Has oído más música clásica de la que crees: el asombroso caso de ‘Los Planetas’ de Holst

Gustav Holst influyó con su suite Los Planetas a toda una generación de compositores de bandas sonoras. Seguro que has oído algunos pasajes en tu película favorita. Te demostramos que sabes más de música clásica de lo que pensabas.

A finales del S.XIX y principios del XX la música clásica (término bastante poco afortunado para definir la música de la que habla este artículo pero que usaré por extensión) atravesaba una de sus transformaciones más profundas. Para el aficionado más estirado, la música estaba hecha unos zorros. Para los demás, para los estetas, los bohemios, la gente de mal vivir y peor drogarse y que querían revolucionar el mundo de las artes, no había mejor ambiente que uno en el que grandes compositores como Strauss, Mahler y Ravel revolucionaban el panorama musical y provocaban altercados (con intervención policial incluida) en cada estreno. El advenimiento del atonalismo escindió a aficionados y profesionales por igual.

Pero mientras Arnold Schoenberg escribía su Harmonielehre (1922), el tratado de armonía que sentaría las bases de su futuro corpus creativo, un señor inglés que había alcanzado ya la cima de su carrera se disponía a cambiar para siempre la música orquestal de todo el mundo, influyéndola tan radicalmente que durante el resto del S.XX su presencia es tan palpable como la de H.P. Lovecraft en las obras de ficción. Gustav Holst estrenó su suite Los Planetas en 1918, tan sólo dos meses antes del final de la Primera Guerra Mundial (lo que significa que su composición se vio ampliamente condicionada por el conflicto bélico, pero eso es otra historia) y la música no volvió a ser la misma. Veamos tan sólo unos ejemplos de su presencia en la obra de los compositores más famosos de Hollywood.

Marte, el portador de la guerra

Una pieza marcial, casi militar, ominosa en su ejecución y que utiliza los metales y el viento como anticipación del propio dios de la guerra. Son muchos los compositores de bandas sonoras del S.XX que se han inspirado abiertamente (cuando no plagiado del todo) en esta obra. Como puede verse, por ejemplo, en mi serie favorita:

El opening de SG-1 (1997), una de las mejores series de ciencia-ficción de todos los tiempos, es un arreglo de Joel Goldsmith sobre la partitura original de David Arnold para la película de Roland Emmerich de 1994 en la que se basa. Es breve, como corresponde a un opening de serie sindicada, pero en él se aprecian todos los matices del Marte de Holst: percusión, colchón de cuerda con metales sobresaliendo por encima y trinos de viento. Muy parecido, por cierto, a otro autor que homenajea el Marte a menudo: Basil Poledouris.

Aunque toda la banda sonora de Conan (1982), incluyendo el legendario Anvil of Crom, es heredera directa del Marte de Holst es en Klendathu Drop, parte de la soundtrack de Starship Troopers (1997), donde Poledouris homenajea directamente al dios de la guerra con una marcha militar, triunfal y a la vez dramática. Es una melodía llena de trinos de instrumentos de viento, de ominosas tubas que los abrazan y de percusión castrense que casi parece un tamborilero del ejército confederado. Nuestros muchachos se dirigen a la batalla para librar al universo de la amenaza de unas criaturas que no nos han hecho absolutamente nada y es de justicia que les acompañe una tonada igualmente rimbombante.

Y no, no voy a mencionar a Hans Zimmer porque un jurado dijo que esto no es un plagio, así que no quiero líos. Pero si me preguntan les diré que es un plagio como un castillo.

Venus, la portadora de la paz

Venus, contrariamente a lo que podría parecer, está presente en películas de acción igual que Marte, solo que en los pasajes más pausados. Esas secciones de viento, con oboes y clarinetes en una cadencia lenta de la que surgen instrumentos de cuerda, violines y contrabajos que contrapesan la melodía y responden así a la otra sección. Una de las muestras más evidentes es el James Horner de Aliens (1986):

Esta pieza contiene las mismas características que el Venus de Holst: lento de violines, violas y contrabajos, melodías que hacen hablarse entre ellas a las secciones de viento y cuerda, tono onírico y de remanso de paz. Pero quien realmente bebe a tragos de la herencia de Venus es John Williams y sobre todo lo hace en la banda sonora de la primera trilogía de Star Wars. El Leia’s Theme es la muestra más representativa:

Casi todas las composiciones de Williams son muy deudoras de Holst y de otros compositores de finales del S.XIX y principios del XX. Por cada cañonazo como el theme de Superman (1978) o Indiana Jones (1981) Williams ofrece veinte piezas ambientales que intercalan leitmotivs de personajes y refuerzan sonoramente lo que estamos viendo en pantalla. Williams es el verdadero heredero de Holst tanto por la música de acompañamiento como por los temas principales y los de cada personaje: únicos, distinguibles, irrepetibles e icónicos.

Volvemos de nuevo a Poledouris y a Starship Troopers para encontrarnos una pieza a medio camino entre Marte, Venus, Holst y Williams y que, al mismo tiempo, se las apaña para ser identificable como una composición de Poledouris. Si han llegado hasta aquí les parecerá evidente la cantidad de influencias que se pueden apreciar en esta pieza.

Júpiter, el portador de la alegría

Júpiter es exactamente lo que su nombre promete: alegría desbordada, felicidad y una carcajada que retumba entre las paredes de un salón medieval en el que se celebra un banquete. Júpiter es la sensualidad, disfrutar de la vida y de lo bueno que hay en ella, bromear, contar chistes y palmearse las piernas riendo. ¿A qué les recuerda esta descripción? A los hobbits:

Howard Shore se inspiró sin duda en Jupiter para representar a una raza más preocupada por su tercer desayuno, su hierba para pipa y sus deseos de no ser molestados muchas gracias le deseo buenos días más que en aventuras, guerra o, los Valar no lo quieran, destrucción de propiedad privada. En cambio, otro titanazo de la composición como Bill Conti tomó la misma pieza como inspiración para la banda sonora de Elegidos para la gloria (1983) y la reinterpretó en una clave muy diferente.

Serenidad, templanza y mirada limpia al futuro, un futuro en el que la humanidad dirige sus esfuerzos a la conquista el espacio. Ese es el tema principal de esta Breaking the sound barrier, un canto a lo bueno, puro y honesto que hay en cada uno de nosotros. Dios bendiga a los Estados Unidos de América, maldita sea. El gran Ennio Morricone también tomó prestado algo de Júpiter para celebrar el triunfo de la ley sobre el reinado de terror de Al Capone:

Esos violines triunfantes acompañando a una fanfarria de metal que no puede más que inflamar el corazón de quien la escucha, un comienzo pausado que precede a la tormenta y que da paso a un vendaval de violines. Una pieza capaz de poner en marcha a un ejército.

Saturno, el portador de la ancianidad

Saturno es una pieza pausada, lenta, ominosa. Una pieza cuya música pronostica la muerte y habla de la ancianidad, el momento en que uno sabe que el invierno de su vida está sobre él y por tanto se abandona al abrazo del esqueleto con túnica cuyo caballo se llama Binky. ¿Saben? Esto también me recuerda a algo. Esas notas largas de clarinete, ese soporte de contrabajo. Esa ominosidad que recuerda a la muerte. Eso, queridos lectores, es Alien (1979).

Jerry Goldsmith compuso una banda sonora ideal para una película que se basa más en sugerir que en mostrar. El tema principal de Alien es un calco casi clavado del Saturno de Holst, con las mismas dinámicas, el mismo tempo y prácticamente los mismos instrumentos. Y no fue la única pieza que tomó prestada del compositor inglés.

Neptuno, el Místico

Neptuno es misterio y maravilla, es el místico que explora los límites de lo real y va más allá del horizonte conocido para descubrir qué se esconde tras él. Exactamente igual que el Enterprise en su misión de ir donde nadie ha ido.

Son muchas las obras que beben del legado de la suite de Holst. Sólo hemos rascado la superfície y a poco que uno se sumerja en la música de cine del S.XX es capaz de ver (escuchar, más bien) la influencia que este buen inglés, que acabó odiando Los Planetas por eclipsar al resto de su obra, tuvo en varios compositores famosos. Desde CANINO les emplazamos a que se abran Spotify, que es gratis si no les importa escuchar publicidad, y se zambullan cual patos en el mar de música que Hollywood nos ha legado durante estas últimas décadas.

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