[Hostias como panes] ‘Contacto sangriento’: Will the real Van Damme please stand up?

[Hostias como Panes es la sección de CANINO dedicada a analizar cronológicamente, película a película, golpe a golpe, despatarre a despatarre, "Nooooo" a cámara lenta a "Nooooo" a cámara lenta, la filmografía de Jean-Claude Van Damme. Desde sus primeras producciones sobre torneos imposibles de artes marciales a su consagración como meme de carne y hueso. Todo Van Damme en CANINO]

Como tantas otras películas americanas de acción de serie B de la época (y de eso la Cannon sabía un rato largo),Contacto Sangriento se dedica a fusilar recursos argumentales y personajes tópicos del cine de artes marciales que estaba triunfando en Hong Kong desde unos años antes (en este caso, el combate de artes marciales entre competidores de varias nacionalidades y estilos, el honor del maestro defendido pese a quien pese…). Van Damme ya sabía un rato de esto, tal y como vimos cuando hablamos de Retroceder nunca, rendirse jamás, una versión depurada del concepto del sensei sádico en el que el maestro borracho era sustituido por el espíritu de Bruce Lee (y que el propio Van Damme refinaría en términos de entrenamientos dignos de tronista con la futura Kickboxer -1989-); pero aquí ya entramos en materia con un argumento absolutamente clásico, el del torneo. Y cuyo referente no es una película, sino un videojuego: Street Fighter (1987), de Capcom, llevaba un año en los salones de recreativas, y aunque Contacto Sangriento no lo cita expresamente (con los resultados que hemos tenido citándolo expresamente, eso sí, nos quedamos con esta adaptación bootleg), el guiño es obvio: combatientes de distintas nacionalidades y estilos de lucha característicos de sus respectivos países. Cosa que se potenciaría aún más en la secuela de 1991, el multimillonario Street Fighter II, mucho más claramente inspirado a su vez en… Contacto sangriento.

Esta Bloodsport tiene mucho valor como película, hasta el punto de ser una de las producciones más estimables de la etapa inicial de Van Damme, y en eso entraremos ahora, pero más valor aún tiene como construcción de un icono: Contacto Sangriento parece consciente del carisma del astro, y en ese sentido la película construye una Marca Registrada Van Damme detrás de otra: cámaras lentas con gesto de dolor -aún con ramalazos a lo Bruce Lee, era inevitable en una etapa tan temprana-, secuencias de humor idiota, enseñar el culo muy fuerte, y cómo no, abrirse de patas. La Mítica Apertura De Patas se convierte más que en una muletilla visual, en un recurso lingüístico: se repite SIETE veces. Hay ocasiones en que parece que la película no avanzaría si Van Damme no se abriera de piernas, y en ese sentido es casi un propulsor narrativo: cuando la película no sabe hacia donde tirar, Van Damme se abre de piernas. Puede parecer una tontería, pero insisto: como método de construcción de un ídolo cuyo carisma, personalidad y filmografía se sustenta en lo físico, resulta un recurso de una clarividencia muy notable, ya que tiene la misma función de bisagra narrativa que un flashback explicativo o una secuencia onírica. En ese sentido, Bloodsport resulta contenida frente a producciones posteriores como Kickboxer, pero recordemos, ojo, que estamos ante la segunda película de Van Damme, y su primera como protagonista.

Fan-art de Gian Galang.

Fan-art de Gian Galang.

En cualquier caso: Contacto sangriento cuenta una historia real, y lo hace de forma -como suele pasar- poco realista. El auténtico Frank Dux fue el primer campeón internacional de full contact nacido en occidente, y participó en el controvertido torneo conocido como Kumite, una competición ilegal de artes marciales en la que todo valía. En ella permaneció invicto durante cinco añazos gracias a sus conocimientos de ninjitsu, las artes marciales ninja que él adaptó en una disciplina que llamó Dux Ryu, y que aquí rebautizamos como Ninjitsu Re-Dux. Contacto Sangriento fue el inicio de una fructífera relación profesional entre Van Damme y Dux que acabó abruptamente en 1996, cuando Van Damme comenzó a rodar un remake bastante indisimulado de Contacto Sanriento llamado Kumite (más indisimulado imposible), y diferencias de criterio y, supongo, económicas, condujeron a la partición de peras. El resultado de aquel trajín fue la más bien floja The Quest (1996).

(Por otro lado, a Dux le rodea una leyenda mucho más turbia: este artículo de Los Angeles Times afirma no ya que exageró el dato de esos cinco años ganando Kumite, sino que el Kumite directamente no existe; Dux contó a Buzzfeed que una mano negra sobornó a Los Angeles Times para que publicara ese artículo. Una mano tan negra, de hecho, que «nadie conoce con seguridad» su identidad. Lo importante es que este truco de la moneda sucedió de verdad, según Dux)

Contacto Sangriento forma parte de esa época legendaria, que algunos hemos vivido y podemos recordar con lágrimas en los ojos, en la que las peleas se veían, se entendían, se palpaban porque los actores como Van Damme sabían combatir y no había que disimular a hachazos de montaje la ineptitud de los combatientes. No se subraya esto lo suficiente: las películas occidentales de artes marciales, pese a su mediocridad generalizada, tuvieron durante un tiempo peleas bien montadas, bien rodadas, todo estaba clarito, las hostias eran no ya como panes, sino como deliciosos pastelitos de crema, al ralentí y con profusión de mugidos de los combatientes a cámara lenta (MMMOOUUUUUUOOOOOHHHH!!!!!), y proliferación de gotitas de sudor salpicando al respetable. Contacto Sangriento es uno de los mejores ejemplos de esta cualidad fuera del cine de Hong Kong, sobre todo porque es una de las películas más Van Damme de Van Damme. Es vandammer than Van Damme. (Posiblemente, esa sensibilidad casi oriental a la hora de rodar y montar las peleas no se la debemos al director Newt Arnold en su casi única película, sino a un Van Damme no acreditado a cargo del montaje y demostrando conocer bien las correspondientes referencias visuales que convenían al film)

A punto de convertirse en una esrella, es divertido (y memorable) comprobar cómo esta temprana muestra de furia vandámica rinde reverencia a los iconos de las artes marciales que aún no habían sido sustituidos por actores occidentales. Por ejemplo, Contacto sangriento no es un remake de Operación Dragón (1973) porque carece de su componente de aventura y demencia marcial, pero casi repiten papeles muy similares a los que interpretaron en el clásico de Bruce Lee el villano Bolo Yeung (que prácticamente dice las mismas frases) y Roy Chiao como el sensei de Dux. El resultado del batiburrillo es una película equilibrada, violenta, de combates secos y visualmente impecables, y que suponen el punto de partida del icono Van Damme, como demuestra el hecho de que Johnny Cage, el sosías del actor en la franquicia de videojuegos Mortal Kombat, viste con la ropa de Frank Dux en Contacto sangriento. Hace falta poco más que eso para dar forma a un mito.

bloodsportcaptura

Te-Emes de Van Damme: Frase Muy Dramática Enunciada con Total Inexpresividad™, Pelo Horrible™, Sonrisa + Ojitos En Escena de Relleno™, Apertura de Patas™, “Aaaaargh” De Furia™, Culo™, Patada Voladora al Ralentí™, Secuencia de Entrenamiento de Ribetes Sádicos™, Salto Inhumano™, Montaje Musical a Ritmo de AOR Resumiendo Progresión Dramática Injustificable™ (TRES VECES)

Calificación: Estilo de combate inspirado en simio + Bolo Yeung + Entrenamiento disparatado + Peleas supremas + Logo de la Cannon = OOOOOOOOO (nueve hostias sobre diez)

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Bloodsport

Año: 1988
Un auténtico hito del cine de competiciones de artes marciales de la época, muy influyente y con una cantidad de TMs de Van Damme absolutamente agotadora.
Director: Director: Newt Arnold
Guión: Guión: Sheldon Lettich, Christopher Cosby, Mel Friedman
Actores: Intérpretes: Jean-Claude Van Damme, Donald Gibb, Leah Ayres