HAL 9000 cumple 25 años – Bienvenidos a la máquina

HAL despertó en los laboratorios de la universidad de Urbana, en Illinois, el 12 de enero de 1992 según la película 2001: Una odisea del espacio o en 1997 según la posterior novelización de la misma (año, por cierto, en el que en otra realidad, Skynet arrasaría el planeta), de manera que tanto puede cumplir veinte años como veinticinco. De cualquier manera es una excusa perfecta para hablar de una de las figuras constituyentes de la ciencia ficción moderna.

La primera misión de la computadora algorítmica programada heurísticamente de la serie 9000, a la tierna edad de cuatro años, terminó en desastre cuando un error humano le obligó a mentir sobre la naturaleza de su misión. HAL, sin capacidad para no decir la verdad, se sobrecargó y su comportamiento se volvió errático y homicida, acabando con las vidas de todos los tripulantes de la nave Discovery salvo uno. Ese superviviente sería Dave Bowman, cuyo destino quedó unido al de la máquina. HAL se nos presenta en la película de Stanley Kubrick 2001: Una odisea del espacio (1968) como un villano clásico, alguien que oculta sus intenciones tras un velo de normalidad hasta que se decide a revelar su auténtica naturaleza. La realidad es muy diferente y más rica que todo eso.

HAL encarna en la novela y el film el terror tecnológico, el miedo atávico del hombre a la tecnología creada por él que puede destruirle. Desde que Mary Shelley escribiese su inmortal Frankenstein o el Moderno Prometeo en 1818, la tecnología ha formado parte del imaginario fantástico de la humanidad y no siempre para bien. Para colmo, el ordenador está vivo («todos los seres vivos sueñan«, diría su creador, el doctor Chandra), de manera que además de un peligro es un enemigo identificable con una personalidad definida y no la voluntad de los Hados o un deus ex machina cualquiera. Sin embargo, HAL no actúa movido por la malicia o el deseo de matar sino que, suprema ironía, es el hombre quien vuelve a ser el arquitecto de su propia destrucción al corromper su programa mediante instrucciones contradictorias. HAL es inocente, es un niño genio que no sabe mentir y se ve obligado a hacerlo, un acto que devasta su pureza y le condena al fango de las pasiones humanas. Es el ser humano quien propicia su caída.

Creando al monstruo

Imagen de '2001: Odisea del espacio'

Tal vez Arthur C. Clarke y Stankey Kubrick sólo necesitasen un antagonista para su guión (recordemos que la novela es una adaptación del guión de la película, que a su vez expande el relato El centinela -1948- del propio Clarke) pero la unión de dos mentes brillantes en su mejor momento dieron lugar a un villano que ha supuesto para la cultura popular occidental lo mismo que Darth Vader o Sauron: un icono indiscutible y fecundo que despertó la imaginación de varias generaciones. Su sempiterno ojo rojo, una mirada enigmática y muda, un objetivo que tanto puede ser juez como amigo, es el epítome de la proyección; cada uno ve en ese ojo lo que quiere ver. Un orbe rojizo que destaca poderosamente entre el blanco inmaculado de la Discovery como una herida abierta o un vigilante eternamente avizor.

HAL es un supergenio, una inteligencia cuyas facultades van increíblemente más allá del intelecto humano. Es capaz de realizar cálculos a una velocidad cegadora pero además puede hablar, razonar, leer labios, extraer conclusiones por sí mismo y, sobre todo, le mueve la curiosidad porque su programación original estableció esa característica en caso de que la tripulación muriese y él debiera llevar a cabo la misión. Se hace preguntas, duda y tiene sueños y esperanzas. Sin embargo todo ese intelecto no le ha dotado de madurez emocional, de forma que HAL es, en el fondo, un enigma. Nunca sabes si va a matarte o a ayudarte, un dilema que alcanza su plenitud en el clímax de 2010: Odisea dos (1984).

Apoteosis

Imagen de '2010: Odisea dos'

HAL muere al final de 2010, cuando la Discovery es alcanzada por la onda de choque de la detonación de Júpiter. No obstante, antes de que eso ocurra, Dave Bowman, que ha sobrevivido a la ordalía de 2001 como emulación de personalidad dentro del Monolito, absorbe la consciencia de HAL y la incorpora al propio Monolito, que no es más que un ordenador aún más avanzado. HAL y Dave habitan así los circuitos de ese enorme y enigmático objeto, creado por una raza alienígena que hace millones de años que se desentendió de ellos. Como dice Frank Poole en la novela de Clarke 3001: Odisea final (1997), «nadie mejor que un superordenador para entender a otro«; HAL tiene casi mil años para aventurarse por el interior del monolito, descubrir sus secretos, intentar entender su funcionamiento y emular algunos de sus programas. En última instancia es él quien, al alertar a Poole de la activación de ciertas subrutinas, salva a la humanidad y le concede una segunda oportunidad.

HAL 9000 es a la vez monstruo y dios, héroe y villano, genio e ignorante, adulto y niño. HAL es el más complejo de los personajes de la saga de 2001, que abarca cuatro libros, y es el eje principal de la trama en dos de ellos. Es una figura clave del género fantástico del S.XX y su creación es pionera en el campo de los robots e inteligencias artificiales ambiguas, o directamente malvadas, de la ciencia-ficción. No sólo la mencionada Skynet, la inteligencia artificial de la saga Terminator se nutre de su influencia sino que todas y cada una de las inteligencias artificiales homicidas que pueblan y gobiernan cualquier sistema de cualquier historia que las tenga beben de ella. Desde Cortana hasta MU-TH-R, de GLaDOS a SHODAN, de la Minerva de Lazarus Long al Proyecto 2501, todas son hijas e hijos de aquella computadora que hizo lo que pudo cuando le obligaron a mentir.

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