[Halloween dura un mes] Día 21: ‘Apartamento 16’

[Celebramos Halloween como hacemos con todo en CANINO: sobredimensionándolo. Estiramos la noche de las brujas todo un mes: cada día, aquí, durante todo noviembre, tendrás una minireseña de una película, comic, videojuego o libro relacionados con el terror y que quizás no conozcas. Si te gusta descubrir cosas, nuestro Halloween dura un mes te va a encantar. Eso sí, ojo: algunas están muertas.]

Es un tópico frecuentemente repetido, pero no por ello menos cierto, que en sus primeros libros es donde los escritores vuelcan el máximo de sus obsesiones personales y literarias con el mínimo filtro de pericia técnica. Las primeras novelas, de acuerdo con el crítico George Steiner, se escriben por compulsión. Esto va bien con mis preferencias como lector; es por eso que leo gran cantidad de primeras novelas. Siempre me quedaré con la furia, si tengo que escoger en la dicotomía propuesta por Zipi y Zape entre furia y técnica. ¿Cuál es la relación entre Steiner y los vástagos de don Pantuflo Zapatilla? ¿Y qué tiene que ver todo esto con Apartamento 16, la novela de Adam Nevill de la que vengo a hablar? Será mejor que me explique.

La furia

Apartamento 16 (2011) no es la primera novela de Adam Nevill, la precede A Banquet for the Damned, pero sí contiene algunas de las primeras páginas escritas por el que ha sido calificado por The Guardian como “la respuesta británica a Stephen King”. Se trata de las páginas que narran los paseos de Seth, el portero de noche de un lujoso edificio londinense que resulta estar embrujado, por un Londres convertido en el mapa de una pesadilla barkeriana y que transcriben fragmentos del diario del propio Nevill escritos a comienzos de los dosmiles, cuando el propio autor trabajaba como portero de noche en un lujoso edificio londinense y se sentía acosado por la depresión y la pertinaz falta de sueño. Son textos escritos con el modo visionario a la máxima potencia, donde el horror corporal se da cita con una especia de psicogeografía corrompida, muy difícil de olvidar para el lector. Tan difícil que, de hecho, se ha instalado en mi cabeza hasta el punto de que soy capaz de reconocer situaciones similares en mis propios paseos.

Suficiente sobre las obsesiones personales.

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La técnica

Años más tarde, un Nevill más equilibrado y con más horas de sueño encima, trabajaba para la industria editorial al mismo tiempo que daba sus primeros pasos como escritor. La idea de reciclar aquellos textos alucinatorios le venía de vez en cuando, pero, con su reciente experiencia laboral, era consciente de que una novela basada únicamente en esos pasajes visionarios estaba destinada a languidecer en el estante de los libros extraños publicados por editoriales minoritarias y que sólo leemos cuatro chalados. Y eso estaba muy mal, porque ahora Nevill tenía una familia que mantener.

La solución fue introducir a una nueva protagonista, Apryl, una joven americana que hereda de su excéntrica tía una propiedad en el susodicho edificio,  y cuya función es dinamizar la narración, servir de vehículo a la exposición y, en general, proporcionar al lector o la lectora un personaje con el que se puedan identificar. El resultado es que tenemos entre manos una novela que se lee como un bestseller pero que contiene fragmentos más propios de lo que cabría llamar decadentismo.

La respuesta británica a Stephen King

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Que un medio de gran difusión como The Guardian compare a un escritor debutante  con el rey de Maine significa, como poco, que nos encontramos ante un autor con un gran potencial para saltar al mercado mainstream. Sin embargo, la comparación no debe interpretarse literalmente: tanto King como Nevill tienen sus aciertos y sus fallos pero resulta que no son los mismos. De hecho, sus novelas se parecen como un huevo a la pirámide de Keops.

Si, llevados por el prurito de las influencias, quisiéramos encajar a Nevill en un marco de referencias más preciso tendría que ser en el de los grandes maestros británicos del horror del siglo XX. Clive Barker, Ramsey Campbell, M.R. James y hasta Robert Aickman, todos dejan una huella bien perceptible en Apartamento 16. Claro que también se manifiestan aquí las virtudes que convierten a Nevill en una de las voces más a tener en cuenta dentro de la literatura de horror del siglo XXI: su sofisticada y efectiva aproximación a lo sobrenatural, (Nevill escribe escenas de susto de las que cuesta librarse una vez cerrado el libro), y la mitología con que recompensa a su lector constante, que en el caso que nos ocupa va de ocultismo nazi y pintura expresionista. Tremendo combo.

Si después de esta desordenada reflexión alguien se siente tentado a abrir Apartamento 16, debe saber que es muy probable que le sucedan dos cosas:

La primera, que se va a pasar unos cuantos días durmiendo con la luz encendida.

La segunda, que en cuanto acabe correrá a la librería para hacerse con El ritual (2012) y El fin de los días (2013), ambas de Minotauro, las otras dos novelas de Nevill traducidas a nuestro idioma. Después no le quedará otro remedio que matricularse en una academia de idiomas para poder leer el resto.

Están avisados.

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Apartament 16

Año: 2011
Sofisticada y efectiva aproximación a lo sobrenatural y mitología que recompensa a su lector constante, que en este caso va de ocultismo nazi y pintura expresionista.
Editorial: Edita: Minotauro