajes y que tocan el cine de género muy tangencialmente  -cuando lo hacen-, pero son la evolución lógica de un autor que no ha perdido de un ápice de mala baba desde sus películas de los setenta. Solo que ahora lo expresa de otro modo.

7. Empóllate su biografía

Porque te ayudará a entender mucho mejor su cine. Por ejemplo, La mosca está basada en la terrible experiencia de contemplar una espantosa enfermedad degenerativa que atravesó su padre antes de morir. Y Cromosoma 3, que muchos califican de una película misógina, está basada en una experiencia personal traumática: una guerra legal que en ese momento estaba atravesando enfrentado a su mujer, en proceso de divorcio y en guerra por conseguir la custodia de sus hijos. Te aconsejamos un libro esencial para entender al director de Inseparables: Cronenberg on Cronenberg, que pese a haber sido editado en 1996, cubre con sus propias palabras toda su filmografía hasta llegar a Crash. La versión filmada, que llega bastante más allá, la tenéis aquí mismo.

8. No subestimes sus películas ‘menores’

Hay algunas películas en la obra de Cronenberg que siempre han tenido consideración de películas menores, ya que obedecen a una búsqueda de reconocimiento comercial que no casa demasiado con la imagen de autor personal que a menudo transmite su  obra. Son películas como Scanners (1981) -que describe una guerra de telépatas en la búsqueda de la dominación global- o La zona muerta (Dead zone, 1983) -adaptación de una novela de Stephen King en la que un profesor consigue poderes de clarividencia tras un accidente de tráfico-, pero el tiempo las ha tratado estupendamente. La zona muerta tiene un tono sobrio y contenido, alejado de la grandilocuencia y lo grotesco poco habitual en Cronenberg, pero ofrece un pesimista relato sobre el género humano que encaja tanto con su obra como con la novela original, una de las más negras de King. Scanners, por otra parte, no solo ha quedado como una aventura pulp para adultos estupenda e incide en temas muy propios de Cronenberg (las corporaciones que nos controlan en la sombra, los seres humanos como marionetas / conejillos de indias / mutantes a sueldo), sino que tiene algunas de las imágenes más icónicas de su cine, como la inolvidable cabeza que revienta como un melón maduro tras un ataque scanner.

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9. Y como guinda… los cortos primerizos

Cuando ya no te quede nada que ver de Cronenberg, tienes a tu disposición el colofón idóneo. En la espléndida edición en blu-ray de Videodrome que ha llevado a cabo la británica Arrow Video tienes incluidos, aparte los cortos primerizos y experimentales Transfer y From the Drain dos mediometrajes, Stereo (1969) y Crimes of the Future (1970). Aún lentos, con poco brío, por momentos ininteligibles, pero con casi todas las características que caracterizarían al Cronenberg maduro, de las instituiones monstruosas a las enfermedades futuristas, de la frialdad en la puesta en escena al críptico comportamiento desalmado de los personajes. Para entender al Cronenberg del presente te tendrás que asomar sin miedo al Cronenberg del pasado. Ten cuidado: es altamente contagioso.

 

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