Ilumina tu día con una playlist integral de Wes Anderson

La única lista de Spotify que entiende por lo que estás pasando. Siempre y cuando estés pasando por una atracción prohibida hacia tu hermanastro, por una búsqueda espiritual en círculos concéntricos, por un primer amor que requiere fugarse del campamento, por el robo de un cuadro en la Europa pre-barbarie, por una venganza desencadenada contra el animal submarino que mató a tu mejor amigo, por el plan para cometer un atraco con otros dos zoquetes o por un montón de actividades extraescolares. O seas un zorro con corbata.

Un experimento: cierra los ojos y visualiza las palabras «Wes Anderson«. Lo más probable es que empieces a componer un plano simétrico en tu imaginación. Con una paleta cromática muy concreta. Y un montón de personajes caminando a cámara lenta. Al menos un par de ellos está fumando. Pero lo importante no es lo que ves, sino lo que escuchas. ¿Verdad que es un clásico de la Invasión Británica? Anderson es uno de los pocos directores cuyo estilo, inconfundible, se puede reducir a una suerte de código de ADN, y la música juega un papel fundamental en ello.

Así que aquí te presentamos From Bottle Rocket to The Grand Budapest Hotel – Wes Anderson Soundtracks, una playlist de Spotify para los terminalmente melancólicos, los afligidos por el recuerdo de un padre que nunca les hizo caso o los que se saben presa de un romance prohibido, pero piensan que qué se le va a hacer.

Este repaso cronológico a los temazos del director de Moonrise Kingdom nos permite trazar, con un sólo golpe de vista, una panorámica musical de su obra. Por supuesto, ahí está su relación con la British Invasion, una simbiosis que empezó en Academia Rushmore (su uso de A Quick One, While He’s Away es sencillamente imposible de olvidar) y se extendió hasta Los Tenenbaums y Life Aquatic. Pero ahora también podemos recordar que Ladrón que roba a otro ladrón, su primer largo, hacía un uso extensivo del jazz que realmente no hemos vuelto a ver (o, más bien, a oír) en su filmografía. Aunque la pièce de resistance de todo este primer periodo es, claro está, Seu Jorge y sus versiones acústico-brasileñas de David Bowie. Quizá la más memorable de todas sea Rock N’ Roll Suicide, que en sus manos se convierte en una experiencia completamente diferente.

Margot

Viaje a Darjeeling, su película de transición, seguía dándole fuerte a The Kinks o los Stones, pero también incluía un interés por abrirse a otras músicas que, en esta ocasión, se traducía en un montón de canciones de Satyajit Ray. Para Fantástico Mr. Fox contó con composiciones originales, ya vinieran de todo un Alexandre Desplat o de Jarvis Cocker. Pero el primero fue el único que repitió con él en sus dos últimos trabajos, que también desarrollaron un gusto por la chanson y por la música de cámara que, quizá, siempre estuvieron ahí. Todo un viaje, en suma.

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