‘Heavy 1986’: una selección de melenudos de Miguel B. Núñez

El último comic de Miguel B. Núñez, editado por ¡Sapristi!, es una auténtica delicia para devotos de los sonidos guitarreros y pesados de los ochenta: ambientado en la misma adolescencia metalera que vivió el autor, cuenta las vivencias de un grupo de chicos que solo piensan en el heavy y en ir a olvidar sus abundantes problemas a la sala Canciller, el templo madrileño del metal pesado.

Pero Heavy 1986 es algo más: con la excusa de narrar las vidas de estos chicos al detalle, y con ese estilo propio tan claro, colorista y abierto, Miguel B. Núñez aprovecha para mencionar sin pausa a múltiples iconos del heavy metal de los ochenta. De los inevitables Barón Rojo a Dio, pasando por Alice Cooper, todos los mitos del rock pesado de los ochenta son no solo citados, sino también explicados por el autor en textos e ilustraciones que desbordan pasión por un género legendario.

Como Heavy 1986 no solo nos parece un tebeazo, sino casi un acontecimiento, hemos pedido a Miguel B. Núñez que nos prepare una lista comentada de grandes temarrales del género. Ha esquivado las abundantes canciones que se citan en el cómic y lo que nos presenta, comentados por el mismo, son unos cuantos temas de los que podrían escuchar los joviales y entrañables protagonistas de Heavy 1986.

Black Sabbath – Children of the Grave (1971). Ya solo el título te deja helado. Tema oscuro y pesado pero con un ritmo trepidante, sobre todo para lo que eran Black Sabbath. Mi amigo Antonio Pardo me pasó la cinta de Master Of Reality y se convirtió al momento en una obsesión. Eso era ser satánico, lo demás parecía una broma a su lado. Cuando acaba el tema suenan esos espíritus fantasmales dejándote muertito en el sitio. Creo que fue Eddie Van Halen quién llamó a Tony Iommi “Maestro de los riffs” y eso es lo que hay.

Alice Cooper – School’s Out (1972). Aunque heavy lo que se dice heavy Alice no lo fue hasta 1986, este tema emblemático es caña pura y dura. Fue mi primer y máximo ídolo y aún mantiene el puesto, aunque sea por la cantidad de discos que me sé de memoria. El riff con el que arranca la canción me mata, la entrada del bajo de Dennis Dunaway, el estribillo y los coros de críos, las guitarras respondiéndoles, la batería machacona… Y al final suena el timbre que se va apagando como tu pobrecito cerebro. Así se arranca un disco mítico.

Judas Priest – Hell Bent For Leather (1978). Recuerdo que la aparición de un video de Judas en la sala Canciller hacía mover a toda la chavalería a la pista de baile. Siempre serán los dioses del metal. El estribillo y la respuesta de las guitarras con un riff demoledor, marca de la casa. Y menuda marca. Podría elegir cualquier tema del British steel, del Defenders to the faith, del Screaming for vengeance, o del Turbo. Esos discos están llenos de Heavy Metal puro y duro y seguramente canciones más perfectas y con mejor producción también, pero me quedo con esta como preámbulo de lo que llegaría después.

Barón Rojo – Larga vida al Rock and Roll (1980). Por la marcha que nos dió, larga vida al rock and roll”. Y podría poner cada una de las frases de este pedazo de letra, porque la canción respira rock duro por cada poro. Punteazos, velocidad y declaración de amor por la música. Descubrí a Barón Rojo siendo un niño, eran uno de esos pocos casos de grupo de rock duro que sonaban en la radio comercial.  Sus canciones eran duras y coreables, podías cantarlas. Me fui comprando todas las cintas de Barones hasta su En un lugar de la marcha. Aún las conservo aunque alguna perdió la carátula, vete a saber si no acabó pegada en alguna carpeta. Las ponía una y otra vez, sin agotarme, como hacen los chavales que parece que nunca tiene bastante de lo mismo.

Ozzy Osbourne – Crazy Train (1981) Me hago pipí encima. Han pasado más de treinta años desde que escuché este disco por primera vez y el comienzo de esta canción, los gritos de Ozzy, los golpes de bajo y la batería marcándote el pulso, el arranque del tremebundísimo riff de Randy Rhoads… me sigue dejando loco. Y luego está el punteo. No basta con tener técnica para hacer algo así, no se qué es, pero Rhoads lo tenía. ¡Es que es bonito de escuchar, leche!

Iron Maiden – The number of the Beast (1982) Impepinable. Si esta no es una de las mejores canciones de heavy metal de toda la vida que baje Satán y lo vea. Introducción demoníaca, que yo como tantos pensaba que era de Vincent Price hasta que descubrí que no, que Price había dicho que nanái y habían pillado a uno que puso una voz igualita. Qué cosas. Y de pronto riff demoledor, voz susurrada entrando poco a poco hasta que suelta el «Can I believe» y en fin… que así hasta estallar y todo con ese rollo del 666 que me volvía tarumba. Ni sé la de veces que escribí en bancos y paredes el número de la bestia.

https://www.youtube.com/watch?v=AYwNyeOEqcU

Mercyful Fate – Gypsy (1984). Miedito. Cada parte de esta canción me ponía la piel de gallina. Y lo curioso es que la batería es bastante bailonga. Los dos primeros discos de Mercyful Fate me los ponía yo en los walkman, por la noche en mi cama, hasta que los demonios me llevaban, literalmente. Esto es lo que yo necesitaba y no a los pesados de los curas.

Ángeles del Infierno – Con las botas puestas (1985) Una de esas canciones que nos ponía en pie. La letra empieza con el típico sermón de alguien, seguramente tu padre, luego pasa a enumerar las cosas que te piden para que seas un buen chico, todo intercalado del pedazo de estribillo que es “Moriré con las botas puestas”. Directo y demoledor, temazo de poner cuernos en alto. Clasicazo.

Y para culminar, cómo no, la inevitable lista de Spotify. ¡A hacer los cuernos!

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