Hormonas y neones: 10 películas desconocidas del cine juvenil de los 80

En CANINO somos fans de John Hughes pero pensamos que en los ochenta existieron otras películas protagonizadas por adolescentes que miraron de tú a tú a tú al genio tras El club de los cinco y La mujer explosiva. En esta lista recopilamos diez que valen la pena rescatar. Una selección bien variopinta que presenta producciones anteriores a la eclosión de Hughes, otras que nacieron bajo su influencia y alguna que intentó aniquilar su reinado.

Si bien en las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta el cine para adolescentes existió en un puñado de géneros (terror, surfexploitation, comedia gamberra, sci-fi de serie b, películas sobre delincuentes juveniles), es en los ochenta cuando se dispara de forma definitiva. Es ahí cuando se crean las constantes del género tal como las conocemos ahora: historias ambientadas en el instituto protagonizadas por actores realmente adolescentes, los estereotipos juveniles del geek, el pijo malo, la chica pizpireta y el pagafantas entre otros, los grand finales en los bailes de fin de curso, la lucha de clases dentro de las aulas… Y lo que es más importante: algunos directores y guionistas se atrevieron a hablar por primera vez de forma cercana a los chicos y chicas en plena pubertad sobre los anhelos y preocupaciones reales de la edad del pavo.

Sí, el que mejor lo hizo fue John Hughes: ojo, El club de los cinco (1985) tuvo un impacto en la juventud americana parecido al de Rebelde sin causa (1955) en los cincuenta. Pero, más allá de Hughes, el equivalente a los Beatles del cine teen –su sombra alargada tapó a otros talentos comparables-, hubo un buen número de películas en los ochenta que estuvieron al mismo nivel del pope del género. Clásicos juveniles que no envejecen con los años y que, al igual que las cintas del creador de Mejor solo que mal acompañado (1987), han inspirado a un montón de cineastas actuales. Algunas de esas películas se adelantaron al reinado de Hughes, otras convivieron con su éxito, y el resto se aprovecharon de su influjo para crear geniales híbridos. También hubo un intento de acabar con su fórmula que dio origen a uno de los filmes de culto definitivos –no se preocupen que descubrirán su título un poco más abajo-. Sin más dilación, os dejamos con este top ten lleno de chavales y chavalas en celo.

Aquel excitante curso (1982)

Amy Heckerling es algo así como la Wes Craven de la comedia adolescente: reinventó el género al menos dos veces. Primero con el filme que nos ocupa y luego con la estupenda Fuera de onda (1995), protagonizada por Alicia Silverstone. Aquel excitante curso, escrita por el entonces desconocido Cameron Crowe (su nombre volverá a salir en este artículo) es la quintaesencia de la comedia teen coral situada en un instituto: altas dosis de sexo, con desnudo integral de Jennifer Jason Leigh y un legendario top less de Phoebe Cates que años después fue homenajeado por Fountains Of Wayne en este magnífico video. A todo ello hay que sumar varios personajes para el recuerdo, como el del surfero tarugo-fumeta interpretado por Sean Penn. Conoció una segunda parte apócrifa, escrita también por Crowe, que vale mucho la pena, Jóvenes alocados (1984).

El último americano virgen (1982)

El tema del pagafantas fue terreno abonado para el cine adolescente de los ochenta. Ahora bien, antes de que llegara el Duckie de John Hughes en La chica de rosa (1986), un Boaz Davidson recién salido de la saga exploit-sexual-judía Polo de limón (1978-1983) dirigió y escribió para la Cannon esta película sobre un joven apocado que aún no ha perdido la virginidad. Su protagonista, el actor Lawrence Monoson, es un claro antecedente del Jon Cryer de la citada La chica de rosa. El filme de Davidson destaca por dos cosas: su alucinante banda sonora, una de las mejores de la época, con canciones de Devo, Human League, The Cars, Oingo Boingo, Blondie, y Phil Seymour, entre otros; y por un demoledor giro final que convertía una comedia en un drama teen casi aterrador. Por cierto, hace pocos meses Arrow Video lanzó una magnífica edición en Blu-ray.

La chica del valle (1983)

La historia de Romeo y Julieta de Shakespeare trasladada a Hollywood y convertida en un romance sano entre una pija y un punk nuevaloero, un Nicolas Cage que poco tiempo después saltaría a la fama con La ley de la calle (1983). La historia recuerda, y mucho, a la que luego veríamos en La chica de rosa pero con el orden invertido; chico rico y chica pobre. El valor de La chica del valle recae en que hoy funciona como un retrato vibrante de la escena new wave y power pop angelina de los ochenta. En el filme aparecen Josie Cotton y Plimsouls tocando en directo. Apunten: en su segunda temporada la serie Gossip Girl (2007-2012) la homenajeó con un fantástico episodio, Valley Girls, ambientado en los ochenta y protagonizado por Andrew McCarthy.

Un chico como todos (1985)

Una de las mejores comedias de enredo teen de su quinta, mezcla perfecta entre la screwball comedy clásica y las cintas juveniles de los ochenta. Joyce Hyser borda el papel de una adolescente aspirante a periodista que se hará pasar por un chico con la intención de ser tomada más en serio por sus profesores de instituto, operación que da lugar a toda clase de embrollos. La escena en la que Hyser enseña los pechos para demostrar a su mejor amigo, del cual está enamorado, que es una mujer, levantó ampollas en la época. Hoy en día es una de las secuencias más icónicas del género. Atención: la película conoció un exploit verbenero protagonizado por el malogrado Corey Haim, Una de las chicas (1993).

Más vale muerto (1985)

El primer papel protagonista de la carrera de John Cusack. De hecho 1985 fue su año, ya que también encabezó el reparto de la simpática Juegos de amor en la universidad. Más vale muerto se vale del tópico del novio-freak-abandonado-por-la-chica-guapa-del-instituto para tejer una divertida parodia del angst adolescente que presenta guiños al Harold y Maude (1971) de Hal Ashby, con esos intentos de suicidio frustrados de Cusack. Uno de los highlights del filme es el uso de técnica del stop motion para describir el carácter soñador del protagonista. Especialmente memorable es la escena en la que una hamburguesa cobra vida en un homenaje tronchante al Frankenstein de la Universal de 1931. Savage Steve Holland, director de la película y Cusack repetirían juntos en Un verano loco (1986), título que vale la pena recuperar si os apetece ver a Bobcat Goldthwait disfrazado de Godzilla.

Lucas (1986)

Se estrenó el mismo año que La chica de rosa y trata el mismo tema desde un prisma algo diferente: aquí el trasunto de Duckie es un niño que se enamora de una adolescente mayor que él. El pobre sufridor está interpretado por Corey Haim en el que quizás sea su papel más comedido y emocionante; era y es difícil no sentirse cercano a ese crío que decide apuntarse al equipo de fútbol americano de su instituto para impresionar a su amada. La película está escrita y dirigida por David Seltzer, guionista de La profecía (1976), y hace gala de una sensibilidad exquisita a la hora de construir un coming of age conmovedor y honesto con algunas fugas cómicas. Lucas significó el debut de Winona Ryder en el cine como la amiga nerd del protagonista, y también contaba con la participación de Charlie Sheen.

Juerga tropical (1987)

La idea de ir a la escuela en verano era odiosa pero esta película hizo que algunos tuviéramos ganas de suspender en junio para tener un profesor molón de repaso como el que interpretaba Mark Harmon. Eso, más un par de jóvenes zoquetes enamorados del cine de terror y de los FX de maquillaje gore (¡ese doblaje español que se refería a Leatherface como Caradecuero!), una voluptuosa estudiante de intercambio italiana (arquetipo que años después sería utilizado por los responsables de American Pie –1999-) y bellezas teen aún por descubrir como Courtney Thorne-Smith (sí, una de las protagonistas de Melrose Place –1992–1999-), hacían y hacen de Juerga tropical una las comedias juveniles veraniegas más rescatables de los ochenta. 

Papá Cadillac (1988)

Un año después de Jóvenes ocultos (1987) los Coreys volvían a coincidir y lo hacían completamente desatados; esta vez en una comedia alocada que venía a ser un popurrí bien parido y lleno de citas a títulos señeros del cine juvenil: American Graffiti (1973), Desmadre a la americana (1978), Dieciséis velas (1984) y Todo en un día (1986). El mcguffin aquí es la obsesión de un adolescente por sacarse el carnet de conducir. De hecho, es la mejor película que existe sobre el tema. Corey Haim está especialmente fino como chaval con mala estrella que hará todo lo posible por conquistar el corazón de una jovencísima Heather Graham. Entre otras locuras cogerá prestado sin permiso el Cadillac de su abuelo. Ya se pueden imaginar lo que viene después.

Escuela de jóvenes asesinos (1988)

Tenía que pasar. En una era donde se sobreexplotaron los primeros amores, los bailes de fin de curso, las ganas de perder la virginidad y los personajes prototípicos del instituto, tocaba una película que aniquilara-dinamitara esas señas de identidad echando mano de un sentido del humor negrísimo y de altas dosis de vitriolo. Daniel Walters escribió el guion de Escuela de jóvenes asesinos mientras trabajaba en un videoclub y su inspiración fue la novela de Simone de Beauvoir El segundo sexo (1949). La intención de Walters, que luego firmó los libretos de Las aventuras de Ford Fairlane (1990) y Batman vuelve (1992), era reírse con saña de todos los ritos iniciáticos de la adolescencia, crear una especie de cine anti John Hughes. Y la verdad es que lo consiguió. Películas como Chicas Malas (2004), y series como Gossip Girl y Scream Queens (2015), no existirían sin estas Heathers.

Un gran amor (1989)

El canto del cisne de la era dorada del cine teen de los ochenta. Después de aquí todo fue para abajo y el género no se recuperó hasta mediados de los noventa. Say Anything… (ese es su título original, nada que ver con el español, demasiado cursi) no solo es la mejor película de Cameron Crowe (fue su debut como director) sino que está a la altura de las obras más maduras de John Hughes. Más cercana al drama que a la comedia, pero sin pasarse de frenada en el tema lágrimas, aquí hay emoción contenida y conseguida de forma natural: es el retrato definitivo del romance adolescente, con unos John Cusack e Ione Skye a punto de entrar en la edad adulta que se ven obligados a superar una serie de trabas íntimas, familiares y sociales para consolidar su amor.

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