In memorian Robert Vaughn: elegancia extrema

Este pasado viernes conocíamos la noticia del fallecimiento a los 83 años de Robert Vaughn, uno de los actores estadounidenses más icónicos y con más clase de la década de los sesenta y setenta. En homenaje a su elegante figura, humana y profesional, repasamos su carrera.

Robert Vaughn se fogueó en el cine de serie B durante los años cincuenta hasta conseguir hacerse un hueco en el clásico de Preston Sturges Los siete magníficos (1960), el remake de Los siete samuráis (1954) de Akira Kurosawa (los remakes no son cosa de ahora). Vaughn interpretaba a un pistolero veterano de la Guerra Civil americana aún traumatizado por la experiencia que sufre pesadillas y una crisis de confianza. Visto hoy en día, Vaughn se nos aparece como un hombre sensible y con conciencia, muy alejado del estereotipo de héroe masculino -siempre frontal y soberbio- de entonces y ahora.

Aquel papel le sirvió como trampolín al estrellato. Su siguiente papel sería el que le granjearía fama mundial: El Napoleon Solo de El agente de CIPOL (1964-68), la serie que fue expresión paradigmática del spy boom de los sesenta en la televisión. Vaughn interpretaba a un agente encantador y mujeriego dotado de una clase y savoir faire inauditos. Pese a ser un claro intento de crear un James Bond para la pequeña pantalla, Napoleon Solo estaba más cerca del Patrick Mcnee de Los Vengadores (pese a que Steed era un caballero mucho más discreto con sus asuntos amorosos que Solo), que al 007 de Sean Connery, a quien se le veían las costuras de sus orígenes en los barrios bajos de Edimburgo (fue el director Terence Young quien tuvo, a su pesar, que enseñar a Connery a vestir y a comportarse). El resultado fue que no hubo nadie en la televisión de los sesenta más cool y elegante que Robert Vaughn y su Napoleón Solo, un nombre por cierto que nació de la pluma de Ian Fleming, ni más ni menos, y que luego inspiraría otros (este y este).

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Pero Vaughn era también una persona de fuertes convicciones progresistas y en aquella década tan convulsa no tuvo problema en significarse públicamente a favor de Martin Luther King y Bobby Kennedy y en contra de la guerra del Vietnam en debates televisados. Incluso obtuvo un doctorado en 1972. Su tesis versaba sobre el efecto de las listas negras de McCarthy en Hollywood.

Una vez convertido en estrella mundial (incluso publicó un LP en el que declamaba soliloquios de Hamlet), su carrera continuaría con una multitud de papeles del más variado tipo. Los más recordados son los de Bullit (1968), la serie británica Los protectores (1972-74) y el de El coloso en llamas (1974). Incluso puso la voz al ordenador que le hacía un hijo a Julie Christie en Engendro mecánico (1977). Con Los siete magníficos del espacio (1980) Vaughn demostró que no tenía ningún problema en tomarse poco en serio a sí mismo. A partir de ahí apareció en films tan variopintos y cómicos (voluntariamente o no) como Supermán III (1983), Delta Force (1986) o El cuchitril de Joe (1996) y en la última temporada de El Equipo A (1983-87), cuando la serie ya había saltado el tiburón.

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Robert Vaughn permaneció en activo casi hasta el final tanto en teatro como en televisión (¡en Coronation Street!) hasta que tuvo que venir una leucemia para decirle que parara de una vez. Nosotros le vamos a echar mucho de menos. Descanse en paz.

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