‘Huida a medianoche’ cumple 30 años… y su director sigue en paradero desconocido

La carrera de Martin Brest en apenas media docena de trabajos resume lo alto y lo bajo y que se puede llegar en la industria norteamericano. Treinta años dedicados a buscar la perfección y donde llega a coronar varias cimas hasta que termina cayendo en picado hasta, literalmente, desaparecer. Puede que la historia te suene, porque en parte, Brest también es responsable del cachondeo que rodea a Ben Affleck desde hace un buen puñado de años. ¿Mató internet a Martin Brest?

Rodar una de las películas más taquilleras de todos los tiempos, lograr que Al Pacino consiguiera su único Premio de la Academia o facturar una de las mejores buddy movies de la historia del cine puede parecer suficiente garantía para un director de Hollywood. Martin Brest tocó el cielo dirigiendo a Eddie Murphy en su primer papel como protagonista absoluto y durante aproximadamente una década fue uno de los directores más valorados de la industria.




Pero Hollywood no respeta a nadie, y ¿Conoces a Joe Black? (1998) fue el primer aviso. A nadie le interesaba la muerte de vacaciones. Cinco años después, Gigli (2003) acabaría con su carrera. Ahora nos preguntamos, en medio de la celebración y eterna reivindicación de Huida a medianoche (1988), un clásico que al fin saldrá a la venta en nuestro país en las mejores condiciones posibles y que cumple treinta años… ¿dónde está Martin Brest?

El primer trabajo de Brest es Hot Dogs for Gauguin (1972), un corto de 22 minutos que hizo mientras asistía a la Universidad de Nueva York y que estaba protagonizado por Danny Devito y Rhea Perlman. Cinco años más tarde debutó en el largometraje con un trabajo que se vio en el Festival de Cine de Seattle, Hot Tomorrows (1977). La película contaba con un reparto ecléctico de lo de no creerse, que iba desde Orson Welles como voz en la radio hasta Herve Villechaize o Danny Elfman. La película apenas se proyectaría un par de veces para perderse en el olvido de los eternos sueños rotos de la industria. Los caminos de Brest y Elfman volverían a cruzarse a propósito de la extraordinaria Huida a medianoche.

Las leyendas George Burns, Art Carney y Lee Strasberg encabezaron Going in Style (1979) una película que en realidad nadie ha visto en su montaje original y que no ha corrido mala suerte en su reciente remake, dirigido por Zach Braff y protagonizado por Morgan Freeman, Michael Caine y Alan Arkin, estrenado en nuestras pantallas con el título Un golpe con estilo (2017).

La película funcionó realmente bien y puso a Brest en el punto de mira de los grandes estudios, tanto que su siguiente proyecto debía ser Juegos de guerra (1983), el clásico que terminaría dirigiendo John Badham tras una pelea importante de Brest con los productores de la película, a los que acusó de haberle engañado. Tal fue el revuelo que Martin Brest pasó a encabezar la lista de directores de la lista negra, esos de temperamentos complicados a los que resultaba complicado manejar.

La película, además de ser un éxito rotundo y una aceptación de las nuevas tecnologías de andar por casa (que incluso hicieron cambiar protocolos de seguridad en la NSA), fue una gran superproducción de Hollywood. El set NORAD fue el más caro jamás construido en Hollywood hasta ese momento, y Brest tuvo un papel importante en la visualización y ejecución del mismo. De hecho, fue despedido en la producción y algunas de las escenas en la película final son suyas.

El calvario del director llegó a su fin fruto del azar. Dice la leyenda que cuando recibió la oferta para rodar Superdetective en Hollywood (1984), lanzó una moneda al aire para decidir si aceptaba o no el encargo. No solo salió que sí, sino que además se convirtió en el artífice de la película más taquillera del año y una de las 50 más taquilleras de todos los tiempos. Antes de la decisión, Martin Scorsese o David Cronenberg (WTF) habían rechazado el proyecto que también estuvo a punto de estar protagonizado por Al Pacino, James Caan, Mickey Rourke o Sylvester Stallone.

Y con ese afianzamiento llegamos a Huida a medianoche, la obra maestra de Brest. La película venía escrita por George Gallo, que había escrito su primer guión para Brian De Palma y que se siente muy cómodo con el cine de colegas, algo que demuestra una filmografía con títulos como Dos policías rebeldes (1994), Menudo bocazas (2001) o Más falsas apariencias (2004).

Es justo destacar que fue el propio Brest quien se empeñó en colocar a Charles Grodin para acompañar a Robert De Niro, y que Paramount abandonó el proyecto porque el director no consideró a Robin Williams más atractivo para la taquilla, tal y como los productores deseaban. Universal compró los derechos y permitió que Brest usara a Grodin como lo había planeado. Y aquí estamos celebrando sus treinta años de vida. Porque si algo desprende la película, es vida.

Entre los hitos de la película cabe destacar que sería la primera comedia de Robert De Niro, un género con el que desde entonces siempre ha estado en contacto, y que muy probablemente supondría un descanso mental y físico para un actor que venía de interpretar al mismísimo Al Capone de Los Intocables de Eliot Ness y al Lucifer de El corazón del ñangel en un mismo año. Por su parte, Grodin llegaba directamente desde Ishtar, el mayor fracaso de la historia en aquel momento, razón por la que se entregó a fondo dejando escenas para el recuerdo, como la de los billetes de 20 dólares, y una química con De Niro que lograba que uno nunca supiera si el cachondeo era real o no. Yaphet Kotto, John Ashton, Dennis Farina y un descacharrante (y siempre al teléfono) Joe Pantoliano aupaban Huida a medianoche muy por encima del género, con muchas cosas en común con la obra maestra de John Hughes del año anterior, Mejor solo que mal acompañado (1987). Además, si perteneces a mi generación, seguro que sigues con la sintonía de Danny Elfman metida en el cerebro.

La película funcionó aceptablemente bien en taquilla y fue el estreno más exitoso de su fin de semana, pero tenía por delante estrenos recientes del calibre de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, El príncipe de Zamunda o Jungla de cristal. Dirás lo que quieras de 1986, pero menudo año fue 1988. Brest ganaba otra batalla personal y se disponía a encarar, cuatro años más tarde, un nuevo reto.

Hooh-hah

La siguiente película para Brest fue Esencia de mujer (1992), que además de superar todos los pronósticos sobre cuánto dinero podría recaudar una peli con Pacino haciendo de ciego durante casi tres horas regaló al actor el que hasta el momento sigue siendo su único Oscar. Y todo porque Jack Nicholson rechazó el papel. Al menos eso dice la leyenda. Para proseguir con su reputación de hombre difícil, Brest provocó bastante tensión con su carácter en el rodaje.

¿Conoces a Joe Black? no es una mala película, pero tampoco es un trabajo fino. Continuando con su tendencia de trabajar únicamente con lo más granado de Hollywood, aquí Brest ficha a Brad Pitt, Anthony Hopkins y Marcia Gay Harden. Aunque no fue una película terrible, Brest cometería lo que a ojos de Hollywood es un error imperdonable: con un presupuesto estimado de noventa millones de dólares, el presupuesto más grande hasta el momento para una película sin efectos especiales, la película no llegó a recaudar ni la mitad de su presupuesto en Estados Unidos. Los casi cien kilos adicionales en el mercado internacional salvaron un poco los muebles, pero Brest ya no solo no era infalible: era un problema. Aunque él nunca se viera como el verdadero responsable de las malas críticas.

Es fácil ponerse en la piel del ejecutivo que decidió firmar un talón de casi sesenta millones de dólares para Una relación peligrosa (2003): Jennifer Lopez y Ben Affleck (Brennifer, ¿recuerdas?) son “lo más” y juntos arrasarán en la pantalla. Bien, no se equivocó: arrasaron. En los Razzies. Gigli se llevó seis de los nueve anti-premios a los que estaba nominada (entre ellos, peores actor, actriz, director, película y guión), y eso fue algo que Martin Brest, que nunca se caracterizó por tener sentido del humor o saber perder no pudo soportar. Entre eso y los SIETE MILLONES DE DÓLARES recaudados, la carrera de Martin Brest llegó a su fin.

Brest quedó devastado, fue despedido de su agencia y desapareció. Los más cercanos afirman que fue un golpe muy duro, pero nadie sabe dónde está hoy. Muchos dan por sentado que sigue en Nueva York, su ciudad, y algunos confían en que vuelva a las andadas, pero a los casi setenta años parece que no habrá una salvación en forma de regreso para Brest, un tipo con una trayectoria fascinante. Pasó de joven prodigio a fracaso total atravesando todas las etapas: conflictivo, revienta taquillas y hacedor de premios incalculables.

Brest parece otro más de los muchos talentos de Hollywood: caprichoso, mimado, de carácter fuerte y un pelín autodestructivo. Por otro lado, tiene lo que parece ser un arco de carrera casi único, logrando los picos más altos y los más bajos. Trabajó con muchos de los actores más importantes, interesantes y capaces de su generación y, al final, todo lo que queda para el recuerdo es una pequeña anécdota: ser el responsable del mayor fiasco reciente de la industria del cine estadounidense.

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